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domingo, 9 de octubre de 2011

¡ES DEMASIADO FANTASIOSO!

Una señora joven hablaba con otra en el supermercado hace años:
– Mi hijo se fue a ver Harry Potter.
– ¿Ah sí? A mí no me gusta Harry Potter, es demasiado fantasioso.
¡Pero señora! ¿Qué esperaba de una historia que se desarrolla en una academia de magia?

Es increíble la cantidad de tonterías que puede decir la gente.

Lo que sucede es que a veces no resistimos la tentación de decir cosas que nos permitan rechazar lo que nuestro interlocutor dice acerca de sus gustos o disgustos y terminamos quedando como el zorro y las uvas.

Alguna vez le pregunté a una amiga si le gustaban las películas pornográficas, “No” me dijo, “muy fantasiosas” ¿Muy fantasiosas? De todo el género cinematográfico no hay cosa más real que ver a dos personas en pelotas teniendo sexo. ¿Cómo se finge eso?

Lo que sucede, creo entender, es que no es real la parte de los preludios, es decir el tipo va a la biblioteca y la bibliotecaria en menos de cinco minutos se desviste para él. Bueno, en eso concuerdo totalmente, es absolutamente inverosímil que existan bibliotecarias sexys.

Me imagino que por ello las modernas películas de la industria para adultos ya no ponen esas escenas previas en sus películas, ahora se pasa directo a la acción. Sigo pensando que no hay género que más se parezca a la realidad que el triple X, la única diferencia con la vida real es el maquillaje, las luces y la producción. En la vida real el asunto suele ser más sórdido y menos atractivo al menos desde el punto de vista visual.

Sin embargo las personas siguen insistiendo que hay películas o libros “fantasiosos”. ¿Qué tan real puede ser una película donde dos personas encuentran el amor de su vida y tienen un final feliz? ¿Se han preguntado que pasa después?

Lo que sucede es que todo gira alrededor del término verosímil y del concepto que tiene cada uno de lo verosímil. También tiene que ver con el concepto de la realidad y como la preparación de cada persona se adapta a ello respecto a la distinción de lo que es simbólico y lo que pretende ser real.

Primero: No hay películas de cine o televisión que sean “reales” Si usted quiere ver realidad, pues vea documentales. Ese es el género apropiado para quien quiere ver realidad. Lamento comunicarles a los lectores que el señor Laurie, no es doctor en la vida real ni se apellida House, que Bruce Willis no es policía, que Silvester Stallone nunca ha ganado un título de la asociación de boxeo y que Tom Hanks no pasó de ser un náufrago de una isla desierta a profesor de simbología en una prestigiosa universidad americana. Todos ellos son actores y se ganan la vida personificando a sujetos que en la vida real no existen, exactamente lo mismo que hace el actor que personifica a Harry Potter.

En el cine vemos fantasías, incluso cuando las películas se “basan” en la vida real y entrecomillo la palabra basan, porque esa es la palabra clave en esos casos. Solo se “basan” el resto es fantasía.

Como les decía el asunto es la verosimilitud. Algunas películas son más verosímiles que otras por la forma del planteamiento, el guión y la producción. Y también – este es un ingrediente muy importante – porque queremos creer que es así.

Lo importante es la premisa. El señor de los Anillos, Harry Potter y las Crónicas de Narnia, para citar a los más recientes, tienen un planteamiento que se basa en una premisa que determina el trayecto de lo que va a suceder, la trama se desarrolla en un mundo de fantasía y a partir de ello surge todo lo demás.

Como ya mencioné hay otros factores como el trasfondo cultural de muchas películas, ya sea la cultura general, la cultura popular o lo simbolismos derivados de la cultura underground.

Hay una serie de películas que tienen referencia a clásicos del cine. Un no cinéfilo probablemente no encuentre mucho sentido a algunas referencias. Shrek es un buen ejemplo de constantes referencias a pasajes del cine clásico.

De la misma manera la película de Burton sobre la biografía de Ed Wood tal vez tampoco tenga mucho significado para quien no haya disfrutado las viejas películas de terror que alguien podría llamar hoy de “fantasiosas”.

La liga extraordinaria, por poner un ejemplo, podría ser también una película fantasiosa si pensamos en la imposibilidad material de colocar en la misma escena al capitán Nemo, a un vampiro, a Tom Sawyer y, al Dr. Jekill / Mr. Hyde y a Dorian Grey, además de un impecable hombre invisible y un aventurero británico. Sin embargo cuando comenté esta película con algunos amigos pude recibir tres clases de reacciones. A muy pocos les pareció muy interesante la hipótesis de trabajo. A otro grupo no le pareció ni bueno ni malo, pero no pudieron identificar al capitán Nemo, a Tom Sawyer, al Dr. Jekill y a Dorian Grey, en muchos casos pensaron que los personajes habían sido creados para la película. Un tercer grupo la consideró muy fantasiosa, pero a ese mismo grupo de gente le parecía verosímil Rambo en sus diferentes secuelas. ¿Extraño no?

También conocí gente que había considerado a Matrix como una película poco verosímil. Bueno, es evidente que Matrix es una de las películas con mayor trasfondo filosófico de los últimos tiempos. A quienes todavía no han entendido el argumento, sería buena idea documentarse acerca de las tesis de Renato Descartes y un poco más lejos, acerca del Topus Uranus de Platón.

No se me ocurre a alguien pensando en que La Guerra de las Galaxias sea una película fantasiosa. Lo que sucede en que su planteamiento es tan ajeno al mundo real, que su secuencia resulta verosímil. Sin embargo hay personas que cuestionan por ejemplo la apariencia de los extraterrestres (en esta y otras películas de ficción). Como dato les cuento que los realizadores de películas de ciencia ficción diseñaron monstruos extraterrestres en función a criterios científicos de lo que podría haberse creado en otros universos a partir de distintos climas, temperaturas y otros factores. El resultado fueron seres sin boca, oídos, planos, etc. Luego estos seres imaginarios fueron presentados a una serie de focus group y fueron rechazados. El ser humano prefiere los monstruos y extraterrestres antropomorfizados. Ese es un claro ejemplo de que nos resulta más verosímil “lo que queremos ver” como se mencionó líneas arriba.

Nunca escuché a nadie reclamar con Alf. ¿Se imaginan, un extraterrestre peludo que come gatos y que se halla alojado en la cochera de una casa de los suburbios en Estados Unidos? ¿O Mi Bella Genio, una deidad oriental que se esconde en una botella y cumple ilimitadamente los deseos de su amo? ¿No son demasiado fantasiosos? ¿No es demasiado fantasioso el mundo de La Sirenita y un cangrejo que habla?

En otros casos se cuestiona la apariencia. Dos ejemplos: 300 y La ciudad del Pecado (Sin City), para quien no conozca las historietas o tiras cómicas (“tiras cómicas” solo por hacer referencia el género, ya que las historias no son cómicas por sí) en las que se inspiran estas películas, difícilmente podrán comprender la magnitud del buen trabajo hecho por los productores, realizadores y director. Quien pretenda comparar 300 con el episodio histórico de Leónidas en las Termópilas estará definitivamente equivocado.

Kill Bill es otro buen ejemplo, Tarantino de ninguna manera quiso documentar la vida de una determinada persona apodada La Novia que quería vengarse de un tal Bill, las películas de la saga contienen diversos homenajes a las películas de artes marciales, y un claro referente al manga japonés. Si no se tiene ese referente cultural, la película puede pasar a ser también “demasiado fantasiosa.”

Podría abundar en cientos de ejemplos más, sin embargo a este punto creo que no es necesario. Los que tenían que darse cuenta de la idea central de esta nota ya lo han hecho, los que no se han dado cuenta, no lo harán aunque yo me despelleje en el intento. Lo que me parece indiscutible es que cuando comentamos de cine, teatro o música, generalmente nuestros comentarios hablan más de nosotros mismos que de lo que estamos comentando. En los casos que no sepamos bien de qué se trata lo que vamos a comentar, lo más apropiado suele ser seguir el consejo de los pingüinos de Madagascar: “Calladito me veo más bonito.”

domingo, 22 de mayo de 2011

KUBRICK

No fue sino hasta muy crecido que supe recién quien era Stanley Kubrick, mi interés en el cine en mi primera juventud (y hasta ahora en la mayoría de casos) era absolutamente visual, las películas me gustaban o no, sin importar los pergaminos de los actores, directores o realizadores.

Stanley Kubrick fue para mí una revelación, de aquellas experiencias místicas, casi religiosas; fue casi como una transfiguración, una conversión al credo de lo bien hecho, de la perfección en escena.

¿Qué se puede decir de Stanley Kubrick que no se haya dicho ya en biografías, homenajes y documentales? Creo que nada más, pero no quiero hablar de él, si no de mi encuentro con él.

De chico escuché a mis tíos y primos mayores hablar de la Naranja Mecánica, sabía por esta referencia que la película era buena (hay que tener hipermetropía para decir que la Naranja Mecánica es solamente “buena”), luego en la escuela alguien comentó que trataba de la historia de alguien que cometía un delito y era rehabilitado poniéndole escenas violentas en una pantalla y obligándole a verlas. Luego pasaron los años y vino un mundial de fútbol, no recuerdo bien cual ya que no me gusta mucho el fútbol, y desde entonces el término “naranja mecánica” encendía en mi mente la imagen visual de un equipo notable de fútbol que funcionaba como una naranja en cuyo interior había un sofisticado mecanismo de relojería.

Otro evento fue en la escuela también, y creo que antes del asunto de la naranja, que algún compañero se fue al cine un fin de semana y regresó emocionado hablando de Odisea en el Espacio. En esa época era casi imposible ir al cine, la única vez que fui por esos años fue para ver en el viejo cine Benique (hoy convertido en templo pentecostal) “La Pasión” en semana santa y salí traumatizado.

En aquél entonces yo no contaba con más de siete años creo, hoy me sorprende que esas películas hayan llegado al Perú cerca de ocho o nueve años luego de su estreno en los Estados Unidos, pero bueno, así era en ese entonces. Luego cuando ya tenía diecisiete años vi un pequeño fragmento de Odisea en el Espacio un domingo en Panamericana Televisión. No sé por qué pero en Arequipa Panamericana siempre tuvo mala imagen, o sería el televisor de la casa, no lo sé. Pero vi quince minutos y me pareció la cosa más nefasta que se pudiera ver un domingo por la tarde y me fui.

Así pasaron años, sabiendo que Nicholson se había hecho famoso en una película llamada El Resplandor pero que nunca pude ver. No se debe olvidar que en los ochentas era muy complicado conseguir películas antiguas y en los noventas el mercado del VHS en Arequipa era tan malo que era preferible no ver nada a ver esas horrendas películas mal grabadas, con lluvia en las imágenes y los costos de alquiler de películas originales eran prohibitivos en las pocas tiendas que las tenían, además de que los catálogos eran sumamente limitados.

Con la aparición del DVD todo cambió. Fui al cine casi de casualidad (y con más de treinta años encima) a ver “Con los ojos bien cerrados” y para ese momento Kubrick ya había fallecido. No sé si les gustará la película. A mi sí me gustó. Pero lo que me impresionó más no fue el argumento ni la trama, fue lo limpio de la imagen. Nunca había visto una película tan limpia. Desde el punto de vista del trabajo de producción, dirección y fotografía era sencillamente perfecta. El sonido era peculiar, incluso hasta hoy me sigue erizando la piel ese sonido de las teclas más agudas del piano en las escenas de la mansión y que luego acompañan permanentemente a la película.

Interesado por el creador de esta maravilla me documenté acerca del director, aprendí cosas de él y lamenté que haya fallecido. Compré (en DVD original o por lo menos “copia original”) sus películas y me senté a verlas. Vi La Naranja Mecánica por primera vez y temblando. ¡Qué maravilla! Otra vez me llamó la atención la conceptualización de las escenas, cada cuadro, cada adorno, cada pedazo de basura en la calle, cada arruga en la cama, cada color, cada mueble, todo está puesto por alguna razón, todo tiene que ver con lo demás, como una pintura en movimiento. La casi inexistencia de sombras. Cada vez que vuelvo a ver La Naranja Mecánica me imagino a Kubrick pasando un paño a todo, a los muebles, a los pisos, a todo, desinfectándolo con alcohol. Es todo tan aséptico.

Obviamente la película no trata de un tipo que se porta mal y al que luego rehabilitan obligándolo a ver escenas desagradables. El concepto filosófico va mucho más allá, hacia problemas que todavía nos atormentan, como el saber si de verdad se puede cambiar la esencia de las personas. Si la sociedad en realidad tiene la posibilidad de “reinsertar” seres humanos, pero mucho más importante, si el sistema es tal o tal vez es en realidad un “antisistema” que contraría nuestras miserias más instintivas. Otra cosa fascinante es cómo se logra que un psicópata y drugo tan malvado como Alex resulte en casi todos los casos tan simpático, incluso en los extremos más aterradores de su maldad.

Luego vi El Resplandor, pasó lo mismo, las escenas están tan cuidadosamente bien hechas que casi no se puede concebir tanta perfección. Es el tipo de terror que me encanta y me mantiene atento. Nada de bichos computarizados ni maquillajes inverosímiles, no. Noté que en las películas de horror modernas, el miedo (si hubo) se acaba cuando aparecen los créditos. En El Resplandor el miedo se queda presente en la habitación, incluso mucho tiempo después de haber apagado el televisor. Este resultado es producto del trabajo, trabajo puro, pasión, amor, esfuerzo, sudor, fascinación por lo que uno hace y mucha, pero mucha perfección.

Más adelante tomé aliento y vi Odisea en el Espacio. A pesar de ser más antigua tiene el mismo sello. En realidad es una película especial, resulta evidente que un chico de doce años o diecisiete no podría entenderla. Tiene muchas entradas y salidas al mundo interno a través de la relación de los personajes con la inteligencia suprema y la artificial, componentes no visuales que abren la mente del espectador. Creo que la vi a la edad apropiada.

Luego alguna noche de insomnio tuve la suerte de ver Lolita en la tv y gracias a las pantallas de LCD y la televisión por cable, la pude ver con buena calidad. Kubrick nuevamente, no me decepcionó. Hace poco vi Espartaco y recordé que sí la había visto hace más de treinta años, pero junto con las otras películas de Semana Santa en la televisión. Noté que no tiene el sello de Kubrick que tanto me gusta, pero ¡vamos, es de 1960!, si uno se pone a pensar en los recursos de la época, es una maravilla también.

No voy a mentir para alardear diciendo que he visto todas las películas de Kubrick, aún no, pero espero tener suerte y encontrarlas algún día en la tv. Pero las que les comenté me dejaron una huella notable. Creo, como ya dije, que las vi en el momento adecuado, probablemente en mis veinte no las hubiese entendido, probablemente si no hubiese leído primero a García Lorca, no las hubiese entendido, es muy probable que si no hubiese visto con fanatismo las películas de Tim Burton previamente, tampoco las hubiese entendido. Tal vez se estén preguntando qué tienen que ver García Lorca y Tim Burton con Stanley Kubrick. Bueno no sé, creo que entender a Kubrick es algo visceral, yo nunca entendí a García Lorca hasta que leí El Público y tuve la suerte de interpretar a Gonzalo en el teatro. No habría entendido qué es un Pez Luna, qué es la Luna, qué es un cuchillo o qué es un pámpano en la literatura de Lorca. Estoy seguro de que mi profesor de literatura de la secundaria no tenía la menor idea de Lorca cuando explicaba Yerma o Bodas de Sangre. Hay que entender la fascinación de Lorca cuando visitó Nueva York y vio el circuito underground para comprender sus referencias al “teatro bajo la arena”. De la misma manera, hay algo en las conexiones cerebrales de Burton que producen una magia similar. Kubrick es muy diferente a Burton en cuanto a lo visual, pero no están muy lejos en cuanto a lo conceptual, me parece que todo lo que hay de oscuridad en Burton lo tiene Kubrick en luminosidad. ¿Complicado? No creo.

Lo cierto es que pienso positivamente que Kubrick es probablemente el mejor director de cine que ha habido y su películas las mejores que he visto en mi vida y no he visto pocas. Sépase que Kubrick diseñó, inventó e introdujo, una serie de mejoras en la forma de hacer cine, de las cuales muchas de ellas son básicas para el cine actual. Pero no solo eso, su trabajo, que felizmente todos podemos ver, es una clara muestra de los niveles de perfección a los que puede llegar el ser humano cuando decide hacer las cosas bien.

sábado, 5 de marzo de 2011

¿QUE TIENEN EN COMUN JUDAS ISCARIOTE, ANTHONY HOPKINS, UMBERTO ECO, NATALIE PORTMAN, EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE ARAÑA Y EL REFRIGERADOR FANTASMA?

Llegando a Lima, después de un increíble viaje como les conté en una nota previa, llegué a la casa de Claudio, mi mejor amigo y primo de cariño. El trayecto del aeropuerto no tuvo mayor relevancia a excepción de que tuve la suerte de que el taxista tomara la ruta de la costanera para llegar a Surco y ver el océano al atardecer es siempre una experiencia que me reconforta gratamente.

Una vez en casa fui recibido cálidamente por la guapa tía Cecilia e inmediatamente después por mi muy querida tía putativa María Eugenia, a quien vi bastante recuperada luego de un feo incidente de salud. La abracé muy fuerte lleno de alegría y presumí que el viaje por la costanera y las visibles mejoras en María Eugenia no eran otra cosa que el preludio de un inolvidable fin de semana.

Luego hablé con Claudio por teléfono y quedamos para encontrarnos en Miraflores a la salida de su trabajo. En el Haití. ¡No! No sean malpensados, Claudio no trabaja en el Haití, trabaja a la vuelta en una importante empresa dedicada a... ahora que lo pienso no tengo claro a qué se dedican principalmente, pero sé que entre otras cosas se dedican a pagarle bien y tratar mejor a Claudio y eso es lo que me importa. ¡Adoro a esa empresa!

Terminando de hablar por teléfono, María Eugenia me dio las instrucciones acerca de la suite de huéspedes y me advirtió que el refrigerador de Piero que también vive en la casa (No es que Piero sea un refrigerador, aunque últimamente parece uno gracias a los kilos ganados, si no el refrigerador de propiedad de Piero que es primo de Claudio y por tanto una especie de primo mío, porque los primos de mi primo... ¡son mis primos!), venía haciendo unos ruidos extraños por la noche. Advertido tomé un baño, me afeité y me alisté para salir.

Una vez en Miraflores, a la altura del Haití, me encontré con Claudio y luego de los abrazos de rigor, nos fuimos caminando a Larcomar, nos pusimos al día y nos dirigimos al teatro de la USIL, allí pudimos disfrutar de “Los últimos días de Judas Iscariote”, Claudio había comprado las entradas unos días antes para garantizar una buena ubicación, obviamente no voy a hacer una ficha técnica porque no es el objetivo de este blog y porque me da flojera y también porque no me da la gana particularmente hoy. Sin embargo pueden abrir una ventanita en el navegador y colocar “google.com” y más abajo buscan “Los últimos días de Judas Iscariote” y les aseguro que obtendrán todos los datos necesarios para regodearse frente a sus amigos de saber que existe una puesta en escena de una obra que se llama “Los últimos días de Judas Iscariote” y si viven en Lima creo que todavía alcanzan a irla a ver. Lo cierto es que me gustó la puesta, un Lucifer (Lou) magistralmente interpretado por Iza. Me gustó mucho Julio César, Pilatos, el Juez… ¡Oh! ¡El Juez!, el fiscal muy bien puesto, judío como tenía que ser y la abogada tibia tibia... Un Judas más o menos convincente y un Jesús que si se hubiese quedado calladito hubiese quedado bien bonito, como los pingüinos de Madagascar. Santa Mónica y la Madre Teresa de Calcuta, interpretadas ambas por la misma actriz, bien caracterizadas. Personajes muy válidos para los fines de la obra. En resumen, bien pagados los treinta y cinco soles de la entrada, que dicho sea de paso, nunca le devolví a Claudio. ¡Bien pagados los setenta soles Claudio! ¡Gracias Totales!

Luego nos fuimos al Café sofá (¿O Sofá café? Nunca puedo acordarme) también en Larcomar y nos metimos una conversa de las cosas de la vida como siempre que nos encontramos. Unas cervezas y a casa, antes de salir de Larcomar nos detuvimos en uno de esos lugares llenos de juegos y cosas raras, así que Claudio (él y sus ideas raras) me invitó a jugar un especie de fulbito de mesa con una pieza circular plana que funge de bola y luego hicimos carreras en una suerte de simulador. ¡Qué difícil es manejar a doscientos cuarenta kilómetros por hora! Felizmente era sólo un simulador, si no estaría escribiendo esta nota desde una camilla de hospital.

Una vez en casa acomodé mi suite, así llamamos a un enorme sofá (muy cómodo por cierto) donde siempre me quedo cuando voy a Lima. Incluso a veces me quedo allí cuando voy por trabajo. Si se están preguntando si no puedo pagar un hotel, pues si puedo, pero hay dos razones principalmente para preferir el sofá: Primero, el calor de hogar: odio levantarme en las mañanas en un sitio tan impersonal como un hotel, así tenga todas las comodidades del mundo y segundo, porque son tan pocas las veces que veo a Claudio, Sergio y Maria Eugenia últimamente, que no quiero perderme ni un minuto de los que podría pasar con ellos.

Apagué la luz (serían las dos de la madrugada) y traté de dormir y fue entonces que advertí el misterioso sonido que venía de la cocina. Efectivamente parecía un fantasma, pero muy similar al sonido o arrullo que hacen las palomas en los tejados y ventanas de las casas: Uhuhuuuu... Uhuhuuuuu... Cerraba los ojos y trataba de dormir y allí estaba el Uhuhuuuu... Uhuhuuuuu... Me levanté y cerré la puerta de la cocina, el sonido disminuyó y pude dormir por fin, creo que en mayor grado por la hora y el efecto de las cervezas que por el hecho de cerrar la puerta de la cocina.

Al día siguiente nos levantamos tarde, como era de esperarse, Claudio se fue a trabajar y yo... yo no pues, ya que estaba de vacaciones y además en Lima. Me levanté con calma y desayuné con María Eugenia, quien fiel a su costumbre hizo cólera con los eventos del día. Como ya les comenté ella tuvo un problema de salud, así lo que menos debe hacer es cólera. Trate de imbuirle de mi espíritu “¡relájate! que no te importe” pero creo que no logré mi objetivo... Conversamos un buen rato, desayunamos y se fue a caminar. Yo me di un baño y luego me fui nuevamente a Miraflores, esta vez sí subí hasta el noveno piso a conocer la oficina del primo Claudio y me gustó. Bonita vista (no podía ser menos a un noveno piso) y ambiente agradable, Claudio sentado por allí en una ubicación preferente y sus secuaces no muy lejos de él. Un ambiente moderno y agradable. Estuvimos allí un rato y luego nos fuimos de compras a San Isidro. No les contaré qué compré en detalle ni cómo. Esto por ninguna razón de privacidad ni nada parecido. Sólo me da flojera, nuevamente. En fin sólo les puedo decir que compré una cámara digital que ya venía necesitando y ropa, uno disfruta más comprando en Lima que en cualquier lugar del país y si es en San Isidro, mejor.

Entre compra y compra se nos fue el día, almorzamos en el patio de comidas de Saga me parece y compramos unas cosas más, luego de regreso a casa. Descansamos un poco y volvimos a Larcomar para ir al cine esta vez. Vimos “El Rito” con Anthony Hopkins, el adelanto de la televisión prometía más. Sin ser una súper película, estuvo bien nomás. Es obvio que una actuación de carácter como la de Anthony Hopkins salva en buena cuenta la película. Hopkins es un actor galés por si acaso, para los que piensen erróneamente que es gringo. Más allá todavía es caballero de la Corte. Sir Philip Anthony Hopkins es de los brillantes actores británicos que con mucho talento son capaces de sacar adelante cualquier personaje, como Sean Connery o Hugh Laurie también.

Luego del cine un café en el Sofá café (¿o Café sofá?) y una larga conversa acerca de metafísica. ¡Qué conversa! Cuántas cosas aprendí esa noche, a través de información directa y a través de feedback, reanalizando mis puntos de vista y replanteándolos. Que nutritivo (intelectualmente hablando) es conversar con alguien como el primo Claudio, que a pesar de ser más o menos diez años menor que yo, tiene un punto de vista de las cosas que no he podido identificar en otras personas que se jactan de sabias y con muchos más años de experiencia.

De regreso a la casa, un poco de navegar la red y a dormir. De pronto de nuevo Uhuhuuuu... Uhuhuuuuu... desde el refrigerador fantasma, nuevamente a cerrar la puerta de la cocina y tratar de dormir. La verdad es que si Maria Eugenia no me hubiese advertido con la debida anticipación, menudo susto que me hubiese llevado la primera noche hasta descubrir que se trataba del bendito aparato.

El sábado nuevamente despertamos tarde, me di una ducha y me puse mi último calzoncillo limpio. Esperé por Claudio y nos fuimos a Polvos Rosados, precisamente para comprar ropa interior, calcetines, música pirata y algunas otras chucherías. Aprovechamos también para ir a Plaza Vea y compramos el tradicional “twelve pack” de Brahma, además de pasta dental, cepillos, máquinas de afeitar, embutidos, queso, aceitunas y etcétera. Al retorno pusimos a helar las correspondientes cervezas y almorzamos un delicioso calentado del día anterior. Por la tarde, luego de descansar un poco, nos fuimos a Crisol, frente al Ovalo Gutiérrez en Miraflores y felizmente ya estaba allí, esperándome como supuse, la más reciente novela de Umberto Eco: “El Cementerio de Praga”, nos pusimos a hojear algunos libros, tristemente no pudimos hojear el de fotografías de Metallica, porque todos los ejemplares estaban embolsados. En eso nos avisan que van a cerrar debido al simulacro nacional de sismo, así que tuve que escoger casi sin pensar algunos títulos más para llevar a casa: El sueño del Celta, Travesuras de la niña mala y El símbolo perdido. Pagamos y nos fuimos a participar del simulacro.

Afortunadamente nadie salió simuladamente herido en el Ovalo Gutiérrez, luego de las sirenas y los “!ohh¡” “¡ahh!” de la gente, entramos al cine para ver esta vez y casi al azar una película ligera, “Amigos con derechos” o sea “trampita nomás” con Ashton Kutcher y Natalie Portman. Película divertida y de formato predecible. Agradable para pasar el rato y para tratar de adivinar las desnudeces de Natalie Portman, que algún maldito editor malditamente cuidadoso tuvo el maldito cuidado de editar cuidadosamente.

Luego del cine nos fuimos al Starbucks Café, frente al cine y a unos pasos. De acuerdo a lo que me cuenta Claudio es el más antiguo de Lima. Allí seguimos conversando un buen rato, de todo un poco y en particular de tecnología. Rato después regresamos a casa, donde aún está despierto el primo Sergio (hermano de Claudio) y nos ponemos a conversar hasta tarde acompañando el verbo con cerveza, aceitunas y cabanossi.

El domingo definitivamente era un día playero, mientras desayunábamos, me quejé con María Eugenia que el refrigerador sonaba más que como un fantasma como una paloma y me dejó confundido la risa de mi tía. La miré y entre carcajadas me dijo:

- Es que Paloma se llama la enamorada de Piero.

Ese Piero, dos palomas por las qué preocuparse. Bueno, lo cierto es que nos alistamos, extendiendo la invitación a Sergio y los tres nos fuimos a la playa El Silencio. Conseguimos un taxista amable que nos llevó por módicos cuarenta soles y no sólo eso, además accedió a quedarse por ahí hasta la tarde para recogernos y llevarnos de vuelta a Surco. En la playa nos asoleamos un poco (no era un día particularmente caluroso) tomamos un par de cervezas y comimos cebiche como debe ser. No nos metimos al mar, porque (recién me enteré) la playa de El Silencio no tiene fondo de mar con declive leve, sino más bien como una especie de pequeño acantilado submarino, motivo por el cual cualquiera que quiera meterse al mar, debe cuando menos saber flotar bien.

Regresando a Lima descansamos un poco y volvimos a Larcomar otra vez, ahora para ver 127 días con James Franco, quien hizo del mejor amigo de Peter Parker en el hombre araña. Yo no tenía muchas expectativas con esta película, pero la verdad es que me atrapó y al final resultó gustándome bastante. Muy buena dirección y se crea convenientemente la ilusión de que el espectador está efectivamente allí sufriendo lo mismo que sufre el protagonista. Noté también que en esta película James Franco se parece mucho a Sam Rockwell cuando interpreta a William "Billy the kid " en Milagros Inesperados o la Milla Verde con Tom Hanks.

Luego fuimos un rato a pasear tiendas en Miraflores, siempre conversando y finalmente a casa. En casa conversamos todavía un poco más. Vimos algo de los Oscars y luego alisté mis cosas para partir. El día lunes temprano Claudio me acompañó a tomar el taxi para el aeropuerto y nos hicimos la promesa de volvernos a ver lo más pronto. No es necesario agregar que fue uno de los mejores fines de semana que he pasado en mucho tiempo. Y ahora ya saben que tienen en común (por lo menos para mí y para Claudio) Judas Iscariote, Anthony Hopkins, Umberto Eco, Natalie Portman, el mejor amigo del Hombre Araña y el refrigerador fantasma con complejo de paloma.