Mostrando entradas con la etiqueta claudio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta claudio. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de febrero de 2013

LO QUE DEJARON LAS VACACIONES


Ya se me acaban las vacaciones y fue un mes especial.

Al margen de los viajes y experiencias (estuve en cinco distintos países, incluyendo Arequipa donde regularicé mi calidad migratoria obteniendo mi correspondiente pasaporte), este fue un mes de crecimiento.

Como siempre y cada vez que me encuentro con mi gran amigo Claudio, reevalué metas, proyectos e ideas. Es sumamente nutritivo para el alma conversar a nivel de introspección y darnos cuenta de lo que estamos haciendo bien y de los errores que todavía mantenemos por causa de los paradigmas equivocados y que no hay forma de dejar sin la ayuda de alguien que los señale desde afuera.

Me he acercado más a mi hija y eso me satisface mucho, somos cada vez más unidos, ella confía mucho en mí y eso me hace muy feliz, sin olvidar que es también una gran responsabilidad.

Me siento más unido a mi familia y eso es indudablemente bueno.

Me hice chequeos médicos, comprobé que estoy bien, hay algunos desperfectos por reparar, pero son lesiones que se producen por hacer. Es mejor tener lesiones por hacer, que por no hacer. En mi caso me vida deportiva me ha causado esta lesión, es de fácil reparación y repito: Son preferibles las lesiones que tienen como causa el hacer cosas que aquellas que se producen como consecuencia del sedentarismo y el abandono.

Me olvidé por completo del trabajo, salvo dos o tres llamadas impertinentes que se resolvieron rápidamente.

Regreso al trabajo con nuevos bríos y nuevas metas. Este año será un año de éxitos y conquistas.

Tuve que deshacerme de muchos contactos en la red social y cada vez estoy más convencido de que fue una buena decisión. Somos lo que comemos, somos lo que consumimos. No quiero abrir el Facebook para ver las noticias de mis amigos queridos y encontrarme con imágenes desagradables, comentarios de personas que se han hundido en su propia miseria o peor, que están boicoteando ellas mismas su felicidad y logros con decretos de tristeza y decepción.

Este año debe ser de éxitos, de alegría, sin olvidar a las personas que la pasan mal, pero siendo proactivo respecto a las formas como ayudarlos. No se ayuda a nadie con compartir enlaces o haciendo click en “me gusta”, se ayuda siendo un buenos ciudadanos, limpios, ordenados, tratando de ser un buenos ejemplos para nuestros hijos y claro, apoyando discretamente a quien no tiene posibilidades.

Este es un año de proyectos personales, y me gustaría también que sea un año de proyectos colectivos. Quien quiera dar ideas para hacer cosas que nos hagan crecer como grupo con intereses comunes. ¡Bienvenidos!

¡Éxitos a todos!

miércoles, 29 de febrero de 2012

PUROS CLANDESTINOS

José Manuel nos lleva a la fábrica de ron más antigua de Cuba, curiosos preguntamos el precio de los habanos que vemos en un mostrador, el tendero nos dice que cada uno cuesta aproximadamente cinco dólares. José Manuel nos susurra que más tarde nos llevará a un lugar donde podemos comprar habanos de buena calidad a buen precio.

Más tarde en el taxi José Manuel, mientras conduce, nos cuenta que un negocio habitual en La Habana y al parecer en toda Cuba es tratar de venderle puros en la calle a los turistas despistados, negocio que usualmente termina en estafa cuando el turista abre el paquete y descubre que la mercadería son puros de mala calidad, si tuvo suerte, o si no, una caja llena de basura en el peor de los casos (José Manuel al igual que otros cubanos que nos advierten del asunto, nunca usan la palabra “estafa”, prefieren decir cualquier otra cosa, como “problemas” o “cosas que no son”).

Minutos después entramos a una callejuela estrecha, a la izquierda una mujer conversa con un hombre mayor en la puerta de la casa. José Manuel se estaciona frente a ellos y los saluda con naturalidad, ellos corresponden y rápidamente desaparecen de la escena, por arte de magia aparece un sujeto cuyo nombre no importa, es de baja estatura, viste una camiseta verde que tiene el logotipo de la marca “Polo” y que lleva estampada una corbata azul con líneas amarillas y rojas en el pecho; en la cabeza lleva un gorro caqui militar que a todas luces es de marca, tiene – no podía ser de otra forma – un habano encendido en la boca e irradia una simpatía a prueba de balas.

Viene acompañado de otro sujeto, que discretamente casi no interviene, nos invitan a pasar a la casa, un zaguán y una pequeña sala a la izquierda, pasamos a la sala. No sentamos, el tipo nos pregunta en qué nos puede servir – como desentendiéndose del asunto – y nosotros algo sorprendidos pero seguros, preguntamos por los habanos, sonríe, da una chupada a su puro llenando de humo el ambiente y sube las escaleras, regresa luego de unos minutos con cajas con todas la variedades posibles de puros cubanos, en todas la presentaciones. Hablamos de precios y notamos que efectivamente está muy por debajo de los precios de las tiendas destinadas para turistas. Compramos unas cajas y nos quedamos con las ganas de llevarnos todo. Claudio le pregunta si acepta sacarse una foto con nosotros y contra lo que esperábamos acepta gustoso.

Más tarde José Manuel nos explica que nuestro clandestino proveedor trabaja en la tabacalera nacional, motivo por el cual tiene acceso a esa mercadería. En ese momento me surgen cien preguntas pero prefiero no saber, precisamente ahora que escribo esta nota, también cambio de decisión , pensaba acompañar la nota con una de las fotos que nos tomamos con este personaje, pero desisto, no quiero meter en problemas a este simpático cubano. Sin duda alguna es una de las estampas que me traje de Cuba, un tipo carismático y alegre, y unos habanos de muy buena calidad que todavía no me termino de fumar.

EL MISTERIO DE LAS SANDALIAS PERDIDAS

Cuando llegué a la casa de mi suegra, mi mochila tenía prácticamente dos prendas y un neceser, una vez allí recogí varios polos y unas bermudas que habíamos lavado en ese lugar y habían quedado secando. También allí estaban mis sandalias de cuero, unas que compré en Arequipa hace años, de esas que parecen de padre franciscano y que siempre me gustaron por ser cómodas, de fino material y excelente acabado; además tenían la particularidad de cubrir el pie lo suficiente para no ser víctima de los mosquitos sin dejar de ser por ello frescas. Las metí en una bolsa de plástico (porque aún estaban húmedas) y las puse también en la mochila.

Minutos después, en la prisa, saqué todo de la mochila (que no era mucho) y organicé las cosas para que no se arruguen los polos. Cerré y me fui rumbo a Puerto Maldonado.

En Puerto Maldonado me fui directo al aeropuerto, una vez allí entregué la mochila para bodega y esperamos como dos horas porque el vuelo estaba retrasado. Esa noche en Lima fui a comprar más ropa y reorganicé nuevamente la mochila en casa de mi primo Claudio.

Luego de ello nos fuimos al aeropuerto otra vez. Esta vez sí, pedí un precinto para la mochila y viajamos hasta Cuba. En La Habana, no usé las sandalias pero si saqué casi todo de la mochila para que no se arrugue.

Al día siguiente en Varadero… ¡¡no estaban mis queridas sandalias!! ¿Las olvidé en el hotel de La Habana? ¿En la casa de Claudio en Lima? ¿En la casa de mi suegra en Brasil? No había forma de comunicarme con los dos últimos lugares y respecto al hotel de La Habana, si las olvidé ya eran cosa perdida. Me resigné. Felizmente había comprado en Lima unas sandalias de baño y usé esas en la playa.

Regresando a Lima le encargué a Claudio que por favor buscara en su casa, era un posibilidad a considerar que al momento de ordenar el equipaje, las sandalias se hubiesen quedado bajo la mesa o bajo el sofá. Claudio me confirmó que no había nada.

Estando en Iñapari, me fui al día siguiente a Assis Brasil, y busqué en la casa de mi suegra. Tampoco había nada, pero esa era una opción poco probable porque habían pocas cosas en la mochila, entonces solo quedaba el Hotel Habana Libre.

Otra alternativa era que “alguien” se las hubiese llevado del hotel en La Habana. La cuestión era ¿había olvidado las sandalias o había sido víctima de robo? El olvido era poco probable, porque durante la noche se me cayeron algunas cosas al piso de la mesa de noche y me levanté a buscarlas, la cama no tenía patas, era de las que van directamente sobre el piso mediante una estructura similar al propio colchón, así que solo quedaba la alternativa del robo.

Era un mal recuerdo de todo lo maravilloso de lo que había sido el viaje a Cuba, hasta que hace pocos días revisando las fotos del viaje, me quedé observando una que le había tomado al cuarto del hotel precisamente después de haber sacado mis cosas de la mochila, y no estaba la bolsa con las sandalias en ningún lugar, lo que significaba que estas nunca llegaron a Cuba. Repasé mentalmente el viaje completo y solo pudieron haber sido robadas en un lugar: Mientras esperábamos en vuelo retrasado en Puerto Maldonado. Recordé que las sandalias estaban arriba, cerca del cierre de la mochila, fácil de sacar, finalmente resuelto el misterio y limpio el grato recuerdo del viaje a Cuba.

PASEO POR LA HABANA

No era la Cuba que soñé ni la que imaginé, ni mucho menos la que describe la CNN o los detractores de Fidel ni los documentales de Maradona. Por mera casualidad visto una camisa caqui de corte militar cuando ingreso a migraciones en el aeropuerto internacional José Martí, me formo en la fila y una funcionaria se me acerca con una amabilidad a todas luces forzada y me pregunta de arranque de dónde vengo, a qué me dedico y para qué vengo. Le contesto sin muchas ganas pero con una diplomática sonrisa, nos deja en paz luego de unos minutos. Luego en la ventanilla me hacen muchas más preguntas, Cuba se toma muy en serio el tema de las migraciones a pesar de que, como descubro después, en la actualidad su principal fuente de ingresos son, precisamente, los visitantes.

Una vez en el taxi me quedo pensando en el enredo que tuvimos en la agencia de cambios en el aeropuerto. Los cubanos tienen dos monedas: el peso cubano común y corriente y el peso cubano de cambio (llamado CUC), este último equivale a un dólar (más impuestos) y a su vez un CUC equivale a 25 pesos cubanos de los normales. Le pregunto al taxista y me contesta con la musical impronta característica del cubano: “Señol, yo aquí como me ve, tengo estudios universitalios, ¡y yo no sé polqué coño en Cuba tenemos dos monedas!”

Claudio y yo reímos de buena gana durante el viaje tratando de averiguar para qué podrían servir los doscientos cincuenta pesos en billetes de cinco que cambiamos en el aeropuerto. Al final del viaje descubrimos que a pesar de que cada billete de cinco equivale aproximadamente veinte centavos de dólar, no sirven para nada que no sea pagar el boleto del bus. Así que decidimos conservar los billetes para regalarlos a los amigos en el Perú como souvenir.

Nos registramos en el Hotel, aprendemos de golpe que el edificio tiene más de sesenta años pero se ve sumamente moderno y cuidado, aprendemos también que originalmente era el Habana Hilton, la revolución lo rebautizó como Habana Libre. Nos tomamos unas fotos y salimos para almorzar, en la recepción un encargado de seguridad nos mide rápido, nos da unos consejos veloces de qué cosas hacer y no hacer por las calles de La Habana y nos recomienda un restaurant (según él económico) que es “particular”, entendemos que es uno de los pocos restaurants que empiezan a emerger en Cuba que no son del estado. Nos pide que digamos su nombre como santo y seña al llegar al lugar, nos dirigimos entonces al Aries y encontramos una acogedora casa con relojes y platos antiguos colgados en la pared, es realmente una casa que funge de restaurant, damos el nombre de nuestro consejero improvisado y recién caemos en cuenta que recibe una comisión por cliente remitido, no importa, probamos un plato hecho de cordero llamado “ropa vieja”, delicioso. Los platos “económicos” no bajan de los siete CUC (más de siete dólares), ya se imaginarán cuánto cuesta un plato en los otros restaurants.

Por la tarde contratamos a José Manuel, un taxista cubano que no cree en la revolución ni en Fidel. Nos cuenta que nació en Matanzas, de niño vino a la Habana, su padre luchó junto a Fidel, pero cuando se dio cuenta que lo que se iba a imponer era un régimen comunista y no un socialista, renegó de la revolución. El taxi que conduce era de su padre. José Manuel con la sabiduría de quien conoce el oficio nos lleva por La Habana Vieja y nos cuenta historias, nos advierte de los jineteros, así se llama en Cuba a los que se aprovechan de los turistas. Conocemos la fábrica de ron, la de tabaco, el Capitolio, la Plaza de la Revolución, José nos cuenta que nunca fue a la plaza a escuchar a Fidel, nos cuenta también que se ha casado nuevamente, aprendemos algo nuevo: en Cuba los matrimonios y los divorcios… son gratis.

Entre charla y charla José nos explica que los cubanos transmiten propiedad casándose, como las ventas están prohibidas, la forma de vender una casa o un auto es casándose con él o la comprador o compradora, luego se hace un documento de separación de bienes, él o ella se queda con el auto o la casa y luego viene el divorcio.

Le compramos habanos o puros a un verdadero personaje de la Cuba moderna que José nos presenta, que por sus características, se merece una nota aparte. Compramos algunos souvenirs, nos tomamos fotos, visitamos lugares clásicos e imperdibles como el Buena Vista Social Club, la Bodeguita del Medio y el Bar Havana Club. En el taxi nos preguntamos seriamente con Claudio, ¿cuánto queda ya de la Cuba de nuestra infancia, cuántos se dan cuenta de la importancia de estos lugares? ¿De lo que encierra Cuba para Latinoamérica más allá de lo político, sino también en lo social y cultural?

Cuba ha cambiado. La Unesco ha declarado a La Habana vieja como patrimonio cultural de la humanidad, se han restaurado edificios y calles, el gobierno (tímidamente eso sí) ha comprendido que el turismo puede sacarlos del hueco en el que se encuentran atorados por culpa de la mezquindad yanqui y del otro extremo por la testarudez de la cúpula revolucionaria. Se están restaurando más edificios, emerge un notable y espectacular circuito turístico y con Claudio entristecemos cuando pensamos que tal vez en diez años ya no quede nada de la Cuba de nuestros sueños, pero volvemos a sonreír cuando replanteamos la idea y confiamos en que el pueblo Cubano pueda salir adelante con esa gracia con la que cantan y bailan la salsa, con la que nos venden todo al doble del precio, con las que nos quieren convencer que en todos los bares se sentó Hemingway a tomarse un mojito y con esa sonrisas grandotas que nos trajimos bien grabadas en nuestras mentes y nuestros corazones.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿QUE TIENEN EN COMUN JUDAS ISCARIOTE, ANTHONY HOPKINS, UMBERTO ECO, NATALIE PORTMAN, EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE ARAÑA Y EL REFRIGERADOR FANTASMA?

Llegando a Lima, después de un increíble viaje como les conté en una nota previa, llegué a la casa de Claudio, mi mejor amigo y primo de cariño. El trayecto del aeropuerto no tuvo mayor relevancia a excepción de que tuve la suerte de que el taxista tomara la ruta de la costanera para llegar a Surco y ver el océano al atardecer es siempre una experiencia que me reconforta gratamente.

Una vez en casa fui recibido cálidamente por la guapa tía Cecilia e inmediatamente después por mi muy querida tía putativa María Eugenia, a quien vi bastante recuperada luego de un feo incidente de salud. La abracé muy fuerte lleno de alegría y presumí que el viaje por la costanera y las visibles mejoras en María Eugenia no eran otra cosa que el preludio de un inolvidable fin de semana.

Luego hablé con Claudio por teléfono y quedamos para encontrarnos en Miraflores a la salida de su trabajo. En el Haití. ¡No! No sean malpensados, Claudio no trabaja en el Haití, trabaja a la vuelta en una importante empresa dedicada a... ahora que lo pienso no tengo claro a qué se dedican principalmente, pero sé que entre otras cosas se dedican a pagarle bien y tratar mejor a Claudio y eso es lo que me importa. ¡Adoro a esa empresa!

Terminando de hablar por teléfono, María Eugenia me dio las instrucciones acerca de la suite de huéspedes y me advirtió que el refrigerador de Piero que también vive en la casa (No es que Piero sea un refrigerador, aunque últimamente parece uno gracias a los kilos ganados, si no el refrigerador de propiedad de Piero que es primo de Claudio y por tanto una especie de primo mío, porque los primos de mi primo... ¡son mis primos!), venía haciendo unos ruidos extraños por la noche. Advertido tomé un baño, me afeité y me alisté para salir.

Una vez en Miraflores, a la altura del Haití, me encontré con Claudio y luego de los abrazos de rigor, nos fuimos caminando a Larcomar, nos pusimos al día y nos dirigimos al teatro de la USIL, allí pudimos disfrutar de “Los últimos días de Judas Iscariote”, Claudio había comprado las entradas unos días antes para garantizar una buena ubicación, obviamente no voy a hacer una ficha técnica porque no es el objetivo de este blog y porque me da flojera y también porque no me da la gana particularmente hoy. Sin embargo pueden abrir una ventanita en el navegador y colocar “google.com” y más abajo buscan “Los últimos días de Judas Iscariote” y les aseguro que obtendrán todos los datos necesarios para regodearse frente a sus amigos de saber que existe una puesta en escena de una obra que se llama “Los últimos días de Judas Iscariote” y si viven en Lima creo que todavía alcanzan a irla a ver. Lo cierto es que me gustó la puesta, un Lucifer (Lou) magistralmente interpretado por Iza. Me gustó mucho Julio César, Pilatos, el Juez… ¡Oh! ¡El Juez!, el fiscal muy bien puesto, judío como tenía que ser y la abogada tibia tibia... Un Judas más o menos convincente y un Jesús que si se hubiese quedado calladito hubiese quedado bien bonito, como los pingüinos de Madagascar. Santa Mónica y la Madre Teresa de Calcuta, interpretadas ambas por la misma actriz, bien caracterizadas. Personajes muy válidos para los fines de la obra. En resumen, bien pagados los treinta y cinco soles de la entrada, que dicho sea de paso, nunca le devolví a Claudio. ¡Bien pagados los setenta soles Claudio! ¡Gracias Totales!

Luego nos fuimos al Café sofá (¿O Sofá café? Nunca puedo acordarme) también en Larcomar y nos metimos una conversa de las cosas de la vida como siempre que nos encontramos. Unas cervezas y a casa, antes de salir de Larcomar nos detuvimos en uno de esos lugares llenos de juegos y cosas raras, así que Claudio (él y sus ideas raras) me invitó a jugar un especie de fulbito de mesa con una pieza circular plana que funge de bola y luego hicimos carreras en una suerte de simulador. ¡Qué difícil es manejar a doscientos cuarenta kilómetros por hora! Felizmente era sólo un simulador, si no estaría escribiendo esta nota desde una camilla de hospital.

Una vez en casa acomodé mi suite, así llamamos a un enorme sofá (muy cómodo por cierto) donde siempre me quedo cuando voy a Lima. Incluso a veces me quedo allí cuando voy por trabajo. Si se están preguntando si no puedo pagar un hotel, pues si puedo, pero hay dos razones principalmente para preferir el sofá: Primero, el calor de hogar: odio levantarme en las mañanas en un sitio tan impersonal como un hotel, así tenga todas las comodidades del mundo y segundo, porque son tan pocas las veces que veo a Claudio, Sergio y Maria Eugenia últimamente, que no quiero perderme ni un minuto de los que podría pasar con ellos.

Apagué la luz (serían las dos de la madrugada) y traté de dormir y fue entonces que advertí el misterioso sonido que venía de la cocina. Efectivamente parecía un fantasma, pero muy similar al sonido o arrullo que hacen las palomas en los tejados y ventanas de las casas: Uhuhuuuu... Uhuhuuuuu... Cerraba los ojos y trataba de dormir y allí estaba el Uhuhuuuu... Uhuhuuuuu... Me levanté y cerré la puerta de la cocina, el sonido disminuyó y pude dormir por fin, creo que en mayor grado por la hora y el efecto de las cervezas que por el hecho de cerrar la puerta de la cocina.

Al día siguiente nos levantamos tarde, como era de esperarse, Claudio se fue a trabajar y yo... yo no pues, ya que estaba de vacaciones y además en Lima. Me levanté con calma y desayuné con María Eugenia, quien fiel a su costumbre hizo cólera con los eventos del día. Como ya les comenté ella tuvo un problema de salud, así lo que menos debe hacer es cólera. Trate de imbuirle de mi espíritu “¡relájate! que no te importe” pero creo que no logré mi objetivo... Conversamos un buen rato, desayunamos y se fue a caminar. Yo me di un baño y luego me fui nuevamente a Miraflores, esta vez sí subí hasta el noveno piso a conocer la oficina del primo Claudio y me gustó. Bonita vista (no podía ser menos a un noveno piso) y ambiente agradable, Claudio sentado por allí en una ubicación preferente y sus secuaces no muy lejos de él. Un ambiente moderno y agradable. Estuvimos allí un rato y luego nos fuimos de compras a San Isidro. No les contaré qué compré en detalle ni cómo. Esto por ninguna razón de privacidad ni nada parecido. Sólo me da flojera, nuevamente. En fin sólo les puedo decir que compré una cámara digital que ya venía necesitando y ropa, uno disfruta más comprando en Lima que en cualquier lugar del país y si es en San Isidro, mejor.

Entre compra y compra se nos fue el día, almorzamos en el patio de comidas de Saga me parece y compramos unas cosas más, luego de regreso a casa. Descansamos un poco y volvimos a Larcomar para ir al cine esta vez. Vimos “El Rito” con Anthony Hopkins, el adelanto de la televisión prometía más. Sin ser una súper película, estuvo bien nomás. Es obvio que una actuación de carácter como la de Anthony Hopkins salva en buena cuenta la película. Hopkins es un actor galés por si acaso, para los que piensen erróneamente que es gringo. Más allá todavía es caballero de la Corte. Sir Philip Anthony Hopkins es de los brillantes actores británicos que con mucho talento son capaces de sacar adelante cualquier personaje, como Sean Connery o Hugh Laurie también.

Luego del cine un café en el Sofá café (¿o Café sofá?) y una larga conversa acerca de metafísica. ¡Qué conversa! Cuántas cosas aprendí esa noche, a través de información directa y a través de feedback, reanalizando mis puntos de vista y replanteándolos. Que nutritivo (intelectualmente hablando) es conversar con alguien como el primo Claudio, que a pesar de ser más o menos diez años menor que yo, tiene un punto de vista de las cosas que no he podido identificar en otras personas que se jactan de sabias y con muchos más años de experiencia.

De regreso a la casa, un poco de navegar la red y a dormir. De pronto de nuevo Uhuhuuuu... Uhuhuuuuu... desde el refrigerador fantasma, nuevamente a cerrar la puerta de la cocina y tratar de dormir. La verdad es que si Maria Eugenia no me hubiese advertido con la debida anticipación, menudo susto que me hubiese llevado la primera noche hasta descubrir que se trataba del bendito aparato.

El sábado nuevamente despertamos tarde, me di una ducha y me puse mi último calzoncillo limpio. Esperé por Claudio y nos fuimos a Polvos Rosados, precisamente para comprar ropa interior, calcetines, música pirata y algunas otras chucherías. Aprovechamos también para ir a Plaza Vea y compramos el tradicional “twelve pack” de Brahma, además de pasta dental, cepillos, máquinas de afeitar, embutidos, queso, aceitunas y etcétera. Al retorno pusimos a helar las correspondientes cervezas y almorzamos un delicioso calentado del día anterior. Por la tarde, luego de descansar un poco, nos fuimos a Crisol, frente al Ovalo Gutiérrez en Miraflores y felizmente ya estaba allí, esperándome como supuse, la más reciente novela de Umberto Eco: “El Cementerio de Praga”, nos pusimos a hojear algunos libros, tristemente no pudimos hojear el de fotografías de Metallica, porque todos los ejemplares estaban embolsados. En eso nos avisan que van a cerrar debido al simulacro nacional de sismo, así que tuve que escoger casi sin pensar algunos títulos más para llevar a casa: El sueño del Celta, Travesuras de la niña mala y El símbolo perdido. Pagamos y nos fuimos a participar del simulacro.

Afortunadamente nadie salió simuladamente herido en el Ovalo Gutiérrez, luego de las sirenas y los “!ohh¡” “¡ahh!” de la gente, entramos al cine para ver esta vez y casi al azar una película ligera, “Amigos con derechos” o sea “trampita nomás” con Ashton Kutcher y Natalie Portman. Película divertida y de formato predecible. Agradable para pasar el rato y para tratar de adivinar las desnudeces de Natalie Portman, que algún maldito editor malditamente cuidadoso tuvo el maldito cuidado de editar cuidadosamente.

Luego del cine nos fuimos al Starbucks Café, frente al cine y a unos pasos. De acuerdo a lo que me cuenta Claudio es el más antiguo de Lima. Allí seguimos conversando un buen rato, de todo un poco y en particular de tecnología. Rato después regresamos a casa, donde aún está despierto el primo Sergio (hermano de Claudio) y nos ponemos a conversar hasta tarde acompañando el verbo con cerveza, aceitunas y cabanossi.

El domingo definitivamente era un día playero, mientras desayunábamos, me quejé con María Eugenia que el refrigerador sonaba más que como un fantasma como una paloma y me dejó confundido la risa de mi tía. La miré y entre carcajadas me dijo:

- Es que Paloma se llama la enamorada de Piero.

Ese Piero, dos palomas por las qué preocuparse. Bueno, lo cierto es que nos alistamos, extendiendo la invitación a Sergio y los tres nos fuimos a la playa El Silencio. Conseguimos un taxista amable que nos llevó por módicos cuarenta soles y no sólo eso, además accedió a quedarse por ahí hasta la tarde para recogernos y llevarnos de vuelta a Surco. En la playa nos asoleamos un poco (no era un día particularmente caluroso) tomamos un par de cervezas y comimos cebiche como debe ser. No nos metimos al mar, porque (recién me enteré) la playa de El Silencio no tiene fondo de mar con declive leve, sino más bien como una especie de pequeño acantilado submarino, motivo por el cual cualquiera que quiera meterse al mar, debe cuando menos saber flotar bien.

Regresando a Lima descansamos un poco y volvimos a Larcomar otra vez, ahora para ver 127 días con James Franco, quien hizo del mejor amigo de Peter Parker en el hombre araña. Yo no tenía muchas expectativas con esta película, pero la verdad es que me atrapó y al final resultó gustándome bastante. Muy buena dirección y se crea convenientemente la ilusión de que el espectador está efectivamente allí sufriendo lo mismo que sufre el protagonista. Noté también que en esta película James Franco se parece mucho a Sam Rockwell cuando interpreta a William "Billy the kid " en Milagros Inesperados o la Milla Verde con Tom Hanks.

Luego fuimos un rato a pasear tiendas en Miraflores, siempre conversando y finalmente a casa. En casa conversamos todavía un poco más. Vimos algo de los Oscars y luego alisté mis cosas para partir. El día lunes temprano Claudio me acompañó a tomar el taxi para el aeropuerto y nos hicimos la promesa de volvernos a ver lo más pronto. No es necesario agregar que fue uno de los mejores fines de semana que he pasado en mucho tiempo. Y ahora ya saben que tienen en común (por lo menos para mí y para Claudio) Judas Iscariote, Anthony Hopkins, Umberto Eco, Natalie Portman, el mejor amigo del Hombre Araña y el refrigerador fantasma con complejo de paloma.

martes, 1 de marzo de 2011

VIAJANDO A LIMA: CRONICA DE UNA PITCHULA VITAMINADA

El día jueves veinticuatro tenía que ir a Lima, pero dos días antes, el martes veintidós me sorprendieron con una mala noticia: Se había decretado un paro minero indefinido en Puerto Maldonado a raíz de la destrucción de las dragas informales que extraen oro del lecho del rio en la localidad de Huepetuhe, en el extremo sur de Madre de Dios. Pensé que si el paro iba a ser como otros anteriores, la cosa iba a estar difícil, recuérdese que el año dos mil ocho el pseudo frente cívico incendió la sede del Gobierno Regional de Madre de Dios casi con los trabajadores adentro.

Este asunto me desanimó terriblemente, así que desde la internet y comunicándome con amigos que trabajan en Puerto Maldonado procuré hacerle un seguimiento al paro para definir si se concretaba mi viaje. Ya había reservado los pasajes en StarPerú, mediante el pago vía internet de quince dólares por cada tramo, con penalidad no show de tal manera que si no me presentaba a lo mucho perdería treinta dólares, por lo que eso era lo que menos me preocupaba. Sí me preocupaba perderme la oportunidad de visitar Lima, de aprovechar para comprar una serie de cosas que necesitaba y sobre todo visitar a mi querido amigo Claudio, quien es, como diría Paris Hilton – una de las mentes más brillantes del milenio – my BFF.

El día miércoles veintitrés, primer día de paro, se me informó que la cosa hasta el medio día había estado tranquila y diseñé mi estrategia: Viajar pasado el medio día para llegar entrada la tarde, hora en la que los huelguistas bajan un poco la guardia, dormir en Puerto Maldonado, e irme al día siguiente temprano al aeropuerto antes de que los revoltosos tomen la vía a dicho terminal.

Tal como le había prometido a Claudio, medio en broma, medio en serio, me fui al supermercado en Brasil para comprar una bebida gaseosa que viene en unas botellitas pequeñas (como nuestra Kola Real) y que tiene el gracioso nombre de Pitchula, y que últimamente viene además enriquecida con vitaminas B, C, Magnesio y Zinc, por lo que además resulta ser una Pitchula Vitaminada. Compré tres botellas, dos de naranja y una limón y como la hora me ganaba, ya no pude conseguir los chocolates que había prometido y me regresé a casa a arreglar mis cosas.

Días antes había comprado algunos discos de música sertaneija y forró para obsequiarle a Claudio. Los acomodé con mi ropa en la mochila y también las tres botellitas de gaseosa que aseguré en una bolsa plástica negra. Luego me entró la duda de que podían destaparse en el viaje y manchar la ropa, así que les puse una segunda bolsa, pero con la duda ya encima, opté por colocarlas en un compartimiento en la parte delantera de la mochila para evitar cualquier desastre. Así entonces me fui al paradero de buses, ya que el único bus decente que va a Puerto Maldonado pasa todos los días (excepto los lunes) entre las dos treinta y tres de la tarde.

El viaje a Puerto Maldonado fue tranquilo, la ciudad estaba calma y pude confirmar en los noticieros nocturnos que el primer día de paro había sido tibio, por calificarlo de alguna manera. Al día siguiente, el veinticuatro, me levanté temprano, me di una ducha y me fui en el correspondiente motocar al aeropuerto. Llegué a las ocho de la mañana aproximadamente, noté una fuerte presencia policial y militar y me felicité por haber tomado la decisión de no correr riesgos. Los counters estaban cerrados y el único establecimiento abierto era la cafetería, en ella cuatro funcionarios del aeropuerto sentados en una mesa tomaban té o mates por lo que pude observar.

Me senté a una mesa y el mozo, un hombre mayor y de cara de pocos amigos que ya había visto en otras ocasiones, me trajo la carta. No se me ocurre que el mozo sea un empleado real, nadie en su sano juicio contrataría a alguien así para atención al público, así que supongo que debe tratarse de una empresa familiar y el mozo es el papá o tío del dueño o algo así. La carta estaba en dos idiomas, en una columna en Español y la otra en English, en la columna en español decía pulcramente Sánguches y en la otra Sandwish. Pero más abajo en español decía hot dog y en inglés hot dog también, me pregunté si no sería más adecuado perro caliente en español, si en inglés hot dog era un sandwish. Habiendo hamburguesas, sánguches de queso y jamón, sánguche de huevo y otros correctamente traducidos al inglés, caprichosamente, pedí un hot dog en español y un café americano.

Entonces el mozo otoñal me dijo:
– No tenemos desayuno todavía.
Pensé: ¡Coño, entonces para qué abren! Miré el reloj de mi celular y vi que eran las siete y treinta de la mañana, levanté la vista y miré elocuentemente a las cuatro personas que bebían té frente a mí. Miré a la caja y vi a una persona que más que cajero parecía el dueño del lugar y me pregunté mentalmente si era tan difícil que alguien me prepare un sánguche o un sandwish y un café.
– Espero – dije, pensando en que igual mi vuelo salía a las once y treinta y el mozo asintió.

Mientras esperaba, noté en la mesa, debajo del vidrio un papel impreso que decía algo más o menos así:

“Las mesas son exclusivamente para el consumo de los productos que expende el restaurant. Está prohibido el uso de computadoras. Agradecemos su comprensión.”

Me quedé pensando en lo anacrónico del asunto, mientras en otros aeropuertos se ofrece el servicio de Wi-fi, en este se prohíbe el uso de computadoras. Podía entender el hecho de que habiendo pocas mesas, la idea sea que los clientes no se queden sentados en las mesas sin consumir en perjuicio de otros clientes era razonable, pero de allí a prohibir el uso de computadores…

Pasados veinte minutos aproximadamente se me acercó el dueño - cajero y me comunicó que ya había llegado la persona a cargo de la cocina, me ofreció disculpas y yo confirmé mi pedido. Instantes después llegó mi castellanizado hot-dog y una taza de agua caliente acompañada de un sobrecito de Nescafé: De alguna manera para ese restaurant eso era un café americano, con Nescafé fabricado por Nestlé del Perú.

Cuando terminé y pesar de que todavía había cuatro mesas libres, el mozo me retiró los platos apenas me vio limpiarme los labios con una servilleta. Prácticamente me obligó a ir a pagar y para colmo ni siquiera me anotó su teléfono o email en la servilleta como la señorita moza de cierto cuento.

Terminé con calma mi desayuno y luego me fui a sentar en una de las tiesas sillas de fibra de vidrio frente a los counters hasta que se inició la atención en StarPerú, tranquilo me acerqué a pagar mi pasaje ya reservado. Una vez en la barra (porque los counters no son ventanillas porque no tienen ventanas ni mostradores porque no muestran nada, entonces deben ser barras, supongo yo) le mostré mi reservación a la señorita de atención al público y me contestó, como es lógico en el Perú, que no podía atenderme ahora y que vuelva en diez minutos. Nunca contradigo esos sólidos argumentos, después de haber tomado vuelos en un promedio de cincuenta por año durante casi seis años y pasearme por casi todos los aeropuertos del país, he aprendido que en los counters operan fuerzas misteriosas más allá del entendimiento humano. Regresé a mi asiento.

Esperé once minutos para no fallar y regresé al counter o barra de atención como ya dije, y le mostré mi reservación a la ilustre señorita y le alcancé mi tarjeta de crédito American Express (Visa y Mastercard son zapatillas a su lado) junto con mi DNI para proceder al pago. La referida dama (a este punto no me consta que sea señorita) me contestó con su sonrisa de catálogo que sólo aceptaba pagos en efectivo. ¡En efectivo! Miré alrededor y no pude ver donde había dejado estacionada mi máquina del tiempo. Luego miré nuevamente alrededor pero levantando la vista para ver si descubría las cámaras escondidas, pero nada. ¡Era verdad! Aunque no lo crean, en pleno siglo XXI, con Wi-fi, televisión en alta definición, telefonía satelital, en un país que dice estar casi a punto de ser un país desarrollado y abandonar el triste tercer mundo… ¡StarPerú no tiene P.O.S. en su counter en el aeropuerto! Ante mi mirada incrédula la mujer de rojo (la señora del counter) resolvió todo el problema diciéndome:
– Pero allí tiene un cajero – y señaló el cajero de Interbank a unos metros.
Le solté el discurso de ¿Y qué pasa si fuese un viaje de emergencia y no tuviera efectivo? Me miró con su expresión vacía y no pudo evitar encoger los hombros, pero siempre muy amablemente. Entonces recordé las fuerzas misteriosas, el triángulo de las Bermudas, la magia negra, el vudú y los counters y me fui derechito a sacar plata del cajero. Una vez de vuelta, pagué. Como era de esperarse no tenía cambio y tuve que rebuscar mis monedas para pagarle la cantidad exacta, me entregó mi tarjeta de embarque y me remitió a la ventanilla (esta vez sí una ventanilla) para pagar la tasa correspondiente. Pagué y me fui a sentar, revisé mi tarjeta de embarque y me percaté de dos cosas que me han pasado esta vez por primera vez en la vida, la primera era que mi tarjeta de embarque estaba a nombre de Vásquez Caimachi, Pánfilo Eleuterio (o algo así) y que no me había dado ningún comprobante por el pago realizado.

Regresé al counter y le expliqué a la empleada mi problema. (Como sospecharán mi ánimo ya no era tan bueno) y nuevamente con sonrisa amable me expidió una nueva tarjeta de embarque, se demoró como diez minutos despegando con cuidado el stiker de la tasa de embarque, y yo pensé que para poderlo pegar en la nueva tarjeta de embarque, casi me caigo cuando al terminar de despegarla, la engrapó a la tarjeta correcta ¿no hubiese sido mejor recortarlo si lo iba a engrapar? En fin, recibí mi tarjeta y me la quedé mirando, me preguntó:
– ¿Lo puedo servir en algo más señor?
– Claro – le dije - ¿Mi comprobante por el pago que hice?
– ¡Ah! ¿Quiere que se lo imprima?
– ¡No! Mándamelo por telepatía so cojuda
Esto último no lo dije, pero les juro que lo pensé.
– Sería bueno – le contesté con una hipócrita sonrisa en los labios. Imitando la de ella.
Me entregó mi comprobante de pago y me fui más tranquilo, ya me imaginaba yo en el Jorge Chávez jurándole a la counter que había pagado en efectivo en Puerto Maldonado y ella sonriéndome con sonrisa de counter y explicándome amablemente que el pago no figuraba en pantalla. Problema resuelto felizmente.

El vuelo estaba programado para las once y treinta, por supuestos problemas de clima, este se retrasó y terminó saliendo rumbo a Lima pasadas las dos de la tarde. A las doce mi ánimo ya estaba sobre cargado, aburrido fui a buscar un libro en un dudoso y poco creíble Zeta Book Store, ¿Por qué no me sorprendió cuando confirmé que probablemente los kioskos de las esquinas de la plaza de armas de Arequipa tienen mejores y más variados libros y revistas? Desilusionado me puse a mirar a la gente.

Finalmente llamaron para embarcar, todo un problema porque mi tasa de embarque no estaba pegada si no engrapada a mi tarjeta de embarque, ¿Es que hay alguna diferencia? El funcionario luego de mi explicación me miró con cara de “No te quieras pasar de vivo manito” perforó la tasa y seguí, mochila en mano.

En la máquina de rayos equis deposité la mochila, mis monedas, celular, llavero y otros. Pasé el umbral mágico sin generar la aterradora bocina y de pronto me sentí mirado por todos. La encargada de los rayos equis me había señalado con su dedo acusador y un gorila de un metro ochenta se abalanzaba sobre mí. Exagero creo, pero esa fue la sensación que tuve, y ahora pienso que ya sé cómo se siente un miembro de Al Qaeda. Bueno, lo cierto es que me quedé helado y al voltear veo en la pantalla del monitor las tres gaseosas brasileñas juntas una al lado de otra, pero que en el monitor parecían granadas o cuando menos bombas Molotov.
– ¿Qué es eso? – me preguntó gorilón mientras me hacía señas con sus torpes manos pre homo sapiens para que abra mi mochila.
– Pitchulas – le contesté inconscientemente, y hasta ahora no entiendo cómo no me dio con su vara en la cabeza. Se me quedó mirando a punto de golpearme y yo estallé en una carcajada
– Gaseosa quiero decir – expliqué.
Luego de sacar cuidadosamente las tres botellitas y mostrarlas, sonrieron conmigo y me dejaron pasar. Ya no les cuento acerca del avión porque si no van a pensar que estoy inventando todo esto. Baste saber que arribé sano y salvo a Lima y que las pitchulas vitaminadas llegaron a su destino.

jueves, 6 de enero de 2011

MATRIMONIO POR CONVENIENCIA

Cuando estaba estudiando derecho en la universidad, me parece que el año 1992 o 1993, en medio de una conversación, una compañera, al referirse a los romances, mencionó algo que me llamó la atención: “Para enamorarme de un hombre, en primer lugar tengo que admirarlo.”

Si bien en un primer momento la frase suena bien, el concepto no es funcional. Procuraré explicar mi punto de vista: Si mi compañera, a la que llamaremos C, se siente atraída por un hombre al que llamaremos H, ello implica que H tiene atributos que C desea y por tanto admira. Normalmente no se admira lo que se tiene. En palabras del Dr. Hannibal Lecter (hablando con Clarice Starling): “No. We begin by coveting what we see every day. […]” Esto implica que H está en un nivel superior al de C en cuanto al criterio o valor (diremos X) por el cual es admirado, luego H no tendría por qué admirar a C, si su nivel de X es menor al que él mismo tiene. No se desea (o codicia) lo que ya se tiene.

Para poder tener una expresión más gráfica, imaginemos un plano con valores del 1 al 10, una tabla. Donde estos valores son los que atribuimos en importancia a X. X podría ser integridad, carisma, aspecto físico, fortuna, honestidad o cualquier valor que C considere admirable en H.

Para ejemplificar diremos que X es igual a carisma.
X= carisma.

Si C piensa que H tiene 8 en carisma, y eso le resulta admirable, deberemos entender que C tiene en su propio concepto por lo menos 7 en dicha variable, caso contrario un 8 no le llamaría la atención.

Si H tiene en su propio concepto que efectivamente su carisma es 8, buscará una mujer que tenga cuanto menos 9 en carisma, luego no se fijaría nunca en C, porque un 7 en carisma nunca le despertaría admiración.

Si esto fuese cierto, tendríamos un grave problema, ya que nunca podrían emparejarse exitosamente dos personas o, si se logran emparejar, por lo menos una de ellas estaría mintiendo para mantener la ilusión en la otra. Tarde o temprano se descubriría la verdad y la ilusión desaparecería. Claro que debe haber parejas que duran muchos años porque las personas que la integran tienen el talento de mantener la mentira toda esa cantidad de años. “Everybody lies”, como dice el querido Dr. House.

Este problema me daba vueltas en la cabeza, hasta que a mediados de 1993, leí en una revista [1] una entrevista a Gary Becker, Premio Nobel de Economía de 1992. El Premio Nobel le fue concedido a Becker por sus aportes a la teoría del comportamiento humano desde el punto de vista de la economía. En la entrevista que menciono, Becker habla de lo que él denominaba “Matrimonio por conveniencia” y menciona lo siguiente: “[…] Las personas se casan cuando la utilidad esperada del matrimonio excede la utilidad esperada de quedar soltero […]” más adelante agrega: ”[…] las parejas se divorcian cuando la utilidad de estar casadas cae por debajo de la utilidad esperada de estar divorciadas, cuando ellos ya no obtienen ningún placer de estar casados. Es decir los matrimonios están basados sobre las buenas decisiones de negocios. Cuando yo digo que las personas se divorcian, quiero decir que ellas hacen eso porque se dan cuenta que, bueno, no son muy felices ahora, y quizás puedan encontrar a otra persona que los haga más felices. […]”

Gary Becker aclara en la entrevista que la felicidad no sólo es económica, puede darse en otros planos adicionalmente y coincide en ello con la tesis de mi compañera C, de que siempre buscamos algo que nos mejore, y claro, la herramienta de esa búsqueda es la admiración. Sin embargo a primera vista no se resuelve el problema planteado: Si la persona H es mejor, ¿cómo conseguir que se fije en C que es inferior? Si sabemos que H también buscará mejorar su posición.

De la lectura de las ideas de Becker y de una serie de reflexiones adicionales, resulta que la respuesta es que las personas en realidad tienen varias tablas de admiración paralelas o superpuestas. Estas tablas que funcionan como una especie de matriz, tienen cada una de ellas una cualidad diferente representando a X y el resultado de la conjugación de todas las sub matrices genera un valor final, donde dicho valor final siempre se mantiene cercano al que en promedio tienen el otro sujeto.

Por ejemplo si C tiene un 7 en carisma, buscará que H tenga un 8. H no se fijaría jamás en C, si no fuese consciente de que él en sentido del humor tiene 4 y C tiene un categórico 9. Puede ser que H tiene en aspecto físico un buen 8 y C sólo llega a 4, pero en habilidades amatorias (sexuales, obviamente) C tiene un 10 cuando H solo llega a un triste 3. Al complementarse en diferentes valores, ambos se atraen mutuamente. Sin embargo en el promedio general, H y C deben obtener valores cercanos, por ejemplo C un 6 y H un 7, nunca deben quedar muy lejos entre sí para que la atracción se mantenga en el tiempo. Si H en promedio es un 8 y C es un 3, la relación nunca va a funcionar.

Esta teoría explica muchas cosas, por ejemplo el hecho de ver en la calle una pareja donde ella es físicamente un 9 y él un 5, a primera vista parece una llamada “pareja dispareja”, pero la visión es totalmente parcial. Falta analizar todos los otros posibles valores de X que hacen que en promedio esa pareja sea un 8 y que son factores que normalmente no vemos quienes no conocemos a fondo esa relación.

Esta teoría se la comenté hace unos cinco o seis años a mi querido amigo Claudio Morgan y concordamos al respecto. Fue curioso el hecho de que hace tres años, en un episodio de Dr. House, el controvertido médico señalara lo mismo al ver una pareja donde ella era aparentemente una mujer exitosa y él un típico perdedor, como dicen los gringos. House dijo algo como esto: “Los 4 empatan con 4, los 7 con 7, estos dos son un 3 y un 8, alguno miente.”

Lo cierto es que las personas se juntan para mejorar en algún aspecto y brindar mejoras en otro, hay parejas en las que uno es emprendedor y el otro tiene sentido del humor, hay otras donde uno es un galán de cine y ella es una fiera en la cama. Seguramente habrán parejas donde las diferencias harán las relaciones más saludables y estoy convencido que las más tristes deben ser aquellas en las que ambos son un diez en todo.

Alguna vez, en la universidad también, conversaba con dos amigas y una de ellas (que no era precisamente brillante ni agraciada) se quejaba de no tener novio. Le preguntamos el porqué, dado que sabíamos que tenía cuando menos un par de pretendientes conocidos a los que permanentemente rechazaba, y dijo:
- Lo que pasa es que estoy esperando a mi príncipe azul
Y mi otra amiga, con esa forma de herir que sólo tienen las mujeres, le replicó:
- ¿Y te has fijado si tú eres una princesa, mamita?

****
[1] Thémis. Revista de Derecho. Publicación editada por los alumnos de la Facultad de Derecho de la PUC. Segunda Época. Nro. 25. Lima. Abril de 1993. Pp. 49-54

jueves, 25 de noviembre de 2010

ESCRIBIR NO ES DIFICIL


Es cierto, escribir no es difícil. Como dice Denegri, lo difícil es escribir bien. Hay que tomarse un tiempo para estructurar las ideas, repasar las formas gramaticales y pulir los textos. Tal vez por ello que hace tiempo no escribo por el simple placer de escribir.

Creo que es el momento de retomar esta afición y convertirla en adicción. Como toda adicción primero se parte de la creación del hábito. Los malos hábitos requieren de un buen grado de abandono y hedonismo. Los buenos hábitos (como la lectura y la escritura por ejemplo) requieren de disciplina en primer lugar y de una buena dosis de ánimo para practicarlos.

Una de los principales obstáculos para escribir, además de una posible falta de disciplina, suele ser la ausencia de un grupo de apoyo. Nadie quiere escribir para sí mismo, como apuntó García Márquez, uno escribe para los demás, para que lo quieran. Es por ello que se necesita saber que seremos leídos, tal vez criticados, señalados, abofeteados y lapidados, pero finalmente leídos.

Hoy leí un cuento breve de un querido amigo. Él también fue víctima del virus de la lectura y el ansia de escribir: somos víctimas del mismo padecimiento. Hoy al leer su creación la admiré y admiré también su valentía. Quiero ser el soporte que él necesita para seguir adelante, pero mis motivos son egoístas: Quiero también que él sea el soporte para seguir adelante yo mismo.

Supongo en este punto que ya no deberé retroceder, espero someter disciplinadamente a la crítica de mis futuros lectores lo que pueda poner a su disposición en este blog. Y si ningún lector ajeno visita la página sé que Claudio lo hará. Yo prometo hacer lo mismo con su blog y leer religiosamente cualquier cosa que escriba. Claudio: tienes un lector firmemente comprometido con tu trabajo.

Tampoco tengo un tópico en mente, este blog lo hice en un inicio para contar mis dichas y desventuras en la selva donde vivo en la actualidad. Imagino que escribiré de todo un poco, procuraré mantener la idea inicial de las crónicas de la selva, pero también presentaré ensayos breves y cuentos. Si algún día me animo por la novela, prometo avisar.

Volviendo al título, escribir no es difícil, pero requiere paciencia, disciplina y el soporte de los amigos, sobre todo de los amigos que comparten la misma pasión. Espero ser leído, sí, pero antes que muchos lectores, prefiero buenos lectores y de antemano ya sé que cuento con por lo menos uno.