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lunes, 2 de julio de 2018

LA MÁS MÁS DEL AÑO

La Más Más de radio Panamericana era un ranking anual de las mejores canciones del año. No sé si era por voto del público o decisión arbitraria de los productores. Se decía que era por votos, supongo que telefónico, como era entonces. En aquel entonces esa radio no transmitía salsa, era considerada una emisora de rock y pop y era de lo más sintonizada. Lo cierto es que con la llegada de la era de MTV, con los vídeo clips en los años ochenta, el ranking se convirtíó en un enorme espectáculo de coliseo cerrado, con pantalla gigante y grandes amplificadores de sonido. En Lima se hacía en el Amauta, en mi ciudad, se hacía en el coliseo Arequipa.

Era el año 1982 y yo recorría los primeros años de la secundaria. Nos enteramos del show y todos queríamos ir. Así eramos nosotros, así son los adolescentes de todos los tiempos. Solo eran vídeos proyectados en una pantalla, nada más.  El show no era ese, el espectáculo era conseguir permiso, el dinero para las entradas, algunos incluso ingresaban bebidas alcohólicas - que estaba prohibido - y otros bebían afuera antes de entrar. Pero lo más importante era esperar que se apagara la luz, doblegar a los efectivos policiales que custodiaban la zona preferencial - donde estaba la pista de baile - y que impedían el paso de los que poblábamos las tribunas, para al fin juntarnos con los ricos y finalmente coronar la noche conociendo y tal vez - si los astros eran propicios - besando a una muchacha. Esto último casi nunca pasaba, pero la expectativa siempre era la misma. La esperanza es lo último que muere.

El coliseo - sobre todo al principio - tenia lleno total, el éxito era tan grande que una emisora local empezó a hacer un espectáculo similar. Si mal no recuerdo era radio Super Estereo o Aerostereo, o tal vez las dos, por que ese tipo de espectáculos se hicieron muy populares, sin embargo con los años entraron en decadencia y no sobrevivieron a los noventas.

Yo casi nunca tuve dinero para las entradas, alguna vez me invitó un amigo que finalmente no quería ir solo. En otra ocasión este mismo amigo tampoco tenía dinero y estábamos pensando cómo hacer cuando alguien nos dijo medio en broma que vayamos a cargar los parlantes, nos miramos y pensamos "¡Qué buena idea!". El día anterior a la presentación fuimos a esperar toda la tarde en las afueras del coliseo, cuando estábamos a punto de desistir llegaron los camiones, esperamos al que tenía aspecto de ser el encargado y nos presentamos. Nos dijo que no tenía dinero y nosotros dijimos que solo queríamos entradas. Fuimos inocentes, pudimos haber sido estafados, pero nos contrató verbalmente y pasamos hasta las nueve de la noche acarreando fierros y cajas. El terminar fuimos por nuestras entradas y nos dijo que fuéramos al día siguiente y preguntemos por él al inicio del espectáculo.

Al día siguiente fuimos y lo buscamos, confiados, y esta vez la confianza dio frutos, nos hizo pasar gratis y no solo a nosotros, pasaron dos amigos más gracias a nuestro trabajo.

En alguna otra oportunidad vendimos ropa usada y en otra un primo de un amigo que era Guardia Republicano nos hizo pasar diciendo que éramos sus sobrinos, en una de las primeras otro amigo que era pariente de Iván Márquez, locutor estrella de la radio y que a la sazón era el presentador oficial de La Más Más, nos regaló algunos tickets de ingreso. Hacíamos de todo para ir, sin contar con todo el trabajo que costaba conseguir los permisos de nuestros padres.

Corria en sus últimos estertores el año 1984 y fuimos al coliseo Arequipa, no estoy seguro si fue era la Más Más de Panamericana o uno de los shows locales. La pasamos bien y repetimos el ritual de siempre, esperar que las luces casi desaparezcan para bajar a la cancha de basquet, ya sea para bailar o solo saltar, en la mayoría de casos solo ver a las chicas de otros colegios pasar mientras nosotros fumábamos cigarros. En ese entonces los policías ya no ponían mayor empeño y se dedicaban a ver también los vídeos; nosotros pasábamos de las tribunas de cemento a la zona preferencial y viceversa sin mayor dificultad.

En ese ínterin, de subir y bajar, perdí a mis amigos. Bajé y empecé a buscarlos cerca del lugar donde estaban los proyectores, no había nada, estábamos en las siete u ocho canciones más importantes, yo estaba totalmente despistado en medio del coliseo, caminé por el centro, rumbo a la pantalla buscando a mis amigos, y nada. Me quedé parado, anunciaron el siguiente tema y cerca a mi había un grupo, dos chicas se quedaron sin pareja y una de ellas me miró, yo le hice un gesto para bailar y ella aceptó. Bailamos. Mientras lo hacíamos me acerqué a su oído y le pregunté su nombre, "Inés" me dijo, yo le dije que me llamaba Miguel y seguimos bailando. Terminó esa canción y anunciaron en el siguiente puesto a Querida, de Juan Gabriel; yo miré a Inés y ella pasó sus brazos sobre mis hombros y detrás de mi cuello, yo la tomé por la cintura y empezamos a bailar y de pronto ella me besó.

Ese fue mi primer beso de verdad, un beso de adultos, yo era un adolescente e Inés era por pocos años mayor que yo - lo supe después -, me besó con pasión y esa noche marcó mi vida. No sabia que se podían sentir tantas cosas con un beso, por los breves minutos que duró la canción sentí que éramos los únicos en el coliseo, en la ciudad, en el planeta, en el universo. Inés sabia perfectamente lo que hacía y gracias a ella la gente alrededor se vaporizó mágicamente y solo volvió cuando las ultimas melodías de Querida se perdieron en el infinito. Yo no dije nada, solo la tomé de la mano y escuchamos algunas canciones más, luego incluso la abrazaba desde atrás mientras veíamos los vídeos de Stevie Wonder y Billy Idol, y al final bailamos la ganadora Footloose. Encendieron las luces y ella empezó a irse con sus amigos. Le pregunté recién donde vivía y cuantos años tenia. Ella sonrió, me dijo dieciocho y me dio una dirección. Yo la vi irse mientras mis amigos me encontraban y a los empujones me llevaban con ellos.

Hoy, cada vez que escucho Querida vuelve a mi ese momento de absoluta certeza visceral y fascinación. Momento inefable, muy parecido al amor. En una sola canción, Inés, me enseño a besar. Esa noche aprendí también que horas de palabras y retórica pueden ahorrarse con un buen beso. Un beso lo dice todo, lo que hay, lo que no hay, lo que falta, lo que podría completarse, lo que nunca podrá haber. En el primer beso uno puede saber si existe posibilidad de que esa persona se quede para siempre o si solo será una relación ocasional. Los labios, la respiración, el calor del cuerpo, las fibras nerviosas, las papilas gustativas... no mienten.

* * *

Días después, una tarde, bien bañado, correctamente peinado y con la ropa perfectamente planchada, estaba parado en la entrada de un taller de mecánica en la zona industrial de Apima. Yo me resistía a creerlo pero esa era la dirección que me dio Inés y que yo memoricé. Pude escuchar con claridad cuando le dijeron "te busca un mocoso, Miguel, dice que se llama" y luego risas, voces, seguramente un "dile que no estoy"; luego me informaron que no vivía allí ninguna Inés. Me fui dolido pero aún sonriente. Desde aquí Inés, donde estés, en mi nombre y en el de todas las chicas que alguna vez me han dicho que les gustaron mis besos, ¡gracias!

domingo, 29 de marzo de 2015

EL SERRUCHO (Crónica de un ensayo filológico y semiótico)

Bastante polémica había desatado en los medios académicos más ilustres la enigmática letra del tema musical denominado “The Handsaw”,  bien llamado por la vertiente de la escuela Germana “Die Säge” y conocida por el vulgo como “El Serrucho”. Al respecto en las instalaciones de la Real Sociedad Científica de Letras y Artes, sucesora de la Academia de Bologna del Rito más Antiguo y Aceptado, discutíamos con Richard McLaren, erudito británico de incierto origen ítalo germánico la posibilidad de que el tema en mención ocultase en sus versos mediante código cifrado algún mensaje de sectas oscurantistas, Illuminatis o del Nuevo Orden Mundial conocida esta por su aterrador lema “Ordo ab Chao”.

McLaren sostenía por su parte que se trataba más bien de una secuencia de cuartillas compuestas  de octosílabos imperfectos de rima libre alternada con rimas cruzadas o abrazadas; las que representaban de manera audaz los usos y costumbres de los bárbaros medievales que saqueaban los campamentos de Henry el Visigodo en las campañas de las Cruzadas dispuestas por el Papa Urbano II luego del concilio de Clermont. Explicaba McLaren el siguiente verso inicial:
 
"Se prendió la fiesta

Esta noche voy a beber 
Traigan la maicena 
Porque voy a dar.” 

Resultaba claro, afirmaba McLaren (pese a mi férrea oposición dogmática), que la aparente incertidumbre del último octosílabo tenía un referente implícito a Ticio y Tifeo, quienes no podían dar lo que desease el poeta, como se describía en el Canto XXIX de la Divina Comedia.

Edgar Short, filólogo de la Universidad de Estrasburgo quien pasaba algunos días por la ciudad y también participaba de la charla, anotó inteligentemente que la hipótesis de McLaren era en prima facie legítima, pero que sin embargo en la fecha del inicio de las cruzadas aún no se conocía la maicena puesto que siendo esta producto de la harina del maíz, se debía tomar en cuenta que esta gramínea había sido introducida en Europa recién en el siglo XVII, resultando en todo caso una imperdonable imprecisión histórica su uso. Lo más probable sería entonces que la cuartilla hiciese referencia, por la invocación del derivado del maíz, a una festividad de notorio origen pagano que realizan los pueblos mesoamericanos en Amatlán de Quetzalcóatl, Tepoztlán, en las cercanías de la localidad de Morelos en México.

Quedaba entonces la cuestión del uso del verbo “dar” en su forma infinitiva ubicado inmediatamente después del indicativo en tiempo presente del verbo “ir”. Resultaba un misterio la intencional omisión del objeto sobre el que recaería la acción. ¿Qué era lo que se pretendía dar? Y más importante todavía, ¿Porqué?

McLaren, dolido todavía por haber planteado la tesis fallida de las cruzadas sugirió que el misterio podría resolverse con el análisis del coro:
 
"Serrucho, serrucho, serrucho

Esta noche doy  
Serrucho, serrucho, serrucho. 
(repetir cuatro veces)"

Short indicó que ya había descubierto hacía tiempo que el ocasional énfasis de la “ch” en la palabra principal de los versos mediante el recurso de la repetición permanente obedecía a una tendencia literaria consistente en desorientar al oyente a fin de revelar sutilmente la postura antisistema del autor, además la deliberada omisión de las últimas líneas de lo que tendría que ser una cuartilla, se veía compensada por la repetición cuadruplicada de la expresión “Serrucho, serrucho, serrucho”, que en definitiva aclaraba el misterio de qué cosa era la que se tenía que dar.

McLaren y yo coincidimos en el extremo de que estas repeticiones generaban más dudas que aclaraciones, era claro que el autor no había pasado del infinitivo al indicativo en primera persona singular del tiempo presente caprichosamente, agregando además el elemento de la nocturnidad. Problematizamos: ¿Era acaso tan simple que lo que se podía dar y además de noche, era sencillamente un serrucho? Decidimos convocar a Denilson Dos Santos que casualmente compraba el diario frente a nosotros, puesto que recientemente se había graduado de Doctor en Semiótica en la Universidad de Lepanto con honores Summa Cum Laude con la tesis “Drei Käuze auf dem Vertiko, o la presencia infausta de la tercera lechuza en landó, Ambaraba chichí cocó.”

Instruido Dos Santos en el tema de debate, nos pidió analizar el resto de las estrofas, le mostramos las dos siguientes cuartillas:
 
"A María Moñito se le partió

La cama que el Chagua le dio 
La trajo pa que la arreglara 
Porque soy el que la clava. 

Clava clava clava 
Clava clava clava 
Cla cla cla cla cla cla 
Clava” 

Dos Santos, se entretuvo varios minutos con el texto, intentó primero descifrarlo como si se tratara de un galimatías, rápidamente le indicamos que esa fue nuestra primera intención pero no habíamos podido hallar un patrón de encriptamiento, por lo que habíamos abandonado esa senda y apuntábamos más bien a un contenido histórico y que lo habíamos situado ya en la América Central. McLaren señaló, que era inequívoca la referencia a la marihuana o marijuana, muy usada para las festividades populares en centro y sud América, junto al peyote, la mezcalina o la ayahuasca; sólo la marihuana, Cannabis Sativa, al ser una planta de la orden de las Urticales de clase Magnoliopsida formaba brotes que al ser secados se conocen como “moños” en el argot de los lumpanares.  Luego María no podría ser una persona, si no el sicotrópico.

Short, nuevamente a la defensiva, cuestionó la tesis de McLaren, cosa que era común en nuestras discusiones desde aquél incidente universitario, años atrás, cuando Short y McLaren se enfrentaron por el amor de Leonarda de la Colina Irribarren Ruiz de Somocurcio, lanzándose las hojas arrancadas de los poemas de Góngora el primero y de Becquer el segundo, situación que jamás se resolvió pues como se descubrió luego, Leonarda (Loli en el círculo del Club Campestre y Long Tennis) prefería secretamente a Vallejo a espaldas de su familia la que, desde entonces, ya la consideraba una traidora socialista congénita.

Volviendo, Short, con seriedad, propuso que María tenía que ser necesariamente una persona y no una planta, pues se le atribuía ejercer la propiedad de una cama traída por un oscuro personaje de nombre o apelativo Chagua. La cama entonces se habría partido y tendría que ser reparada con la aplicación certera de siete clavos enteros y seis clavos recortados a la mitad, conforme a la fórmula, esta vez sí críptica, que proponía el autor en la estrofa siguiente. Además, agregaba Short, el apócope de la palabra “para” en el tercer verso había tenido que ser usado inevitablemente para reducir en lo posible aquél que para ese punto ya se encontraba desbordado de su matriz octosílaba.

Mientras tanto Dos Santos había tomado mis apuntes y descubierto el siguiente coro, que rezaba:
 
"Yo soy su campintero

Ahí mamá, ahí mamá (repite cuatro veces) 
Y esta noche doy 
Serrucho, serrucho, serrucho 
 (repite cuatro veces)" 

¡Pero si la cosa está clara! exclamó el brasileño, lo que le va a dar es el serrucho. McLaren y Short sonrieron con sorna y me miraron, tuve que explicarle a Dos Santos que eso no era posible porque la cama de ser el caso se había descompuesto de tal manera que requería clavos – en número de siete enteros y seis recortados – para su compostura.  El uso del serrucho (o sierra en correcto español sin ser despectivo con la herramienta) solo sería posible si los daños fuesen mayores y se necesitara reemplazar en integridad una parte el mueble y ello no se desprendía de ninguna de las cuartillas. Era evidente que se trataba de un dato destinado a satisfacer las necesidades básicas de atención del vulgo presa del analfabetismo funcional campeante pero cuyo objeto real era desorientar al investigador científico.

Además, otra cuestión de fondo era - luego de oír atentamente la interpretación oficial - ¿porqué el autor había optado por la expresión “campintero” en lugar del término correcto “carpintero”?,  ¿Qué tenía que ver su progenitora en el desbarajuste de muebles rotos? y finalmente ¿Cuál era la finalidad de entregar el serrucho a María que aparentemente usaba un moño en la cabeza o lo agregaba al nombre de pila ya sea como apelativo coloquial o como patronímico?

McLaren mostrando cierto fastidio puntualizó que el cambio de la “r” por la “m” era evidente, el autor se había visto en la necesidad de crear el neologismo para darle integridad al texto debido a la presencia del componente rural. Así “campintero” no era otra cosa que una nueva palabra derivada de la raíz latina “campus” terreno llano que de acuerdo a una de las acepciones de la Real Academia de la Lengua se refiere a tierra laborable y del celto latino “carpentum” que derivó con el tiempo en el latín “carpentarĭus”  para referirse a quien trabaja y labra la madera, de tal manera que la nueva palabra viene a significar el oficio de labrar o trabajar la madera pero en el campo o área rural. Dos Santos asintió a la explicación de McLaren, que nos pareció a todos correctísima y agregó que le había llamado la atención el juego fonético del coro en su segundo verso, el autor inteligentemente había propuesto un intrincado acertijo de homofonía, pues de acuerdo a cada oyente la expresión se podría interpretar como una interjección de sorpresa o dolor “Ay mamá” o como el uso del adverbio de lugar “Ahí mamá” que conforme al contexto pretendía darle más de un significado metalingüístico al texto, pues sugería que la madre del “campintero” era quien procedía en la práctica a la colocación de los clavos en el lugar apropiado para el posterior martillazo.

Short, quien había estado escuchando atentamente, precisó que aún no habíamos descubierto para qué el “campintero“ le hacía entrega a María del serrucho. Nos miramos con consternación y guardamos silencio por algunos minutos, cavilando sobre la respuesta. Examiné el último coro y tuve una epifanía, era claro que el “campintero”  había llevado el serrucho para reparar la cama pensando que el daño era mayor y que al darse cuenta que solo requería de siete clavos enteros y seis cortados a la mitad, el serrucho le terminaba estorbando en la acción de clavar, motivo por el cual le entregaba  “daba” – la herramienta a María, propietaria de la cama, para que se la sostenga mientras trabajaba.  Short, McLaren y Dos Santos asintieron complacidos y convencidos; acto seguido nos pusimos de pie y levantamos nuestras copas por un éxito más de la Ilustre Real Sociedad Científica de Letras y Artes, sucesora de la Academia de Bologna del Rito más Antiguo y Aceptado.

domingo, 3 de marzo de 2013

LAS BENDITAS MALETAS CON RUEDAS PARA LA ESCUELA


¿Por qué los colegios piden ahora maletas? ¿Cómo es que hemos llegado al punto de hacer que nuestros hijos lleven una maleta a la escuela? ¿Es realmente necesario?

Cuando era pequeño iba al colegio con un maletín pequeñito de cuero – tipo ejecutivo –  y una lonchera de cuero también. Ambos hechos por mi papá y repujados por el mismo. En ese tiempo no me daba cuenta, pero hace algunos años me di cuenta que era un lujo que no todos los niños puede tener: Un maletín y lonchera de cuero repujado a mano y personalizado.

Me parece que en tercer grado empecé a usar un maletín de imitación de cuero de cocodrilo – usado por supuesto – con hebilla y una división en el medio tipo fuelle, pero más o menos del mismo tamaño que el anterior. Luego en quinto grado un cartapacio negro de material sintético imitación de cuero, de esos con seguro a presión con llavecita, sin división (por tanto de menor espesor) y no tenía asa, así que lo sostenía de la base y lo llevaba bajo el brazo.

Luego entre sexto de primaria y primero de secundaria con la moda de los maletines tipo James Bond, de alguna manera conseguí uno destartalado, con marco de madera revestido de marroquín y con seguros parecidos a los de las loncheras de plástico, andaba tan mal que cuando caminaba con él, al mismo tiempo que lo sostenía de la asa, usaba el índice para asegurar la tapa y no se me desparramen los cuadernos por el piso.

A partir de segundo de secundaria recuerdo haber empezado a usar un morral del ejército, mi hermano Tony en un viaje que hizo trajo uno del ejército coreano o vietnamita y me lo regaló. Ese morral lo usé hasta quinto de secundaria intercalándolo con el destartalado James Bond y el todavía existente cartapacio negro.

Nunca necesité mochilas ni maletas, es más, no recuerdo que en mi escuela alguien llevara mochila, casi todos usábamos maletines, yo era el más revolucionario con el morral, pero como la directora del Colegio tenía espíritu militar no veía del todo mal a mi indumentaria.

En ese entonces llevábamos pocos cuadernos y muchas ideas. Escribíamos mucho, conversábamos más, jugábamos fulbito con chapitas de gaseosa, los cuadernos eran del tamaño de una cuartilla, uno cuadriculado para matemáticas y otro rayado para lenguaje, en la secundaria aumentaban pero con el horario uno sabía qué llevar; al igual que los libros. Nunca nos torturaron obligándonos llevar kilos y kilos de materiales.

Un niño no debe ser un viajero permanente, debería poder correr, saltar, jugar. ¿Por qué tantos materiales? Veo a los chicos ir cargados de pesadas maletas a la escuela, arrastrándolas con esfuerzo con las dichosas rueditas, en realidad sufriéndolas, además con el calor y los incómodos uniformes. Me pregunto: ¿De verdad usan todos esos libros en un día? ¿De verdad usan todos esos cuadernos en una jornada? A mí me parece que es un engaña muchachos en el que todos los padres caen. A mí no me cuentan cuentos. Nadie puede usar tanto material en un día. Es un truco para que parezca que cada centavo pagado de pensión vale la pena. Nos hacen creer que nuestros chicos reciben una instrucción de primera y no es cierto, basta conversar con los profesores – no todos, pero lamentablemente sí la mayoría – para darse cuenta que no saben cosas básicas, que escriben con horrendas faltas de ortografía, que se saben de paporreta las modernas técnicas educativas pero no saben hilar cuatro ideas complejas en un oficio o en un comunicado.

Prueba de mi teoría es el nivel educativo de los chicos que andan hoy entre los quince a veinte años.  Su manera de escribir, de hablar, de conducirse, sus niveles de violencia verbal e intolerancia, su incapacidad para plantear respuestas inteligentes ante situaciones con algún grado (leve por cierto) de complejidad, es preocupante. Esa generación estudió con mochilas enormes y maletas con ruedas, con enormes listas de materiales escolares y con libros de editoriales prestigiosas. ¿Sirvió? A todas luces no.

Este año yo caí redondito. Se las ingenian bien para hacer parecer que ciertos materiales son necesarios. En realidad prefiero comprar el próximo año una buena mochila Porta o Samsonite en lugar de una maleta de ruedas con una Barbie de plástico en el frente, pero esta vez no me dio tiempo para explicarle a mi hija.  Entiendo que a veces es difícil luchar contra las ilusiones de los chicos y el imperativo social (todas la chicas usan mochilas o maletas de Barbie o de las princesas); ¿Pero acaso no es ese nuestro rol como padres? ¿Debemos dejar que nuestros hijos sigan al rebaño? ¿No debemos acaso cumplir con el deber de hacer que sean seres pensantes, que razones sus decisiones? Me doy cuenta que he cometido una falta de consecuencia enorme. Nos la pasamos despotricando en las redes sociales contra el consumismo y luego a la primera oportunidad caemos en el juego. Yo he caído en el juego. Mea culpa.

El próximo año compraré una mochila sólida, contundente y cómoda, mi hija no lo entienda muy bien tal vez, pero me lo agradecerá y valorará en el futuro, así como yo agradezco y valoro la lonchera y maletín de cuero que me hizo con sus propias manos mi papá.

jueves, 28 de febrero de 2013

LO QUE DEJARON LAS VACACIONES


Ya se me acaban las vacaciones y fue un mes especial.

Al margen de los viajes y experiencias (estuve en cinco distintos países, incluyendo Arequipa donde regularicé mi calidad migratoria obteniendo mi correspondiente pasaporte), este fue un mes de crecimiento.

Como siempre y cada vez que me encuentro con mi gran amigo Claudio, reevalué metas, proyectos e ideas. Es sumamente nutritivo para el alma conversar a nivel de introspección y darnos cuenta de lo que estamos haciendo bien y de los errores que todavía mantenemos por causa de los paradigmas equivocados y que no hay forma de dejar sin la ayuda de alguien que los señale desde afuera.

Me he acercado más a mi hija y eso me satisface mucho, somos cada vez más unidos, ella confía mucho en mí y eso me hace muy feliz, sin olvidar que es también una gran responsabilidad.

Me siento más unido a mi familia y eso es indudablemente bueno.

Me hice chequeos médicos, comprobé que estoy bien, hay algunos desperfectos por reparar, pero son lesiones que se producen por hacer. Es mejor tener lesiones por hacer, que por no hacer. En mi caso me vida deportiva me ha causado esta lesión, es de fácil reparación y repito: Son preferibles las lesiones que tienen como causa el hacer cosas que aquellas que se producen como consecuencia del sedentarismo y el abandono.

Me olvidé por completo del trabajo, salvo dos o tres llamadas impertinentes que se resolvieron rápidamente.

Regreso al trabajo con nuevos bríos y nuevas metas. Este año será un año de éxitos y conquistas.

Tuve que deshacerme de muchos contactos en la red social y cada vez estoy más convencido de que fue una buena decisión. Somos lo que comemos, somos lo que consumimos. No quiero abrir el Facebook para ver las noticias de mis amigos queridos y encontrarme con imágenes desagradables, comentarios de personas que se han hundido en su propia miseria o peor, que están boicoteando ellas mismas su felicidad y logros con decretos de tristeza y decepción.

Este año debe ser de éxitos, de alegría, sin olvidar a las personas que la pasan mal, pero siendo proactivo respecto a las formas como ayudarlos. No se ayuda a nadie con compartir enlaces o haciendo click en “me gusta”, se ayuda siendo un buenos ciudadanos, limpios, ordenados, tratando de ser un buenos ejemplos para nuestros hijos y claro, apoyando discretamente a quien no tiene posibilidades.

Este es un año de proyectos personales, y me gustaría también que sea un año de proyectos colectivos. Quien quiera dar ideas para hacer cosas que nos hagan crecer como grupo con intereses comunes. ¡Bienvenidos!

¡Éxitos a todos!

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL CHE


Para muchos el Che Guevara es el tipo de las camisetas. Para los de mi generación y muchas generaciones anteriores y posteriores es un ícono. No necesariamente un ícono positivo por cierto para todos. La figura del Che genera simpatías y rencores, detractores y simpatizantes. Es polémico y por tanto histórico.

Esta es una de las notas que más trabajo me ha costado hacer, y si no la hago ahora, no la haré nunca. Llevo ya en la idea casi un año, desde mi fugaz paso por La Habana. Instintivamente luego de mi regreso de Cuba quise escribir acerca del Che, habiendo visto los lugares donde estuvo y las calles que lo vieron pasar. Sin embargo, rápidamente me di cuenta que no iba a ser una tarea sencilla, así que quise hacer un trabajo con toda la rigurosidad histórica posible y entre marzo y noviembre del dos mil doce leí, escuché y vi todo lo que pude acerca del Che Guevara.  Ciertamente se ha hablado mucho de él, hay tantas biografías que me pareció finalmente ocioso redundar respecto a esos temas. Abandoné la idea de la rigurosidad histórica, mi análisis será entonces personal y más visceral que racional.

Se ha dicho que el Che fue un sanguinario sin corazón, un tipo racista que detestaba el aseo y que en la revolución aprovechó para hacer aflorar sus más abyectos instintos. Del otro lado de la línea se ha dicho que era un líder natural, un visionario, desprendido de su propio proyecto de vida en favor de los menos favorecidos y la libertad de las naciones. Se han creado una serie de mitos en favor y en contra. Desde la muerte de Camilo Cienfuegos por orden de Fidel Castro a pedido del Che hasta su misión suicida en Bolivia.

Nadie puede meterse en la mente de las personas, cualquier especulación es sencillamente eso, un truco de prestidigitación que pretende adivinar el pensamiento de los sujetos a través de sus hechos. ¿Era Guevara realmente un líder desprendido, creyente ferviente de la revolución y la libertad de los pueblos? ¿O era sencillamente un tipo que sufría de una febril paranoia, mesiánico y oportunista? Nunca lo sabremos a ciencia cierta.

“Por sus hechos los conoceréis”, reza la frase y gran parte de los hechos del Che fueron registrados, por la prensa, los fotógrafos, los biógrafos y por él mismo a través de sus diarios y libros. Invocando a grandes rasgos episodios de su vida, esta tuvo que estar marcada por importantes hitos del siglo XX, Guevara nace el año 28, debido a su asma queda recluido en casa adquiriendo el hábito de la lectura. Este dato es de vital importancia. Curiosamente, de acuerdo a sus biógrafos y él mismo, leyó a esa edad los mismos autores que yo leía en la adolescencia: Emilio Salgari y Julio Verne. Guevara por cierto no era pobre, más bien de clase media alta. Cuando Guevara tenía entre quince y veinte años, que es la edad de los cuestionamientos y contradicciones, corrían los años cuarenta y tres a cuarenta y ocho, en plena guerra mundial y el peronismo en Argentina. Sospecho que tuvo que haber oído luego acerca de los abusos nazis y el juicio de Núremberg (1945-1946), esos hechos más lo dramático del movimiento político argentino debieron influir necesariamente en él.

Más adelante y luego de culminar sus estudios de medicina, emprende un largo viaje por Sudamérica que le cambia la vida. Viaja junto a su mejor amigo Alberto Granado, que por cierto,  me atrevo a afirmar que no es para nada el personaje que presenta la película “Diarios de motocicleta”, Granado fue preso político en la secundaria, así que al parecer estuvo desde temprano involucrado en la política, cosa que no le sucedió a Guevara  que toma interés mucho más tarde por ella, precisamente en este periplo por los países latinoamericanos.

No daré muchas vueltas a su biografía, baste decir que en este viaje pudo ver las condiciones de la clase obrera latinoamericana y sus penurias, así como las aún vigentes dificultades de la clase campesina. Los que hemos viajado por el interior del país cuando menos, sabemos que hay una distancia enorme entre el reportaje periodístico o televisivo y la realidad que le toca vivir a miles de compatriotas, me parece que esta experiencia de vida fue determinante también para el futuro del Che.

Otro elemento que me parece crucial de este viaje de Guevara fue su acceso a los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui. Este tuvo que haber sido el detonante, Guevara había visto el problema y probablemente le había causado el dolor que siente todo latinoamericano al ver a sus hermanos en esas condiciones, pero no tenía la posible solución, Mariátegui se la aportó, cuando menos en embrión.

Los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana es un libro que todo peruano (y latinoamericano), sin importar su filiación política, debería leer. Lamentablemente la gente hoy en día lee menos. No se puede comprender el problema social del Perú y de Latinoamérica si no se lee este texto, es triste que nuestros jóvenes no estén siquiera cerca de saber quién fue Mariátegui, al margen de las ideas, partidos y posturas.

Luego de este viaje la percepción de la realidad latinoamericana de Guevara tuvo que haber cambiado. No voy a hacer una reseña de la revolución cubana, porque existe amplia información respecto a ella en la red. Quiero enfocarme en la crítica a Guevara: Se afirma que era un tirano despiadado e inmisericorde. Existen reportes en los que Guevara habiendo ordenado fusilar a desertores y contrarios, estos finalmente se habían salvado gracias a los buenos oficios de Camilo Cienfuegos.

Trato de ponerme en las botas de Guevara, al mando de un ejército de rebeldes, en medio del monte, con pocas municiones, armas imprecisas. Se desarrollaba la revolución bajo el principio de guerra de guerrillas. ¿Era prudente en estos casos dejar a los enemigos y traidores a salvo? ¿Encerrarlos? ¿Dónde? No tenía un ejército regular ni cuarteles. Si seguimos la filosofía de Sun Tsu, el guerrero no debe dejar enemigos en pie, pues estos se levantarán y volverán con mayor fiereza. ¿Hacía lo correcto Guevara al no dejar enemigos a sus espaldas? Es discutible, pero lo que sí tengo claro es que no se puede afirmar a rajatabla que estas decisiones lo hicieron, per se,  un líder sanguinario.

De otro lado, Guevara comprendía que la revolución exigía un grado de compromiso sumamente alto. “Un cubano que no defendía la revolución era un cubano contra la revolución”, se solía decir. Si bien es cierto se permitía que los que no querían luchar se alejaran de las zonas de guerrillas, la traición no estaba permitida. ¿Esta regla de no permitir la traición, con el costo de la vida del traidor, era una práctica vedada? No me parece. Habría que analizar al asunto a la percepción del momento. Con la percepción de hoy y a la luz de las resoluciones de Corte Interamericana de Derechos Humanos, no sería aceptable; pero precisamente de eso se trata, de no incurrir en la falacia de juzgar los hechos de 1959 con los ojos del 2013.

Guevara creía firmemente en la necesidad de participar él personalmente en las grandes gestas revolucionarias, al parecer sí poseía una personalidad mesiánica. Se puede leer entre líneas, en sus cartas cuando se va a África (El Congo) y luego a Bolivia, que se siente llamado a luchar por la libertad de esos pueblos.

La gente que lo conoció lo recuerda como un tipo ordenado, organizado, puntual, claro y preciso. El gobierno de Estados Unidos se ha encargado durante años de financiar y promover campañas con el ánimo de desprestigiar al Che, hoy en día eso ya no tiene sentido. Los jóvenes confunden a Guevara con Don Ramón o Cantinflas. Es una tristeza.

La muerte del Che en 1967 trajo lo que se quiso evitar, su ejecución se hizo con la clara intención de no darle espacio en la prensa y no convertirlo en un héroe. Se produjo todo lo contrario, se creó un mito. Sucede siempre (guardando las distancias): Jesús, Mozart, Lennon y Mercury por citar algunos ejemplos. Personajes que quedan en el imaginario popular como jóvenes eternos, héroes populares y románticos. La magia que los envuelve, la pregunta de ¿Qué habría pasado si hubiesen vivido más? los hace más intensos e interesantes. Eso mismo pasó con el Che.

A mí lo que me causa fascinación es la revolución cubana, que ciertamente es La Revolución, al margen de la perniciosa dictadura de los Castro, me pregunto siempre: ¿Qué habría pasado si no se le hubiese impuesto el embargo económico a Cuba? ¿Sin el bloqueo? ¿En que se hubiese convertido Cuba con el desarrollo sostenido que parecía tener en los primeros años? ¿No sería una potencia hoy? ¿Se habría irradiado el socialismo a toda América? De hecho eso asustó a los americanos, ¿pero habría sucedido?

La Revolución Cubana me parece uno de los hitos históricos más importantes de Latinoamérica, y el Che Guevara fue una pieza importantísima si es que no determinante. Ernesto Che Guevara, el gran Camilo Cienfuegos, Fidel Castro, y otros que pasarán bien o mal a la historia nos regalaron una de las gestas más heroicas. Mi juicio personal es que Guevara cumplió su rol, ordenó las prioridades de la revolución y las ejecutó disciplinadamente. Sospecho que era del tipo de persona que habría ejecutado a su propio hermano si hubiese incurrido en traición. Me parecen coherentes sus acciones, me parece también que se le ha idealizado demasiado, olvidando que fue también un ser humano con sus imperfecciones. No lo justifico, lo comprendo.

Finalmente, los resultados de la Revolución Cubana a la luz actual son cuestionables, pero ¿Quién que haya escuchado a Silvio Rodríguez y leído algo sobre el Che Guevara en su temprana juventud no soñó por lo menos por un instante, salir al monte, a la guerra, con un fusil en bandolera a luchar por la libertad? ¿O, cuando menos, entre humo y metralla contento y desnudo, ir matando canallas con un cañón del futuro?

lunes, 31 de diciembre de 2012

LO QUE NOS DEJARON LOS QUE NOS DEJARON


Este año falleció mi padre, el diecisiete de diciembre. La causa fue por cáncer. A pesar de saber hace tiempo de su enfermedad, tomé la decisión personal – y quienes me conocen lo entienden – de no hacer apología al cáncer lamentado el hecho, pidiendo oraciones o compartiendo posts que se supone despiertan conciencia. Comprendo perfectamente a quienes han sido tocados por esta enfermedad directa o indirectamente y reaccionan de esa manera, pero en mi caso no quise hacerlo en ese momento y no pienso hacerlo ahora. Creo firmemente que el cáncer como muchas otras enfermedades de nuestros tiempos es consecuencia tan solo de nuestros – cada día peores – hábitos alimenticios y malas costumbres cotidianas, a lo que debe sumarse la contaminación, polución y un pequeño porcentaje de predisposición genética. 

Sin embargo este post no es sobre el cáncer, es sobre mi padre, quien por cierto llevó una vida más o menos saludable, fumó mucho pero lo dejó hace buena cantidad de años también. También bebió bastante como todo militar y también dejó de hacerlo hace mucho tiempo. Sobrepasó los setenta años y me parece que es un buen número. No sé si al final estuvo contento o satisfecho con su vida. No se puede juzgar eso, ese es un asunto que cada uno resuelve en el momento apropiado con su propia conciencia y que inevitablemente nos tocará a todos tarde o temprano.

Esta nota me ha sido difícil de escribir y por ello he dejado que pasen tantos días desde su partida. He buscado en mis recuerdos para encontrar lo que me queda de él. Una de las cosas más evidentes es el parecido físico. Cuando era niño todo el mundo lo decía, ahora es más claro, me veo al espejo y lo veo a él como yo lo veía cuando tenía ocho o diez años.

No recuerdo haber jugado de niño con mi papá. He hecho el esfuerzo y no viene a mi memoria imagen alguna. Ni armar una cometa, ni remoler un trompo, ni siquiera una partida de ajedrez. No recuerdo muchas conversaciones con él. Recuerdo algunos episodios en que me pedía que lo acompañe a su casa y me hablaba, no recuerdo que hayan sido conversaciones propiamente. Recuerdo haberlo escuchado y recuerdo mucho de lo que me decía, pero eso es normal en mí, a edad temprana tendía siempre a escuchar más que a hablar.

Si tengo que ponerme a encontrar huellas, puedo señalar algunas – casuales o no – que fueron gravitantes en mi vida. A mi padre le gustaba leer, yo lo vi leyendo pocas veces, pero sí dejó varios libros en la casa de mi mamá, que fueron mis primeros libros como les conté en otra nota. Eso fue determinante, hizo que germinara en mí la semilla de la lectura y solo por eso mi padre debe ser uno de los mejores padres del mundo. Alguien podría decir que eso fue circunstancial, yo mismo pensé eso mucho tiempo, pero ahora sé que cada cosa pasa por alguna razón.

Mi padre tenía una pequeña biblioteca en su casa. También influyó en mí aunque recién en estos días me haya dado cuenta.

Otra huella fue su integridad profesional. Uno de mis recuerdos persistentes en mi infancia es haberme encontrado con personas que conocían a mi papá, yo en compañía de alguno de mis hermanos mayores, tíos o mi mamá y me decían desde: “Tu padre es un hombre recto” hasta “tu viejo es bien verde” expresión que soltó uno de sus ex alumnos del Colegio Militar Francisco Bolognesi. Nunca recibí otra referencia de él de los terceros, incluso hasta bien avanzada mi adolescencia. Siempre tuve esa imagen de él y quiéralo o no, sea consciente o no de ello, todo hijo toma como paradigma a su padre (sea este paradigma errado o no) Y yo no fui la excepción y esa es la segunda razón por la que sin proponérselo conscientemente mi padre fue mi mejor ejemplo para la persona que creo ser hoy o cuando menos me propongo ser.

Como padre o cabeza de familia no puedo decir mucho, tuvo sus razones y cada uno se enfrenta a ellas como puede. Por mi parte lo que me afectó fue ver sufrir a mi madre en aquellos años y me propuse no  cometer en mi vida – cuando menos familiar – el mismo error que él, romper la línea, la tendencia, hacer el quiebre. He tratado tanto de hacerlo y con tanta intensidad que a veces me asusto. Por eso me afectó tanto mi divorcio en mi primer matrimonio a pesar de que no lo dejé notar. Sentí que había fracasado en ese propósito. Ahora no lo tengo tan claro. Insisto, a veces las cosas pasan porque hay una razón más allá que solo descubrimos después.

Recuerdo que mis hermanos le temían y se quejaban de que no cubriera los gastos escolares. Yo crecí con esa idea, pero hace algunos años ya, me di cuenta que por alguna razón a mí nunca me negó nada, a lo mucho se demoró un poco, pero no recuerdo que haya negado algo, incluso esa vez que rompí un vidrio en el colegio y aterrado le pedí el dinero para reponerlo, él se sonrió y sacó el dinero de su billetera. Claro, no siempre era tan fácil, a menudo salía con la famosa frase “¿Crees que soy un banco?” que inconscientemente he usado yo también muchas veces, pero igual siempre me apoyó en los estudios por lo menos hasta el cuarto de secundaria.

En el ochenta y seis nos alejamos mucho por tonterías – ahora lo sé – y a pesar de eso pagó cuando menos mi inscripción para postular a la universidad, y cuando más adelante abandoné arquitectura e ingresé a derecho, a regañadientes le entregó a mi hermano el dinero para la matrícula del primer año.

Pasaron muchos años sin que yo le pidiera nada, nunca sabré que hubiese pasado si me hubiese acercado a pedirle, nuevamente de manera inconsciente me ayudó a hacerme independiente y valerme por mi mismo, cosa que ahora me resulta de mucha utilidad. La siguiente vez que me ayudó económicamente fue para mi colegiatura en el colegio de abogados luego de que me gradué. Noté que lo hizo sin nada de molestia, pude notar que estaba orgulloso, como lo estaba este ocho de agosto cuando juramenté en Arequipa en mi nuevo cargo junto con mi hermano mayor.

También es cierto que a veces tuvo reacciones raras, como la que me marcó respecto a mi relación con las navidades y que conté en una de las primeras notas de este blog. Supongo, como lo señalé esa vez, que era porque quería endurecernos, su formación castrense así se lo trazaba. A pesar de esa formación, debo señalar y me conmueve al escribirlo, que mi padre jamás, pero jamás, me puso un dedo encima.

De todos los recuerdos, de los cuales he resumido la mayoría aquí, me llevo la vocación por la lectura y su ejemplo de rectitud. No fue un padre cariñoso, de decir te quiero o de abrazar, sobre todo en su juventud. En los últimos años lo vi y sentí menos recio. De hecho yo cambié mi trato con él, cuando era chico le decía papá, en la adolescencia le decía “pá” y recién desde el noventa y ocho empecé a decirle “papacho” o “papito”, en febrero de este año me dio una alegría enorme que pudiera conocer a mi hija al fin y que la haya tratado con tanto cariño. Me alegra mucho haberla llevado al fin a Mollendo y que haya podido conocer a su abuelito.

Las cosas pasan por algo, yo le digo todos los días a mi hija que la amo. Cada día la abrazo fuerte y juego con ella cada vez que puedo. A veces me pide jugar con ella, acompañarla y arroparla antes de dormir y muchas veces le he dicho “ahora no, estoy haciendo” o “ahora no, estoy viendo la tv”, y luego me arrepiento. Me levanto y me voy con ella. No sé si hago lo correcto, tal vez crezca muy blanda y sin la dureza necesaria para esta vida, sé que no estaré eternamente para protegerla, pero mientras esté lo haré. Creo que eso me enseñó mi padre, aunque sea indirectamente.

Siento que mi padre fue un buen hombre. Pienso en él ahora y sé que hizo su mejor esfuerzo, se equivocó en muchas cosas probablemente, pero nadie empieza a ser padre con un manual al lado. Le tocaron cosas difíciles, eran otros tiempos, existían otros paradigmas, otras formas de criar y educar. Creo que la mejor muestra de su invisible presencia es que ninguno de sus hijos haya hecho una vida orientada al desorden o al mal vivir. Esto sin restarle el enorme mérito a mi madre que se dio entera por nosotros durante cada día de su vida y hasta ahora; y que el día del sepelio, pese a estar separada de él por casi cuarenta años, lloró profundamente al único hombre de su vida.  

miércoles, 29 de febrero de 2012

PUROS CLANDESTINOS

José Manuel nos lleva a la fábrica de ron más antigua de Cuba, curiosos preguntamos el precio de los habanos que vemos en un mostrador, el tendero nos dice que cada uno cuesta aproximadamente cinco dólares. José Manuel nos susurra que más tarde nos llevará a un lugar donde podemos comprar habanos de buena calidad a buen precio.

Más tarde en el taxi José Manuel, mientras conduce, nos cuenta que un negocio habitual en La Habana y al parecer en toda Cuba es tratar de venderle puros en la calle a los turistas despistados, negocio que usualmente termina en estafa cuando el turista abre el paquete y descubre que la mercadería son puros de mala calidad, si tuvo suerte, o si no, una caja llena de basura en el peor de los casos (José Manuel al igual que otros cubanos que nos advierten del asunto, nunca usan la palabra “estafa”, prefieren decir cualquier otra cosa, como “problemas” o “cosas que no son”).

Minutos después entramos a una callejuela estrecha, a la izquierda una mujer conversa con un hombre mayor en la puerta de la casa. José Manuel se estaciona frente a ellos y los saluda con naturalidad, ellos corresponden y rápidamente desaparecen de la escena, por arte de magia aparece un sujeto cuyo nombre no importa, es de baja estatura, viste una camiseta verde que tiene el logotipo de la marca “Polo” y que lleva estampada una corbata azul con líneas amarillas y rojas en el pecho; en la cabeza lleva un gorro caqui militar que a todas luces es de marca, tiene – no podía ser de otra forma – un habano encendido en la boca e irradia una simpatía a prueba de balas.

Viene acompañado de otro sujeto, que discretamente casi no interviene, nos invitan a pasar a la casa, un zaguán y una pequeña sala a la izquierda, pasamos a la sala. No sentamos, el tipo nos pregunta en qué nos puede servir – como desentendiéndose del asunto – y nosotros algo sorprendidos pero seguros, preguntamos por los habanos, sonríe, da una chupada a su puro llenando de humo el ambiente y sube las escaleras, regresa luego de unos minutos con cajas con todas la variedades posibles de puros cubanos, en todas la presentaciones. Hablamos de precios y notamos que efectivamente está muy por debajo de los precios de las tiendas destinadas para turistas. Compramos unas cajas y nos quedamos con las ganas de llevarnos todo. Claudio le pregunta si acepta sacarse una foto con nosotros y contra lo que esperábamos acepta gustoso.

Más tarde José Manuel nos explica que nuestro clandestino proveedor trabaja en la tabacalera nacional, motivo por el cual tiene acceso a esa mercadería. En ese momento me surgen cien preguntas pero prefiero no saber, precisamente ahora que escribo esta nota, también cambio de decisión , pensaba acompañar la nota con una de las fotos que nos tomamos con este personaje, pero desisto, no quiero meter en problemas a este simpático cubano. Sin duda alguna es una de las estampas que me traje de Cuba, un tipo carismático y alegre, y unos habanos de muy buena calidad que todavía no me termino de fumar.

EL MISTERIO DE LAS SANDALIAS PERDIDAS

Cuando llegué a la casa de mi suegra, mi mochila tenía prácticamente dos prendas y un neceser, una vez allí recogí varios polos y unas bermudas que habíamos lavado en ese lugar y habían quedado secando. También allí estaban mis sandalias de cuero, unas que compré en Arequipa hace años, de esas que parecen de padre franciscano y que siempre me gustaron por ser cómodas, de fino material y excelente acabado; además tenían la particularidad de cubrir el pie lo suficiente para no ser víctima de los mosquitos sin dejar de ser por ello frescas. Las metí en una bolsa de plástico (porque aún estaban húmedas) y las puse también en la mochila.

Minutos después, en la prisa, saqué todo de la mochila (que no era mucho) y organicé las cosas para que no se arruguen los polos. Cerré y me fui rumbo a Puerto Maldonado.

En Puerto Maldonado me fui directo al aeropuerto, una vez allí entregué la mochila para bodega y esperamos como dos horas porque el vuelo estaba retrasado. Esa noche en Lima fui a comprar más ropa y reorganicé nuevamente la mochila en casa de mi primo Claudio.

Luego de ello nos fuimos al aeropuerto otra vez. Esta vez sí, pedí un precinto para la mochila y viajamos hasta Cuba. En La Habana, no usé las sandalias pero si saqué casi todo de la mochila para que no se arrugue.

Al día siguiente en Varadero… ¡¡no estaban mis queridas sandalias!! ¿Las olvidé en el hotel de La Habana? ¿En la casa de Claudio en Lima? ¿En la casa de mi suegra en Brasil? No había forma de comunicarme con los dos últimos lugares y respecto al hotel de La Habana, si las olvidé ya eran cosa perdida. Me resigné. Felizmente había comprado en Lima unas sandalias de baño y usé esas en la playa.

Regresando a Lima le encargué a Claudio que por favor buscara en su casa, era un posibilidad a considerar que al momento de ordenar el equipaje, las sandalias se hubiesen quedado bajo la mesa o bajo el sofá. Claudio me confirmó que no había nada.

Estando en Iñapari, me fui al día siguiente a Assis Brasil, y busqué en la casa de mi suegra. Tampoco había nada, pero esa era una opción poco probable porque habían pocas cosas en la mochila, entonces solo quedaba el Hotel Habana Libre.

Otra alternativa era que “alguien” se las hubiese llevado del hotel en La Habana. La cuestión era ¿había olvidado las sandalias o había sido víctima de robo? El olvido era poco probable, porque durante la noche se me cayeron algunas cosas al piso de la mesa de noche y me levanté a buscarlas, la cama no tenía patas, era de las que van directamente sobre el piso mediante una estructura similar al propio colchón, así que solo quedaba la alternativa del robo.

Era un mal recuerdo de todo lo maravilloso de lo que había sido el viaje a Cuba, hasta que hace pocos días revisando las fotos del viaje, me quedé observando una que le había tomado al cuarto del hotel precisamente después de haber sacado mis cosas de la mochila, y no estaba la bolsa con las sandalias en ningún lugar, lo que significaba que estas nunca llegaron a Cuba. Repasé mentalmente el viaje completo y solo pudieron haber sido robadas en un lugar: Mientras esperábamos en vuelo retrasado en Puerto Maldonado. Recordé que las sandalias estaban arriba, cerca del cierre de la mochila, fácil de sacar, finalmente resuelto el misterio y limpio el grato recuerdo del viaje a Cuba.

viernes, 23 de diciembre de 2011

CRONICA DE UNA RELACIÓN DESTRUCTIVA: EL CIGARRO Y YO

Yo no fumo. Pero sí fumé y mucho hace años.

Debo empezar diciendo que firmar es una desagradable y nada saludable costumbre a la que se llega normalmente por la enorme presión de la necesidad de aceptación social en la adolescencia, la que a su vez es alimentada por la fuerte campaña a favor del consumo del tabaco, desarrollada ésta de manera directa o indirecta por las compañías tabacaleras a través de los medios.

Como todos recuerdan en las películas de los sesenta, setenta y ochentas inclusive, los principales actores y actrices de Hollywood aparecían en ellas fumando. Lo que tal vez no sepan muchos, es que estos actores recibían un bono aparte del salario como actor por parte de la tabacalera si salían fumando. De hecho muchas tabacaleras eran las principales financistas de las películas de Hollywood. Esta práctica se acentuó cuando se prohibieron los comerciales explícitos de tabaco. Entonces aparecieron una serie de héroes de acción con el cigarrillo sobre los labios. Claro ejemplo de ello el actor alemán (de nacimiento) Walter Bruce Willis en las primeras entregas de la saga Die Hard o Duro de Matar. Estos actores recibían (y todavía reciben) fuertes cantidades de dinero por parte de las tabacaleras si aparecen fumando en las películas. Las tabacaleras practican con maestría la estrategia de “una imagen vale más que mil palabras” solo que ellas cambian la palabra “vale” por “vende”.

Historia similar de la fórmula 1, que es de público conocimiento y que por su complejidad seguramente requeriría de una nota aparte.

Hoy en día hay, afortunadamente, una fuerte campaña a nivel mundial para hacer que las personas abandonen el uso del tabaco. El Perú parece que no se ha tomado muy en serio el asunto, pero veo fuertes campañas sobre ese tema en el Brasil.

También noto que entre los fumadores hay dos grupos claramente definidos, aquellos que desean dejar de fumar, pero no saben cómo y otro grupo que sencillamente no les interesa dejar de hacerlo. Mi nota va dedicada a los primeros.

Sinceramente no sé si sea de plena utilidad lo que les contaré como mecanismo válido para dejar de fumar, porque he notado que en cada persona existe un universo distinto de motivaciones y justificaciones, pero igual espero que le sirva a algún lector.

Empezaré con decir que en alguna época de mi vida fumaba dos cajetillas diarias. Empecé como todo el mundo con un cigarro para probar, a escondidas, inventándole alguna historia al tendero del barrio. A los quince ya fumaba socialmente en fiestas y reuniones, en aquel entonces cigarrillos Ducal o Premier. Luego aparecieron los Hamilton. Cuando tenía veinte años los cigarrillos Hamilton me parecían demasiado suaves, pasé de ellos a los Premier y luego a los Minister, finalmente por una cuestión de economía y de adicción a los baratísimos Gold Coast, dos cajetillas diarias cuando aún no cumplía los veintidós.

En ese entonces, poeta empedernido de larga cabellera y fumador impenitente – encendía un cigarro nuevo con la colilla del que estaba terminando – costumbre gracias a la cual, terminé con una especie de taquicardia a tan temprana edad que me dio el primer aviso. Para ese entonces ya había hecho algunos intentos de hacer ejercicio pero no habían sido permanentes a largo plazo. Me tomé en serio el asunto y decidí dejar de fumar.

Un elemento que me parece fundamental para dejar de fumar es desarrollar actividad física. No sé si habrá alguien que lo haya logrado de manera distinta, pero creo que hacer ejercicio paralelamente al proceso es fundamental. En mi caso, cuando empecé a hacer ejercicio en serio, recuerdo claramente la sensación de dificultad al respirar en los primeros días. Sentía como si mi garganta fuese una cañería llena de hollín limpiándose, podía sentir el aire raspando mi garganta y con los días sentir como la molestia se aliviaba, a ello el aumento notorio de la capacidad física y respiratoria.

Una estrategia que usé con relativo éxito fue tener siempre un único cigarro a la mano. Me explico: yo solía en ese entonces encender un cigarro cada vez que quería pensar o meditar. Entonces este cigarro solitario se llamaba mi “último cigarro” y estaba reservado para algún momento especial, sumamente especial que realmente amerite un cigarro. Luego cuando me pasaba algo y estaba a punto de encenderlo, pensaba si ese momento realmente lo ameritaba y me ponía en la idea de qué pasaría si luego me sucedía algo más intenso y entonces no tendría mi “último cigarro” y postergaba la oportunidad de fumar.

Tiempo después había reducido considerablemente el número de cigarrillos diarios, a veces pasaba meses sin fumar, pero eventualmente regresaba –pero nunca más al nivel de dos cajetillas diarias –, pero noté que volvía a fumar precisamente en las fechas que dejaba de hacer ejercicio. Bajé a tres o cuatro cigarrillos diarios y solo de noche. En reuniones sociales seguía fumando media cajetilla aproximadamente.

A medida que pasaba el tiempo fumaba cada vez menos. A los treinta ya fumaba dos o tres cigarrillos por semana. Sin embargo seguía siendo mucho. El verdadero momento en el que dejé de fumar fue cuando me dije en serio y contundentemente: “no voy a fumar más”; así de simple, sin auto engaños ni falsas justificaciones. Creo que el asunto tiene que ver con un firme acto de voluntad. Para ser sincero todavía fumo, pero solo cuando me encuentro con viejos amigos, o un cigarrillo solitario en alguna reunión. Calculo que ahora fumo unos diez cigarrillos al año.

Insisto que en mi caso el ejercicio hizo lo que para otros hacen las pastillas o parches de nicotina o los chicles y caramelos. No es una tarea tan complicada como parece, pero estoy convencido de que el ingrediente principal es la decisión firme de dejar de fumar. Me parece que para los todavía fumadores que me leen, un buen propósito para el próximo año podría ser dejar de fumar. No se olvide, una firme y clara decisión, determinación en el propósito y adelante.

sábado, 3 de diciembre de 2011

LIMA, CAFÉ, VINO, EL COLOMBIANO QUE VINO Y DOS LIBROS INESPERADOS

El veintitrés del mes pasado partí rumbo a Lima en un accidentado viaje en su primera etapa, de esos en los que hay que hacer cinco cosas por día y si falla una se descalabran las demás. Fui ligero de equipaje porque sabía lo que me esperaba. No llevé lentes oscuros ni cámara fotográfica y respecto a la ropa, lo mínimo indispensable.

En Puerto Maldonado y luego de hacer todas las gestiones programadas durante la mañana, imprescindibles por cierto, me fui al aeropuerto en el consabido torito, la versión terrestre del peque peque. Una vez allá, esta vez no tuve quejas, noté con alegría que el restaurant ha cambiado de aspecto y diseño. Pero el dueño sigue siendo el mismo, lo que es muy saludable, porque ha tendido el valor de cambiar los paradigmas de su negocio. También noté con felicidad que el señor ese malhumorado que antes hacía de mozo, ya no está más.

El viaje fue pesado debido a que el avión se quedó más de una hora parado en Cusco, nos contaron el cuento chino del combustible y la parada técnica, pero con mis kilómetros de recorrido noté que era por un tema de visibilidad, el cielo estaba cerrado por las nubes.

Fiel a los buenos amigos, me fui al departamento de Claudio apenas llegué a Lima, el depa está ubicado en una zona que no podría ser mejor y está muy bonito y acogedor. El primer día nos fuimos de shopping y paseo. Compramos unos buenos libros, infaltables Bryce y Vargas Llosa y una recomendación especial, un libro de cómo explicar las ideas mediante dibujos simples, un éxito. Luego canjeamos puntos por fragancias metiendo la nariz en una caja llena de café de rato en rato y al final compramos un vino y nos fuimos a beberlo al departamento junto con el primo Sergio.

Pude notar en los días que estuve que la mamá de Claudio está muy bien, se agita un poco pero está conversadora y alegre como siempre y eso es un muy buen síntoma. También se queja del agua que corre, el viento que azota, los pajaritos que no cantan, la mesa que regaló y la que falta comprar, la familia, las amigas y las vecinas… pero ¿es o no un buen síntoma? Yo creo que sí. Si la hubiese encontrado calladita, me hubiese preocupado. Yo la quiero mucho tal cual.

El día más divertido fue el viernes. Había un evento de presentación de un nuevo producto en la empresa donde trabaja Claudio. Allí me presentó a un colega suyo – por gerente – y mío – por abogado – que había venido al Perú para el lanzamiento.

El colombiano, un tipo simpatiquísimo, nos fuimos a tomar unas cervezas con él, Claudio y Sergio a Larcomar y luego unos tragos de nombre indescifrable en algún antro de Miraflores, conversamos largo y me di cuenta que nuestro invitado tenía un talento muy peruano y seguramente más colombiano: ¡Qué manera de hacer uso de la antológica e imperecedera técnica, tan peruana ella, del floro! Veinte mil palabras para decir una sola cosa. ¡Lo máximo!

Pasamos un buen rato y luego en medio de una típica garúa limeña de madrugada nos fuimos a descansar. Yo dormí solo tres horas porque tenía que estar en el aeropuerto a las nueve de la mañana. En el trayecto el taxista casi choca dos veces. Yo creo que andaba nervioso, lo confirmé porqué le pregunté ¿Qué has hecho anoche compadre?, después del segundo incidente y me dio una larga explicación de porqué casi choca. Justificación no solicitada. Ya saben cómo funciona.

Lo cierto es que ese mismo día por la tarde estuve en mi casa. Allí descubrí una grata sorpresa, Claudio me dio un paquete conteniendo los libros que gané en el concurso nacional de ensayos organizado por el Centro de Investigaciones Judiciales del Poder Judicial de mi país, ello junto al diploma que le entregaron cuando asistió a la ceremonia de premiación en mi representación. No me alentaba mucho la idea porque sabía que los libros eran ejemplares de la revista oficial del Poder Judicial, así que no me entusiasmaba mucho porque yo ya tenía esos ejemplares en mi biblioteca, es decir ahora los iba a tener por partida doble. Pero lo bonito es que cuando abrí el paquete ya en Iñapari, descubrí con alegría que además de la revista había tres ejemplares más que yo no había considerado. Uno de ellos la impresión de los acuerdos plenarios en materia penal de la Corte Suprema de diciembre del año pasado, pero más importante: Dos libros, en tapa dura, de la historia de la Corte Suprema, un fino, exhaustivo y detallado trabajo de la historia jurídica del Perú republicano, ambos de la autoría mi querido amigo arequipeño, excelente académico y mejor historiador Carlos Ramos Núñez, quien es en este momento sin duda alguna el mayor experto en el Perú acerca de historia del Derecho.

Así que finalmente me traje de Lima bonitos recuerdos como siempre, varios buenos libros dos de ellos sorpresivos, buenas noticias, un nuevo amigo y sobre todo la alegría de haber pasado buenos ratos con Claudio y su familia, que siempre son mis mejores momentos cada vez que voy a Lima.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

TERMINA NOVIEMBRE

Noviembre se pasó en un suspiro.

Trajo muchas lecciones. Una lección importante es que si uno se esfuerza por hacer bien las cosas, no importa lo que suceda, siempre se saldrá airoso.

Aprendí también que mis instintos me llevan por buen camino cuando me falla la razón.

Asumí nuevas obligaciones y nuevos retos. Eso es indispensable para mantener la mente ágil.

Sigo acostumbrándome al nuevo hábito de sonreír más.

Ahora viene diciembre y es necesario replantear las metas. Siento que he cumplido mis metas del 2011 de manera casi satisfactoria, pero tengo deudas conmigo mismo. Todavía hay más cosas que hacer, con mayor empeño y disciplina. Cualquier falla, es eso: una falla, consecuencia de falta de concentración o distracción imperdonable. Hay que pulir esos detalles.

LA LENGUA DE SUEGRA Y OTRAS PLANTAS

Esta se llama Jergón Sacha y recibe este nombre porque su tallo se parece a la venenosa serpiente Jergón. Se dice que el emplasto de su raíz sobre una picadura de serpiente neutraliza el veneno. También me han dicho que tiene propiedades como curar la diabetes y refuerza el sistema inmunológico. También se dice que cura las alergias. Es por eso mi interés. He plantado unas cuatro en mi jardín, se ven bien y en el futuro experimentaré con las raíces. Prometo mantenerlos informados de los resultados.

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La que aparece en primer plano es una Lima, es jóven todavía, tiene menos de seis meses, pero ha crecido bastante. Es una especie de arbusto que con el tiempo se expande y puede llegar a medir un par de metros de altura y ocupar un perímetro de otros dos metros. Me imagino que también responde a la poda que se vaya haciendo para mantenerla cuidada. En el futuro debe ser una fuente permanente de insumos para el refresco del medio día. El tallo tiene espinas y el fruto es muy parecido en sabor y tamaño al limón común que tenemos en la costa y sierra.

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No sé el nombre de esta planta de hoja grande y vistosa. Lo cierto es que como muchas plantas de la zona, el fruto es la raíz bulbosa que se parece mucho a la papa, solo que un poco más dulce, pero no tanto como el camote. Se ve bien en el jardín y tiene la propiedad de que las hormigas dificilmente la atacan. Cuando la traje era muy pequeña, las hojas no excedían los quince centímetros de largo. En el primer año llegó a perder todas las hojas y supongo que estaba lista para cosechar, pero yo la deje. Luego volvió a desarrollar hojas y salieron así como se les ve ahora.

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Este es un cocotero. Ya está grande. Tiene poco más de un año y la traje a casa cuando era un coco como los que venden para beber el jugo o comer la pulpa, tal cual, con un pequeño retoñito en la parte superior. Se ha acostumbrado bien a la tierra y el ambiente y en unos años será un imponente cocotero. Incluso resistió muy bien a un trasplante, ya que estaba un poco más al centro del jardín, pero calculé que con el tiempo se iba a complicar con la Lima. Nótese a la izquierda las famosas "lenguas de suegra", solo traje un par y rápidamente se han reproducido, haciendo honor a su nombre.

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Este es un árbol de Copazú, tiene la misma edad que la Lima, pero crece más lento. Cuando es adulto llega a tener cinco metros de alto con un tronco voluminoso y la raíz es superficial. Tengo que evaluar si se va a quedar en ese espacio o deberé moverlo cuando esté mas grande y fuerte. El fruto es una mezcla de dulce con algo de cítrico. Para helado y refresco es perfecto. También se puede comer el fruto sin procesar. Por aquí se vende mucho la pulpa de Copazú para preparar helados y refrescos. El árbol no es muy frondoso pero da buena sombra. Como todas las plantas depende mucho del cuidado que se le de cuando se está desarrollando.

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Este es el jardín de atrás de la casa, la misma hoja que vimos antes pero a su sombra otro Jergón Sacha. Parece que hacen buena simbiosis las dos. Lo curioso es que yo planté el Jergón Sacha el año pasado y luego de las lluvias se murieron. Pensé que no iban a salir más y hace un par de meses brotaron otra vez. Interesante.

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LA ESPECIALIZACION Y OTRAS TRISTEZAS

"Un ser humano debería ser capaz de cambiar un pañal, planear una invasión, matar un cerdo, amarrar un barco, diseñar un edificio, escribir un soneto, hacer las cuentas de un balance, construir un muro, ajustar un hueso, consolar a los moribundos, tomar pedidos, dar órdenes, cooperar, actuar en solitario, resolver ecuaciones, analizar un nuevo problema, abonar la tierra con estiércol, programar una computadora, cocinar una comida sabrosa, luchar con eficacia, morir con gallardía. La especialización es para los insectos."
Time Enough For Love (1973). Robert Heinlein

A este punto de la vida me doy cuenta de que he aprendido un montón de cosas. Soy consciente de que me falta aprender mil veces más. Hace unas semanas me senté al borde de la cama luego de levantarme y me sentí mal. Me pregunté ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cuántos libros por leer? ¿Cuántas cosas por escribir? ¿Cuántas flores por plantar? ¿Cuántas personas por conocer?

Ayer le explicaba a mi hija una serie de cosas y ella me decía ¿Papá cómo es que sabes tantas cosas? Yo le contesté que es porque leo. Pero eso no es totalmente cierto. También hay muchas cosas que se deducen. Luego me alegré porque en realidad y hasta este punto, como decía al principio, me he dado el gusto de aprender y hacer cosas de lo más disímiles. He hecho teatro, danza, pintura, dibujo artístico y técnico, se distinguir entre un H2 y un HB, estudié un año de arquitectura, también aprendí mecanografía, serigrafía y encuadernación con prensa. Aprendí a programar eficientemente un computador y asar con éxito un pedazo de carne en la parrilla. He preparado cemento, hecho un contra piso, pintado muros, escribí poemas, diseñé mi casa. Alguna vez ayudé a operar una gata y de muy muchacho le hice cesárea a una liebre. No puedo quejarme

Lo más interesante es que a medida que pasa el tiempo tengo la certeza de que cada cosa que hice y cada lugar donde estuve tuvieron un propósito. Como piezas de un rompecabezas. Aun no sé exactamente a dónde me lleva este camino, pero sé que el sendero esta allí y solo debo seguir adelante.

Cuando leí hace unos meses la cita de Robert Heinlein me sentí sumamente identificado. También creo que la especialización es para los insectos. Uno debe vivir todo, probar todo y no arrepentirse. Tengo la firme convicción de que la frase más inútil que puede decirle un padre a un hijo es “No lo hagas, te lo digo por experiencia, yo ya pasé por eso.”

Me alegro de haber hecho tantas cosas en la vida. Quiero hacer muchas más, diferentes todas ellas. ¿Es bueno no ser una abeja no?

domingo, 20 de noviembre de 2011

LA PIKI: UNA CRONICA DE AMOR CORRESPONDIDO

Yo estaba de vacaciones, era agosto, hace poco más de ocho años. Vivía en el centro de Arequipa. Un día saliendo de casa yendo al gimnasio, vi una perrita de muy mal aspecto, pequeñita, de un tamaño un poco menor que el de un pequinés, de pelambre amarillenta, hocico afilado, ojos enormes y desorbitados, totalmente famélica y pegada a la pared. Muy asustada. Me impresionó. Por la tarde cuando volví todavía estaba allí. Le llevé un tazón con arroz. Al día siguiente pasó más o menos lo mismo. Siempre que veo algo así me da una tristeza terrible, así que tomé la decisión de por lo menos alimentarla hasta que alguien pudiera adoptarla.

Pero al tercer día pasó algo más. Salí de casa y ella no estaba en la zona de la quinta, cuando estaba abriendo la reja de la entrada principal la vi. Estaba en medio de la pista, totalmente desorientada, caminando lateralmente y cojeando. De inmediato intuí que había sido atropellada. Sin pensarlo dos veces me paré en medio de la calle (que era de un solo carril y estrecha como las calles del centro de Arequipa) y detuve el carro que venía. Luego la traté de empujar hacia una de las veredas. Cuando lo logré me acerqué. Traté de ayudarla y me mordió ferozmente el dedo índice de la mano derecha.

Asustado regresé corriendo a casa, siguiendo los consejos de la escuela, para lavarme con abundante agua y jabón. Luego volví a salir para buscarla pero no la hallé. Ahora tenía dos problemas: El tratar de rescatar a la perrita y la posibilidad de que tenga rabia.

Ese día tuve que hacer una serie de gestiones personales, pero además me documenté acerca de la rabia y llamé a mi compañía de seguros de salud (a la que le pagaba una buena cantidad mensual) y me dijeron que no podían hacer nada. El tema de la rabia se veía en un solo hospital de Arequipa, luego fui a este hospital y resultaba que tenían que ponerme como veinte inyecciones, cuando en otros países del mundo ahora son solo cinco y con menos efectos secundarios. Eso sin contar que tenían que sacrificar a la perrita.

Esa noche salí con una correa y collar de gato, una colcha (para atrapar a la perrita) y vari kennel de mis gatas. Caminé por las calles cercanas y la encontré escondida y asustada detrás de un enrejado. Le lancé la colcha y la atrapé. La llevé a casa, pero ya era tarde y se durmió allí. Al día siguiente la llevé al veterinario, pedí radiografías, análisis, vacunas y un baño. Regrese a la veterinaria por la tarde y le pregunté al veterinario sobre la posibilidad de la rabia. Me dejó en claro que en Arequipa no se habían registrado casos de rabia en más de diez años, así que podía considerarse que esta había sido erradicada de la zona. No habían fracturas, solo estaba asustada y hambrienta. Compré comida para ella y la llevé a casa.

En aquel entonces yo ya tenía un labrador color hueso. Por si acaso los separé porque el veterinario me dijo que la perrita estaba por entrar en celo. Lo cierto es que esa tarde regresé a casa contento, manejando la camioneta con la perrita en el vari kennel de los gatos en el asiento del copiloto. Cuando llegué, la traje conmigo hasta la sala, la solté y yo me senté exhausto en un sillón con mi dedo índice adolorido y vendado. En eso ella subió sobre mis piernas, yo la sostuve un poco con mis brazos y ella apoyó su cabecita en mi brazo derecho mirándome con una expresión de agradecimiento que nunca olvidaré. En ese momento nació el amor.

En este entonces estaba casado con mi primera esposa. Una mujer maravillosa. Ella fue la que le puso el nombre: Piki (puntito). Durante muchos días no dejó que se me acerque siquiera mi esposa. Me protegía a muerte. Luego comprendió que ambos la queríamos y la incluyó en su círculo de protección Cuando pasó el celo y ya estaba mejor alimentada y con buen peso, la llevé a esterilizar. Se recuperó rápidamente de la operación. Cuando la recogí tenía el pelo amarrillo y ceniza. En realidad era una perrita cruce de papillón, con los cuidados y peinado periódico, su pelaje regresó a ser lo que debía ser: blanco y negro. Su carita se redondeó y sus ojitos se hicieron alegres y vivaces. Siempre que trabajaba en el computador ella se sentaba en mis piernas, o cuando veía televisión y cuando manejaba el auto. Si me recostaba para ver televisión se acomodaba sobre mi pecho y se quedaba tranquilita. Se acostumbró a compartir el espacio con las gatas e incluso dormía con ellas en el día. En las noches dormía en nuestro cuarto en su propia camita a un costado de la nuestra.

Siempre estaba sobre mis piernas. Le gustaba mucho pasear y desde el primer día que llegó a casa, nunca orinó dentro de ella ni hizo caquita. Esperaba a que lleguemos y salía disparada a hacerlo afuera. Cuando salía sola volvía pronto. Pero siempre mantuvo ese círculo de protección alrededor de nosotros. Incluso cuando yo iba manejando, ella asustaba con su ladrido agudo a quien se acercara mucho al auto, arrancándonos carcajadas.

Luego cuando tuve que alejarme de Arequipa por cuestiones laborales y cosas del corazón, ella se quedó con la persona más responsable que conozco, y no podía ser de otra manera. Mi ex esposa la cuida y la quiere como lo haría yo y tal vez más. Algunas veces pensé en traerla, pero no era buena idea, el clima de aquí no es bueno para perritos viejitos y de pelo abundante. Además por aquí no hay veterinarios en los que pueda confiar.

Hoy me enteré que está malita. Tiene ataques de reumatismo, ya tiene cataratas. La última vez que la vi fue hace unos tres años. Según el veterinario ya debe tener unos doce años. Dice que en algún momento hay que tomar alguna decisión si los ataques se hacen más frecuentes porque son dolorosos. Mi ex esposa me dice que se acomoda en sus brazos como si fuese un gatito. Cuando la recogimos estaba tan maltratada que parecía mayorcita, en ese entonces le dije que lo mejor que podíamos hacer era que sus últimos años fuesen felices y de calidad. Finalmente, ella hizo que estos últimos ocho años fuesen felices para nosotros y se instaló en nuestros corazones. Escribo esta parte ya con lágrimas en los ojos. Creo que no he querido tanto a nadie a ese nivel como a la Piki. Definitivamente marcó mi vida y mi relación con los animales y la naturaleza. Me entristece mucho que ya esté viejita, pero también comprendo que todo tiene un ciclo. Yo solo les quería contar como la conocí y lo que significa para mí.

sábado, 29 de octubre de 2011

TRES CRONICAS DE HORROR

Algunos lugares y nombres han sido cambiados, pero las historias son cien por ciento reales. ¡Que las disfruten! ¡¡Y que tengan un macabro halloween!! ¡¡¡Muuuuaaaahahahahahahaha!!!

I – El piano

En el año dos mil siete trabajaba en Toquepala, un campamento minero en el sur del país a unos dos mil ochocientos metros sobre el nivel del mar. Mi oficina quedaba en el primer piso de un viejo edificio ubicado frente a un pequeño parque. Precisamente frente a la puerta de ingreso a mi oficina había unas gradas que llevaban al segundo piso. Los escalones eran de madera y por las historias que contaban los trabajadores, en las noches, cerca de las doce, se podía oír claramente los pasos de alguien subiendo y bajando por esas escaleras. En el triángulo formado por esa escalera servía de depósito de materiales de limpieza y pequeño habitáculo del conserje. En el segundo piso quedaba la oficina de contabilidad y contaban también – con el evidente afán de hacer asustar a los nuevos – que años atrás un contador había muerto en esa oficina luego de una jornada de extenuante trabajo. Cerca de la media noche sencillamente su cara golpeó el escritorio como consecuencia de un ataque cardiaco fulminante.

Lo cierto es que en aquél entonces yo tenía la costumbre de quedarme hasta muy tarde trabajando, entre otras cosas porque vivía solo y en casa no tenía nada que hacer que no fuese ver televisión. Los compañeros solían ir a comer cuyes, salchipapas o sándwiches en alguno de los pocos lugares que vendían comida en el barrio obrero, cerca del mercado. A menudo los acompañaba, pero aquél día en particular no fui, tenía que terminar un informe para el día siguiente y decidí quedarme hasta terminar.

Estaba escribiendo en mi oficina y como siempre que me quedaba trabajando, las únicas luces encendidas eran las de mi lugar y un fluorescente en la entrada principal. El resto del edificio quedaba en penumbra. A espaldas del edificio quedaba el antiguo bowling que ya nadie usaba y cuyo salón superior servía a veces para el desarrollo de bailes y polladas.

Eran aproximadamente las once de la noche y de pronto escuché el sonido claro de las teclas de un piano. ¿Un piano? ¿A esta hora? Qué raro. Traté de prestar atención a la tonada pero no logré escucharla más. Un par de minutos después la volví a escuchar. Detuve mis dedos sobre el teclado y traté de identificar la tonada otra vez. Parecía Beethoven.

– ¡Beethoven! – me dije – ¡qué extraño! Me puse de pie para ir a ver quién podría ser aquél que acompañaba pollo al carbón y espumosa cerveza helada con música de Beethoven. Llegué a la ventana de atrás del edificio y miré a través de ella… no había nadie en el salón del bowling. Regresé rápidamente a mi sitio.

Sentado en mi escritorio me concentré en cualquier otra cosa para olvidarme del asunto y reanudé mi trabajo. Apenas puse mis dedos en el teclado, empezó de nuevo el piano del mal. Eso ya era grave. ¿Habría alguien más en el edificio? No tuve el valor de salir. Levanté mi anexo y llamé al segundo piso. Nadie. Escuchaba claramente los teléfonos sonando allá arriba. Colgué y decidí terminar lo más rápido posible y de pronto el sonido del piano terrorífico llegó hasta mí otra vez. Me armé de valor y caminé hasta la puerta de la oficina. Se detuvo. Me quedé tras la puerta esperando y conteniendo la respiración. De pronto empezó de nuevo. Salí lentamente. El sonido era nítido en la oscuridad, sonaba dentro del ambiente, como flotando en el aire y de pronto, avancé un paso y se detuvo otra vez. Estuvo sonando así, intermitentemente, durante veinte minutos más el piano del terror, avancé un poco más en mi informe y miré el reloj, pronto serían las doce. No quería tener que escuchar al fantasma de las escaleras además del ya tenebroso piano, así que apagué mi computador y me fui a casa dejando las luces encendidas de mi oficina. No tuve el valor de apagarlas.

Cerca de mi casa y todavía con el susto, me encontré con el conserje, un tipo muy humilde que me miró con cara de tristeza le pregunté si le pasaba algo.
– Sí – me contestó – He perdido mi celular. Creo que se ha caído en el taxi que nos llevó al restaurant.
– Qué pena – comenté – ¿Pero ya llamaste? Quien sabe y te contesta la persona que lo encontró.
– Sí – me respondió – estuve llamando varias veces del teléfono público y nada. Si alguien lo ha encontrado no quiere contestar.
– Bueno, calma maestro – le dije – mañana es otro día – agregué y me fui a dormir.

Al día siguiente fui temprano a la oficina para terminar el informe. Para cuando lo terminé todavía no era el horario de entrada y el único que había llegado era el conserje.
– ¿Y? – le pregunté – ¿encontraste?
– No – me contestó.
– Intentemos una vez más – lo alenté mientras sacaba mi celular y marcaba el número, sin embargo de pronto, estando los dos allí de pie y a plena luz del día, empieza a sonar el maldito piano otra vez … – ¿Lo escuchas? – le pregunté.
– ¡Sí! – me dijo contento mientras abría el cubículo debajo de las gradas donde se había olvidado el celular que tenía como melodía de llamada… un fragmento de la quinta sinfonía de Beethoven ejecutada en piano.

II – La Cuca

La Cuca era una cocker spaniel negra preciosa, tenía una estrellita blanca en el pecho y guantes blancos también en sus patitas delanteras. Mi hermano mayor Tony la trajo a la casa de cachorrita. Mi mamá no la recibió bien, pero con el tiempo se ganó el cariño de todos. Creció y se hizo una perrita muy atenta aunque siempre nos daba lata escapándose a la calle cuando abríamos la puerta de la casa. Ella vivía en el zaguán de la casa que en aquél entonces era empedrado con unas enormes placas de granito que dejaban entre sí espacios de diez o doce centímetros donde crecía pasto. Un día la Cuca se escapó y corrió y se escapó hasta la casa de mi tío Víctor que tenía una farmacia. Allí sin que se diera cuenta vino un galán pastor alemán y la preñó. La Cuca cual hija que había mancillado el honor de la familia, madre soltera al fin y al cabo, pasó prácticamente recluida sus dos meses de embarazo.

Una noche, ya tarde, parió. Fue un parto difícil porque las crías eran grandes. Ella sufrió mucho, y los cachorros también. Adicionalmente al trauma del parto complicado algo seguramente hicimos mal porque los cachorros empezaron a morir sistemáticamente. Con los últimos dos llamamos al veterinario pero en nada nos pudo ayudar, solo recomendó tener cuidado y vigilar. Se murió el penúltimo cachorro e hicimos lo posible por salvar al último, sin embargo no lo logramos. La Cuca no lograba amamantarlo y nosotros probamos de todo, biberones de muñeca, pedacitos de algodón mojados en leche. Imposible. El último cachorro murió también. Mis hermanos mayores con toda la pena del mundo decidieron enterrar al cachorro en el zaguán de la casa entre dos de las enormes piedras del empedrado.

Esa noche empezó a llover a cántaros con tormenta eléctrica, la Cuca empezó a aullar de un modo que daba escalofríos. Era un aullido triste y lastimero. Mi mamá se puso nerviosa y ordenó que saquemos a la Cuca de la casa, al zaguán. No le importó que estuviese lloviendo, los aullidos la ponían demasiado nerviosa y era comprensible. Sacamos a la Cuca, pero no dejó de aullar por un buen rato, hasta que de pronto se quedó callada y de afuera solo se escuchaba el golpeteo de las grandes gotas y de rato en rato los potentes truenos. Unos minutos después escuchamos que rascaban la puerta que daba al zaguán. Era la Cuca queriendo entrar a la casa. Como ya había dejado de aullar y seguía lloviendo, mi madre autorizó su ingreso. Salí, abrí la puerta y en ese preciso instante la luz de un relámpago me regaló la imagen más escalofriante que he visto en mi vida: Frente a mí estaba la Cuca con su largo pelaje mojado, la mirada lastimera y entre sus mandíbulas el cadáver inerte de su cachorro que había desenterrado de entre el empedrado del zaguán de la casa.

III – La Perfeccionista

Conocí a esta chica hace años y por mensaje de texto, en la época en que los operadores de telefonía recién intentaban los primeros experimentos de redes sociales como el Blah! de Claro, por ejemplo. Con esta chica pasamos cosas buenas y regulares. Tenía cierta fascinación por la perfección, algo que me atraía porque yo también soy perfeccionista. Pero ella erraba en sus intentos muy a menudo, como aquella vez de la cita perfecta en el lugar perfecto, que tenía que ser una sorpresa y dónde ella en ese afán de que todo fuese perfecto terminó derramándome gaseosa en el pantalón.

En su mente se atrevía a mucho, pero en la vida real no tanto. Un día ya no nos vimos, desaparecimos recíprocamente el uno para el otro, a pesar de ello, religiosamente se acordaba de mi cumpleaños todos los veintinueves de octubre, todos los años. Ya sea mediante un correo, un mensaje de texto, esa era la oportunidad en que se hacía presente aunque sea unos segundos… hasta que inevitablemente con el paso del tiempo cambié de celular y correo. Nos perdimos la pista mucho tiempo y luego otra vez nos volvimos a encontrar en el mundo virtual. El viejo romance trasmutó aparentemente a una especie de sólida amistad cuando menos virtual. Allí descubrí a una persona distinta, igual de perfeccionista pero con miedos, prejuicios y complejos que no había visto antes. Con el tiempo su amistad se tornó difícil y tormentosa, entre otras cosas porque descubrí en algunos detalles a veces demasiado complicados de su vida y porque en algún momento de debilidad me confesó que su interés en mí no era solo amical, a pesar de que luego le daba una especie de pánico o sentimiento de culpa y negaba rotundamente que su interés fuese de esa naturaleza. Desde un principio me di cuenta que ella deseaba algo más y yo amablemente no la rechacé para no herir su susceptibilidad. Me di cuenta con el tiempo que yo eventualmente podría manejar una situación así en el plano emocional, pero ella no. Luego pasaron algunas cosas que me asustaron bastante, por ejemplo la forma desproporcionada con la que ella a veces reaccionaba ante cuestiones poco trascendentales. Sinceramente a veces me causaba miedo su forma de ser. Llegué a pensar que ella fácilmente podría planear la muerte de alguien si las cosas no sucedían como ella perfectamente quería, tanto así que en muchas ocasiones vi reacciones suyas similares a ciertas conductas sicóticas descritas en mis libros de medicina y psiquiatría forense. Un día decidí que por el bien de los dos sería apropiado poner un invisible muro divisorio entre ambos y apartarme de ella. Meses después y siendo mi cumpleaños me levanté pensando en que tal vez entre todos mis amigos, ella también me enviara un saludo de felicitaciones, sin rencores. Al tiempo que revisaba mis correos, abrí una página donde escritores aficionados posteaban cuentos cortos. Por curiosidad leí los últimos que se habían colgado y apareció uno donde se hablaba de un personaje parecido a mí y con un nombre parecido al mío, donde el autor o autora contaba una historia parecida a la mía con la chica de la historia (ella sabía que yo visitaba esa página) y al final el cuento terminaba con mi personaje sufriendo la peor de las muertes. Miré aterrado la fecha en que el cuento fue posteado: veintinueve de octubre.