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domingo, 17 de marzo de 2013

VIDA SALUDABLE: EL GIMNASIO ¿ENTRENAR O NO ENTRENAR?

El primero de febrero del dos mil once regresé al gimnasio después de casi tres años. Si bien en esos últimos tres años me preocupé de caminar, trotar y darle a las pesitas que siempre llevo a cuestas, es toda una experiencia desoxidarse y sentir como la sangre fluye de nuevo por los músculos y van recuperando su forma y volumen.  Entrené regularmente hasta enero del dos mil doce, luego por cuestiones laborales que resultaron finalmente favorables paré hasta setiembre del año pasado. En ese momento había llegado al exorbitante peso de setenta y siete kilos, que para mi talla es un exceso y se hacía notorio en mi imagen en los espejos, sobre todo de corbata. Se veían mis hombros estrechos, el vientre abultado y el talle ancho. Los pantalones de talla treinta y dos empezaban a quedarme ajustados. Regresé el gimnasio con una rutina intensa y alimentación limpia. Para diciembre había bajado a sesenta y ocho kilogramos y talla 29 de pantalón. Luego en los últimos meses he mantenido ese peso ganando un poco de masa muscular y espero reducir mi porcentaje de grasa en los próximos meses. Pero no es solo lo visual, se recupera ánimo, energía, postura y resistencia física. Ello ayuda mucho a mantener el buen humor en el trabajo, se produce más a nivel laboral y evidentemente  uno termina sintiéndose mejor con uno mismo.

Sin embargo, ya después de tantos años de ir al gimnasio y ejercitarme, (ya son más veinte  ¡Cómo pasa el tiempo!) creo que he aprendido algunas cosas que quiero compartir con quienes recién empiezan y con quienes retoman. Trataré de ponerlas en términos sencillos para que todos podamos sacar algo en beneficio:

Un error habitual sobre todo para principiantes es llegar a diciembre y tomar la decisión de ir al gimnasio esperando tener resultados visibles en un mes, para verse regio o regia en febrero. ¡No! Está usted rotundamente equivocado, tal vez se vea bien para febrero del año siguiente, pero no para este febrero. El cuerpo reacciona por etapas, durante unas tres o cuatro semanas recién se habrá acondicionado, el crecimiento o formación muscular solo vendrá después de tres o cuatro meses de trabajo intenso.

Resulta divertido ver gente que recién empieza llegar con el ipod, los audífonos, sentarse, preparar la banda sonora de Rocky I, II, III, IV y V y entrenar. Eso es pésimo. Primero aprenda los ejercicios, incorpórelos, entiéndalos y luego  agregue lo demás.

Otra cosa curiosa es ver a las personas pendientes de sus aparatos electrónicos. Es un mal vicio. Apague el equipo por un rato, si recibe una llamada pare, conteste y luego continúe.  Si usted está en la bicicleta y habla por teléfono, o escribe mensajes entre serie y serie, se desenfoca. Está perdiendo miserablemente su tiempo y su dinero. Le puedo asegurar con certeza que no tendrá resultados. No se trata solo de hacer ejercicio o sudar, tiene que concentrarse y enfocarse en lo que está haciendo. No hay que ser un genio para darse cuenta, observe a su alrededor. Los que muestran resultados visibles, son personas enfocadas en su entrenamiento.

Otro asunto es el mito de la quema de grasa. No se puede quemar grasa visiblemente y lograr crecimiento de músculo al mismo tiempo. Es un axioma absoluto. Es materialmente imposible que en el mismo periodo se queme grasa y crezca la masa muscular. O es lo uno o es lo otro. Normalmente en los primeros meses parece que hay crecimiento muscular, pero en realidad es quema de grasa. Es como tallar madera. Imagínese un cilindro de madera y usted lo talla dándole formas curvas al medio y disminuyendo el grosor en los extremos. A simple vista parece más voluminoso pero en realidad lo único que usted hizo fue sacar madera, y si no me cree mire las virutas en el piso. En el gimnasio usted se ve mejor porque fue sacando la grasa que sobraba y el musculo ganó tonicidad, que le da más dureza, ganó curvas pero no ganó volumen.

Una vez que se acondiciona el músculo y gana tonicidad recién puede trabajar volumen, eso se hace con una buena dieta llena de proteínas y carbohidratos. El músculo crece y usted sigue trabajando. También gana algo de grasa, por eso es mejor trabajar crecimiento en mayo, junio, julio, agosto y setiembre; tiene de octubre a diciembre para volver a perder grasa, si tiene un buen entrenamiento y dieta perderá la grasa perdiendo muy poco del volumen muscular ganado.

No deje de comer. Si usted deja de comer, el cuerpo reaccionará generando más depósitos de grasa como reserva y consumirá músculo para asegurar energía. Coma normal, sano y trabaje duro. Su metabolismo hará el resto.

Para poder comprender este asunto se debe leer mucho para entender cómo funciona el cuerpo; pero un ejemplo sencillo que sirve para explicar es este: Piense que el cuerpo tiene su propia capacidad de pensamiento y  voluntad.  Luego cuando usted deja de comer, el cuerpo piensa que se acerca un periodo de escasez, en consecuencia lo poco que usted coma lo convertirá en depósitos de grasa  y hará que su metabolismo sea más lento. Si usted toma poca agua, con la misma lógica retendrá agua. Lo mismo pasa cuando usted come mucho o toma mucha agua, el cuerpo interpreta que se acerca un periodo de escasez, si no, usted no comería tanto.  Cuando usted toma cantidades razonables de agua, come varias veces al día (en sus horas) y de manera sana (o limpia) el cuerpo sencillamente excreta los excesos, toma lo necesario y no genera depósitos de grasa o de agua.

Una vez que usted se haya acondicionado, piense en objetivos. Si quiere estar saludable y no ganar masa muscular, trabaje ejercicios cardiovasculares, haga los ejercicios que su instructor le indique con la fórmula regular peso, muchas series, muchas repeticiones. Si lo que quiere es ganar volumen, la fórmula es peso máximo, pocas repeticiones, máximo cuatro series.

Tenga claras sus metas, defina claramente que resultados quiere. Piense en un modelo a seguir, es distinto ser un fisicoculturista profesional que ser un sujeto “fitness”. Plantee bien sus retos.

El músculo crece por ruptura de fibra muscular, al trabajar usted rompe la fibra muscular, al curarse la fibra forma una especie de cicatriz que es lo que en el fondo le da volumen al músculo. Si lo que desea es ganar musculo, rompa esas fibras con trabajo intenso, luego vaya a descansar, duerma bien y dele tiempo para que se recuperen. Luego vuelva al mismo procedimiento.

Si desea masa muscular, coma porciones pequeñas cada dos horas durante todo el día. Eso ayuda al metabolismo. Si está quemando grasa o desea bajar de peso, solamente coma a sus horas. Tres comidas al día. Un buen desayuno, un almuerzo mediano y una cena pequeña. No coma nada más y ¡no se mate de hambre! Eso nunca funciona a largo plazo.

Mentalice, en la noche antes de dormir, vea su cuerpo como lo desea, véase haciendo los ejercicios. Al día siguiente solo materialice lo mentalizado.

Si usted es una dama y dice: “Yo no quiero hacer máquinas porque no quiero ser como las físico culturistas de los posters de los gimnasios, llenas de fibra y espaldonas” está equivocada de nuevo. Le pongo un par de ejemplos muy claros, al principio de esta nota puede ver las fotos de Jen Jewell, ella es una atleta fitness, la primera es de Jen en la escuela, la segunda es poco después en bikini, recién empezando a entrenar, la tercera foto es del dos mil diez, observe que su cuerpo en esa foto está en reposo, la cuarta foto es de junio del dos mil once, en competencia y la última por las mismas fechas en reposo. Lo que quiero que tome en cuenta es que las fotos de competencia implican que la persona se ha sometido a una dieta estricta por lo menos dos o tres semanas antes, se llega a un porcentaje de grasa corporal cercana al 7%, es evidente que ese porcentaje no se puede mantener todo el año, y sobre eso se debe aclarar que en el backstage las competidoras y competidores están bombeando sangre a los músculos con pesas a fin de mostrar lo mejor en el escenario.  No olvide además que las damas de los posters de físico culturismo entrenan mínimo cuatro horas al día y usan la fórmula peso máximo, pocas repeticiones máximo cuatro series. Las de fitness con poco peso, muchas repiticiones y cardio también por la misma cantidad de horas. Observe la foto de la derecha, es la atleta fitness rusa Areha Opan, la primera toma es de competencia la segunda es modelando con el cuerpo en reposo. ¿Nota la diferencia? El cuerpo que usted ve en la foto cuatro de Jen Jewell y la primera de Areha Opan son producto de años de entrenamiento. Usted no lo va a conseguir en unos meses por más que quisiera. Sea realista. Lo que usted está haciendo es inventarse una excusa. Haga ejercicio en máquinas, poco o regular peso, muchas repeticiones, muchas series. Entrene cuarenta minutos diarios y le garantizo que mantendrá sus mismas medidas o si no menores. No busque excusas o justificaciones, eso no sirve en los gimnasios. Para terminar la idea observe la foto abajo, es Jennifer Andrews, la primera foto es de competencia, debidamente musculada y la segunda modelando con los músculos en reposo.



En el caso de los varones pasa lo mismo. Escucho esta frase casi siempre en los principiantes: “Quiero entrenar pero no quiero estar lleno de musculos, eso ya es feo.” O las chicas que alientan esa justificación diciendo: “Pero no entrenes mucho, es feo ver a los hombres musculosos”. Bueno, ese es otro mito. Observe la foto de la izquierda. Se trata de Jay Cutler, es un sujeto sumamente masivo, campeón de fisicoculturismo (no puedo negar que consuma o no esteroides) pero lo cierto es que ese volumen no se consigue entrenando una hora por día. No sea iluso. Para llegar a esos niveles usted tendría que entrenar tres o cuatro horas diarias, invertir mucho dinero en vitaminas y proteínas concentradas, además de tener una disciplina de acero para el asunto de la alimentación, descanso y rutinas. Nuevamente, no se ponga excusas ni justificaciones. Además una cosa es ver a Cutler en la primera foto en competencia y en la segunda foto en reposo.

Los abdominales son toda una historia. Los músculos abdominales y oblicuos son otro grupo más de músculos. No son mágicos. Si usted hace mil abdominales diarios sólo logrará tener unos músculos abdominales poderosos, pero escondidos debajo de una capa de grasa. Nadie los podrá ver. Los músculos abdominales ayudan mucho con el equilibrio y con una buena postura, pero si desea tener unos visibles abdominales de guerrero espartano, primero queme la grasa que los recubre. Para este caso es un ejemplo notable el del atleta fitness Scott Do, cuya foto aparece a la derecha. La primera foto de arriba es una más o menos reciente. Scott Do asesora a personas que desean perder peso, Scott ha hecho un experimento, durante cuarenta y cinco días comió solo comida chatarra y gaseosas, logró el cuerpo que pueden ver en la segunda foto de arriba. Su propósito es comprender el proceso de lograr un estado saludable a partir de un cuerpo lamentable. Él está narrando día a día sus experiencias, recién va dos semanas en la recuperación y su principal observación es la falta de energías y fuerza a la que se tiene que enfrentar. La comida chatarra y las gaseosas destruyen el cuerpo, la foto inferior es de él modelando no hace mucho tiempo. No se olviden que Scott aún tiene buenos músculos, pero se encuentran escondidos bajo capas de grasa y evidentemente algo debilitados por cuarenta y cinco  días de inactividad. Este es un buen momento para que usted se fije sus metas. ¿Desea tener un físico como el de Jay Cutler o como el de Scott Do?   

La grasa se quema con número de pulsaciones, no con abdominales. No importa qué ejercicio haga usted, la grasa se quema proporcionalmente en todo el cuerpo. Perderá la misma cantidad de grasa en el abdomen si trabaja pantorrillas, bíceps, pectorales o abdominales. El ejemplo que siempre uso es el de los tenistas. Se demostró que un tenista profesional tiene la misma proporción de grasa en ambos brazos a pesar de usar con mayor intensidad uno solo de ellos.

Para quemar grasa eficientemente y mantener elevado el número de pulsaciones por minuto no descanse mucho entre serie y serie, el tiempo de descanso correcto es entre sesenta y noventa segundos entre serie y serie. Eso garantiza que sus pulsaciones no descenderán tanto que regresen al estado de reposo. Si usted retorna a las pulsaciones de reposo, deja de quemar grasa.

El atleta fitness peruano Daniel Dávila Aranibar, cuya foto aparece a la izquierda, siempre reitera que no existen ejercicios para reducir abdomen (o pancita) y es cierto. La grasa abdominal no se pierde con ejercicios solamente, es necesario y obligatorio controlar la alimentación como ya se señaló líneas arriba.

No olvide que la postura es el ochenta por ciento de su apariencia. Desde el primer día corrija su postura, contenga su abdomen  y ponga su espalda derecha. Sólo con eso usted se verá bastante mejor.

Hidrátese, antes, durante y después del ejercicio. Durante en pequeñas dosis o sorbos. Es una regla básica. No tienen que ser bebidas especiales. Con agua pura es suficiente.

Los ejercicios más eficientes son los que recurren a la simple lucha contra la gravedad, mientras más sofisticada la máquina, más tiempo le tomará darle forma al músculo o ganar volumen. Dedique parte de su entrenamiento a los fierros tradicionales con ejercicios clásicos.

La edad no tiene nada que ver, puede empezar ahora aunque tenga cincuenta años, no hay mejor ejemplo para ello que la atleta fitness chilena Loreto Soto, tiene 41 años y se ve... como ustedes pueden ver. No hay límites, el cuerpo siempre reacciona bien a una buena alimentación y apropiado ejercicio. Puede demorar un poco más o un poco menos, pero siempre se obtienen resultados positivos.

Aunque algunos podemos ser lo suficientemente disciplinados como para trabajar solos, siempre es mejor trabajar con una pareja que lo incentive y aliente y no deje que se rinda, usted en retribución deberá hacer lo mismo. Los resultados son mejores y más rápidos.

Una cosa interesante es la siguiente: Mucha gente se pregunta si debe dejar de comer definitivamente carnes rojas, asados, parrilladas, helado, chocolate, etc. Bueno, la mejor respuesta la vi en la red, por parte de un atleta fitness, la recojo porque es totalmente adecuada y dice más o menos así: “Digamos que usted es sedentario, come comida chatarra, bebe café en exceso, fuma y además toma gaseosas. Si un usted decide por un día hacer ejercicio, comer sano, tomar solo agua… para luego regresar a su misma rutina al día siguiente; ¿cambió algo en su vida? La respuesta es no. No va a haber ningún cambio sustancial en su vida o su salud por un día. Pues bien, al revés  sucede lo mismo. Si usted come limpio y sano, hace ejercicios, se cuida, toma solo agua y por solo un día come un buen churrasco y se da el gusto de un postre o un helado y luego regresa a su vida saludable, tenga la certeza de que nada malo le pasará.”:

Lleve una muda de ropa al gimnasio y de ser posible dúchese allí mismo al terminar, limpia las toxinas que en caso contrario quedarán en su piel hasta que llegue a su casa.

No deje de ir al gimnasio, si está con mucho trabajo, vaya aunque sea quince minutos. Ese ritual le ayudará a no abandonar el entrenamiento.

Lo no trabajado nunca se recupera. Si usted no trabajó hoy piernas no espere compensarlo trabajando mañana el doble. El cuerpo no funciona así, solo logrará lesionarse.

Un consejo adicional: Si usted va al gimnasio a mirarse al espejo y conversar con otros piense dos cosas:
a) Tal vez está interrumpiendo el trabajo de  otra persona que por cortesía no le dice nada y
b) Mírese al espejo al culminar el trabajo, para evaluar resultados, no en medio de él. El gimnasio no es un lugar para desfile de modas. Los espejos son para corregir posturas y evaluar el trabajo en desarrollo. Mucha gente va a trabajar su físico realmente, no los interrumpa.

Finalmente, sea respetuoso con sus compañeros de gimnasio y cuando termine de usar una máquina, déjela como la encontró.  Educación básica del gimnasio, todos se lo agradecerán.

Espero que esta nota sea de utilidad y ayude a quienes lo desean con lo poco aprendido estos años. Por mi parte yo me comprometo a seguir en mi propósito de ganar algo más de masa muscular y llegar a un doce por ciento de grasa corporal.

jueves, 14 de marzo de 2013

LA CAJA DE JUSTIFICACIONES

Tal vez no se haya percatado pero usted,  y yo también, tenemos una pequeña caja en algún lado; una que nos acompaña permanentemente. Tal vez no la vea ahora, si la busca en sus bolsillos no la hallará, pero créame, está allí y aunque aparentemente no pesa, eventualmente su carga puede hacer que usted se vea imposibilitado de avanzar a cualquier lugar.

Esta caja es ciertamente mágica, aparece de la nada y está llena de cosas que nunca se agotan: Justificaciones, una para cada ocasión.

Así, cuando alguien decide empezar un reto, inconscientemente busca su pequeña caja de justificaciones y encuentra una que dice “Pero eso no es para mí.” O una de las más recurrentes “¿Y si no funciona?” o “¿Y si es una pérdida de tiempo?”

También hay justificaciones cotidianas y son las más usadas. Usted se corta el cabello de una manera digamos vanguardista, ello porque le apeteció precisamente tener un corte vanguardista y ha decidido que se vería mejor así y que esas formas en su cabellera están más acorde con su personalidad. Entonces alguien le pregunta “¿Por qué te has cortado el cabello así?” con perversa entonación de exclamación horrorizada de la cual se puede comprender que a dicha persona no le gusta como ha quedado,  entonces en ese acto toma usted su caja de justificaciones y busca rápidamente una que se ajuste: “Ah…, este…  sí, ya me había aburrido del cabello largo, y así me peino más rápido en las mañanas…”

Hay una diferencia notable entre una razón y una justificación. La razón suele ser la causa real y concreta del hecho, sirve para el análisis y la comprensión del fenómeno. La justificación tiene como finalidad establecer un anclaje con la necesidad de aceptación social, en unos casos, y para evitar realizar una actividad, en otros; ocultando así defectos de formación como la falta de orden, flojera o simplemente desinterés.

Un ejemplo clásico es cualquier actividad que implique disciplina. Piense en cualquier ejemplo, ya sea que deba levantarse más temprano, dedicar más tiempo al estudio, o alguna actividad física exigente. Siempre se encontrará una justificación adecuada en la cajita: Desde que “hace frio y me puedo resfriar, mejor en verano...”, que “tengo mucho trabajo”, que “eso es para gente ociosa”, hasta el  “yo tengo que mantener a esta familia”, etc., etc., Todas ellas no son razones, son simplemente justificaciones.

Cuando uno halla la razón de algo, puede hallar la solución. El proceso es así de sencillo. La justificación, inevitablemente y siempre, bloquea la solución.

¿No le ha sucedido que alguien le pide hacer algo? un favor cualquiera, usted lo hace y en ese momento digamos que se le cae algo y lo rompe…  ¿Qué hace? ¿Acaso no es cierto que su primer pensamiento es echarle la culpa a la persona que le pidió el favor? “Si no me hubiese pedido esto… tal cosa no se hubiese caído” ¡Incluso algunas veces se lo enrostramos a esa persona! “Por hacerte ese favor, rompí tal cosa…” tratando de que la otra persona se sienta mal, que por cierto es una de las consecuencias más pérfidas de la justificación.

Esta conducta ha sido reforzada por años de imposición de paradigmas en nuestra infancia. Pongo un ejemplo y si es usted mamá no niegue que le ha pasado: Le dice a su niño o niña que vaya a dar de comer al perro o botar la basura, o algo así. Resulta que el niño va a hacer la tarea encomendada, se cae y se lastima, digamos que se hace un corte. ¿Cómo reacciona la mamá? Acaso no dice: “¡En qué bendita (o maldita) hora te mandé a hacer tal cosa!” o peor, mientras el niño llora le decimos “No llores, es mi culpa por haberte enviado, debí haber ido yo…”

El niño que todavía se encuentra formando juicios y paradigmas aprende a justificar piensa “¡Claro! ¡Me resbalé, pero es culpa de mi mamá por enviarme!” en lugar de "Debo tener mayor cuidado y estar más atento para próximas ocasiones." Así se refuerza la idea de que el otro siempre tiene la culpa, en otras palabras, le acaba de regalar a su hijo una caja nuevecita llena de justificaciones que le durarán toda la vida.

Y así crecemos construyendo justificaciones en lugar de buscar razones y soluciones. Se internaliza tanto en la mente que ya no nos damos cuenta que hacemos uso de nuestras justificaciones ni que llevamos la caja de ellas a cuesta.

Como siempre digo, y lo repito ahora, las más peligrosas son las justificaciones totalmente inconscientes. Lo son porque son difíciles de detectar, pasan desapercibidas y no son otra cosa que aquellas acciones mediante las cuales nos boicoteamos nosotros mismos. Por ejemplo, tomamos la decisión de levantarnos mañana temprano, sabemos que por tanto hemos de acostarnos temprano también, pero pese a ello buscamos alguna película en la televisión y nos quedamos pegados con ella. Al día siguiente no nos levantamos, ¿justificación? Es que nos hemos quedado viendo una película hasta tarde. Decidimos (o acordamos) pasar más tiempo con nuestra familia, pero precisamente por esos días, se nos ocurre, por alguna razón, ponernos al día en todo el trabajo pendiente en la oficina; en consecuencia llegamos más tarde aún de lo habitual a casa, y si nos reclaman… pues “tengo que ponerme al día, tengo trabajo atrasado.”

Otro tipo de justificaciones, pero más pueriles y burdas, son las que tienen que ver con los estereotipos y las sembramos también en el subconsciente de los chicos desde muy temprano, de tal manera que si un sujeto tiene una conducta moralmente reprochable se dice "Así son los hombres..." o si una mujer llega tarde o no está lista a la hora: "Las mujeres siempre se hacen esperar..." si el funcionario público roba "todo el mundo lo hace" o si se hace un reproche a deficiencias educativas: "el que tiene plata escribe (o habla) como quiere.", Peor aún cuando el asunto tiene que ver con nuestra propia salud y expectativa de vida, así el fumador que realmente no quiere dejar de fumar, a pesar de que sabe que el cigarro lo mata, suele decir: "De algo se tiene que morir la gente."

La justificación viene normalmente con el sentimiento de culpa, no queremos asumirla y la desplazamos hacia alguien más. Muchas veces sentimos culpa por nuestros fracasos y culpamos a quien, en el mismo rubro, ha tenido éxito. “Claro, para él fue fácil, siempre tuvo de todo…”

Cuando uno recibe reproches es cuando más útil resulta ser la caja de justificaciones. Todos cuando hemos sido adolescentes hemos sido, de alguna u otra manera, exigidos en nuestras calificaciones por nuestros padres o profesores. Siempre hay una justificación, desde la muerte del gato o de la abuelita o porque se perdió el cuaderno o hubo corte de luz precisamente en nuestro distrito. También son usuales las justificaciones del "incomprendido" que normalmente aparecen en la adolescencia y en la mayoría de casos desaparecen con la edad, por ejemplo la expresión "Es mi vida, yo puedo hacer lo que quiera." o "Qué les importa a los demás lo que hago" o "Yo no vivo de la opinión de la gente." Bueno, la mala noticia es que si aceptamos vivir en sociedad, la opinión de la gente sí importa. Difícilmente el entorno nos enseña a asumir nuestra responsabilidad (hallando para ello la verdadera razón de la falla), cuesta trabajo decir con honestidad “soy flojo” por ejemplo, pero admitirlo es la única manera de empezar a resolver el problema. Si no se resuelve, el problema se seguirá reproduciendo en nuestros  ámbitos laborales y familiares a lo largo de nuestra vida. 

Estamos tan acostumbrados al juego de las justificaciones que llega el punto en que dejamos de ser conscientes siquiera del sentimiento de culpa o frustración que normalmente apareja. He visto personas totalmente ineficientes en sus labores afirmar con absoluta certeza que las llamadas de atención que reciben, así como los memorándums correspondientes son porque "tal o cual jefe se le ha agarrado", término que se usa en mi país para decir que el jefe tiene un encono gratuito y no justificado con la persona. Uno se pregunta si esa persona en realidad no se da cuenta de esas cosas, sobre todo si es una persona adulta y aparentemente responsable.

He usado el ejemplo de la cajita porque de unos meses a esta parte (poco más de un año), he podido implementar un ejercicio mental que me ha permitido deshacerme de varias justificaciones a partir de tomar conciencia de la existencia y uso de la caja. Cada vez que me sucede algo, y como consecuencia de ello estoy a punto de confeccionar  una excusa, me imagino buscando en mi bolsillo la caja y seleccionando una justificación, entonces me sacudo y trato de buscar una razón en lugar de una justificación. De hecho la semana pasada tenía el encargo de regresar rápido a casa porque la estudiante que cuida a mi hija los martes se iba a retirar temprano; decidí entonces en el gimnasio entrenar más rápido que de costumbre y terminé lesionando de mala manera un músculo de mi pierna izquierda. Inmediatamente después de sentir el agudo dolor, mi primer pensamiento fue que me había lesionado por culpa de..., si no hubiese tenido que ir más temprano para... En qué bendita hora acepté.... ¡Y paré! Me dije "¡No! Me lesioné yo porque no calenté, yo tomé la decisión de no calentar apropiadamente por mi afán de llegar más temprano." Asumí mi responsabilidad y no me enojé con nadie y nadie se enojó conmigo. Logré que nadie se sienta mal innecesariamente por una cuestión cuya responsabilidad era solo mía. Es interesante ver como las justificaciones vienen tan rápido a la mente, y es bueno saber que uno puede aprender a controlar ese reflejo. Poco a poco trato de ser más consciente de que soy dueño de mis decisiones y de las consecuencias de ellas, sin justificaciones.  Quién sabe y esta estrategia pueda ayudar a alguien más. Busquemos razones, no justificaciones.

domingo, 3 de marzo de 2013

LAS BENDITAS MALETAS CON RUEDAS PARA LA ESCUELA


¿Por qué los colegios piden ahora maletas? ¿Cómo es que hemos llegado al punto de hacer que nuestros hijos lleven una maleta a la escuela? ¿Es realmente necesario?

Cuando era pequeño iba al colegio con un maletín pequeñito de cuero – tipo ejecutivo –  y una lonchera de cuero también. Ambos hechos por mi papá y repujados por el mismo. En ese tiempo no me daba cuenta, pero hace algunos años me di cuenta que era un lujo que no todos los niños puede tener: Un maletín y lonchera de cuero repujado a mano y personalizado.

Me parece que en tercer grado empecé a usar un maletín de imitación de cuero de cocodrilo – usado por supuesto – con hebilla y una división en el medio tipo fuelle, pero más o menos del mismo tamaño que el anterior. Luego en quinto grado un cartapacio negro de material sintético imitación de cuero, de esos con seguro a presión con llavecita, sin división (por tanto de menor espesor) y no tenía asa, así que lo sostenía de la base y lo llevaba bajo el brazo.

Luego entre sexto de primaria y primero de secundaria con la moda de los maletines tipo James Bond, de alguna manera conseguí uno destartalado, con marco de madera revestido de marroquín y con seguros parecidos a los de las loncheras de plástico, andaba tan mal que cuando caminaba con él, al mismo tiempo que lo sostenía de la asa, usaba el índice para asegurar la tapa y no se me desparramen los cuadernos por el piso.

A partir de segundo de secundaria recuerdo haber empezado a usar un morral del ejército, mi hermano Tony en un viaje que hizo trajo uno del ejército coreano o vietnamita y me lo regaló. Ese morral lo usé hasta quinto de secundaria intercalándolo con el destartalado James Bond y el todavía existente cartapacio negro.

Nunca necesité mochilas ni maletas, es más, no recuerdo que en mi escuela alguien llevara mochila, casi todos usábamos maletines, yo era el más revolucionario con el morral, pero como la directora del Colegio tenía espíritu militar no veía del todo mal a mi indumentaria.

En ese entonces llevábamos pocos cuadernos y muchas ideas. Escribíamos mucho, conversábamos más, jugábamos fulbito con chapitas de gaseosa, los cuadernos eran del tamaño de una cuartilla, uno cuadriculado para matemáticas y otro rayado para lenguaje, en la secundaria aumentaban pero con el horario uno sabía qué llevar; al igual que los libros. Nunca nos torturaron obligándonos llevar kilos y kilos de materiales.

Un niño no debe ser un viajero permanente, debería poder correr, saltar, jugar. ¿Por qué tantos materiales? Veo a los chicos ir cargados de pesadas maletas a la escuela, arrastrándolas con esfuerzo con las dichosas rueditas, en realidad sufriéndolas, además con el calor y los incómodos uniformes. Me pregunto: ¿De verdad usan todos esos libros en un día? ¿De verdad usan todos esos cuadernos en una jornada? A mí me parece que es un engaña muchachos en el que todos los padres caen. A mí no me cuentan cuentos. Nadie puede usar tanto material en un día. Es un truco para que parezca que cada centavo pagado de pensión vale la pena. Nos hacen creer que nuestros chicos reciben una instrucción de primera y no es cierto, basta conversar con los profesores – no todos, pero lamentablemente sí la mayoría – para darse cuenta que no saben cosas básicas, que escriben con horrendas faltas de ortografía, que se saben de paporreta las modernas técnicas educativas pero no saben hilar cuatro ideas complejas en un oficio o en un comunicado.

Prueba de mi teoría es el nivel educativo de los chicos que andan hoy entre los quince a veinte años.  Su manera de escribir, de hablar, de conducirse, sus niveles de violencia verbal e intolerancia, su incapacidad para plantear respuestas inteligentes ante situaciones con algún grado (leve por cierto) de complejidad, es preocupante. Esa generación estudió con mochilas enormes y maletas con ruedas, con enormes listas de materiales escolares y con libros de editoriales prestigiosas. ¿Sirvió? A todas luces no.

Este año yo caí redondito. Se las ingenian bien para hacer parecer que ciertos materiales son necesarios. En realidad prefiero comprar el próximo año una buena mochila Porta o Samsonite en lugar de una maleta de ruedas con una Barbie de plástico en el frente, pero esta vez no me dio tiempo para explicarle a mi hija.  Entiendo que a veces es difícil luchar contra las ilusiones de los chicos y el imperativo social (todas la chicas usan mochilas o maletas de Barbie o de las princesas); ¿Pero acaso no es ese nuestro rol como padres? ¿Debemos dejar que nuestros hijos sigan al rebaño? ¿No debemos acaso cumplir con el deber de hacer que sean seres pensantes, que razones sus decisiones? Me doy cuenta que he cometido una falta de consecuencia enorme. Nos la pasamos despotricando en las redes sociales contra el consumismo y luego a la primera oportunidad caemos en el juego. Yo he caído en el juego. Mea culpa.

El próximo año compraré una mochila sólida, contundente y cómoda, mi hija no lo entienda muy bien tal vez, pero me lo agradecerá y valorará en el futuro, así como yo agradezco y valoro la lonchera y maletín de cuero que me hizo con sus propias manos mi papá.

miércoles, 20 de febrero de 2013

ANALFABETOS FUNCIONALES


Un analfabeto es una persona que no sabe leer y por tanto tampoco escribir. No comprende el significado de los signos que componen el abecedario, no es capaz de reconocerlos e identificarlos con los sonidos que seguramente sí puede emitir al expresarse.

Si un analfabeto se sienta en una mesa y colocamos frente a él la palabra “oso” en un papel, no podrá conectar por ejemplo el símbolo de línea ondulada “s” con el sonido seseante que le corresponde, pero incluso si pudiera lograr esa identificación no podría ligar entre sí las tres letras para emitir el sonido “oso” y luego asignarle un significado, es decir la imagen mental de un oso pardo, negro, de anteojos o cualquier otro.

En cambio un analfabeto funcional sí sabe leer y escribir, puede asignarle sonidos a los símbolos del abecedario y componer palabras. Puede incluso asignarle un significado a cada palabra y ligar estas con una imagen mental.

El analfabetismo funcional puede tener diversos grados. De alguna manera todos pasamos por momentos de analfabetismo funcional, el problema es la gravedad e intensidad de este analfabetismo y hasta qué punto nos limita en la vida diaria y la interacción con la sociedad a niveles eficientes.

Un caso de analfabetismo funcional complejo es el siguiente: Todos sabemos construir un cubo a partir de un plano. Se dibujan seis cuadrados en un papel, más o menos en forma de cruz, se recortan y se construye el cubo. Eso en arquitectura se llama geometría descriptiva, el arquitecto se entrena durante años para poder ver dibujos planos y construir mentalmente el sólido que se produciría a partir de ese determinado dibujo. Es decir, el arquitecto es capaz de interpretar el plano y asignarle mentalmente la imagen de un sólido. Nosotros, los que no somos arquitectos somos analfabetos funcionales en geometría descriptiva, nuestra capacidad se agota en un cubo, un cono, una pirámide y allí se termina normalmente.

Un músico es capaz de leer los símbolos dibujados en un pentagrama e imaginar los sonidos que se producirían a partir de ellos. Los que no somos músicos estamos incapacitados para esta labor, no hemos entrenado para leer pentagramas y nuestro cerebro no se ajusta para imaginar sonidos complejos a partir de la lectura de claves, negras, blancas, corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas, luego somos analfabetos funcionales en música.

Lo mismo pasa respecto al programador de ordenadores, al ingeniero, al contador, al dentista, el médico, etc.

Pero ese nivel de analfabetismo funcional está socialmente aceptado porque tiene que ver con la especialización, si he invocado estos ejemplos es sencillamente para que se entienda mi punto de vista, punto que paso a describir:

La gravedad del analfabetismo funcional genérico es que impide algo tan sencillo como la comprensión de lectura. El analfabeto funcional comprende las palabras y significados, por ejemplo si la frase es “El oso come miel” el analfabeto funcional puede imaginar un oso y la miel y eventualmente visualizar al oso comiéndola.

El problema va en procesos lingüísticos más complejos. En una composición con multiplicidad de ideas, con problemas lógicos más elaborados, el analfabeto funcional se rinde, por tanto se frustra y termina cerrándose, lo que genera como consecuencia un círculo vicioso, pues abandona la lectura. Este abandono no hace otra cosa que recrudecer su estado de analfabeto funcional.

El analfabeto funcional al frustrarse se justifica, al no poder leer bien, tampoco escribe bien ni siquiera oraciones sencillas. Su ortografía es pobre, y si uno osa corregirlos, muchas veces salen con frases tan estúpidas como “El que tiene plata escribe como quiere”; pues no, no es cierto. Estadísticamente los analfabetos funcionales están ligados a altos índices de pobreza y criminalidad.

Seguramente se preguntarán el porqué escribo acerca de los analfabetos funcionales. Pues bien, es porque estoy sumamente preocupado. Gran parte de las personas que conozco directa o indirectamente, no leen, y cuando lo intentan no son capaces de comprender conceptos complejos. Lo que revela que el promedio anda muy mal. Me pregunto si esto no tiene que ver con la automatización de  los medios. Obsérvese el facebook por ejemplo: Si se analiza, hace tan solo tres años, la mayoría de posts eran básicamente texto, las personas se veían obligadas a leer y usar su imaginación. Ahora son solo imágenes con algún texto pobre. Las personas no leen textos largos, si usted postea un texto de más de cinco líneas, reduce automáticamente el número de lectores. Me parece que pronto la gente empezará a comunicarse como Tarzán.

Geometría descriptiva, programación de computadoras, planes contables, física, etc., solo se aprenden mediante estudios especializados. Comprender lo que se lee solo se aprende leyendo, no hay otra forma. Resulta curioso que en el mercado existan manuales de comprensión de lectura para postulantes a universidades y otros. ¿Es posible “enseñar” a comprender lecturas con un manual? Evidentemente los compradores de estos textos han sido vilmente engañados, eso no es posible. Solo se aprende a leer leyendo.

Marco Aurelio Denegri afirma, y yo le creo, que cuando se entabla un diálogo entre dos personas, la conversación se mantiene en el nivel más bajo, nunca en el más alto. El interlocutor mejor preparado se verá obligado a descender al nivel del otro para poder mantener el diálogo.  Es por ello que las conversaciones en el facebook son usualmente tan pobres.

A eso se suma que así como somos lo que comemos, somos también lo que leemos, lo que vemos. Consumir tanto amarillismo, tantos comentarios muchas veces soeces y pobres, nos arrastra al embrutecimiento. Solución: Dejar de consumir esa información. Es por ello que en los últimos días decidí reducir sustancialmente mi número de contactos. No estoy dispuesto a convertirme en cómplice de mi propia estupidización.

Yo sinceramente no le veo la solución al problema, el Estado no está dispuesto a invertir en educación, solo nos queda educar a nuestro entorno, a nuestros hijos, a nuestros familiares, tratar de no reducir el nivel de las conversaciones y más bien aumentarlo. No olvide, mire a su alrededor, vea a sus cinco amigos más cercanos, con los que comparte más. Obsérvelos bien y sabrá quién es usted. Es innegable que somos el promedio de las cinco personas más cercanas a nosotros. Piénselo.

sábado, 22 de octubre de 2011

TIPS PARA UNA BUENA PRESENTACION EN POWER POINT

Piense en la cantidad de cursos y seminarios a dónde ha ido en los últimos años y trate de recordar en cuántos de ellos el expositor usó diapositivas en Power Point. Ahora de los casos en que el expositor usó diapositivas, pregúntese en cuántos de ellas las diapositivas eran necesarias, y si lo eran, ¿cumplieron su cometido?

Si usted ha sido expositor en un curso o seminario, hágase las mismas preguntas.

El noventa por ciento de las veces las diapositivas no son ni necesarias ni útiles y creo que soy optimista. Les trataré de describir la mejor exposición que he visto en mi vida utilizando el Power Point: Era un ingeniero que disertaba acerca de motores de turbinas. Disculpen mi ignorancia en el tema, yo estaba en el público por pura casualidad y por muy buena suerte. La exposición iniciaba con una diapositiva que mostraba un impecable motor. A un click del expositor aparecían una serie de flechas señalando cada una de las partes e indicando sus nombres. Luego en el proceso de la exposición el ingeniero al hacer click a cada una de las partes se podía ver como desaparecía la cubierta de la parte y se mostraba un corte transversal de su interior, luego mediante otro click pasaba a una diapositiva donde la parte en análisis estaba a pantalla completa y se explicaba cada uno de sus componentes con un sistema similar al previamente descrito. Una vez que se agotaba la explicación de esa pieza en particular y sus componentes, mediante un click a un ícono con una flecha subtitulada “volver” el expositor retornaba a la diapositiva uno y repetía el proceso con la siguiente parte del motor. No es necesario decir cuán impresionado quedé con la exposición, además del hecho que las diapositivas no tenían mayor texto que los nombres de cada parte al lado de la correspondiente flecha que aparecían y desaparecían a voluntad del expositor.

Si se recuerda bien, hubo un momento en el que no saber usar una computadora era una especie de estigma laboral o profesional. Quien pretendía ser un profesional capacitado tenía que saber utilizar el office como mínimo. Además en esos mismos tiempos usar una lap top en el dictado de clases o en un aeropuerto era símbolo de estatus.

Incluso ahora los profesores universitarios ponen como requisito que las exposiciones tienen que ser mediante diapositivas en Power Point, haciendo que los alumnos pierdan valioso tiempo en preparar diapositivas cuando en muchos casos estas son innecesarias.

Veamos, en la actualidad las diapositivas de Power Point no hacen otra cosa que reemplazar a las antiguas tarjetas de ayuda memoria. Ambas técnicas tienen el mismo problema, mal empleadas permiten que el expositor se limite a leer lo que las tarjetas o diapositivas dicen. En el caso de la tarjeta es una muestra de mediocridad que el expositor tenga que leer literalmente sus notas. En el caso de las diapositivas es más grave porque es además es un insulto a la inteligencia del auditorio leerles lo que bien pueden leer todos en la pantalla.

La finalidad de las tarjetas de ayuda memoria era (y sigue siendo) ser una guía en el orden de la exposición, es decir que no deben contener la exposición, si no tan solo la secuencia de los puntos a tocar y la idea central sobre la que girará la explicación o disertación en cada tema. Insisto NO ES EL DISCURSO TRANSCRITO A TARJETAS. El inteligente lector se dará cuenta que hay una enorme diferencia entre ser invitado a decir un discurso, donde es perfectamente permisible imprimir y leer el discurso al público, que ser invitado a hacer una exposición de un tema determinado o una clase magistral.

En el caso del Power Point sucede lo mismo, los expositores transcriben su tema a las diapositivas y leen las diapositivas de la pantalla, cuando deberían tener el mismo fin que las tarjetas de ayuda memoria: Contener tan solo la secuencia de la disertación y las ideas centrales que deben ser desarrolladas.

Los consumidores modernos (entre ellos el consumidor de capacitaciones académicas) son mucho más aguzados y atentos hoy en día. Se da cuenta rápidamente cuando se les vende gato por liebre. Es fácil percibir cuando el expositor repite el mismo ciclo de cosas, se sabe de memoria su Power Point y no aporta nada nuevo.

Otro problema es que no todos los auditorios (me refiero al ambiente físico) son adecuados para hacer presentaciones de Power Point. Se requiere de una iluminación especial, de tal manera que no quede tan oscuro que el expositor se pierda, ni tan claro que no se pueda ver bien la diapositiva. Tampoco se debe limitar la luz a los alumnos o asistentes que deseen tomar nota. Lo que termina sucediendo al final, cuando la luz no es apropiada, es que la exposición se torna aburrida, el expositor no transmite nada porque no se le ve y finalmente la mayoría termina alcanzando un USB al profesor para que “le copie su Power Point” ¿para qué? No lo sé bien, he visto a algunos imprimir las diapositivas y “estudiarlas” para el examen. Luego se confirma mi teoría de que la diapositiva contenía en realidad la transcripción de la exposición, luego ¿Cuál era el rol que cumplía el expositor a este punto?

Bien, aquí unas recomendaciones recogidas en mi experiencia de asistente a eventos y expositor en otros casos:

El uso de diapositivas de Power Point implica un sobre costo para los organizadores, conseguir el cañón y el ambiente apropiado para la proyección. Evalúe si realmente es necesario. Si no lo es, use tarjetas de ayuda memoria en papel o en su lap top. Si la exposición está bien diseñada seguramente su audiencia la entenderá correctamente. Explote sus habilidades de orador, el Power Point mal utilizado neutraliza esas habilidades.

Utilice el Power Point sólo cuando tiene que recurrir a la ayuda visual, eso sucede en casos en los que “una imagen vale más que mil palabras”, si está exponiendo acerca de la marca que deja un bala en la piel de una víctima, use una secuencia de fotos en la presentación, pero no la rellene de textos.

Sobre ese mismo punto, en mi trabajo muchas veces los abogados tratan de explicarme la escena del crimen o la forma en que tal o cual terreno fue ocupado por tal o cual persona, y se empeñan en hacerlo oralmente. Yo no sé qué tan difícil puede ser traer un papelógrafo con diagrama simple de lo que el abogado quiere explicar o una foto ampliada de la escena del crimen. Eso nos ahorraría mucho tiempo a todos y permite comprender mejor el panorama. A cambio los abogados suelen traer diapositivas con la transcripción de lo que van explicar (y suelen traer su lap top, el proyector, cables, enchufes, extensiones, etc.) Conclusión: Las personas usan el papelógrafo y el power point cuando no es necesario y no recurren a ellos cuando sí se necesitan. Como dice a menudo el gran Pedro Suarez Vertiz: El sentido común es el menos común de los sentidos.

Muchas veces un papelógrafo bien hecho causa más impacto que un aburrido Power Point.

Si su presentación en Power Point no se va a ver limpia, adecuada, orientada a explicar cuestiones puntuales de forma visual y sin errores ortográficos, no sucumba a la tentación. Mejor no la haga, y si ya la hizo, no la utilice. Su presentación es precisamente eso, “su presentación” y por lo tanto va a hablar bien o mal de usted.

No recargue su presentación con dibujitos, figuritas y corazoncitos. Piense en su audiencia. Si es un público académico haga una presentación seria y sobria. Si quiere hacer que la audiencia se ría para mantener su atención use trucos. Uno muy sencillo es mediante el uso del control inalámbrico para PC que se vende para estos fines, coloque un texto en su diapositiva y quítelo de un manotazo (me copio la idea de Bruno Pinasco en su programa Cinescape) verá que causa un efecto interesante en la audiencia precisamente en esos momentos en que empiezan a distraerse.

Nunca, pero nunca, use la presentación de otro.

Nunca ponga una presentación con una única diapositiva en la que aparece solo su nombre y el título de la exposición, se ve mal y distrae a la audiencia.

Mida los tiempos, nada peor que exposiciones acompañadas por cien diapositivas y un expositor empeñado en llegar a la última que dice “¡Gracias!”. Diseñe mecanismos que le permitan acortar la presentación si es necesario sin que el público detecte que “se está saltando” las diapositivas. La audiencia percibe eso como se están saltando temas y que la exposición no es seria.

No entregue sus diapositivas a sus alumnos. Es más, avise que no las entregará desde un principio. En muchos cursos he visto gente distraerse y cuando les pregunté: ¿Por qué no prestas atención? Me contestaban: ¿Para qué, si al final me copio el Power Point del profesor a mi usb?

Finalmente tómese su tiempo, investigue un poco el Power Point, es un programa sencillo, aprenda a usar los hipertextos, cualquier imagen se puede convertir en un hipertexto que conduzca a otra diapositiva con un sencillo click. Explote las animaciones de textos, pero no sobresature con ellas su presentación. Haga un uso eficiente de la herramienta y piense en criterios de eficacia. Piense en su audiencia, seguramente se lo agradecerán.

IDEAS SUELTAS PARA UNA EDUCACION SUPERIOR MODERNA

Hace algunos años dejé de enseñar en la universidad con mucha pena y no porque que no haya querido hacerlo, si no por serias limitaciones geográficas. Los trabajos que he tenido en los últimos cinco años han tenido su sede en ciudades donde no hay universidades.

Ahora que me pongo a pensar, empecé a enseñar hace más de veinte años. Mi primera clase la dicté cuando tenía diecinueve años y la recuerdo claramente, en el aula del departamento de educación de Sistemas Wang, la clase era de diagramación de sistemas y mis cuarenta alumnos eran, sin excepción, todos mayores que yo.

Sistemas Wang tenía sus oficinas en el Centro Comercial Arequipa, al que muchos llamaban Centro Comercial La Salle porque quedaba en la avenida del mismo nombre. Como curiosidad, la Avenida La Salle ostenta el record de ser la avenida más corta de Arequipa, solo tiene una cuadra, que va desde la avenida Independencia hasta la avenida Goyeneche. Si bien al lado izquierdo tiene algunas bocacalles, al lado derecho, donde queda el Centro Comercial, es una sola cuadra.

Uno de los recuerdos más intensos de aquella clase, es que las piernas me temblaban mientras llamaba la lista de asistencia y la voz se me quebraba en los primeros cinco nombres. Por si esto no fuera poco, a través del ventanal de vidrio templado que había al fondo del salón podía ver a uno de los profesores antiguos del instituto monitoreándome. Sin embargo luego de algunos minutos dominé la escena y pude lograr desenvolverme de manera aceptable.

En Sistemas Wang nunca fui profesor titular, solo hice reemplazos como aquella primera vez, luego si dicté cursos completos en otras empresas, e incluso en la misma Wang cuando cambió de razón social y quedaba cerca del Club Internacional. Enseñé mucho tiempo en el Instituto de Informática de la UNSA. Luego de ello fui ayudante de cátedra en mi propia facultad de derecho y a pesar de que lo hacía ad honorem, las envidias y mezquindades de la universidad nacional evitaron que lo haga al siguiente semestre. Finalmente el año 2001 si mal no recuerdo, ingresé enseñar en una universidad privada de Arequipa donde estuve hasta fines del 2006.

Durante estos más aprendí muchas cosas, sobre todo respecto a la técnica de enseñar. Al principio el conocimiento fue totalmente empírico: aprender haciendo, en el camino. Finalmente el año 2003 hice un diplomado de educación universitaria. Eso me permitió redondear muchas ideas.

Lo cierto es que las nuevas ideas acerca de la educación declaran al fin de la educación escolástica y promulgan que el profesor ya no debe estar en el atrio si no tan solo un acompañante de los alumnos en el camino del conocimiento. También dice que los sistemas de evaluación deben cambiar, ya no se pueden hacer exámenes para medir la capacidad de memoria (para rellenar) o para marcar (opción simple)

Estas ideas las conocen nuestros educadores, sobre todo en las escuelas, pero no las aplican.

Como decía la señora Hildebrant, en el Perú antes los profesores sabían muchas cosas, pero no sabían cómo llegar a los alumnos y transmitirla, hoy saben la técnica pero no saben cosas que puedan trasmitir. Yo agregaría que saben la teoría de la técnica, pero rara vez la aplican.

En mi experiencia hay varios factores que contribuyen a ello. Se pueden tomar exámenes eficientes por ejemplo, pero eso requiere tiempo para preparar los exámenes y muchos profesores, ya sea de escuela o universitarios (sobre todo estos últimos) no están dispuestos a ello.

Preparar un examen de opciones abiertas o temático, demora cinco minutos. Muchos profesores dictan las preguntas en el examen mismo, lo que prueba que las están inventando sobre la marcha. Yo mismo he hecho eso algunas veces. Preparar un examen de opciones cerradas simples demanda entre treinta minutos a una hora. Preparar un buen examen de opciones complejas demanda entre una hora a dos. Conozco a muchos profesores que toman el mismo examen todos los años, los alumnos también lo saben.

Preparar un examen de opciones abiertas que realmente pueda medir lo aprendido por los alumnos toma entre dos a tres horas. Calificarlo toma más tiempo también, pero es el mejor mecanismo de evaluación. Me explico: muchas veces hice este procedimiento y lo interesante es que elimina la variable del plagio. Con un examen bien hecho no se puede plagiar. En temas de derecho por ejemplo, la idea era plantear casos complejos donde los estudiantes puedan aplicar conocimientos adquiridos en las clases. Tiene varias ventajas: Se privilegia de alguna manera a los que asisten. Se privilegia también a los que usan su sentido práctico y de análisis sea que hayan asistido o no.

Alguna vez les pregunté a mis alumnos si les gustaba que los traten como delincuentes. Ellos no entendieron y les expliqué algo que seguramente el lector ha experimentado muchas veces: Cuando se inicia un examen en la mayoría de las universidades peruanas y en casi todas la escuelas, el profesor advierte que va a desaprobar a quien plagie, luego mira a la clase y cambia de sitio a algunos alumnos, (como con los delincuentes de alta peligrosidad en los penales), luego señala la posición en la que deben quedar las carpetas y a veces hace dejar una fila de carpetas por medio vacía y toma el examen en dos grupos. Pide que los alumnos guarden sus cosas, que se mantengan en absoluto silencio, que miren solo su examen y en muchas ocasiones revisa carpeta por carpeta. ¿No es acaso este el procedimiento que se utilizaría en un penal o centro penitenciario? Los profesores inician el examen partiendo de la premisa de que los estudiantes son unos pillos que tratarán de plagiar a toda costa.

Este sistema degradante no brinda ningún resultado útil. En los exámenes de casos mis reglas eran: Pueden caminar, leer, eventualmente hacer interconsultas breves con sus compañeros, usar libros, apuntes, ir a la biblioteca si lo requieren y quienes tengan internet móvil, la pueden usar. La única prohibición era hacer ruido que perturbe el trabajo de sus compañeros. ¿Cómo? Se estará preguntando el lector. ¿Cuál es el truco? Pues sí, hay un truco: El tiempo. Debe otorgarse un tiempo que permita tres finalidades: la primera es que los más preparados puedan resolver el problema sin mayor dificultad en el tiempo concedido. La segunda es que los menos preparados puedan resolver el problema ajustadamente con el mismo tiempo. La tercera es que los menos diligentes y más displicentes no puedan superar la prueba. La idea es que estos últimos no existan en una universidad, pero nunca faltan uno o dos en cada aula.

La experiencia señala que los más aplicados procurarán no perder tiempo en las interconsultas, ellos mismos rechazarán a los más flojos ya que si no, se perjudicaría su propio trabajo. El segundo grupo es muy interesante porque muchos de ellos aprenden cosas en el desarrollo del examen y rara vez las olvidan. El tercer grupo se da cuenta que sin preparación previa, los libros, códigos y apuntes (sobre todo ajenos) no sirven para nada, en la mayoría de los casos para el siguiente examen pasan fácilmente al segundo grupo.

Los problemas deben diseñarse también para que la respuesta no sea de dos líneas, sino, carece de sentido. Tampoco pueden ser respuestas de más de diez líneas porque se hacen imposibles de calificar.

Otro tema: Los trabajos en grupo y las llamadas exposiciones.

Primero, respecto a los trabajos en grupo, mal llamados monografías. Categóricamente no creo en ellos. Siempre los hace uno o dos máximo y agregan el nombre de los demás. Yo lo hacía a cambio de que mis compañeros más flojos paguen las impresiones y el anillado. Hoy en día además la teoría del google+copiar+pegar está cada día más difundida, lo que hace más grave el problema.

A ver, ¿Cómo resolvía yo el problema?: En primer lugar no a los trabajos grupales y menos a las monografías. ¿De verdad creen que un profesor lee diez o veinte monografías, por salón? ¡Por favor! Los alumnos lo saben y se aprovechan de ello. La otra pregunta es ¿Quiénes ganan con los trabajos universitarios? Solo los dueños de negocios de impresiones, fotocopiado y anillado. Nadie más. ¡Ah! Últimamente también ganan unos señores que se anuncia indiscriminadamente en los periódicos vendiendo monografías de temas varios. A veces me pregunto si no serán los mismos profesores los que venden esas monografías.

Entonces la solución es que los alumnos hagan ensayos individuales, y poner reglas claras:

Citas textuales opcionales, de preferencia con un límite, tres como máximo, planteamiento propio respecto a un determinado tema, varios alumnos pueden desarrollar el mismo tema si desean, eso permite confrontar distintos puntos de vista. Extensión mínimo una hoja, máximo dos a espacio y medio, fuente Arial de 11 puntos. Sin carátula. Sin folder o file. Solo el título del ensayo y el nombre del alumno. Nada de introducción, dedicatoria ni cosas por el estilo.

Estos ensayos se leen rápidamente, se identifica fácilmente si el lenguaje usado es propio del alumno o es demasiado técnico y permite sospechar. En mi caso me daba el trabajo de meter rápidamente una frase al azar de cada trabajo en el google, usualmente la búsqueda arroja sorpresas. Yo escribía con lapicero rojo la dirección electrónica donde había encontrado el texto al lado del cero.

Alguna vez encontraba trabajos idénticos, sobre todo las primeras veces. Los engrapaba y dividía la nota del trabajo entre dos. Y el último filtro consistía en separar los mejores trabajos junto con aquellos que no siendo notables me despertaban sospechas y en la clase siguiente les pedía a los alumnos que me expliquen brevemente el porqué de sus interesantes puntos de vista, nuevamente sorpresas.

Respecto a las llamadas exposiciones, siempre me pareció una forma vil de hacer que los alumnos hagan el trabajo de los profesores. Con las exposiciones los profesores se la llevan fácil, no preparan clases y se limitan a sentarse en una silla a escuchar a los alumnos y al final hacer una o dos preguntas fútiles.

En mi caso siempre evité las famosas exposiciones, pero adicionalmente debo mencionar que me parecía terrible que muchos profesores (la mayoría) obligaran a los alumnos a ir a exponer de saco y corbata y a las alumnas de vestido. Primero porque supe de cerca que muchos alumnos hacían grandes esfuerzos para poder conseguir ropa para las exposiciones cuando ese no es el objetivo ni de lejos de la universidad. Yo creo que una camisa limpia y un buen baño son suficientes para la ocasión. De otro lado, nunca vi en las clases de mis colegas una exposición decente a pesar de las elegantes vestimentas. Se incentivaba a los alumnos a leer el texto del papelógrafo o de la diapositiva de power point. Exposiciones verdaderas rara vez vi. Incluso en mis clases de postgrado o maestría, rara vez vi usar a algún profesional el power point en su verdadero y correcto potencial.

El otro problema del trabajo grupal es la calificación. No me parece justo que todos tengan la misma nota. Es obvio que no todos trabajan igual. Pero estos últimos dos años aprendí que incentivar el trabajo en grupo es vital, siempre que se comprenda como es el verdadero trabajo en grupo. La existencia de un líder no resuelve el problema. No es líder el que hace el trabajo “colocándose a la espalda el grupo” y luego agrega los nombres. El verdadero liderazgo debe consistir en que todos aporten todo lo que puedan equitativamente. Por eso es que cuando vuelva a las aulas universitarias aplicaré esta nueva teoría si llego a solicitar trabajos grupales. Actualmente los profesores ponen la nota del mejor a todo el grupo o les ponen la nota del promedio. Mi teoría es que el grupo debe recibir la nota del peor. Eso debe enseñarles que la obligación del equipo es impedir que ninguno de los miembros quede rezagado.

No creo haber sido un excelente profesor universitario, creo que me faltó ensayar más y probar más técnicas y dedicarles más tiempo a mis alumnos. Pero no cabe duda que hice todo mi esfuerzo tratando de salir del esquema de la educación escolástica. A veces es decepcionante lanzar una pregunta simple o de cultura general a una clase y tener por respuesta solo el sonido de los grillos, pero se trata de cambiar eso. Sin embargo a pesar de ello, la enseñanza es una experiencia maravillosa. Según mis planes y si todo sale bien, debo regresar a la enseñanza universitaria a más tardar el 2013. Cuando esto suceda, espero dar nuevamente mi mejor esfuerzo.

jueves, 28 de abril de 2011

¿Y PARA QUE SIRVEN LA ARITMETICA, LA GEOMETRIA, LA FISICA Y LA QUIMICA?

Recuerdo haber tenido muchos compañeros de estudio en la universidad que afirmaban haber escogido estudiar derecho porque les iba mal en matemáticas en la escuela. El mismo argumento escuché de mis alumnos cuando fui profesor universitario.

En mi caso nunca tuve serios problemas con las matemáticas, incluso recuerdo haber obtenido algún par de veintes en la libreta de notas. Donde sí tuve grandes dificultades fue en química y física, en ambos cursos (¡oh! ¡Qué casualidad!) tuve a la misma profesora. La profesora Granda era muy buena persona, amable, educada, cariñosa y condescendiente. Seguramente además una excelente ama de casa y mejor madre, ya que siempre nos hablaba con mucho cariño de su hijo. Pero como profesora de química y física definitivamente no hizo su tarea. No sé si ella misma dominaba las materias, pero lo que sí es cierto es que por lo menos en mi caso y el de varios compañeros de promoción, hizo que tuviéramos una fuerte animadversión a estos cursos.

Una frase común en la escuela era “¿Para qué voy a estudiar esto si yo pienso ser tal o cual profesional? Es decir, varios de nosotros coincidíamos nuevamente en no encontrarle utilidad práctica a muchas cosas que nos enseñaban en la escuela, particularmente en las materias de las que trata esta nota.

Y sí pues, ¿para qué sirve la geometría? ¿Y la física? ¿Qué utilidad puede tener la química para un abogado? Bueno, creo que para la mayoría de los cultos lectores no será necesario explicar que estas materias sirven prácticamente para todo. El mundo que nos rodea es aritmética, geometría, física y química. Cualquier ser humano que quiera ser un profesional decente en cualquier área debería tener por lo menos conocimientos básicos de las materias que vengo mencionando. En mi vida profesional tuve que hacer liquidaciones de saldo deudor, cálculo de intereses, además tuve que aprender a leer balances financieros para que no me cuenten cuentos los contadores, como abogado se requiere en muchos casos saber de física para poder explicar porqué el cuerpo de una víctima cayó en determinado sitio, porqué la bala terminó el tal posición o porqué el auto frenó a determinada distancia. Algunos colegas suelen decir que eso es trabajo del perito: Sí, pero el perito no defiende a la víctima o al imputado; o en el caso del Juez, este tiene que determinar si la opinión del perito es fiable, más allá de toda duda razonable. La física, la química y la aritmética son necesarias para el médico, para el abogado, para el cocinero, el arquitecto, el ingeniero, para el físico culturista, para el pintor, para el músico y para el panadero. La diferencia es qué clase de compromiso hay en cada oficio, profesión o hobby. El ser humano poco comprometido necesitará menos de estas herramientas, el que está comprometido con lo que hace, las requerirá más.

El problema en realidad no es determinar si se necesitan o no, la dificultad es cómo hacer que los profesores de la secundaria lleguen a los alumnos haciéndoles entender lo que nosotros hemos entendido recién en nuestra vida profesional.

Tengo el hobby de la carpintería, a menudo hago cosas simples con mis propias manos. Una vez estaba haciendo un escritorio para el computador y en uno de los extremos del tablero, este terminaba en una media circunferencia. Hasta allí no había problema, el tablero tenía cincuenta centímetros de ancho y la circunferencia, obviamente cincuenta centímetros de diámetro o si se quiere veinticinco de radio. El problema era que necesitaba calcular cuanta cinta de acabado debía comprar para recubrir el perímetro del tablero, sin que sobre ni falte un centímetro, ya que no disponía de la herramienta para cortarla. El asunto es fácil si se está con el tablero a medio construir, pues se toma la cinta métrica y se mide el perímetro. ¿Pero cómo hacerlo al nivel de diseño, cuando el tablero todavía no existe y es solo un plano en el papel? Recordé a “pi” y sin preocuparme más, entré a internet y busqué las fórmulas para hallar el perímetro de un círculo y resolví rápidamente el problema y además, aprendí en diez minutos lo que nunca aprendí en mis años de secundaria.

Luego de resolver el problema me quedé meditando en lo fácil que había sido entender el funcionamiento de “pi” ante su aplicación en el caso concreto. ¿Qué fácil hubiese sido si en la secundaria me hubiesen enseñado geometría mediante la construcción de un mueble? Desde esa noche me ronda la idea de que la forma de enseñar estas materias tiene que cambiar en las escuelas. La geometría tendría que aprenderse en talleres de carpintería, costura o semejantes.

El tema con la química es más complejo al igual que la física, pero tengo claro que debería abandonarse la pizarra y el aula como lugar primordial para aprender esas materias y trasladarse a espacios más dinámicos. Nada mejor para aprender algo de física que intentar construir una catapulta en escala. El modelo que el coyote usa con el correcaminos no es funcional, si uno lo hace a escala con simples trozos de madera y un poco de pabilo, descubrirá por qué el pobre coyote siempre termina estrellado en el suelo. Un buen profesor podría aprovechar esto para deslizar conocimientos de física y construir una catapulta (como las romanas) que funcione.

Se me ocurre que se podría enseñar mucho de química en un taller de cocina. ¿Por qué no? Quien haya experimentado un poco con la cocina sabe mucho de oxidación. ¿Por qué la manzana y el plátano se ponen negros cuando están pelados? ¿Por qué el zumo limón impide o retarda ese proceso? Porqué se “sella” la carne en determinados platos y cómo se consigue, por el contrario, la consistencia jugosa de un sudado o un estofado. ¿Por qué no se debe abrir la tapa de olla a presión si aun no ha expulsado todo el vapor? En este caso física y química juntas.

¿Qué muchachito no desea tener un mejor físico en la adolescencia? Me parece un momento extraordinario para enseñar algo de anatomía en las mismas clases de educación física. Explicar cuál es el proceso químico del crecimiento de células y músculos. Explicar por qué existe dolor luego de ejercicio intenso, ¿Quién podría olvidar esa clase si es dictada justo el día que uno no puede caminar como consecuencia de haber hecho treinta sentadillas el día anterior? Deja de convertirse en una cosa teórica inútil y se vuelve un conocimiento práctico. Ahora ya sabe qué es y qué hace la lactosa.

Así como estos, se pueden producir cientos de ejemplos. Es urgente reformar el sistema educativo y la formas de enseñar, más aun cuando hoy en día el Nintendo y los juegos en línea contribuyen a la idiotización de los jóvenes. Es urgente que los paradigmas educativos cambien, no sólo es un tema de presupuesto, también debe cambiar la forma como educamos a nuestros profesores (menudo problema). Últimamente he llegado a una triste conclusión: Gran parte de la educación de nuestros hijos está directamente en nuestras manos. Tengo una absoluta desconfianza hacia los profesores de las escuelas secundarias peruanas. Me preocupa la generación de los que ahora tienen cinco años. De aquí a veinte o veinticinco años la brecha entre los que saben y los que no, se hará mucho mayor. Tal vez el “mundo feliz” de Aldous Huxley esté a la vuelta de la esquina.

miércoles, 27 de abril de 2011

LAS TRAMPAS DEL SISTEMA EDUCATIVO

Si usted recuerda sus días de escuela, instituto superior o universidad, tal vez recuerde a varios profesores (si no todos) que tenían la pérfida costumbre de iniciar los exámenes separando las filas de carpetas, exigiendo que los alumnos guarden todas sus cosas o dividiendo la clase en grupos. También había quienes antes de empezar cambiaban de asiento a “ciertos” alumnos o sentaban cerca del escritorio del profesor a los potenciales plagiadores o a los más estudiosos. No faltaba el que traía al examen a un asistente (o a todo un pelotón de asistentes como mi profesor derecho penal militar de la universidad) a fin de imponer una férrea supervisión al examen.

En la escuela acepté estos hechos como un paradigma válido. Se me ocurría que era normal. Es decir todos éramos pillos y debían tratarnos como en un centro penitenciario o una correccional. En los primeros años de universidad sucedió lo mismo. Fue a partir de media carrera y luego en los estudios de postgrado con más firmeza que empecé a darme cuenta de lo erróneo del paradigma, al parecer se juntaron dos cosas: en primer lugar mi toma de conciencia de que habían cosas totalmente inútiles que muchos maestros se empeñaban en que memoricemos y en segundo lugar que por ese entonces yo mismo empecé a enseñar con más frecuencia. Yo empecé a enseñar a los diecinueve años, mis alumnos eran mucho mayores que yo, a los veintidós ya había entendido como funcionaba la enseñanza desde el otro lado.

El problema como decía, es que lo profesores parten de una premisa que afecta gravemente la dignidad de cualquier ser humano: La presunción de culpabilidad. Pero no sólo presumen que el estudiante es culpable de un hecho, más grave todavía presumen que será culpable, por ello toman todas las previsiones posibles para evitar que “los engañen”.

Mi rebelde y subversiva posición frente a estos paradigmas empezó en realidad cuando tenía once años. El profesor de la primaria iba a tomar examen bimestral de ciencias naturales, gran parte del examen era la clasificación de los mamíferos, que como se sabe es extensa. Recuerdo haberme puesto a estudiar el día anterior y tengo la imagen nítidamente grabada en mi mente de haber reflexionado acerca de la utilidad práctica de aprenderme de memoria tamaña clasificación. Decidí que aunque fuese a ser biólogo, la tarea de memorizar esos datos era un desperdicio de tiempo. Tomé la hoja central de mi block Loro y escribí con muy buena letra la clasificación completa. Doblé la hoja en cuatro y la guardé. Luego con toda la felicidad del mundo me puse a leer un libro.

Al día siguiente antes de empezar el examen metí el enorme papel en el bolsillo de mi mandil gris y empecé de desarrollar la prueba. Cuando llegó la ya advertida pregunta, saqué de la forma más discreta posible mi enorme hoja de papel bulky cuadriculada y copié la dichosa clasificación. Cuando ya casi había terminado el profesor Esquivel se me acercó y me quitó la hoja pues ya se había dado cuenta de mi estrategia. Al día siguiente envió el examen a mi madre con el enorme plagio engrapado y mi primer cero ocho en toda mi breve vida escolar.

No abundaré en las reprimendas y decepciones que causé. Me concentré en pensar en cual había sido mi error y me di cuenta de lo obvio: falta de planificación. Empecé a observar y aprender, descubrí la técnica del acordeón de mis hermanas y primos. Escribían con letra menuda en tiras de papel de unos tres centímetros de ancho. Luego lo plegaban y lo guardaban en algún bolsillo. La técnica era pésima, no era funcional e importaba a la hora del examen casi el mismo riesgo que el pliego de papel doblado en cuatro. Por aquél entonces aprendí que los peores estudiantes eran también los que tenían los peores sistemas: Tratar de copiar directamente del libro o del cuaderno durante el examen. Funciona pocas veces y sólo con los peores o más descuidados profesores.

Para cuarto de secundaria había perfeccionado mi técnica: Usando tiras de papel iguales a las del acordeón, escribía en letra sumamente menuda por ambos lados y luego lo enrollaba, me pasaba la tarde leyendo literatura mientras mis dedos casi inconscientemente recorrían la tira de un lado al otro. En algún punto quedaban con tanta presión los rollitos que ya no se desenrollaban solos y entonces los ponía en orden en mi cintura, entre mi pantalón y la correa y los sacaba cuando era necesario. Mi regla de oro: Sólo los usaba para numeraciones y listas. Los conceptos siempre los aprendía. Más que aprenderlos, los comprendía.

Precisamente en cuarto de secundaria pasó un hecho curioso, entraba a mi clase y en lo que me sentaba para poder acomodarlos en mi cintura, se me cayeron los rollitos y esto lo vio un auxiliar. Se me acercó y me los quitó. En mi desesperación corté nuevas tiras de papel y rápidamente volví a hacer las listas. Cuando empezó el examen ya no necesité sacar los rollitos, recordaba casi todas las listas que preguntaron (que no eran muy largas). Descubrí dos cosas nuevas: Que si uno escribe las listas se van quedando en la memoria y que me había vuelto sumamente veloz en el proceso de hacer los rollitos.

En quinto de secundaría ya no hacia los rollitos para mi, los hacía para venderlos. Como hacía por lo menos dos, el tercero en realidad no lo necesitaba. En la universidad nunca tuve que hacer uso de los rollos porque aprendía las listas escribiéndolas o usaba técnicas de memorización que felizmente practico hasta hoy en día. Cuando me gradué de abogado me fui a la biblioteca del colegio de abogados con un cuaderno en blanco. Transcribí el desarrollo de los balotarios dos veces en ese cuaderno y listo.

Cuando empecé a enseñar en la universidad en la facultad de derecho, la primera pregunta que me hice era si era justo exigir a mis alumnos las mismas cosas que yo había detestado: Memorizar listas inútiles, contestar preguntas capciosas o preguntas con trucos de mala fe. En mi experiencia anterior de profesor en el instituto de informática era distinto porque los exámenes eran prácticos y en el computador. Yo dejaba a propósito que mis alumnos copien del alumno del costado. Es lógico, la idea era que hagan el ejercicio. Si un alumno no había prestado atención en la semana, el día del examen aprendía algo copiando al de su costado. ¿Ese es el fin de la educación no?

Me tomó cerca de un año diseñar un sistema para evaluar en la facultad de derecho. Me di cuenta que los exámenes de opción simple solo favorecen a los suertudos. Empecé con exámenes de opción compleja. Ya se sabe: tres o cuatro premisas y luego recién las respuestas donde se plantea si las premisas a, b o c son ciertas, etc. Nunca usé preguntas desleales, rebuscadas o llamadas “de pié de página”. Las cosas claras. Conceptos generales y básicos, se sabe o no se sabe.

Al segundo año empecé con los casos. Siempre recordando que los alumnos no pueden ni deben ser tratados como presidiarios. Mis exámenes eran básicamente casos con aplicación de lo tratado en clase. Las reglas eran: Pueden usar cuadernos, libros, materiales, etc. Si trajeron su lap top con internet también pueden usarla. Lo único prohibido es conversar o caminar por la clase, más que por una cuestión de copia o trampa, por respeto a los que están concentrados resolviendo su trabajo. Se podían sentar en cualquier sitio mirando a cualquier dirección. Las primeras veces mis alumnos se quedaba sorprendidos, no podían creer que estuviese hablando en serio. También sucedió que muchos se confiaban y no estudiaban. Ellos fracasaban, hasta que entendían que est nueva modalidad de examen requería precisamente leer y comprender, no memorizar. Trataré de explicar mi estrategia:

Lo importante creo yo, en la educación escolar y universitaria es enseñar a la gente a formar conceptos. Las enumeraciones, fechas, números de artículos y de leyes son sólo un ejercicio de memoria, no contribuyen a la formación de ideas. Estoy convencido que la responsabilidad es preparar a las personas a afrontar el mundo real mediante un entrenamiento que les permita desarrollar habilidades, entre ellas sobre todo, como dije la de formular conceptos a partir el análisis de otros conceptos previos.

Entonces, preparaba mis exámenes en ese sentido. Caso prácticos donde el estudiante que había estudiado las ideas o conceptos adquiridos a través de la lectura de los autores tratados podían resolver, ayudándose con una lectura final al momento mismo del examen. Calculaba el tiempo para resolver el factor “flojo” es decir, no dejar que el flojo se aproveche y se ponga a leer recién ese rato. El tiempo era suficiente para que el que había estudiado en sentido estricto, dé un buen resultado, también daba tiempo para aquél que había leído un poco pueda resolver el examen razonablemente, pues me interesa que en el propio examen consolide las lecturas y sus conocimientos. El flojo también llegaba a leer algo, estoy seguro que algo aprendía en ese momento, pero normalmente no llegaba a un quince, por ejemplo; esa era la idea. Tampoco se debe premiar la falta de interés.

El problema de este sistema es que demanda más tiempo del profesor. Hay que leer las respuestas de los exámenes. Se debe tratar que sean respuestas cortas y concisas. Mientras menos trabajo se quiera tener en la etapa de calificación, más se debe trabajar en la etapa de elaboración y viceversa. Los exámenes que exigen poco trabajo en la elaboración y la calificación, no contribuyen en nada en la educación del alumno. Son una farsa, ejemplo de ello: Las preguntas con verdadero o falso, rellenar frases y las enumeraciones y clasificaciones.

Otra tara del sistema son las llamadas “exposiciones” que siempre acusé de promotoras de la ociosidad. Los profesores suelen dejar “trabajos” que nunca leen y que además mediante un llamado “rol de exposiciones” que tampoco escuchan, se liberan de la tarea por la que se les paga, es decir: preparar clases y entrenar a los alumnos. Muchos profesores se pasan la mitad del semestre sentados en el fondo del salón escuchando a las mal llamadas exposiciones, que por lo demás suelen ser pésimas y solo generan un innecesario gasto de dinero a los alumnos.

Para empezar nunca he visto un alumno que haga buen uso del PowerPoint, la mayoría escribe toda la exposición en las diapositivas (como si fueran tarjetas de ayuda) y luego las lee de la pantalla. Peor todavía los que usan papelógrafos. El alumno expone y los demás casi nunca hacen preguntas porque están preocupados en sus propias exposiciones o en las tareas de otros cursos. Se exige que los alumnos vayan a exponer con terno o vestido, a veces obligándolos implícitamente a tener que comprar ropa para la exposición. Los trabajos son otro tema: empastados, anillados, espiralados, con tapas y contratapas, carátulas grandilocuentes, cien páginas sin utilidad bajadas de wikipedia, rincón del vago o monografías punto com.

Mis reglas: Nunca exposiciones. Si alguna vez se producían porque así lo exigía el síllabus, breves y con la ropa usual de clases. Lo importante el contenido. Los trabajos: Lo mejor es el ensayo. Nada de abundantes citas bibliográficas, máximo diez citas, número de páginas máximo tres. Sin carátula con escudos ni tapas. Presentación: Título del ensayo, luego nombre y sección del alumno en la esquina superior derecha de la primera página. No introducción ni dedicatorias. Sin folder ni fástener, sólo una grapa. Esto permite leer los trabajos por completo, entender cuál es el punto de vista del alumno y saber si maneja la bibliografía citada. Luego en mi caso tomaba una frase al azar (sobre todo si la redacción me parecía elaborada o encontraba regionalismos no propios del Perú) la metía al google y en muchas ocasiones encontraba el artículo original en la red. En ese caso devolvía el trabajo con un cero como calificación y al lado transcribía la dirección en internet donde había ubicado el ensayo original.

Hacer todo esto demanda tiempo y esfuerzo, además de la propia lectura y preparación para el curso. Algunos de mis ex alumnos leerán esto y podrán confirmar que efectivamente este era el método usado (que espero que les haya servido). Pienso que el cambio del sistema educativo pasa por entender el fenómeno que he tratado de explicar en estas páginas. En caso contrario siempre tendremos el circulo viciosos de profesores tratando de que no les hagan trampa y alumnos forzados a hacer trampa en un sistema que no les aporta nada nuevo y que, tristemente, les otorga conocimientos abstractos de listas, números y clasificaciones, que no podrán usar en su vida profesional; donde lo importante es la capacidad de entender y elaborar conceptos. En otras palabras, los alumnos más que ninguna otra cosa, deben aprender a pensar por sí mismos.