El tiempo se mide en segundos, minutos, horas, meses y años. Las distancias, en el sistema métrico, se calculan en metros y sus respectivos múltiplos, pero también existen pies, pulgadas y hasta cuartas. Los pesos se miden por gramos, kilos, quintales, los líquidos en litros, onzas y pintas. Sin embargo en mi añorada Arequipa existe un sistema de medida singular y enigmático: El montoncito.
A diferencia de las unidades de medida usadas en casi todo el mundo, el montoncito no tiene equivalencias y eso es lo que lo hace mágico. Recuerdo acompañar a mi madre al mercado del barrio y preguntar: “Casera, a cuanto el montoncito...” de ajo, de garbanzos, de habas o de alverjas. Las vendedoras se apostaban en aquel tiempo en el piso y tendían a veces una tela, a veces un trozo de plástico, y sobre ella organizaban montoncitos piramidales de diferentes productos. ¿A cuántos gramos equivale un montoncito? Al parecer, al respecto no existe dato alguno con un mínimo de rigor científico y las amas de casa además debían calcular, a ojo de buen cubero, qué vendedora ofrecía los montoncitos más grandes a menor precio.
Pero al asunto no termina allí, decía mi madre que algunas vendedoras tenían un talento especial para ahuecar el montoncito. Es decir construir la pirámide de tal manera que en su base existiesen vacíos que hacían ver sus montoncitos mas grande que los de la competencia, cuando en realidad tenían menos cantidad o peso. Nunca supe si tal talento era real o solo una infundada suspicacia de mi madre.
El montoncito es pariente de la yapa, esa cantidad, indescifrable también, que viene de agregado a la compra del cliente fiel. Y a su vez, el montoncito y la yapa son parientes también del atadito. Un atadito de perejil o un atadito de acelga. La espinaca tenía una naturaleza dual, podía venir en atadito o en montoncito.
Existe también el medio atadito, e incuso el medio montoncito y hasta el puñado.
Ya no se ven ataditos en el mundo moderno. Los supermercados, las tiendas de abarrotes grandes y medianas nos han reducido a fríos metros, gramos y litros. Ya nadie te vende harina o azúcar en papel de despacho, como el señor Carpio, en su desaparecida tienda frente al cine Benique. Comprar azúcar o harina era todo un espectáculo visual. El señor Carpio pesaba la harina extrayendo esta de su costal con una especie de cucharón de hojalata, ponía papel de despacho en el plato de la balanza que era de hojalata también, y una vez equilibrado el contrapeso colocaba el papel conteniendo la montañita de azúcar o harina en el mostrador, giraba los costados del papel, los retorcía delicadamente, se formaban dos puntas, las tomaba, daba dos vueltas en el aire y tenía un hermoso paquete que no se abría de manera alguna hasta llegar a las manos de mamá.
Ataditos, montoncitos, yapas, papel de despacho, rezagos de un mundo que ya no existe, o del cual por lo menos queda muy poco. El mundo de hoy es otro. Con otras medidas e incluso con otros valores. Hasta el tiempo corre distinto. Días de dieciséis horas, minutos volátiles, a veces inalcanzables. En días como hoy hace tanta falta un atadido de minutos y un montoncito de amor finamente envuelto en cálido papel de despacho, para llevar a casa.
Mostrando entradas con la etiqueta ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ensayo. Mostrar todas las entradas
jueves, 28 de febrero de 2019
sábado, 20 de enero de 2018
LO QUE ME GUSTA, LO QUE TE GUSTA Y LO QUE NOS GUSTA
Nos puede gustar cualquier cosa siempre que no sea algo malo. Para poder entrar en materia habría que intentar definir qué se entiende por malo.
Son malas las conductas prohibidas: matar, falsificar, ofender el honor, etc. son cuestiones del derecho y sobre ello no hay mayor duda. Por el solo hecho de ser ciudadanos aceptamos esta convención social y nos sometemos a ella.
Está también lo moralmente reprochable y he aquí un amplio margen. Lo que es moral para algunos puede no serlo para otros. Dependerá del país, de la ciudad, incluso del grupo social.
Desde la perspectiva moral, es difícil establecer una regla de qué cosa es buena o que cosa es mala. De hecho hay cosas malas para la salud que están social y moralmente aceptadas, como por ejemplo fumar. Es innegable que fumar daña la salud, pero en un lugar de esparcimiento nocturno difícilmente se mira con mala cara a quien lo hace. Hace pocos años se podía fumar en los cines y en los restaurantes. La moral es cambiante, e incluso a veces responde a valores no vinculados directamente, como los valores estéticos; al respecto leía hace poco que eso se revela nítidamente cuando se mata una mariposa y una cucaracha. El primer hecho revela un espíritu ruin, el segundo no.
Lo bueno y lo malo termina siendo una elección a partir del análisis conjunto y completo de los propios valores, más allá de los valores morales sociales.
Así, en las relaciones sentimentales, a la hora de escoger la pareja, tiene que ver mucho el asunto de los gustos pues a partir de ello se revelan valores personales, si ellos no son compatibles, la relación está condenada al fracaso.
Los gustos se contraen de dos maneras: Por entorno y por elección. En el caso del entorno, no sabemos con precisión de dónde vienen. Son costumbres de nuestra familia cercana, de nuestros padres, abuelos, tíos y hermanos mayores. Quien tiene un gusto por el fútbol desde pequeño probablemente sea porque todos en casa juegan pelota, o quien desde pequeño tiene gusto por la música, puede ser porque todo el entorno se inclina a ello. En lo culinario yo siento gusto por los ojos de res hervidos, el guiso de sesos, la ubre arrebosada, la sarza de criadillas, el hígado frito y las caparinas. Todos esos gustos los adquirí en la niñez y no veo ningún problema en comer esos platos. He conocido gente que se descompone solo con escuchar la receta.
Los gustos por elección se adquieren luego y pueden tener dos forma, el primero por elección a partir de una cuestión incidental emotiva y la segunda por elección razonada. La primera de ellas ocurre cuando uno se encuentra con un evento nuevo y surge empatía inmediata, aunque uno no es consciente de ello, decide que eso le agrada y sin mayor esfuerzo adquiere el gusto, así, uno llega sin querer a un concierto de blues, sin haberlos escuchado nunca antes y siente una especie de conexión, decide seguir escuchando la música y adquiere el hábito. En el segundo caso se escoge el objeto del futuro gusto y se cultiva pacientemente . El ejemplo más representativo de ello es llegada tardía del teatro, la ópera o la pintura abstracta. Se requiere un ejercicio racional, estudiar el objeto, comprenderlo y mantenerlo en el tiempo hasta que se haga hábito.
El beber alcohol es un hábito socialmente aceptado. Bastante aceptado, al extremo que casi nadie lo considere malo. Se suele escuchar que en exceso es malo, pero nadie ha establecido dónde empieza el exceso.
Cuando estaba en la universidad bebía y no poco con los compañeros de estudios. Amanecía con fuertes resacas muchos sábados y domingos. Sin embargo notaba que si bien lo pasaba bastante entretenido cuando estaba con los amigos, al día siguiente sentía un extraño vacío, que con el tiempo empecé a identificar como sentimiento de culpa: El tiempo perdido, la imposibilidad de hacer cosas productivas durante el periodo que dura la resaca y el cálculo de los libros que podría haber comprado con lo gastado en la noche anterior, me llevaron a la conclusión de que no bebía por genuino gusto, si no por presión social. Lo dejé y hoy en día bebo muy poco y ocasionalmente solo para no quedar mal socialmente.
A lo que íbamos: Los gustos. No todo lo que me guste a mi es bueno y no todo lo que le gusta al prójimo, y no me gusta, es malo. Cada uno es dueño de su propia escala de valores y desde ella es materialmente imposible juzgar al otro, aunque no nos gusten sus hábitos. Desde luego el ejercicio de tolerancia es siempre difícil, requiere de mucha apertura de mente.
Si se aplica esto al espacio sentimental, uno puede advertir algunas cuestiones importantes que se deberían tomar en cuenta a la hora de escoger una pareja. Allí se explica la necesidad de conocerse mejor antes de formalizar una relación estable. La gente difícilmente cambia los hábitos de entorno: los gustos adquiridos en la niñez y temprana adolescencia. Es una tarea completamente inútil tratar de cambiar a la pareja en esos aspectos. Una pareja que no comparte gustos no es una pareja conformada por malas personas, es una pareja conformada por personas que son diferentes.
A quien le guste leer tendría que buscar a alguien que tenga el mismo gusto o hábito. A quien le guste bailar y beber, deberá buscar a quien le guste lo mismo. El uno y el otro no son malos ni buenos, son solo gustos, costumbres y hábitos, pero con una raíz tal que forman parte de nuestra estructura mental y emocional que nos marcan de por vida.
Alguna vez alguien me preguntó "¿Qué haces para divertirte?" y yo le contesté que escribía, "ya pues, en serio" me contestó. Claro, es que desde sus hábitos y gustos, divertirse era bailar o beber en un bar. No era mala persona, solo éramos distintos y de hecho incompatibles.
La experiencia personal me dice que no existe en estos casos la complementariedad. Nadie se complementa con gustos inversos. Es una ruptura anunciada, tarde o temprano esas diferencias van a pesar como plomo en la relación. Las parejas deben disfrutar los mismos pasatiempos, tener gustos similares, hábitos similares. Solo así se compenetran y entienden. ¿Cómo podría entender una persona a la que no le gusta la ópera a otra que se sienta a escuchar música por más de tres horas? ¿Como podría entender una persona que ama los museos a otra que no los entiende y por el contrario adora la vida nocturna? Tarde o temprano llegarán los reclamos: Te duermes cuando te llevo a la ópera, te aburres cuando vamos al museo o siempre que vamos a bailar quieres volver temprano.
Al escoger a la pareja las preguntas de "qué te gusta" no tienen una finalidad frívola y deberían contestarse con sinceridad. De eso dependerá la relación. Habrá tiempo también para poner a prueba las respuestas. Deberíamos buscar a quien nos acepte como somos y nos comprenda; pero no por sacrificio, si no por que nos entiende desde la compatibilidad, disfruta y se solaza con los mismos pasatiempos y actividades. Deberíamos buscar a quien le guste lo mismo y lo disfrute con la misma o cuando menos similar intensidad, de tal manera que cuando estemos junto a nuestra pareja y nos pregunten por nuestras aficiones podamos contestar al unísono: "NOS gusta..."
Son malas las conductas prohibidas: matar, falsificar, ofender el honor, etc. son cuestiones del derecho y sobre ello no hay mayor duda. Por el solo hecho de ser ciudadanos aceptamos esta convención social y nos sometemos a ella.
Está también lo moralmente reprochable y he aquí un amplio margen. Lo que es moral para algunos puede no serlo para otros. Dependerá del país, de la ciudad, incluso del grupo social.
Desde la perspectiva moral, es difícil establecer una regla de qué cosa es buena o que cosa es mala. De hecho hay cosas malas para la salud que están social y moralmente aceptadas, como por ejemplo fumar. Es innegable que fumar daña la salud, pero en un lugar de esparcimiento nocturno difícilmente se mira con mala cara a quien lo hace. Hace pocos años se podía fumar en los cines y en los restaurantes. La moral es cambiante, e incluso a veces responde a valores no vinculados directamente, como los valores estéticos; al respecto leía hace poco que eso se revela nítidamente cuando se mata una mariposa y una cucaracha. El primer hecho revela un espíritu ruin, el segundo no.
Lo bueno y lo malo termina siendo una elección a partir del análisis conjunto y completo de los propios valores, más allá de los valores morales sociales.
Así, en las relaciones sentimentales, a la hora de escoger la pareja, tiene que ver mucho el asunto de los gustos pues a partir de ello se revelan valores personales, si ellos no son compatibles, la relación está condenada al fracaso.
Los gustos se contraen de dos maneras: Por entorno y por elección. En el caso del entorno, no sabemos con precisión de dónde vienen. Son costumbres de nuestra familia cercana, de nuestros padres, abuelos, tíos y hermanos mayores. Quien tiene un gusto por el fútbol desde pequeño probablemente sea porque todos en casa juegan pelota, o quien desde pequeño tiene gusto por la música, puede ser porque todo el entorno se inclina a ello. En lo culinario yo siento gusto por los ojos de res hervidos, el guiso de sesos, la ubre arrebosada, la sarza de criadillas, el hígado frito y las caparinas. Todos esos gustos los adquirí en la niñez y no veo ningún problema en comer esos platos. He conocido gente que se descompone solo con escuchar la receta.
Los gustos por elección se adquieren luego y pueden tener dos forma, el primero por elección a partir de una cuestión incidental emotiva y la segunda por elección razonada. La primera de ellas ocurre cuando uno se encuentra con un evento nuevo y surge empatía inmediata, aunque uno no es consciente de ello, decide que eso le agrada y sin mayor esfuerzo adquiere el gusto, así, uno llega sin querer a un concierto de blues, sin haberlos escuchado nunca antes y siente una especie de conexión, decide seguir escuchando la música y adquiere el hábito. En el segundo caso se escoge el objeto del futuro gusto y se cultiva pacientemente . El ejemplo más representativo de ello es llegada tardía del teatro, la ópera o la pintura abstracta. Se requiere un ejercicio racional, estudiar el objeto, comprenderlo y mantenerlo en el tiempo hasta que se haga hábito.
El beber alcohol es un hábito socialmente aceptado. Bastante aceptado, al extremo que casi nadie lo considere malo. Se suele escuchar que en exceso es malo, pero nadie ha establecido dónde empieza el exceso.
Cuando estaba en la universidad bebía y no poco con los compañeros de estudios. Amanecía con fuertes resacas muchos sábados y domingos. Sin embargo notaba que si bien lo pasaba bastante entretenido cuando estaba con los amigos, al día siguiente sentía un extraño vacío, que con el tiempo empecé a identificar como sentimiento de culpa: El tiempo perdido, la imposibilidad de hacer cosas productivas durante el periodo que dura la resaca y el cálculo de los libros que podría haber comprado con lo gastado en la noche anterior, me llevaron a la conclusión de que no bebía por genuino gusto, si no por presión social. Lo dejé y hoy en día bebo muy poco y ocasionalmente solo para no quedar mal socialmente.
A lo que íbamos: Los gustos. No todo lo que me guste a mi es bueno y no todo lo que le gusta al prójimo, y no me gusta, es malo. Cada uno es dueño de su propia escala de valores y desde ella es materialmente imposible juzgar al otro, aunque no nos gusten sus hábitos. Desde luego el ejercicio de tolerancia es siempre difícil, requiere de mucha apertura de mente.
Si se aplica esto al espacio sentimental, uno puede advertir algunas cuestiones importantes que se deberían tomar en cuenta a la hora de escoger una pareja. Allí se explica la necesidad de conocerse mejor antes de formalizar una relación estable. La gente difícilmente cambia los hábitos de entorno: los gustos adquiridos en la niñez y temprana adolescencia. Es una tarea completamente inútil tratar de cambiar a la pareja en esos aspectos. Una pareja que no comparte gustos no es una pareja conformada por malas personas, es una pareja conformada por personas que son diferentes.
A quien le guste leer tendría que buscar a alguien que tenga el mismo gusto o hábito. A quien le guste bailar y beber, deberá buscar a quien le guste lo mismo. El uno y el otro no son malos ni buenos, son solo gustos, costumbres y hábitos, pero con una raíz tal que forman parte de nuestra estructura mental y emocional que nos marcan de por vida.
Alguna vez alguien me preguntó "¿Qué haces para divertirte?" y yo le contesté que escribía, "ya pues, en serio" me contestó. Claro, es que desde sus hábitos y gustos, divertirse era bailar o beber en un bar. No era mala persona, solo éramos distintos y de hecho incompatibles.
La experiencia personal me dice que no existe en estos casos la complementariedad. Nadie se complementa con gustos inversos. Es una ruptura anunciada, tarde o temprano esas diferencias van a pesar como plomo en la relación. Las parejas deben disfrutar los mismos pasatiempos, tener gustos similares, hábitos similares. Solo así se compenetran y entienden. ¿Cómo podría entender una persona a la que no le gusta la ópera a otra que se sienta a escuchar música por más de tres horas? ¿Como podría entender una persona que ama los museos a otra que no los entiende y por el contrario adora la vida nocturna? Tarde o temprano llegarán los reclamos: Te duermes cuando te llevo a la ópera, te aburres cuando vamos al museo o siempre que vamos a bailar quieres volver temprano.
Al escoger a la pareja las preguntas de "qué te gusta" no tienen una finalidad frívola y deberían contestarse con sinceridad. De eso dependerá la relación. Habrá tiempo también para poner a prueba las respuestas. Deberíamos buscar a quien nos acepte como somos y nos comprenda; pero no por sacrificio, si no por que nos entiende desde la compatibilidad, disfruta y se solaza con los mismos pasatiempos y actividades. Deberíamos buscar a quien le guste lo mismo y lo disfrute con la misma o cuando menos similar intensidad, de tal manera que cuando estemos junto a nuestra pareja y nos pregunten por nuestras aficiones podamos contestar al unísono: "NOS gusta..."
martes, 2 de enero de 2018
LA ESPERANZA EN UNA BOTELLA
Hace un tiempo, sin querer, fue apareciendo una pequeña colección de botellas de vidrio sobre los reposteros de la cocina. El único requisito es sencillamente que me gusten, que llamen mi atención y de ser posible que sean raras. Hace un par de días agregué una mas, que no es ni rara ni nada parecido. Es una simple botella de ketchup, la de la tapa blanca en la foto.
Aunque es una botella sencilla y de la que hay montones, me transporta a un espacio donde fui feliz. Infinitamente feliz y de donde, probablemente, surge todo mi imaginario y gran parte de mi personalidad.
Cuando era niño, en casa de mi madre pasaba las horas leyendo en la pequeña sala de su casa. Por razones de espacio, en la sala también estaba el refrigerador. El refrigerador de mi madre rara vez tenía manjares, normalmente tenía verduras, algunas frutas. No consumíamos gaseosas y las pocas veces que lo hacíamos era tan raro que la agotábamos en el acto. En resumen, lo que se podía encontrar en la refrigeradora normalmente para hincar el diente, entre lectura y lectura, eran tomates y zanahorias. De allí proviene ese viejo hábito que aún tengo de ir a la refrigeradora en las noches y sacar una zanahoria cruda y comerla mientras veo la televisión.
Otra cosa que siempre había en la refrigeradora era una botella dorada de licor en forma de huaco Mochica, que en su interior llevaba restos del espumante de la última navidad o del más reciente año nuevo. En casa nadie bebía así que esos restos se mantenían casi todo el año sin que nadie los toque. Al lado del huaco Mochica había un perro. Era un perro hecho con crochet. Era maravilloso, lo había tejido finamente mi madre con sus hábiles manos, el cuerpo, sus patas y cola y formaban una pieza que cubría como un guante la mayor parte de una botella de ketchup y la otra pieza era la cabeza, con su nariz y largas orejas tan bien hechas que parecían reales. Esta parte cubría desde arriba la tapa de la botella y se juntaba con el cuerpo sutilmente.
Yo siempre abría la botella, primero sacaba la pieza de la cabeza, destapaba con cuidado y como casi siempre estaba vacía. Alguna vez tenía vinagre o algún otro liquido propio de la labor de cocina. Pero no importaba, esa botella vestida de perro mantenía viva la ilusión, la esperanza. Siempre me provocaba abrirla con cuidado, como un ritual, con delicadeza, para que no se resbale, admirando la riqueza del tejido, de las formas, acariciando la textura cual pelaje y como si el perro estuviese vivo.
Con los años me fui de la casa, hice mi vida y no sé si ese perro aun existe. El huaco recuerdo haberlo visto, casi medio siglo después, pero el perro no sé. Sin embargo cada vez que veo una botella de ketchup lo recuerdo. Mientras lavaba ésta en particular para agregarla a la colección pensaba en el valor y significado de ese perro tejido a crochet y de la botella que le servía de cuerpo y tal vez de alma. ¿Qué tanto de mí está en deuda con ese perro? La ilusión de hacer pausas entre lectura y lectura solo para comprobar que aún seguía en la refrigeradora. Buscar si había algo nuevo y terminar mordiendo una zanahoria. Mantener la esperanza. Haber mi madre, sin querer, mantenido la ilusión en mi y haber vivido mi niñez y parte de mi adolescencia con todas mis esperanzas metidas en esa botella disfrazada de perro. Haber sobrevivido la adolescencia. Haber llegado hasta aquí. Tener en mi cocina una botella común que me recuerda de donde vengo y todo lo que tengo que entregar a mi hija: La esperanza de querer ser. La fuerza para luchar por ello.
Aunque es una botella sencilla y de la que hay montones, me transporta a un espacio donde fui feliz. Infinitamente feliz y de donde, probablemente, surge todo mi imaginario y gran parte de mi personalidad.
Cuando era niño, en casa de mi madre pasaba las horas leyendo en la pequeña sala de su casa. Por razones de espacio, en la sala también estaba el refrigerador. El refrigerador de mi madre rara vez tenía manjares, normalmente tenía verduras, algunas frutas. No consumíamos gaseosas y las pocas veces que lo hacíamos era tan raro que la agotábamos en el acto. En resumen, lo que se podía encontrar en la refrigeradora normalmente para hincar el diente, entre lectura y lectura, eran tomates y zanahorias. De allí proviene ese viejo hábito que aún tengo de ir a la refrigeradora en las noches y sacar una zanahoria cruda y comerla mientras veo la televisión.
Otra cosa que siempre había en la refrigeradora era una botella dorada de licor en forma de huaco Mochica, que en su interior llevaba restos del espumante de la última navidad o del más reciente año nuevo. En casa nadie bebía así que esos restos se mantenían casi todo el año sin que nadie los toque. Al lado del huaco Mochica había un perro. Era un perro hecho con crochet. Era maravilloso, lo había tejido finamente mi madre con sus hábiles manos, el cuerpo, sus patas y cola y formaban una pieza que cubría como un guante la mayor parte de una botella de ketchup y la otra pieza era la cabeza, con su nariz y largas orejas tan bien hechas que parecían reales. Esta parte cubría desde arriba la tapa de la botella y se juntaba con el cuerpo sutilmente.
Yo siempre abría la botella, primero sacaba la pieza de la cabeza, destapaba con cuidado y como casi siempre estaba vacía. Alguna vez tenía vinagre o algún otro liquido propio de la labor de cocina. Pero no importaba, esa botella vestida de perro mantenía viva la ilusión, la esperanza. Siempre me provocaba abrirla con cuidado, como un ritual, con delicadeza, para que no se resbale, admirando la riqueza del tejido, de las formas, acariciando la textura cual pelaje y como si el perro estuviese vivo.
Con los años me fui de la casa, hice mi vida y no sé si ese perro aun existe. El huaco recuerdo haberlo visto, casi medio siglo después, pero el perro no sé. Sin embargo cada vez que veo una botella de ketchup lo recuerdo. Mientras lavaba ésta en particular para agregarla a la colección pensaba en el valor y significado de ese perro tejido a crochet y de la botella que le servía de cuerpo y tal vez de alma. ¿Qué tanto de mí está en deuda con ese perro? La ilusión de hacer pausas entre lectura y lectura solo para comprobar que aún seguía en la refrigeradora. Buscar si había algo nuevo y terminar mordiendo una zanahoria. Mantener la esperanza. Haber mi madre, sin querer, mantenido la ilusión en mi y haber vivido mi niñez y parte de mi adolescencia con todas mis esperanzas metidas en esa botella disfrazada de perro. Haber sobrevivido la adolescencia. Haber llegado hasta aquí. Tener en mi cocina una botella común que me recuerda de donde vengo y todo lo que tengo que entregar a mi hija: La esperanza de querer ser. La fuerza para luchar por ello.
domingo, 25 de junio de 2017
LA FRAGILIDAD DEL AMOR
En dos entrevistas distintas, oí a Miguel Bosé hablar del amor, con una visión y sabiduría que me dejó pasmado en ambas ocasiones y, siempre que pienso en el amor, inevitablemente recuerdo sus palabras.
En una de ellas decía Bosé (no lo recuerdo literalmente), mas o menos lo siguiente: El amor es dolor, cuando él aparece se extraña, se siente la ausencia, se cela, se teme a la pérdida. La felicidad del amor aparece en momentos fugaces. Años después descubrí con poca sorpresa que Borges, en su momento, opinaba lo mismo.
En la otra, el cantante decia que es falso que el amor sea fuerte. Por el contrario el amor es frágil, hay que cuidarlo, protegerlo, cubrirlo. La gente al creer que es fuerte lo deja expuesto y termina rompiéndose.
El amor es frágil y es doloroso. ¿Por qué alguien quisiera sentir amor? Al parecer sucede por dos cuestiones: Por que está sobrevalorado y porque los instantes de felicidad son lo más parecido a la iluminación.
En cuanto a la sobrevaloración, lo que sucede es que hay presiones sociales. La sociedad y los medios contribuyen nocivamente. El círculo social nos desea encontrar el amor o incluso nos exige encontrar el amor. Cuando la sociedad cree que hemos encontrado el amor nos exige conservarlo y nos cuestiona duramente si lo perdemos. Pero eso no es lo peor. Lo más dramático es la percepción del amor que se nos ha venido vendiendo: Princesas y príncipes azules; hermosos y millonarios maltratadores y bellas e inocentes sumisas; finales felices, amores tórridos, imperfectos, amantes pusilánimes, parejas perfectas; bellas y bestias, hombres ricos que se enamoran de prostitutas pobres; romeos y julietas; desdémonas y otelos. Todos ellos irreales, existentes solo en los libros y el cine, creados para informar, para ejemplificar, para entretener, para distraer. Son resúmenes ideales, estampas de un momento. No son la vida real.
Cuando las personas crecen y viven con estas expectativas, se dan de narices contra el muro de la realidad. La vida real no es así, pero incluso si lo fuera, para aspirar a un príncipe azul, habría que ser una princesa. Todos quieren recibir lo mejor, nadie está dispuesto a pagar el precio: Olvidan que el otro probablemente quiera algo a esa misma altura.
Lo único que justifica el amor, son los momentos de felicidad, y no me refiero a la felicidad orgásmica; ello pertenece al mundo del erotismo, no al del amor. Pueden estar ligados pero no son la misma cosa. La felicidad del amor romántico, si es que existe, debería hacernos trascender: La renuncia total, la felicidad propia es la felicidad del otro. Se aman las virtudes y se asimilan con dulzura los defectos. Esta felicidad es fugaz, son instantes, momentos. Alrededor de esos momentos está el trabajo, la escuela, el estrés del día a día, el calor, el frío, el tráfico, las cuentas, las deudas y la crisis económica. Del otro lado de los momentos fugaces de felicidad está la inevitable inseguridad, pues es lógico que si uno está convencido de amar a la persona perfecta, tendría que pensar inevitablemente que otros tal vez pretendan acceder a esa misma felicidad. Un mal equilibrio entre el amor y la inseguridad desata los celos patológicos, y allí la explicación de la fragilidad del amor: Requiere un equilibrio tan complejo que cualquier desbalance hace que el amor muera. Muere desde adentro y por sí mismo.
"¿Por que lo amas (o la amas)?", suele ser una pregunta de rigor, sobre todo en los más jóvenes: Las respuestas son variadas: Porque me trata bien; porque se desvive por mí; me tiene en un altar, porque me entiende; porque es lindo o linda; porque quiere a mis hijos; porque es un excelente padre o madre de familia; por que lo o la admiro; porque es un o una excelente profesional; o las respuestas más oscuras y que normalmente nunca se dicen: Porque me mantiene; porque me da estabilidad; porque prefiero estar con él o ella que estar solo o sola...
Todas las respuestas equivocadas. El amor de verdad no tendría que tener explicación, el amor verdadero por definición debe ser irracional, visceral, inefable.
En esta falta de explicación radica su fuerza. Explíquese de cualquier manera, ley de atracción, metafísica, reencarnación, hilo rojo, etc. Tenemos gustos y disgustos, tal vez nuestros gustos más intensos sean precisamente lo que no tienen explicación. Alguien que prueba chocolate y a partir de allí siempre lo comerá, solo siente que le gusta, tal vez porque desata feniletilamina, dopamina o norepinefrina, pero no es consciente del proceso químico. Lo cierto es que conscientemente uno no sabe por qué le gusta tanto el chocolate, le gusta, no puede vivir sin él, eso es todo.
Ello nos lleva a otro punto. Por esas mismas razones el amor es atemporal, no conoce de años de vida, de diferencia de edades, o de pausas. Se le puede encontrar luego de largos meses de búsqueda, o inmediatamente después de terminar una relación. Tristemente, también puede aparecer en medio de una relación, en cuyo caso revela que el amor que se creía tener, en realidad no era tal.
¿Se puede renunciar al amor con el argumento de "no es el momento"? Pareciera ser que no. Si creemos que al amor es tan arrebatador como siempre hemos pensado, no debería existir razón para decirle que no. Usualmente se cree que si se espera prudencialmente, se le da su tiempo, el amor resistirá; si es que se trata del amor verdadero, claro. Nada más falso. El amor que se ve como un enorme árbol, en su momento fue un semilla o una pequeña ramita. Si dejamos a la ramita expuesta al sol, en soledad y sin agua durante unos pocos días, nunca llegará a ser árbol. El amor no tiene por qué sobrevivir solo por que es amor. El amor es frágil, hay que alimentarlo cada día, cuidarlo, protegerlo, amamantarlo. Solo así tal vez algún día llegue a ser un árbol bajo cuya sombra nos podamos cobijar.
En una de ellas decía Bosé (no lo recuerdo literalmente), mas o menos lo siguiente: El amor es dolor, cuando él aparece se extraña, se siente la ausencia, se cela, se teme a la pérdida. La felicidad del amor aparece en momentos fugaces. Años después descubrí con poca sorpresa que Borges, en su momento, opinaba lo mismo.
En la otra, el cantante decia que es falso que el amor sea fuerte. Por el contrario el amor es frágil, hay que cuidarlo, protegerlo, cubrirlo. La gente al creer que es fuerte lo deja expuesto y termina rompiéndose.
El amor es frágil y es doloroso. ¿Por qué alguien quisiera sentir amor? Al parecer sucede por dos cuestiones: Por que está sobrevalorado y porque los instantes de felicidad son lo más parecido a la iluminación.
En cuanto a la sobrevaloración, lo que sucede es que hay presiones sociales. La sociedad y los medios contribuyen nocivamente. El círculo social nos desea encontrar el amor o incluso nos exige encontrar el amor. Cuando la sociedad cree que hemos encontrado el amor nos exige conservarlo y nos cuestiona duramente si lo perdemos. Pero eso no es lo peor. Lo más dramático es la percepción del amor que se nos ha venido vendiendo: Princesas y príncipes azules; hermosos y millonarios maltratadores y bellas e inocentes sumisas; finales felices, amores tórridos, imperfectos, amantes pusilánimes, parejas perfectas; bellas y bestias, hombres ricos que se enamoran de prostitutas pobres; romeos y julietas; desdémonas y otelos. Todos ellos irreales, existentes solo en los libros y el cine, creados para informar, para ejemplificar, para entretener, para distraer. Son resúmenes ideales, estampas de un momento. No son la vida real.
Cuando las personas crecen y viven con estas expectativas, se dan de narices contra el muro de la realidad. La vida real no es así, pero incluso si lo fuera, para aspirar a un príncipe azul, habría que ser una princesa. Todos quieren recibir lo mejor, nadie está dispuesto a pagar el precio: Olvidan que el otro probablemente quiera algo a esa misma altura.
Lo único que justifica el amor, son los momentos de felicidad, y no me refiero a la felicidad orgásmica; ello pertenece al mundo del erotismo, no al del amor. Pueden estar ligados pero no son la misma cosa. La felicidad del amor romántico, si es que existe, debería hacernos trascender: La renuncia total, la felicidad propia es la felicidad del otro. Se aman las virtudes y se asimilan con dulzura los defectos. Esta felicidad es fugaz, son instantes, momentos. Alrededor de esos momentos está el trabajo, la escuela, el estrés del día a día, el calor, el frío, el tráfico, las cuentas, las deudas y la crisis económica. Del otro lado de los momentos fugaces de felicidad está la inevitable inseguridad, pues es lógico que si uno está convencido de amar a la persona perfecta, tendría que pensar inevitablemente que otros tal vez pretendan acceder a esa misma felicidad. Un mal equilibrio entre el amor y la inseguridad desata los celos patológicos, y allí la explicación de la fragilidad del amor: Requiere un equilibrio tan complejo que cualquier desbalance hace que el amor muera. Muere desde adentro y por sí mismo.
"¿Por que lo amas (o la amas)?", suele ser una pregunta de rigor, sobre todo en los más jóvenes: Las respuestas son variadas: Porque me trata bien; porque se desvive por mí; me tiene en un altar, porque me entiende; porque es lindo o linda; porque quiere a mis hijos; porque es un excelente padre o madre de familia; por que lo o la admiro; porque es un o una excelente profesional; o las respuestas más oscuras y que normalmente nunca se dicen: Porque me mantiene; porque me da estabilidad; porque prefiero estar con él o ella que estar solo o sola...
Todas las respuestas equivocadas. El amor de verdad no tendría que tener explicación, el amor verdadero por definición debe ser irracional, visceral, inefable.
En esta falta de explicación radica su fuerza. Explíquese de cualquier manera, ley de atracción, metafísica, reencarnación, hilo rojo, etc. Tenemos gustos y disgustos, tal vez nuestros gustos más intensos sean precisamente lo que no tienen explicación. Alguien que prueba chocolate y a partir de allí siempre lo comerá, solo siente que le gusta, tal vez porque desata feniletilamina, dopamina o norepinefrina, pero no es consciente del proceso químico. Lo cierto es que conscientemente uno no sabe por qué le gusta tanto el chocolate, le gusta, no puede vivir sin él, eso es todo.
Ello nos lleva a otro punto. Por esas mismas razones el amor es atemporal, no conoce de años de vida, de diferencia de edades, o de pausas. Se le puede encontrar luego de largos meses de búsqueda, o inmediatamente después de terminar una relación. Tristemente, también puede aparecer en medio de una relación, en cuyo caso revela que el amor que se creía tener, en realidad no era tal.
¿Se puede renunciar al amor con el argumento de "no es el momento"? Pareciera ser que no. Si creemos que al amor es tan arrebatador como siempre hemos pensado, no debería existir razón para decirle que no. Usualmente se cree que si se espera prudencialmente, se le da su tiempo, el amor resistirá; si es que se trata del amor verdadero, claro. Nada más falso. El amor que se ve como un enorme árbol, en su momento fue un semilla o una pequeña ramita. Si dejamos a la ramita expuesta al sol, en soledad y sin agua durante unos pocos días, nunca llegará a ser árbol. El amor no tiene por qué sobrevivir solo por que es amor. El amor es frágil, hay que alimentarlo cada día, cuidarlo, protegerlo, amamantarlo. Solo así tal vez algún día llegue a ser un árbol bajo cuya sombra nos podamos cobijar.
sábado, 14 de diciembre de 2013
UNA LUZ EN LA OSCURIDAD: XIOMARA ALEXANDRA VILLALAZ CARPIO Y LA CIUDAD Y LOS PERROS
Me he tomado la libertad de subir a mi blog el ensayo de Xiomara Alexandra Villaláz Carpio, por las siguientes razones:
Hace un par de días mi sobrino Raúl Monrroy Vásquez se dio el trabajo de escanear las páginas que aparecen más abajo. Me contó de una compañera suya del colegio que había escrito un ensayo y que ese ensayo había ganado el premio Concurso Regional Escolar de Ensayos "Mario Vargas Llosa" auspiciado por el Gobierno Regional de Arequipa y la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa.
Apenas empecé a leer el texto noté varias cosas. Primero que el texto de Xiomara es libre, ciertamente libre y fresco, si bien tiene modismos propios de la edad (está en quinto de secundaria, supongo que debe tener dieciséis años), su franqueza releva de cualquier defecto menor en la redacción. Pero lo más importante es el razonamiento de la autora, su auspiciosa capacidad para descubrir el argumento de la obra materia del ensayo y entregarlo de un solo golpe al lector.
Pero las razones de fondo son mayores: Xiomara estudia ahora el quinto de secundaria en mi Alma Mater, el Colegio del Ejército "Arequipa" (hoy "Institución Educativa del Ejército "Arequipa") donde también estudia mi sobrino Raúl, su hermana Guadalupe, donde estudiaron también su hermano mayor Angel y casi todos mis hermanos, lo que es un motivo de mayúsculo orgullo para mi. La otra razón es que me sorprende leer a alguien de la edad del Jaguar, del Esclavo, del Cholo Cava y del Poeta con un vocabulario importante (pese a los modismos ya señalados) que me alienta y da nuevas esperanzas, muchas veces ya casi perdidas por el inmisericorde destrozo que hacen los escolares y universitarios de hoy en día del idioma castellano. Xiomara lee, eso se percibe en cada párrafo, lee y piensa, piensa sabia y coherentemente, esto último solo es posible para quien lee mucho. Xiomara es una luz en medio de tanta oscuridad, una luz que es necesario compartir para que no deje de brillar y es por ello que me he tomado la libertad de publicar su trabajo. Espero que todos lo puedan disfrutar como lo hice yo.
Hace un par de días mi sobrino Raúl Monrroy Vásquez se dio el trabajo de escanear las páginas que aparecen más abajo. Me contó de una compañera suya del colegio que había escrito un ensayo y que ese ensayo había ganado el premio Concurso Regional Escolar de Ensayos "Mario Vargas Llosa" auspiciado por el Gobierno Regional de Arequipa y la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa.
Apenas empecé a leer el texto noté varias cosas. Primero que el texto de Xiomara es libre, ciertamente libre y fresco, si bien tiene modismos propios de la edad (está en quinto de secundaria, supongo que debe tener dieciséis años), su franqueza releva de cualquier defecto menor en la redacción. Pero lo más importante es el razonamiento de la autora, su auspiciosa capacidad para descubrir el argumento de la obra materia del ensayo y entregarlo de un solo golpe al lector.
Pero las razones de fondo son mayores: Xiomara estudia ahora el quinto de secundaria en mi Alma Mater, el Colegio del Ejército "Arequipa" (hoy "Institución Educativa del Ejército "Arequipa") donde también estudia mi sobrino Raúl, su hermana Guadalupe, donde estudiaron también su hermano mayor Angel y casi todos mis hermanos, lo que es un motivo de mayúsculo orgullo para mi. La otra razón es que me sorprende leer a alguien de la edad del Jaguar, del Esclavo, del Cholo Cava y del Poeta con un vocabulario importante (pese a los modismos ya señalados) que me alienta y da nuevas esperanzas, muchas veces ya casi perdidas por el inmisericorde destrozo que hacen los escolares y universitarios de hoy en día del idioma castellano. Xiomara lee, eso se percibe en cada párrafo, lee y piensa, piensa sabia y coherentemente, esto último solo es posible para quien lee mucho. Xiomara es una luz en medio de tanta oscuridad, una luz que es necesario compartir para que no deje de brillar y es por ello que me he tomado la libertad de publicar su trabajo. Espero que todos lo puedan disfrutar como lo hice yo.
domingo, 17 de marzo de 2013
VIDA SALUDABLE: EL GIMNASIO ¿ENTRENAR O NO ENTRENAR?
Sin embargo, ya después de tantos años de ir al gimnasio y
ejercitarme, (ya son más veinte ¡Cómo
pasa el tiempo!) creo que he aprendido algunas cosas que quiero compartir con
quienes recién empiezan y con quienes retoman. Trataré de ponerlas en términos
sencillos para que todos podamos sacar algo en beneficio:
Un error habitual sobre todo para principiantes es llegar a diciembre
y tomar la decisión de ir al gimnasio esperando tener resultados visibles en un
mes, para verse regio o regia en febrero. ¡No! Está usted rotundamente
equivocado, tal vez se vea bien para febrero del año siguiente, pero no para
este febrero. El cuerpo reacciona por etapas, durante unas tres o cuatro
semanas recién se habrá acondicionado, el crecimiento o formación muscular solo
vendrá después de tres o cuatro meses de trabajo intenso.
Resulta divertido ver gente que recién empieza llegar con el
ipod, los audífonos, sentarse, preparar la banda sonora de Rocky I, II, III, IV
y V y entrenar. Eso es pésimo. Primero aprenda los ejercicios, incorpórelos,
entiéndalos y luego agregue lo demás.
Otra cosa curiosa es ver a las personas pendientes de sus
aparatos electrónicos. Es un mal vicio. Apague el equipo por un rato, si recibe una llamada
pare, conteste y luego continúe. Si
usted está en la bicicleta y habla por teléfono, o escribe mensajes entre serie
y serie, se desenfoca. Está perdiendo miserablemente su tiempo y su dinero. Le
puedo asegurar con certeza que no tendrá resultados. No se trata solo de hacer
ejercicio o sudar, tiene que concentrarse y enfocarse en lo que está haciendo.
No hay que ser un genio para darse cuenta, observe a su alrededor. Los que
muestran resultados visibles, son personas enfocadas en su entrenamiento.
Otro asunto es el mito de la quema de grasa. No se puede quemar
grasa visiblemente y lograr crecimiento de músculo al mismo tiempo. Es un
axioma absoluto. Es materialmente imposible que en el mismo periodo se queme
grasa y crezca la masa muscular. O es lo uno o es lo otro. Normalmente en los
primeros meses parece que hay crecimiento muscular, pero en realidad es quema
de grasa. Es como tallar madera. Imagínese un cilindro de madera y usted lo
talla dándole formas curvas al medio y disminuyendo el grosor en los extremos.
A simple vista parece más voluminoso pero en realidad lo único que usted hizo
fue sacar madera, y si no me cree mire las virutas en el piso. En el gimnasio
usted se ve mejor porque fue sacando la grasa que sobraba y el musculo ganó
tonicidad, que le da más dureza, ganó curvas pero no ganó volumen.
Una vez que se acondiciona el músculo y gana tonicidad
recién puede trabajar volumen, eso se hace con una buena dieta llena de
proteínas y carbohidratos. El músculo crece y usted sigue trabajando. También
gana algo de grasa, por eso es mejor trabajar crecimiento en mayo, junio,
julio, agosto y setiembre; tiene de octubre a diciembre para volver a perder
grasa, si tiene un buen entrenamiento y dieta perderá la grasa perdiendo muy poco
del volumen muscular ganado.
No deje de comer. Si usted deja de comer, el cuerpo
reaccionará generando más depósitos de grasa como reserva y consumirá músculo
para asegurar energía. Coma normal, sano y trabaje duro. Su metabolismo hará el
resto.
Para poder comprender este asunto se debe leer mucho para
entender cómo funciona el cuerpo; pero un ejemplo sencillo que sirve para
explicar es este: Piense que el cuerpo tiene su propia capacidad de pensamiento
y voluntad. Luego cuando usted deja de comer, el cuerpo
piensa que se acerca un periodo de escasez, en consecuencia lo poco que usted
coma lo convertirá en depósitos de grasa
y hará que su metabolismo sea más lento. Si usted toma poca agua, con la
misma lógica retendrá agua. Lo mismo pasa cuando usted come mucho o toma mucha
agua, el cuerpo interpreta que se acerca un periodo de escasez, si no, usted no
comería tanto. Cuando usted toma
cantidades razonables de agua, come varias veces al día (en sus horas) y de
manera sana (o limpia) el cuerpo sencillamente excreta los excesos, toma lo
necesario y no genera depósitos de grasa o de agua.
Una vez que usted se haya acondicionado, piense en
objetivos. Si quiere estar saludable y no ganar masa muscular, trabaje
ejercicios cardiovasculares, haga los ejercicios que su instructor le indique
con la fórmula regular peso, muchas series, muchas repeticiones. Si lo que
quiere es ganar volumen, la fórmula es peso máximo, pocas repeticiones, máximo
cuatro series.
Tenga claras sus metas, defina claramente que resultados
quiere. Piense en un modelo a seguir, es distinto ser un fisicoculturista
profesional que ser un sujeto “fitness”. Plantee bien sus retos.
El músculo crece por ruptura de fibra muscular, al trabajar
usted rompe la fibra muscular, al curarse la fibra forma una especie de cicatriz
que es lo que en el fondo le da volumen al músculo. Si lo que desea es ganar
musculo, rompa esas fibras con trabajo intenso, luego vaya a descansar, duerma bien
y dele tiempo para que se recuperen. Luego vuelva al mismo procedimiento.
Si desea masa muscular, coma porciones pequeñas cada dos
horas durante todo el día. Eso ayuda al metabolismo. Si está quemando grasa o
desea bajar de peso, solamente coma a sus horas. Tres comidas al día. Un buen
desayuno, un almuerzo mediano y una cena pequeña. No coma nada más y ¡no se
mate de hambre! Eso nunca funciona a largo plazo.
Mentalice, en la noche antes de dormir, vea su cuerpo como
lo desea, véase haciendo los ejercicios. Al día siguiente solo materialice lo
mentalizado.
Si usted es una dama y dice: “Yo no quiero hacer máquinas
porque no quiero ser como las físico culturistas de los posters de los
gimnasios, llenas de fibra y espaldonas” está equivocada de nuevo. Le pongo un
par de ejemplos muy claros, al principio de esta nota puede ver las fotos de
Jen Jewell, ella es una atleta fitness, la primera es de Jen en la escuela, la segunda es poco después en
bikini, recién empezando a entrenar, la tercera foto es del dos mil diez,
observe que su cuerpo en esa foto está en reposo, la cuarta foto es de junio del
dos mil once, en competencia y la última por las mismas fechas en reposo. Lo
que quiero que tome en cuenta es que las fotos de competencia implican que la
persona se ha sometido a una dieta estricta por lo menos dos o tres semanas
antes, se llega a un porcentaje de grasa corporal cercana al 7%, es evidente
que ese porcentaje no se puede mantener todo el año, y sobre eso se debe
aclarar que en el backstage las competidoras y competidores están bombeando
sangre a los músculos con pesas a fin de mostrar lo mejor en el escenario. No olvide además que las damas de los posters de físico culturismo entrenan mínimo cuatro horas al día y usan la fórmula peso máximo, pocas repeticiones
máximo cuatro series. Las de fitness con poco peso, muchas repiticiones y cardio también por la misma cantidad de horas. Observe la foto de la derecha, es la atleta fitness rusa Areha Opan, la primera toma es de competencia la segunda es modelando con el
cuerpo en reposo. ¿Nota la diferencia? El cuerpo que usted ve en la foto cuatro
de Jen Jewell y la primera de Areha Opan son producto de años de entrenamiento.
Usted no lo va a conseguir en unos meses por más que quisiera. Sea realista. Lo
que usted está haciendo es inventarse una excusa. Haga ejercicio en máquinas,
poco o regular peso, muchas repeticiones, muchas series. Entrene cuarenta
minutos diarios y le garantizo que mantendrá sus mismas medidas o si no
menores. No busque excusas o justificaciones, eso no sirve en los gimnasios.
Para terminar la idea observe la foto abajo, es Jennifer Andrews, la primera
foto es de competencia, debidamente musculada y la segunda modelando con los
músculos en reposo.
En el caso de los varones pasa lo mismo. Escucho esta frase
casi siempre en los principiantes: “Quiero entrenar pero no quiero estar lleno
de musculos, eso ya es feo.” O las chicas que alientan esa justificación
diciendo: “Pero no entrenes mucho, es feo ver a los hombres musculosos”. Bueno,
ese es otro mito. Observe la foto de la izquierda. Se trata de Jay Cutler, es
un sujeto sumamente masivo, campeón de fisicoculturismo (no puedo negar que
consuma o no esteroides) pero lo cierto es que ese volumen no se consigue
entrenando una hora por día. No sea iluso. Para llegar a esos niveles usted
tendría que entrenar tres o cuatro horas diarias, invertir mucho dinero en
vitaminas y proteínas concentradas, además de tener una disciplina de acero
para el asunto de la alimentación, descanso y rutinas. Nuevamente, no se ponga
excusas ni justificaciones. Además una cosa es ver a Cutler en la primera foto
en competencia y en la segunda foto en reposo.
Los abdominales son toda una historia. Los músculos
abdominales y oblicuos son otro grupo más de músculos. No son mágicos. Si usted
hace mil abdominales diarios sólo logrará tener unos músculos abdominales
poderosos, pero escondidos debajo de una capa de grasa. Nadie los podrá ver.
Los músculos abdominales ayudan mucho con el equilibrio y con una buena
postura, pero si desea tener unos visibles abdominales de guerrero espartano,
primero queme la grasa que los recubre. Para este caso es un ejemplo notable el
del atleta fitness Scott Do, cuya foto aparece a la derecha. La primera foto de
arriba es una más o menos reciente. Scott Do asesora a personas que desean
perder peso, Scott ha hecho un experimento, durante cuarenta y cinco días comió
solo comida chatarra y gaseosas, logró el cuerpo que pueden ver en la segunda
foto de arriba. Su propósito es comprender el proceso de lograr un estado
saludable a partir de un cuerpo lamentable. Él está narrando día a día sus
experiencias, recién va dos semanas en la recuperación y su principal
observación es la falta de energías y fuerza a la que se tiene que enfrentar.
La comida chatarra y las gaseosas destruyen el cuerpo, la foto inferior es de
él modelando no hace mucho tiempo. No se olviden que Scott aún tiene buenos
músculos, pero se encuentran escondidos bajo capas de grasa y evidentemente algo
debilitados por cuarenta y cinco días de
inactividad. Este es un buen momento para que usted se fije sus metas. ¿Desea
tener un físico como el de Jay Cutler o como el de Scott Do?
La grasa se quema con número de pulsaciones, no con
abdominales. No importa qué ejercicio haga usted, la grasa se quema
proporcionalmente en todo el cuerpo. Perderá la misma cantidad de grasa en el
abdomen si trabaja pantorrillas, bíceps, pectorales o abdominales. El ejemplo
que siempre uso es el de los tenistas. Se demostró que un tenista profesional
tiene la misma proporción de grasa en ambos brazos a pesar de usar con mayor
intensidad uno solo de ellos.
Para quemar grasa eficientemente y mantener elevado el
número de pulsaciones por minuto no descanse mucho entre serie y serie, el
tiempo de descanso correcto es entre sesenta y noventa segundos entre serie y
serie. Eso garantiza que sus pulsaciones no descenderán tanto que regresen al
estado de reposo. Si usted retorna a las pulsaciones de reposo, deja de quemar
grasa.
El atleta fitness peruano Daniel Dávila Aranibar, cuya foto
aparece a la izquierda, siempre reitera que no existen ejercicios para reducir
abdomen (o pancita) y es cierto. La grasa abdominal no se pierde con ejercicios
solamente, es necesario y obligatorio controlar la alimentación como ya se
señaló líneas arriba.
No olvide que la postura es el ochenta por ciento de su apariencia.
Desde el primer día corrija su postura, contenga su abdomen y ponga su espalda derecha. Sólo con eso
usted se verá bastante mejor.
Hidrátese, antes, durante y después del ejercicio. Durante
en pequeñas dosis o sorbos. Es una regla básica. No tienen que ser bebidas
especiales. Con agua pura es suficiente.
Los ejercicios más eficientes son los que recurren a la
simple lucha contra la gravedad, mientras más sofisticada la máquina, más
tiempo le tomará darle forma al músculo o ganar volumen. Dedique parte de su
entrenamiento a los fierros tradicionales con ejercicios clásicos.
La edad no tiene nada que ver, puede empezar ahora aunque
tenga cincuenta años, no hay mejor ejemplo para ello que la atleta fitness
chilena Loreto Soto, tiene 41 años y se ve... como ustedes pueden ver. No hay
límites, el cuerpo siempre reacciona bien a una buena alimentación y apropiado
ejercicio. Puede demorar un poco más o un poco menos, pero siempre se obtienen
resultados positivos.
Aunque algunos podemos ser lo suficientemente disciplinados
como para trabajar solos, siempre es mejor trabajar con una pareja que lo incentive y aliente y no deje que se rinda, usted en retribución deberá hacer lo
mismo. Los resultados son mejores y más rápidos.
Una cosa interesante es la siguiente: Mucha gente se pregunta
si debe dejar de comer definitivamente carnes rojas, asados, parrilladas,
helado, chocolate, etc. Bueno, la mejor respuesta la vi en la red, por parte de
un atleta fitness, la recojo porque es totalmente adecuada y dice más o menos
así: “Digamos que usted es sedentario, come comida chatarra, bebe café en
exceso, fuma y además toma gaseosas. Si un usted decide por un día hacer
ejercicio, comer sano, tomar solo agua… para luego regresar a su misma rutina
al día siguiente; ¿cambió algo en su vida? La respuesta es no. No va a haber
ningún cambio sustancial en su vida o su salud por un día. Pues bien, al
revés sucede lo mismo. Si usted come
limpio y sano, hace ejercicios, se cuida, toma solo agua y por solo un día come
un buen churrasco y se da el gusto de un postre o un helado y luego regresa a
su vida saludable, tenga la certeza de que nada malo le pasará.”:
Lleve una muda de ropa al gimnasio y de ser posible dúchese
allí mismo al terminar, limpia las toxinas que en caso contrario quedarán en su
piel hasta que llegue a su casa.
No deje de ir al gimnasio, si está con mucho trabajo, vaya
aunque sea quince minutos. Ese ritual le ayudará a no abandonar el
entrenamiento.
Lo no trabajado nunca se recupera. Si usted no trabajó hoy
piernas no espere compensarlo trabajando mañana el doble. El cuerpo no funciona
así, solo logrará lesionarse.
Un consejo adicional: Si usted va al gimnasio a mirarse al
espejo y conversar con otros piense dos cosas:
a) Tal vez está
interrumpiendo el trabajo de otra
persona que por cortesía no le dice nada y
b) Mírese al espejo al culminar el trabajo, para evaluar
resultados, no en medio de él. El gimnasio no es un lugar para desfile de
modas. Los espejos son para corregir posturas y evaluar el trabajo en
desarrollo. Mucha gente va a trabajar su físico realmente, no los interrumpa.
Finalmente, sea respetuoso con sus compañeros de gimnasio y
cuando termine de usar una máquina, déjela como la encontró. Educación básica del gimnasio, todos se lo
agradecerán.
Espero que esta nota sea de utilidad y ayude a quienes lo
desean con lo poco aprendido estos años. Por mi parte yo me comprometo a seguir
en mi propósito de ganar algo más de masa muscular y llegar a un doce por
ciento de grasa corporal.
jueves, 14 de marzo de 2013
LA CAJA DE JUSTIFICACIONES
Tal vez no se haya percatado pero usted, y yo también, tenemos una pequeña caja en algún lado;
una que nos acompaña permanentemente. Tal vez no la vea ahora, si la busca en sus
bolsillos no la hallará, pero créame, está allí y aunque aparentemente no pesa,
eventualmente su carga puede hacer que usted se vea imposibilitado de avanzar a
cualquier lugar.
Otro tipo de justificaciones, pero más pueriles y burdas, son las que tienen que ver con los estereotipos y las sembramos también en el subconsciente de los chicos desde muy temprano, de tal manera que si un sujeto tiene una conducta moralmente reprochable se dice "Así son los hombres..." o si una mujer llega tarde o no está lista a la hora: "Las mujeres siempre se hacen esperar..." si el funcionario público roba "todo el mundo lo hace" o si se hace un reproche a deficiencias educativas: "el que tiene plata escribe (o habla) como quiere.", Peor aún cuando el asunto tiene que ver con nuestra propia salud y expectativa de vida, así el fumador que realmente no quiere dejar de fumar, a pesar de que sabe que el cigarro lo mata, suele decir: "De algo se tiene que morir la gente."
Esta caja es ciertamente mágica, aparece de la nada y está
llena de cosas que nunca se agotan: Justificaciones, una para cada ocasión.
Así, cuando alguien decide empezar un reto,
inconscientemente busca su pequeña caja de justificaciones y encuentra una que
dice “Pero eso no es para mí.” O una de las más recurrentes “¿Y si no funciona?”
o “¿Y si es una pérdida de tiempo?”
También hay justificaciones cotidianas y son las más usadas.
Usted se corta el cabello de una manera digamos vanguardista, ello porque le apeteció
precisamente tener un corte vanguardista y ha decidido que se vería mejor así y
que esas formas en su cabellera están más acorde con su personalidad. Entonces alguien le pregunta “¿Por qué
te has cortado el cabello así?” con perversa entonación de exclamación horrorizada de la cual se puede comprender que
a dicha persona no le gusta como ha quedado,
entonces en ese acto toma usted su caja de justificaciones
y busca rápidamente una que se ajuste: “Ah…, este… sí, ya me había aburrido del cabello largo, y
así me peino más rápido en las mañanas…”
Hay una diferencia notable entre una razón y una
justificación. La razón suele ser la causa real y concreta del hecho, sirve
para el análisis y la comprensión del fenómeno. La justificación tiene como
finalidad establecer un anclaje con la necesidad de aceptación social, en unos
casos, y para evitar realizar una actividad, en otros; ocultando así defectos de formación como la falta de orden, flojera o simplemente desinterés.
Un ejemplo clásico es cualquier actividad que implique
disciplina. Piense en cualquier ejemplo, ya sea que deba levantarse más
temprano, dedicar más tiempo al estudio, o alguna actividad física exigente.
Siempre se encontrará una justificación adecuada en la cajita: Desde que “hace
frio y me puedo resfriar, mejor en verano...”, que “tengo mucho trabajo”, que “eso es para gente
ociosa”, hasta el “yo tengo que mantener a esta
familia”, etc., etc., Todas ellas no son razones, son simplemente justificaciones.
Cuando uno halla la razón de algo, puede hallar la solución.
El proceso es así de sencillo. La justificación, inevitablemente y siempre, bloquea
la solución.
¿No le ha sucedido que alguien le pide hacer algo? un favor
cualquiera, usted lo hace y en ese momento digamos que se le cae algo y lo
rompe… ¿Qué hace? ¿Acaso no es cierto
que su primer pensamiento es echarle la culpa a la persona que le pidió el
favor? “Si no me hubiese pedido esto… tal cosa no se hubiese caído” ¡Incluso
algunas veces se lo enrostramos a esa persona! “Por hacerte ese favor, rompí
tal cosa…” tratando de que la otra persona se sienta mal, que por cierto es una
de las consecuencias más pérfidas de la justificación.
Esta conducta ha sido reforzada por años de imposición de
paradigmas en nuestra infancia. Pongo un ejemplo y si es usted mamá no niegue
que le ha pasado: Le dice a su niño o niña que vaya a dar de comer al perro o
botar la basura, o algo así. Resulta que el niño va a hacer la tarea
encomendada, se cae y se lastima, digamos que se hace un corte. ¿Cómo reacciona
la mamá? Acaso no dice: “¡En qué bendita (o maldita) hora te mandé a hacer tal
cosa!” o peor, mientras el niño llora le decimos “No llores, es mi culpa por
haberte enviado, debí haber ido yo…”
El niño que todavía se encuentra formando juicios y
paradigmas aprende a justificar piensa “¡Claro! ¡Me resbalé, pero es culpa de mi mamá
por enviarme!” en lugar de "Debo tener mayor cuidado y estar más atento para próximas ocasiones." Así se refuerza la idea de que el otro siempre tiene la culpa, en
otras palabras, le acaba de regalar a su hijo una caja nuevecita llena de
justificaciones que le durarán toda la vida.
Y así crecemos construyendo justificaciones en lugar de
buscar razones y soluciones. Se internaliza tanto en la mente que ya no nos
damos cuenta que hacemos uso de nuestras justificaciones ni que llevamos la
caja de ellas a cuesta.
Como siempre digo, y lo repito ahora, las más peligrosas son
las justificaciones totalmente inconscientes. Lo son porque son difíciles de
detectar, pasan desapercibidas y no son otra cosa que aquellas acciones
mediante las cuales nos boicoteamos nosotros mismos. Por ejemplo, tomamos la
decisión de levantarnos mañana temprano, sabemos que por tanto hemos de
acostarnos temprano también, pero pese a ello buscamos alguna película en la
televisión y nos quedamos pegados con ella. Al día siguiente no nos levantamos,
¿justificación? Es que nos hemos quedado viendo una película hasta tarde. Decidimos
(o acordamos) pasar más tiempo con nuestra familia, pero precisamente por esos
días, se nos ocurre, por alguna razón, ponernos al día en todo el trabajo
pendiente en la oficina; en consecuencia llegamos más tarde aún de lo habitual
a casa, y si nos reclaman… pues “tengo que ponerme al día, tengo trabajo
atrasado.”
Otro tipo de justificaciones, pero más pueriles y burdas, son las que tienen que ver con los estereotipos y las sembramos también en el subconsciente de los chicos desde muy temprano, de tal manera que si un sujeto tiene una conducta moralmente reprochable se dice "Así son los hombres..." o si una mujer llega tarde o no está lista a la hora: "Las mujeres siempre se hacen esperar..." si el funcionario público roba "todo el mundo lo hace" o si se hace un reproche a deficiencias educativas: "el que tiene plata escribe (o habla) como quiere.", Peor aún cuando el asunto tiene que ver con nuestra propia salud y expectativa de vida, así el fumador que realmente no quiere dejar de fumar, a pesar de que sabe que el cigarro lo mata, suele decir: "De algo se tiene que morir la gente."
La justificación viene normalmente con el sentimiento de
culpa, no queremos asumirla y la desplazamos hacia alguien más. Muchas veces
sentimos culpa por nuestros fracasos y culpamos a quien, en el mismo rubro, ha
tenido éxito. “Claro, para él fue fácil, siempre tuvo de todo…”
Cuando uno recibe reproches es cuando más útil resulta ser
la caja de justificaciones. Todos cuando hemos sido adolescentes hemos sido, de
alguna u otra manera, exigidos en nuestras calificaciones por nuestros padres o
profesores. Siempre hay una justificación, desde la muerte del gato o de la abuelita
o porque se perdió el cuaderno o hubo corte de luz precisamente en nuestro
distrito. También son usuales las justificaciones del "incomprendido" que normalmente aparecen en la adolescencia y en la mayoría de casos desaparecen con la edad, por ejemplo la expresión "Es mi vida, yo puedo hacer lo que quiera." o "Qué les importa a los demás lo que hago" o "Yo no vivo de la opinión de la gente." Bueno, la mala noticia es que si aceptamos vivir en sociedad, la opinión de la gente sí importa. Difícilmente el entorno nos enseña a asumir nuestra responsabilidad
(hallando para ello la verdadera razón de la falla), cuesta trabajo decir con
honestidad “soy flojo” por ejemplo, pero admitirlo es la única manera de empezar
a resolver el problema. Si no se resuelve, el problema se seguirá reproduciendo
en nuestros ámbitos laborales y
familiares a lo largo de nuestra vida.
Estamos tan acostumbrados al juego de las justificaciones que llega el punto en que dejamos de ser conscientes siquiera del sentimiento de culpa o frustración que normalmente apareja. He visto personas totalmente ineficientes en sus labores afirmar con absoluta certeza que las llamadas de atención que reciben, así como los memorándums correspondientes son porque "tal o cual jefe se le ha agarrado", término que se usa en mi país para decir que el jefe tiene un encono gratuito y no justificado con la persona. Uno se pregunta si esa persona en realidad no se da cuenta de esas cosas, sobre todo si es una persona adulta y aparentemente responsable.
Estamos tan acostumbrados al juego de las justificaciones que llega el punto en que dejamos de ser conscientes siquiera del sentimiento de culpa o frustración que normalmente apareja. He visto personas totalmente ineficientes en sus labores afirmar con absoluta certeza que las llamadas de atención que reciben, así como los memorándums correspondientes son porque "tal o cual jefe se le ha agarrado", término que se usa en mi país para decir que el jefe tiene un encono gratuito y no justificado con la persona. Uno se pregunta si esa persona en realidad no se da cuenta de esas cosas, sobre todo si es una persona adulta y aparentemente responsable.
He usado el ejemplo de la cajita porque de unos meses a esta
parte (poco más de un año), he podido implementar un ejercicio mental que me ha permitido deshacerme de varias justificaciones a partir de tomar conciencia
de la existencia y uso de la caja. Cada vez que me sucede algo, y como consecuencia de ello estoy a punto de confeccionar una excusa, me imagino buscando en mi
bolsillo la caja y seleccionando una justificación, entonces me sacudo y trato
de buscar una razón en lugar de una justificación. De hecho la semana pasada tenía el encargo de regresar rápido a casa porque la estudiante que cuida a mi hija los martes se iba a retirar temprano; decidí entonces en el gimnasio entrenar más rápido que de costumbre y terminé lesionando de mala manera un músculo de mi pierna izquierda. Inmediatamente después de sentir el agudo dolor, mi primer pensamiento fue que me había lesionado por culpa de..., si no hubiese tenido que ir más temprano para... En qué bendita hora acepté.... ¡Y paré! Me dije "¡No! Me lesioné yo porque no calenté, yo tomé la decisión de no calentar apropiadamente por mi afán de llegar más temprano." Asumí mi responsabilidad y no me enojé con nadie y nadie se enojó conmigo. Logré que nadie se sienta mal innecesariamente por una cuestión cuya responsabilidad era solo mía. Es interesante ver como las justificaciones vienen tan rápido a la mente, y es bueno saber que uno puede aprender a controlar ese reflejo. Poco a poco trato de ser más
consciente de que soy dueño de mis decisiones y de las consecuencias de ellas,
sin justificaciones. Quién sabe y esta
estrategia pueda ayudar a alguien más. Busquemos razones, no justificaciones.
domingo, 3 de marzo de 2013
LAS BENDITAS MALETAS CON RUEDAS PARA LA ESCUELA
¿Por qué los colegios piden ahora maletas? ¿Cómo es que
hemos llegado al punto de hacer que nuestros hijos lleven una maleta a la
escuela? ¿Es realmente necesario?
Cuando era pequeño iba al colegio con un maletín pequeñito de
cuero – tipo ejecutivo – y una lonchera
de cuero también. Ambos hechos por mi papá y repujados por el mismo. En ese
tiempo no me daba cuenta, pero hace algunos años me di cuenta que era un lujo
que no todos los niños puede tener: Un maletín y lonchera de cuero repujado a
mano y personalizado.
Me parece que en tercer grado empecé a usar un maletín de
imitación de cuero de cocodrilo – usado por supuesto – con hebilla y una división
en el medio tipo fuelle, pero más o menos del mismo tamaño que el anterior.
Luego en quinto grado un cartapacio negro de material sintético imitación de
cuero, de esos con seguro a presión con llavecita, sin división (por tanto de
menor espesor) y no tenía asa, así que lo sostenía de la base y lo llevaba bajo
el brazo.
Luego entre sexto de primaria y primero de secundaria con la
moda de los maletines tipo James Bond, de alguna manera conseguí uno
destartalado, con marco de madera revestido de marroquín y con seguros
parecidos a los de las loncheras de plástico, andaba tan mal que cuando
caminaba con él, al mismo tiempo que lo sostenía de la asa, usaba el índice
para asegurar la tapa y no se me desparramen los cuadernos por el piso.
A partir de segundo de secundaria recuerdo haber empezado a
usar un morral del ejército, mi hermano Tony en un viaje que hizo trajo uno del
ejército coreano o vietnamita y me lo regaló. Ese morral lo usé hasta quinto de
secundaria intercalándolo con el destartalado James Bond y el todavía existente
cartapacio negro.
Nunca necesité mochilas ni maletas, es más, no recuerdo que
en mi escuela alguien llevara mochila, casi todos usábamos maletines, yo era el
más revolucionario con el morral, pero como la directora del Colegio tenía
espíritu militar no veía del todo mal a mi indumentaria.
En ese entonces llevábamos pocos cuadernos y muchas ideas.
Escribíamos mucho, conversábamos más, jugábamos fulbito con chapitas de gaseosa,
los cuadernos eran del tamaño de una cuartilla, uno cuadriculado para
matemáticas y otro rayado para lenguaje, en la secundaria aumentaban pero con
el horario uno sabía qué llevar; al igual que los libros. Nunca nos torturaron
obligándonos llevar kilos y kilos de materiales.
Un niño no debe ser un viajero permanente, debería poder
correr, saltar, jugar. ¿Por qué tantos materiales? Veo a los chicos ir cargados
de pesadas maletas a la escuela, arrastrándolas con esfuerzo con las dichosas
rueditas, en realidad sufriéndolas, además con el calor y los incómodos
uniformes. Me pregunto: ¿De verdad usan todos esos libros en un día? ¿De verdad
usan todos esos cuadernos en una jornada? A mí me parece que es un engaña muchachos
en el que todos los padres caen. A mí no me cuentan cuentos. Nadie puede usar
tanto material en un día. Es un truco para que parezca que cada centavo pagado
de pensión vale la pena. Nos hacen creer que nuestros chicos reciben una instrucción
de primera y no es cierto, basta conversar con los profesores – no todos, pero
lamentablemente sí la mayoría – para darse cuenta que no saben cosas básicas,
que escriben con horrendas faltas de ortografía, que se saben de paporreta las
modernas técnicas educativas pero no saben hilar cuatro ideas complejas en un
oficio o en un comunicado.
Prueba de mi teoría es el nivel educativo de los chicos que
andan hoy entre los quince a veinte años. Su manera de escribir, de hablar, de
conducirse, sus niveles de violencia verbal e intolerancia, su incapacidad para
plantear respuestas inteligentes ante situaciones con algún grado (leve por
cierto) de complejidad, es preocupante. Esa generación estudió con mochilas
enormes y maletas con ruedas, con enormes listas de materiales escolares y con
libros de editoriales prestigiosas. ¿Sirvió? A todas luces no.
Este año yo caí redondito. Se las ingenian bien para hacer
parecer que ciertos materiales son necesarios. En realidad prefiero comprar el próximo
año una buena mochila Porta o Samsonite en lugar de una maleta de ruedas con
una Barbie de plástico en el frente, pero esta vez no me dio tiempo para
explicarle a mi hija. Entiendo que a
veces es difícil luchar contra las ilusiones de los chicos y el imperativo
social (todas la chicas usan mochilas o maletas de Barbie o de las princesas); ¿Pero
acaso no es ese nuestro rol como padres? ¿Debemos dejar que nuestros hijos
sigan al rebaño? ¿No debemos acaso cumplir con el deber de hacer que sean seres
pensantes, que razones sus decisiones? Me doy cuenta que he cometido una falta
de consecuencia enorme. Nos la pasamos despotricando en las redes sociales
contra el consumismo y luego a la primera oportunidad caemos en el juego. Yo he
caído en el juego. Mea culpa.
El próximo año compraré una mochila sólida, contundente y
cómoda, mi hija no lo entienda muy bien tal vez, pero me lo agradecerá y
valorará en el futuro, así como yo agradezco y valoro la lonchera y maletín de
cuero que me hizo con sus propias manos mi papá.
miércoles, 20 de febrero de 2013
ANALFABETOS FUNCIONALES
Un
analfabeto es una persona que no sabe leer y por tanto tampoco escribir. No
comprende el significado de los signos que componen el abecedario, no es capaz
de reconocerlos e identificarlos con los sonidos que seguramente sí puede
emitir al expresarse.
Si un
analfabeto se sienta en una mesa y colocamos frente a él la palabra “oso” en un papel, no podrá conectar por ejemplo el símbolo de línea ondulada “s” con el
sonido seseante que le corresponde, pero incluso si pudiera lograr esa
identificación no podría ligar entre sí las tres letras para emitir el sonido “oso”
y luego asignarle un significado, es decir la imagen mental de un oso pardo,
negro, de anteojos o cualquier otro.
En cambio
un analfabeto funcional sí sabe leer y escribir, puede asignarle sonidos a los
símbolos del abecedario y componer palabras. Puede incluso asignarle un
significado a cada palabra y ligar estas con una imagen mental.
El
analfabetismo funcional puede tener diversos grados. De alguna manera todos
pasamos por momentos de analfabetismo funcional, el problema es la gravedad e
intensidad de este analfabetismo y hasta qué punto nos limita en la vida diaria
y la interacción con la sociedad a niveles eficientes.
Un caso de analfabetismo funcional complejo es el siguiente: Todos sabemos
construir un cubo a partir de un plano. Se dibujan seis cuadrados en un papel,
más o menos en forma de cruz, se recortan y se construye el cubo. Eso en arquitectura
se llama geometría descriptiva, el arquitecto se entrena durante años para
poder ver dibujos planos y construir mentalmente el sólido que se produciría a
partir de ese determinado dibujo. Es decir, el arquitecto es capaz de interpretar
el plano y asignarle mentalmente la imagen de un sólido. Nosotros, los que no
somos arquitectos somos analfabetos funcionales en geometría descriptiva,
nuestra capacidad se agota en un cubo, un cono, una pirámide y allí se termina normalmente.
Un músico es
capaz de leer los símbolos dibujados en un pentagrama e imaginar los sonidos que
se producirían a partir de ellos. Los que no somos músicos estamos
incapacitados para esta labor, no hemos entrenado para leer pentagramas y nuestro cerebro
no se ajusta para imaginar sonidos complejos a partir de la lectura de claves, negras, blancas, corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas, luego somos analfabetos
funcionales en música.
Lo mismo
pasa respecto al programador de ordenadores, al ingeniero, al contador, al
dentista, el médico, etc.
Pero ese
nivel de analfabetismo funcional está socialmente aceptado porque tiene que ver
con la especialización, si he invocado estos ejemplos es sencillamente para que
se entienda mi punto de vista, punto que paso a describir:
La gravedad
del analfabetismo funcional genérico es que impide algo tan sencillo como la
comprensión de lectura. El analfabeto funcional comprende las palabras y
significados, por ejemplo si la frase es “El oso come miel” el analfabeto
funcional puede imaginar un oso y la miel y eventualmente visualizar al oso
comiéndola.
El problema
va en procesos lingüísticos más complejos. En una composición con multiplicidad
de ideas, con problemas lógicos más elaborados, el analfabeto funcional se
rinde, por tanto se frustra y termina cerrándose, lo que genera como
consecuencia un círculo vicioso, pues abandona la lectura. Este abandono no
hace otra cosa que recrudecer su estado de analfabeto funcional.
El
analfabeto funcional al frustrarse se justifica, al no poder leer bien, tampoco
escribe bien ni siquiera oraciones sencillas. Su ortografía es pobre, y si uno
osa corregirlos, muchas veces salen con frases tan estúpidas como “El que tiene plata
escribe como quiere”; pues no, no es cierto. Estadísticamente los analfabetos
funcionales están ligados a altos índices de pobreza y criminalidad.
Seguramente
se preguntarán el porqué escribo acerca de los analfabetos funcionales. Pues
bien, es porque estoy sumamente preocupado. Gran parte de las personas que
conozco directa o indirectamente, no leen, y cuando lo intentan no son capaces de comprender conceptos
complejos. Lo que revela que el promedio anda muy mal. Me pregunto si esto no
tiene que ver con la automatización de los medios. Obsérvese el facebook por
ejemplo: Si se analiza, hace tan solo tres años, la mayoría de posts eran básicamente texto, las personas se veían obligadas a leer y usar su imaginación. Ahora son
solo imágenes con algún texto pobre. Las personas no leen textos largos, si
usted postea un texto de más de cinco líneas, reduce automáticamente el número
de lectores. Me parece que pronto la gente empezará a comunicarse como Tarzán.
Geometría descriptiva,
programación de computadoras, planes contables, física, etc., solo se aprenden mediante estudios especializados. Comprender lo que se lee solo se aprende
leyendo, no hay otra forma. Resulta curioso que en el mercado existan manuales
de comprensión de lectura para postulantes a universidades y otros. ¿Es posible
“enseñar” a comprender lecturas con un manual? Evidentemente los compradores de
estos textos han sido vilmente engañados, eso no es posible. Solo se aprende a
leer leyendo.
Marco Aurelio
Denegri afirma, y yo le creo, que cuando se entabla un diálogo entre dos
personas, la conversación se mantiene en el nivel más bajo, nunca en el más
alto. El interlocutor mejor preparado se verá obligado a descender al nivel del
otro para poder mantener el diálogo. Es
por ello que las conversaciones en el facebook son usualmente tan pobres.
A eso se
suma que así como somos lo que comemos, somos también lo que leemos, lo que
vemos. Consumir tanto amarillismo, tantos comentarios muchas veces soeces y
pobres, nos arrastra al embrutecimiento. Solución: Dejar de consumir esa
información. Es por ello que en los últimos días decidí reducir sustancialmente
mi número de contactos. No estoy dispuesto a convertirme en cómplice de mi
propia estupidización.
Yo sinceramente no le veo la solución al
problema, el Estado no está dispuesto a invertir en educación, solo nos queda
educar a nuestro entorno, a nuestros hijos, a nuestros familiares, tratar de no
reducir el nivel de las conversaciones y más bien aumentarlo. No olvide, mire a
su alrededor, vea a sus cinco amigos más cercanos, con los que comparte más.
Obsérvelos bien y sabrá quién es usted. Es innegable que somos el promedio de
las cinco personas más cercanas a nosotros. Piénselo.
EL CHE
Para muchos
el Che Guevara es el tipo de las camisetas. Para los de mi generación y muchas
generaciones anteriores y posteriores es un ícono. No necesariamente un ícono
positivo por cierto para todos. La figura del Che genera simpatías y rencores, detractores
y simpatizantes. Es polémico y por tanto histórico.
Esta es una
de las notas que más trabajo me ha costado hacer, y si no la hago ahora, no la
haré nunca. Llevo ya en la idea casi un año, desde mi fugaz paso por La Habana.
Instintivamente luego de mi regreso de Cuba quise escribir acerca del Che,
habiendo visto los lugares donde estuvo y las calles que lo vieron pasar. Sin
embargo, rápidamente me di cuenta que no iba a ser una tarea sencilla, así que quise
hacer un trabajo con toda la rigurosidad histórica posible y entre marzo y noviembre
del dos mil doce leí, escuché y vi todo lo que pude acerca del Che Guevara. Ciertamente se ha hablado mucho de él, hay
tantas biografías que me pareció finalmente ocioso redundar respecto a esos
temas. Abandoné la idea de la rigurosidad histórica, mi análisis será entonces
personal y más visceral que racional.
Se ha dicho
que el Che fue un sanguinario sin corazón, un tipo racista que detestaba el
aseo y que en la revolución aprovechó para hacer aflorar sus más abyectos instintos.
Del otro lado de la línea se ha dicho que era un líder natural, un visionario,
desprendido de su propio proyecto de vida en favor de los menos favorecidos y
la libertad de las naciones. Se han creado una serie de mitos en favor y en
contra. Desde la muerte de Camilo Cienfuegos por orden de Fidel Castro a pedido
del Che hasta su misión suicida en Bolivia.
Nadie puede
meterse en la mente de las personas, cualquier especulación es sencillamente
eso, un truco de prestidigitación que pretende adivinar el pensamiento de los
sujetos a través de sus hechos. ¿Era Guevara realmente un líder desprendido,
creyente ferviente de la revolución y la libertad de los pueblos? ¿O era
sencillamente un tipo que sufría de una febril paranoia, mesiánico y
oportunista? Nunca lo sabremos a ciencia cierta.
“Por sus
hechos los conoceréis”, reza la frase y gran parte de los hechos del Che fueron
registrados, por la prensa, los fotógrafos, los biógrafos y por él mismo a través
de sus diarios y libros. Invocando a grandes rasgos episodios de su vida, esta
tuvo que estar marcada por importantes hitos del siglo XX, Guevara nace el año
28, debido a su asma queda recluido en casa adquiriendo el hábito de la
lectura. Este dato es de vital importancia. Curiosamente, de acuerdo a sus
biógrafos y él mismo, leyó a esa edad los mismos autores que yo leía en la
adolescencia: Emilio Salgari y Julio Verne. Guevara por cierto no era pobre,
más bien de clase media alta. Cuando Guevara tenía entre quince y veinte años,
que es la edad de los cuestionamientos y contradicciones, corrían los años
cuarenta y tres a cuarenta y ocho, en plena guerra mundial y el peronismo en
Argentina. Sospecho que tuvo que haber oído luego acerca de los abusos nazis y
el juicio de Núremberg (1945-1946), esos hechos más lo dramático del movimiento
político argentino debieron influir necesariamente en él.
Más
adelante y luego de culminar sus estudios de medicina, emprende un largo viaje
por Sudamérica que le cambia la vida. Viaja junto a su mejor amigo Alberto Granado,
que por cierto, me atrevo a afirmar que no
es para nada el personaje que presenta la película “Diarios de motocicleta”,
Granado fue preso político en la secundaria, así que al parecer estuvo desde
temprano involucrado en la política, cosa que no le sucedió a Guevara que toma interés mucho más tarde por ella,
precisamente en este periplo por los países latinoamericanos.
No daré
muchas vueltas a su biografía, baste decir que en este viaje pudo ver las condiciones
de la clase obrera latinoamericana y sus penurias, así como las aún vigentes
dificultades de la clase campesina. Los que hemos viajado por el interior del
país cuando menos, sabemos que hay una distancia enorme entre el reportaje
periodístico o televisivo y la realidad que le toca vivir a miles de
compatriotas, me parece que esta experiencia de vida fue determinante también
para el futuro del Che.
Otro
elemento que me parece crucial de este viaje de Guevara fue su acceso a los Siete
Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui.
Este tuvo que haber sido el detonante, Guevara había visto el problema y
probablemente le había causado el dolor que siente todo latinoamericano al ver
a sus hermanos en esas condiciones, pero no tenía la posible solución, Mariátegui
se la aportó, cuando menos en embrión.
Los Siete
Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana es un libro que todo peruano (y
latinoamericano), sin importar su filiación política, debería leer. Lamentablemente
la gente hoy en día lee menos. No se puede comprender el problema social del
Perú y de Latinoamérica si no se lee este texto, es triste que nuestros jóvenes
no estén siquiera cerca de saber quién fue Mariátegui, al margen de las ideas,
partidos y posturas.
Luego de
este viaje la percepción de la realidad latinoamericana de Guevara tuvo que
haber cambiado. No voy a hacer una reseña de la revolución cubana, porque existe
amplia información respecto a ella en la red. Quiero enfocarme en la crítica a
Guevara: Se afirma que era un tirano despiadado e inmisericorde. Existen
reportes en los que Guevara habiendo ordenado fusilar a desertores y
contrarios, estos finalmente se habían salvado gracias a los buenos oficios de
Camilo Cienfuegos.
Trato de
ponerme en las botas de Guevara, al mando de un ejército de rebeldes, en medio
del monte, con pocas municiones, armas imprecisas. Se desarrollaba la
revolución bajo el principio de guerra de guerrillas. ¿Era prudente en estos
casos dejar a los enemigos y traidores a salvo? ¿Encerrarlos? ¿Dónde? No tenía
un ejército regular ni cuarteles. Si seguimos la filosofía de Sun Tsu, el
guerrero no debe dejar enemigos en pie, pues estos se levantarán y volverán con
mayor fiereza. ¿Hacía lo correcto Guevara al no dejar enemigos a sus espaldas?
Es discutible, pero lo que sí tengo claro es que no se puede afirmar a
rajatabla que estas decisiones lo hicieron, per se, un líder sanguinario.
De otro
lado, Guevara comprendía que la revolución exigía un grado de compromiso
sumamente alto. “Un cubano que no defendía la revolución era un cubano contra
la revolución”, se solía decir. Si bien es cierto se permitía que los que no querían
luchar se alejaran de las zonas de guerrillas, la traición no estaba permitida.
¿Esta regla de no permitir la traición, con el costo de la vida del traidor,
era una práctica vedada? No me parece. Habría que analizar al asunto a la
percepción del momento. Con la percepción de hoy y a la luz de las resoluciones
de Corte Interamericana de Derechos Humanos, no sería aceptable; pero
precisamente de eso se trata, de no incurrir en la falacia de juzgar los hechos
de 1959 con los ojos del 2013.
Guevara
creía firmemente en la necesidad de participar él personalmente en las grandes
gestas revolucionarias, al parecer sí poseía una personalidad mesiánica. Se
puede leer entre líneas, en sus cartas cuando se va a África (El Congo) y luego
a Bolivia, que se siente llamado a luchar por la libertad de esos pueblos.
La gente
que lo conoció lo recuerda como un tipo ordenado, organizado, puntual, claro y
preciso. El gobierno de Estados Unidos se ha encargado durante años de
financiar y promover campañas con el ánimo de desprestigiar al Che, hoy en día
eso ya no tiene sentido. Los jóvenes confunden a Guevara con Don Ramón o
Cantinflas. Es una tristeza.
La muerte
del Che en 1967 trajo lo que se quiso evitar, su ejecución se hizo con la clara
intención de no darle espacio en la prensa y no convertirlo en un héroe. Se
produjo todo lo contrario, se creó un mito. Sucede siempre (guardando las
distancias): Jesús, Mozart, Lennon y Mercury por citar algunos ejemplos.
Personajes que quedan en el imaginario popular como jóvenes eternos, héroes
populares y románticos. La magia que los envuelve, la pregunta de ¿Qué habría
pasado si hubiesen vivido más? los hace más intensos e interesantes. Eso mismo
pasó con el Che.
A mí lo que
me causa fascinación es la revolución cubana, que ciertamente es La Revolución,
al margen de la perniciosa dictadura de los Castro, me pregunto siempre: ¿Qué
habría pasado si no se le hubiese impuesto el embargo económico a Cuba? ¿Sin el
bloqueo? ¿En que se hubiese convertido Cuba con el desarrollo sostenido que
parecía tener en los primeros años? ¿No sería una potencia hoy? ¿Se habría
irradiado el socialismo a toda América? De hecho eso asustó a los americanos, ¿pero habría sucedido?
La
Revolución Cubana me parece uno de los hitos históricos más importantes de
Latinoamérica, y el Che Guevara fue una pieza importantísima si es que no
determinante. Ernesto Che Guevara, el gran Camilo Cienfuegos, Fidel Castro, y
otros que pasarán bien o mal a la historia nos regalaron una de las gestas más
heroicas. Mi juicio personal es que Guevara cumplió su rol, ordenó las
prioridades de la revolución y las ejecutó disciplinadamente. Sospecho que era
del tipo de persona que habría ejecutado a su propio hermano si hubiese
incurrido en traición. Me parecen coherentes sus acciones, me parece también
que se le ha idealizado demasiado, olvidando que fue también un ser humano con
sus imperfecciones. No lo justifico, lo comprendo.
Finalmente,
los resultados de la Revolución Cubana a la luz actual son cuestionables, pero ¿Quién
que haya escuchado a Silvio Rodríguez y leído algo sobre el Che Guevara en su temprana
juventud no soñó por lo menos por un instante, salir al monte, a la guerra, con
un fusil en bandolera a luchar por la libertad? ¿O, cuando menos, entre humo y
metralla contento y desnudo, ir matando canallas con un cañón del futuro?
martes, 19 de febrero de 2013
LA RENUNCIA DEL PAPA
Como todos
saben no soy religioso. Creo en una divinidad, un ser superior, pero no confío
en las instituciones religiosas. Tengo fe en que un día el Perú sea un estado
laico y que el credo de cada uno sea un tema del ámbito de la intimidad personal.
Es decir realmente libre, tan libre que nadie sea discriminado por tener un
culto distinto y tan libre que nadie se vea en la posición de tener que ser
catequizado o convertido contra su voluntad.
Pese a que
la Iglesia Católica ya no es el credo mayoritario que muchos creen, para mejor
información, esta afirma que de los siete mil millones de habitantes que tiene
el mundo, mil millones son católicos, sumados a ellos los evangélicos,
protestantes y otros, los cristianos llegarían a los dos mil millones (según
los reportes de estos credos).
El Islam en
todas sus variantes afirma llegar a los mil setecientos millones. Las personas
sin religión llegarían al impresionante número de mil cien millones y el hinduismo
a los mil millones. No son despreciables tampoco novecientos millones que
tendrían las religiones tradicionales chinas.
En otras
palabras, cerca del veintiocho por ciento de la población mundial sería
cristiana y solo el catorce por ciento católica. Los musulmanes tendrían un
importante veinticuatro por ciento, las personas sin credo un quince por
ciento, los hindúes otro catorce por ciento y trece por ciento las religiones
tradicionales chinas.
El agudo
lector a este punto ya debe haberse dado cuenta que los porcentajes ya superan
el noventa y cuatro por ciento de la población mundial. Faltan todavía
contabilizar las etnias africanas, asiáticas y americanas, el budismo, el resto
de credos minoritarios y se apreciará que se supera fácilmente el cien por
ciento que deberían sumar todos los credos. Es decir que hay más creyentes que pobladores
del planeta.
Bueno, esto tiene una explicación lógica: Como los números son
aportados por cada credo, estos tienden a inflar sus números. Adicionalmente
una segunda variable es el hecho de que una misma persona puede reportar varios
credos a la vez, en primer lugar porque en realidad es politeísta y en un
segundo, pero no menos importante término, porque muchas personas se reportan
como creyentes o no dependiendo de requerimientos que hacen las instituciones
públicas o privadas en función a los beneficios que puedan recibir de estas o
los requisitos que imponen para proveer de determinados servicios. Ejemplo de
ello, muchos colegios que exigen que los padres sean católicos por citar uno.
El saber
estos datos estadísticos ayuda mucho para entender las falacias de los
fundamentalistas. No existe una religión universal. Nadie se va a condenar por
no conocer una determinada religión. Sin importar el credo, lo importante es sencillamente
vivir con rectitud.
Regresando
al tema de fondo, el Papa resulta ser el líder de un importante catorce por
ciento de la población e influye de manera indirecta en otro catorce por
ciento. Es por ello que el actual Papa tomando en cuenta este liderazgo,
decide, inteligentemente creo yo, renunciar.
Me explico:
La regla establece que el cargo es vitalicio. Esta es la regla general. Esto es
importante desde el punto de vista de unidad. No es apropiado para un credo
tener pugnas por el poder y si las hay, estas deben estar ocultas y estar
distanciadas cuanto más se pueda en el tiempo. Por ello también existe la regla
del cónclave cerrado. Los espectadores de afuera percibimos una elección en
ambiente de santidad. No siempre ha sido así y nada nos garantiza que ahora sea
distinto.
El Papa es
consciente de que la realidad no es la misma que en la Edad Media, en esa época
en el mejor de los casos el Papa agonizante era recluido y cuidado en sus
aposentos hasta su deceso. Era fácil pasar desapercibido. En la actualidad el
puesto de Papa está mediatizado, la experiencia de los últimos meses de Juan
Pablo II mostraron lo difícil que es permanecer en el cargo cuando el cuerpo no
da para más. Por cierto Juan Pablo II tenía un prestigio y un aura que le permitió
obtener el respeto del mundo pese a su lamentable estado. Ratzinger no es Juan
Pablo II y él lo sabe.
Siendo así,
el cálculo es brillante. Un Papa debilitado no le hace ningún bien a la Iglesia
Católica y ahora menos que nunca. Ratzinger sabe esto y sabe también que los
problemas que afronta su rebaño requieren con urgencia de un prelado con la
disposición de ánimo y fortaleza física suficientes como para reconducir sus
principales políticas.
Dicho esto,
mi posición personal es que es demasiado tarde como para que la Iglesia
Católica pueda retomar el rol protagónico que tuvo en su momento. La
globalización no lo permitirá pese a sus bien intencionados intentos, como por
ejemplo la cuestionable cuenta de Twitter. Me parece que se requieren serias
reformas, nuevos principios, lamentablemente la iglesia no tiene los mecanismos
necesarios para modificar el dogma sin perder más credibilidad. Pese a ello mi
pensamiento está con los católicos creyentes de corazón, quienes depositan
buena parte de su fe en el Papa como vocero de Dios en la tierra, conforme sus
preceptos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

























