martes, 30 de abril de 2013
TACITURNO (Cuento)
Germán apagó el televisor y miró a su lado, boca abajo y con el cabello desordenado yacía Marcela, con un ojo abierto a medias y una mueca de sonrisa cansada.
– Despierta floja – dijo él.
– Mmmmm… ¿vas a pintar? – respondió sin despegar la boca de la sábana.
– Sí un poco, es temprano aún.
– Mmmmm… ¿me amas? – preguntó Marcela.
– Mmmmm… sí – contestó Germán riendo y abalanzándose sobre ella, hurgando con dedos finos de pintor entre sus costillas, sobre sus caderas, en sus axilas. Marcela reía y lanzaba grititos de desesperación, jugaron largo rato hasta quedar casi sin aliento.
– Te amo mi héroe – dijo Marcela y se levantó rumbo al baño para tomar una ducha. Ella le decía así desde el día que se conocieron, aquella fría tarde en el mirador sobre el acantilado frente al mar.
Era invierno, la bruma subía por las rocas, trepando lentamente en busca de las calles de la ciudad. Germán llevaba largo rato mirando el mar, el horizonte, esperando triste y taciturno a que, como siempre a esa hora, el malecón quedara desierto por causa del frio y la humedad. A su derecha a veinte metros, estaba ella, llorando en silencio. Germán la observó primero con interés de artista, el perfil, la cabellera desordenada, la piel ni blanca ni trigueña, canela tal vez, la figura esbelta pese a la enorme chompa de lana. Si hubiese traído su cámara la habría fotografiado, se lamentó. Esta vez no había traído nada. Hubiese sido bueno pintar ese perfil. La miró directamente y sin pudor mientras imaginaba su pincel recorriendo el lienzo trazando las curvas de su rostro; ella debió haber sentido la mirada, sus ojos se encontraron y ella se incorporó asustada, tal vez pensó que era un asaltante. Germán instintivamente sonrió y le hizo un ademán de saludo con la mano, ella se tranquilizó y volvió a su posición para concentrarse en el dolor.
Germán miró también el horizonte y ya no le atrajo como antes, se volvió hacia la muchacha y le silbó. Ella volteó y se señaló a sí misma con incredulidad, él asintió con la cabeza sonriendo, ella sonrió también mirando al piso, él volvió a saludar con la mano, ella esta vez rió con los ojos todavía húmedos. Germán se acercó con confianza, saludó.
– Hola, ¿Cómo te llamas?
– Marcela, ¿y tú?
– Germán y no te voy a asaltar.
– ¿Cómo crees…? – contestó ella indignada.
– No, no digas nada. Si un tipo con mi aspecto me mirara fijamente en este lugar yo también me asustaría.
– ¡Jajajaja! Bueno…
– ¿Por qué lloras?
– No lloro. Pienso.
– Piensas con lágrimas en los ojos.
– Es una pajita.
– ¿Tiene nombre esa pajita?
– No. Ya no.
– ¿Te gusta el mar?
– No… sí… en verdad no, en invierno no, en verano me encanta, pero en invierno no me gusta, es triste.
– ¿Y por qué viniste a verlo? ¿Es porque estás triste?
– ¿Por qué eres tan preguntón? – se desesperó Marcela y se echó a reír.
Luego de un rato conversaron cosas sin sentido, tonterías del día a día. Hablaron largo, Marcela le contó sus cosas, sus tristezas que eran muchas y sus alegrías que le parecían muy pocas. Germán no contó mucho pero escuchó de buena gana y con atención. Al cabo de una hora ya estaba oscureciendo. Marcela miró al cielo y dijo:
– Ya es tarde. Creo que debo irme.
– ¿A dónde te vas?
– A casa…
– Yo me quedo un rato más – contestó Germán.
– ¿Para tomar tu coca cola solo?
– ¿Perdón? – preguntó él.
– Sí, estás loco, desde que hemos empezado a conversar le das vueltas a esa coca cola que tienes en la mano y no la has abierto. ¡Ah! ¡Eres un tacaño, estas esperando que me vaya para tomártela solo! – bromeó Marcela.
– ¡No! Es que… – tartamudeó Germán.
– Ya dame – dijo con firmeza Marcela – vamos a brindar juntos por el encuentro.
Marcela tomó la botella, la destapó , dijo “salud” y se tomó un largo trago, luego se la ofreció a Germán. El dijo “salud” también y bebió. Se quedaron en silencio, viendo el sol desaparecer en el horizonte, ella sacó un cuaderno de su bolso y escribió su número, su correo y su dirección, arrancó la hoja y se la entregó, luego coqueta le arrebató la botella y se fue por la veredita del malecón a sorbos lentos, desapareciendo entre la bruma.
Germán quedó desconsolado, respiró, recordó a Marcela alejándose con su grácil andar y se relajó, sacó de su bolsillo el sobre de veneno para ratas y lo lanzó al acantilado riendo.
* * *
Cuando Marcela salió de la ducha, Germán sonrió pensando que nunca le contó el asunto del veneno, más por vergüenza del ridículo de haberse quedado sin líquido para su plan, que por cualquier otra razón. Ella lo miró y le preguntó:
– ¿De qué te ríes? Ya sabes… el que a solas se ríe…
– De nada – contestó él.
– Mmmmm… misterioso mi héroe.
– No me digas así – se quejó él.
– Te digo y te digo, “mi héroe”, lo eres y siempre serás.
– ¿Sí?
– ¡Sí! – dijo ella sentándose sobre sus piernas con la toalla envolviendo su cabellera mojada – Tú me salvaste de esa enorme tristeza ese día en el malecón.
– No mi amor – contestó Germán guiñando un ojo – tú me salvaste a mí.
domingo, 31 de marzo de 2013
EL NOMBRE (Cuento)
Una sensación cálida en la superficie de sus muslos lo
despertó, entreabrió los ojos, la reverberación del sol en el cerco pintado con
cal lo cegó momentáneamente. No se movió del asiento, tomó sus lentes de sol de
la mesa que siempre alguien acomodaba a su lado y se los puso lentamente, con no
poca dificultad pero con cuidado. Su mente se introdujo como en los últimos
días en los meandros de tiempos pasados, y allí, entre imágenes difusas y
sombras indescifrables, la vio. Siempre la recordaba, pero ahora la notaba
particularmente bella, más ligera, grácil, sonriente y contenta.
De golpe y sin invocarlos, se le aparecieron mil recuerdos y
emociones, le pareció oler su perfume, el aroma de sus cabellos recién lavados.
Nuevamente vio su sonrisa y sabía que le sonreía a él, los ojos le brillaban
como solo sucedía cuando estaba realmente feliz. Ella era feliz con cosas tan
pequeñas, con un chocolate, con una flor. Podía ser inmensamente feliz con un
libro nuevo o una nueva planta para el jardín. No recordaba el traje que traía,
no se lo había visto puesto nunca, era como de gasa, blanco, impecable, tal vez
era nuevo. Pero sus sandalias de cuero eran las de siempre y el de siempre también
era ese sombrero de paja con el que se protegía del sol. El pañuelo de seda
alrededor de su cuello fino lo hizo sonreír a él también. Por alguna extraña
razón siempre le había gustado ese pañuelo en particular, pese a que ella se
reía siempre de que le gustara más, precisamente el pañuelo más viejo que
tenía.
Se preguntó si realmente la había amado. Se preguntó si el
amor había existido cuando menos para él, si acaso no lo había negado
con persistencia solo para evadirse conscientemente del inevitable dolor que
todo amor acarrea, sobre todo el de pareja. Se preguntó si había redención, si
el tiempo realmente cura todo y si la vida da segundas oportunidades siempre.
Cerró los ojos y no la pudo ver más, fue entonces cuando
sintió su presencia con nitidez, abrió los párpados con algo de temor y ya no
estaba allí. No estaba allí físicamente pero podía sentirla, sintió su
presencia infinita, permanente. Se dio cuenta que nunca se había ido, que
estaba allí omnipresente desde siempre y tuvo ante sí una dolorosa revelación
que había estado transitando a paso de oruga por los recovecos de su mente
durante años, descubrió en ese instante luminoso que a pesar de todo ella lo
había amado. Ella sí lo había amado. ¿Dónde estaría ahora? ¿Qué habría sido de
su vida? ¿Lo recordaría? Miró el horizonte y abrió lentamente los labios para
llamarla, levantó ligeramente la base de la lengua y apoyó su extremo en la
parte posterior de los dientes de su maxilar inferior, llenó de aire sus pulmones
para exhalar su nombre y… no pudo recordarlo. Frunció las cejas como quien está
a punto de llorar de impotencia, sin cerrar la boca temblorosa, abrió y cerró
los ojos varias veces para espantar las lágrimas, intentó de nuevo buscar en su
memoria rota y no encontró ningún nombre, ninguna palabra, las letras eran
retorcidas patitas de arañas que tejían cada día telas en sus recuerdos,
instintivamente y por costumbre estiró la mano derecha para acariciar la cabeza
de su perro, como siempre que quería hallar consuelo y palpó solo el vacío,
trató de silbar y solo emitió un sordo quejido. La amaba, ahora sabía que la
amaba y que siempre la amó. Solo quería decírselo o sencillamente decirlo a
quien quisiera escuchar, quería deshacerse de esa amargura y solo necesitaba un
nombre. Apretó los puños y los dientes tratando de recordar, no podía, no
podía. Nunca más podría… ni ahora ni nunca… pero la amó… la amaba…, sintió frio
en las piernas y trató de cubrirlas con la manta, se acomodó con dificultad,
acomodó sus lentes porque el sol de la mañana le hacía daño en los ojos. Respiró
con calma, se sabía frustrado, con tranquilidad trató de recordar lo que estaba
pensando hace un rato y que lo frustraba tanto y no pudo, se sorprendió de ver
su mano apretada en doloroso puño, la abrió despacio mientras observaba su
propia piel manchada, las venas enormes surcando el dorso arrugado, los dedos
cansados temblorosos, en el reflejo de la mampara se vio a sí mismo sentado en
la silla de ruedas, el cabello y barba encanecidos, se miró fijamente y no pudo
recordar su propio nombre… y recordó, eso sí, que aquello ya le había pasado
otros días. Y como otros días, dejó de hacerse problemas con el asunto. Miró el
horizonte una vez más y se entregó como todos los días al placer de sentir como
el sol calentaba la superficie de sus muslos ateridos.
domingo, 17 de marzo de 2013
VIDA SALUDABLE: EL GIMNASIO ¿ENTRENAR O NO ENTRENAR?
Sin embargo, ya después de tantos años de ir al gimnasio y
ejercitarme, (ya son más veinte ¡Cómo
pasa el tiempo!) creo que he aprendido algunas cosas que quiero compartir con
quienes recién empiezan y con quienes retoman. Trataré de ponerlas en términos
sencillos para que todos podamos sacar algo en beneficio:
Un error habitual sobre todo para principiantes es llegar a diciembre
y tomar la decisión de ir al gimnasio esperando tener resultados visibles en un
mes, para verse regio o regia en febrero. ¡No! Está usted rotundamente
equivocado, tal vez se vea bien para febrero del año siguiente, pero no para
este febrero. El cuerpo reacciona por etapas, durante unas tres o cuatro
semanas recién se habrá acondicionado, el crecimiento o formación muscular solo
vendrá después de tres o cuatro meses de trabajo intenso.
Resulta divertido ver gente que recién empieza llegar con el
ipod, los audífonos, sentarse, preparar la banda sonora de Rocky I, II, III, IV
y V y entrenar. Eso es pésimo. Primero aprenda los ejercicios, incorpórelos,
entiéndalos y luego agregue lo demás.
Otra cosa curiosa es ver a las personas pendientes de sus
aparatos electrónicos. Es un mal vicio. Apague el equipo por un rato, si recibe una llamada
pare, conteste y luego continúe. Si
usted está en la bicicleta y habla por teléfono, o escribe mensajes entre serie
y serie, se desenfoca. Está perdiendo miserablemente su tiempo y su dinero. Le
puedo asegurar con certeza que no tendrá resultados. No se trata solo de hacer
ejercicio o sudar, tiene que concentrarse y enfocarse en lo que está haciendo.
No hay que ser un genio para darse cuenta, observe a su alrededor. Los que
muestran resultados visibles, son personas enfocadas en su entrenamiento.
Otro asunto es el mito de la quema de grasa. No se puede quemar
grasa visiblemente y lograr crecimiento de músculo al mismo tiempo. Es un
axioma absoluto. Es materialmente imposible que en el mismo periodo se queme
grasa y crezca la masa muscular. O es lo uno o es lo otro. Normalmente en los
primeros meses parece que hay crecimiento muscular, pero en realidad es quema
de grasa. Es como tallar madera. Imagínese un cilindro de madera y usted lo
talla dándole formas curvas al medio y disminuyendo el grosor en los extremos.
A simple vista parece más voluminoso pero en realidad lo único que usted hizo
fue sacar madera, y si no me cree mire las virutas en el piso. En el gimnasio
usted se ve mejor porque fue sacando la grasa que sobraba y el musculo ganó
tonicidad, que le da más dureza, ganó curvas pero no ganó volumen.
Una vez que se acondiciona el músculo y gana tonicidad
recién puede trabajar volumen, eso se hace con una buena dieta llena de
proteínas y carbohidratos. El músculo crece y usted sigue trabajando. También
gana algo de grasa, por eso es mejor trabajar crecimiento en mayo, junio,
julio, agosto y setiembre; tiene de octubre a diciembre para volver a perder
grasa, si tiene un buen entrenamiento y dieta perderá la grasa perdiendo muy poco
del volumen muscular ganado.
No deje de comer. Si usted deja de comer, el cuerpo
reaccionará generando más depósitos de grasa como reserva y consumirá músculo
para asegurar energía. Coma normal, sano y trabaje duro. Su metabolismo hará el
resto.
Para poder comprender este asunto se debe leer mucho para
entender cómo funciona el cuerpo; pero un ejemplo sencillo que sirve para
explicar es este: Piense que el cuerpo tiene su propia capacidad de pensamiento
y voluntad. Luego cuando usted deja de comer, el cuerpo
piensa que se acerca un periodo de escasez, en consecuencia lo poco que usted
coma lo convertirá en depósitos de grasa
y hará que su metabolismo sea más lento. Si usted toma poca agua, con la
misma lógica retendrá agua. Lo mismo pasa cuando usted come mucho o toma mucha
agua, el cuerpo interpreta que se acerca un periodo de escasez, si no, usted no
comería tanto. Cuando usted toma
cantidades razonables de agua, come varias veces al día (en sus horas) y de
manera sana (o limpia) el cuerpo sencillamente excreta los excesos, toma lo
necesario y no genera depósitos de grasa o de agua.
Una vez que usted se haya acondicionado, piense en
objetivos. Si quiere estar saludable y no ganar masa muscular, trabaje
ejercicios cardiovasculares, haga los ejercicios que su instructor le indique
con la fórmula regular peso, muchas series, muchas repeticiones. Si lo que
quiere es ganar volumen, la fórmula es peso máximo, pocas repeticiones, máximo
cuatro series.
Tenga claras sus metas, defina claramente que resultados
quiere. Piense en un modelo a seguir, es distinto ser un fisicoculturista
profesional que ser un sujeto “fitness”. Plantee bien sus retos.
El músculo crece por ruptura de fibra muscular, al trabajar
usted rompe la fibra muscular, al curarse la fibra forma una especie de cicatriz
que es lo que en el fondo le da volumen al músculo. Si lo que desea es ganar
musculo, rompa esas fibras con trabajo intenso, luego vaya a descansar, duerma bien
y dele tiempo para que se recuperen. Luego vuelva al mismo procedimiento.
Si desea masa muscular, coma porciones pequeñas cada dos
horas durante todo el día. Eso ayuda al metabolismo. Si está quemando grasa o
desea bajar de peso, solamente coma a sus horas. Tres comidas al día. Un buen
desayuno, un almuerzo mediano y una cena pequeña. No coma nada más y ¡no se
mate de hambre! Eso nunca funciona a largo plazo.
Mentalice, en la noche antes de dormir, vea su cuerpo como
lo desea, véase haciendo los ejercicios. Al día siguiente solo materialice lo
mentalizado.
Si usted es una dama y dice: “Yo no quiero hacer máquinas
porque no quiero ser como las físico culturistas de los posters de los
gimnasios, llenas de fibra y espaldonas” está equivocada de nuevo. Le pongo un
par de ejemplos muy claros, al principio de esta nota puede ver las fotos de
Jen Jewell, ella es una atleta fitness, la primera es de Jen en la escuela, la segunda es poco después en
bikini, recién empezando a entrenar, la tercera foto es del dos mil diez,
observe que su cuerpo en esa foto está en reposo, la cuarta foto es de junio del
dos mil once, en competencia y la última por las mismas fechas en reposo. Lo
que quiero que tome en cuenta es que las fotos de competencia implican que la
persona se ha sometido a una dieta estricta por lo menos dos o tres semanas
antes, se llega a un porcentaje de grasa corporal cercana al 7%, es evidente
que ese porcentaje no se puede mantener todo el año, y sobre eso se debe
aclarar que en el backstage las competidoras y competidores están bombeando
sangre a los músculos con pesas a fin de mostrar lo mejor en el escenario. No olvide además que las damas de los posters de físico culturismo entrenan mínimo cuatro horas al día y usan la fórmula peso máximo, pocas repeticiones
máximo cuatro series. Las de fitness con poco peso, muchas repiticiones y cardio también por la misma cantidad de horas. Observe la foto de la derecha, es la atleta fitness rusa Areha Opan, la primera toma es de competencia la segunda es modelando con el
cuerpo en reposo. ¿Nota la diferencia? El cuerpo que usted ve en la foto cuatro
de Jen Jewell y la primera de Areha Opan son producto de años de entrenamiento.
Usted no lo va a conseguir en unos meses por más que quisiera. Sea realista. Lo
que usted está haciendo es inventarse una excusa. Haga ejercicio en máquinas,
poco o regular peso, muchas repeticiones, muchas series. Entrene cuarenta
minutos diarios y le garantizo que mantendrá sus mismas medidas o si no
menores. No busque excusas o justificaciones, eso no sirve en los gimnasios.
Para terminar la idea observe la foto abajo, es Jennifer Andrews, la primera
foto es de competencia, debidamente musculada y la segunda modelando con los
músculos en reposo.
En el caso de los varones pasa lo mismo. Escucho esta frase
casi siempre en los principiantes: “Quiero entrenar pero no quiero estar lleno
de musculos, eso ya es feo.” O las chicas que alientan esa justificación
diciendo: “Pero no entrenes mucho, es feo ver a los hombres musculosos”. Bueno,
ese es otro mito. Observe la foto de la izquierda. Se trata de Jay Cutler, es
un sujeto sumamente masivo, campeón de fisicoculturismo (no puedo negar que
consuma o no esteroides) pero lo cierto es que ese volumen no se consigue
entrenando una hora por día. No sea iluso. Para llegar a esos niveles usted
tendría que entrenar tres o cuatro horas diarias, invertir mucho dinero en
vitaminas y proteínas concentradas, además de tener una disciplina de acero
para el asunto de la alimentación, descanso y rutinas. Nuevamente, no se ponga
excusas ni justificaciones. Además una cosa es ver a Cutler en la primera foto
en competencia y en la segunda foto en reposo.
Los abdominales son toda una historia. Los músculos
abdominales y oblicuos son otro grupo más de músculos. No son mágicos. Si usted
hace mil abdominales diarios sólo logrará tener unos músculos abdominales
poderosos, pero escondidos debajo de una capa de grasa. Nadie los podrá ver.
Los músculos abdominales ayudan mucho con el equilibrio y con una buena
postura, pero si desea tener unos visibles abdominales de guerrero espartano,
primero queme la grasa que los recubre. Para este caso es un ejemplo notable el
del atleta fitness Scott Do, cuya foto aparece a la derecha. La primera foto de
arriba es una más o menos reciente. Scott Do asesora a personas que desean
perder peso, Scott ha hecho un experimento, durante cuarenta y cinco días comió
solo comida chatarra y gaseosas, logró el cuerpo que pueden ver en la segunda
foto de arriba. Su propósito es comprender el proceso de lograr un estado
saludable a partir de un cuerpo lamentable. Él está narrando día a día sus
experiencias, recién va dos semanas en la recuperación y su principal
observación es la falta de energías y fuerza a la que se tiene que enfrentar.
La comida chatarra y las gaseosas destruyen el cuerpo, la foto inferior es de
él modelando no hace mucho tiempo. No se olviden que Scott aún tiene buenos
músculos, pero se encuentran escondidos bajo capas de grasa y evidentemente algo
debilitados por cuarenta y cinco días de
inactividad. Este es un buen momento para que usted se fije sus metas. ¿Desea
tener un físico como el de Jay Cutler o como el de Scott Do?
La grasa se quema con número de pulsaciones, no con
abdominales. No importa qué ejercicio haga usted, la grasa se quema
proporcionalmente en todo el cuerpo. Perderá la misma cantidad de grasa en el
abdomen si trabaja pantorrillas, bíceps, pectorales o abdominales. El ejemplo
que siempre uso es el de los tenistas. Se demostró que un tenista profesional
tiene la misma proporción de grasa en ambos brazos a pesar de usar con mayor
intensidad uno solo de ellos.
Para quemar grasa eficientemente y mantener elevado el
número de pulsaciones por minuto no descanse mucho entre serie y serie, el
tiempo de descanso correcto es entre sesenta y noventa segundos entre serie y
serie. Eso garantiza que sus pulsaciones no descenderán tanto que regresen al
estado de reposo. Si usted retorna a las pulsaciones de reposo, deja de quemar
grasa.
El atleta fitness peruano Daniel Dávila Aranibar, cuya foto
aparece a la izquierda, siempre reitera que no existen ejercicios para reducir
abdomen (o pancita) y es cierto. La grasa abdominal no se pierde con ejercicios
solamente, es necesario y obligatorio controlar la alimentación como ya se
señaló líneas arriba.
No olvide que la postura es el ochenta por ciento de su apariencia.
Desde el primer día corrija su postura, contenga su abdomen y ponga su espalda derecha. Sólo con eso
usted se verá bastante mejor.
Hidrátese, antes, durante y después del ejercicio. Durante
en pequeñas dosis o sorbos. Es una regla básica. No tienen que ser bebidas
especiales. Con agua pura es suficiente.
Los ejercicios más eficientes son los que recurren a la
simple lucha contra la gravedad, mientras más sofisticada la máquina, más
tiempo le tomará darle forma al músculo o ganar volumen. Dedique parte de su
entrenamiento a los fierros tradicionales con ejercicios clásicos.
La edad no tiene nada que ver, puede empezar ahora aunque
tenga cincuenta años, no hay mejor ejemplo para ello que la atleta fitness
chilena Loreto Soto, tiene 41 años y se ve... como ustedes pueden ver. No hay
límites, el cuerpo siempre reacciona bien a una buena alimentación y apropiado
ejercicio. Puede demorar un poco más o un poco menos, pero siempre se obtienen
resultados positivos.
Aunque algunos podemos ser lo suficientemente disciplinados
como para trabajar solos, siempre es mejor trabajar con una pareja que lo incentive y aliente y no deje que se rinda, usted en retribución deberá hacer lo
mismo. Los resultados son mejores y más rápidos.
Una cosa interesante es la siguiente: Mucha gente se pregunta
si debe dejar de comer definitivamente carnes rojas, asados, parrilladas,
helado, chocolate, etc. Bueno, la mejor respuesta la vi en la red, por parte de
un atleta fitness, la recojo porque es totalmente adecuada y dice más o menos
así: “Digamos que usted es sedentario, come comida chatarra, bebe café en
exceso, fuma y además toma gaseosas. Si un usted decide por un día hacer
ejercicio, comer sano, tomar solo agua… para luego regresar a su misma rutina
al día siguiente; ¿cambió algo en su vida? La respuesta es no. No va a haber
ningún cambio sustancial en su vida o su salud por un día. Pues bien, al
revés sucede lo mismo. Si usted come
limpio y sano, hace ejercicios, se cuida, toma solo agua y por solo un día come
un buen churrasco y se da el gusto de un postre o un helado y luego regresa a
su vida saludable, tenga la certeza de que nada malo le pasará.”:
Lleve una muda de ropa al gimnasio y de ser posible dúchese
allí mismo al terminar, limpia las toxinas que en caso contrario quedarán en su
piel hasta que llegue a su casa.
No deje de ir al gimnasio, si está con mucho trabajo, vaya
aunque sea quince minutos. Ese ritual le ayudará a no abandonar el
entrenamiento.
Lo no trabajado nunca se recupera. Si usted no trabajó hoy
piernas no espere compensarlo trabajando mañana el doble. El cuerpo no funciona
así, solo logrará lesionarse.
Un consejo adicional: Si usted va al gimnasio a mirarse al
espejo y conversar con otros piense dos cosas:
a) Tal vez está
interrumpiendo el trabajo de otra
persona que por cortesía no le dice nada y
b) Mírese al espejo al culminar el trabajo, para evaluar
resultados, no en medio de él. El gimnasio no es un lugar para desfile de
modas. Los espejos son para corregir posturas y evaluar el trabajo en
desarrollo. Mucha gente va a trabajar su físico realmente, no los interrumpa.
Finalmente, sea respetuoso con sus compañeros de gimnasio y
cuando termine de usar una máquina, déjela como la encontró. Educación básica del gimnasio, todos se lo
agradecerán.
Espero que esta nota sea de utilidad y ayude a quienes lo
desean con lo poco aprendido estos años. Por mi parte yo me comprometo a seguir
en mi propósito de ganar algo más de masa muscular y llegar a un doce por
ciento de grasa corporal.
jueves, 14 de marzo de 2013
LA CAJA DE JUSTIFICACIONES
Tal vez no se haya percatado pero usted, y yo también, tenemos una pequeña caja en algún lado;
una que nos acompaña permanentemente. Tal vez no la vea ahora, si la busca en sus
bolsillos no la hallará, pero créame, está allí y aunque aparentemente no pesa,
eventualmente su carga puede hacer que usted se vea imposibilitado de avanzar a
cualquier lugar.
Otro tipo de justificaciones, pero más pueriles y burdas, son las que tienen que ver con los estereotipos y las sembramos también en el subconsciente de los chicos desde muy temprano, de tal manera que si un sujeto tiene una conducta moralmente reprochable se dice "Así son los hombres..." o si una mujer llega tarde o no está lista a la hora: "Las mujeres siempre se hacen esperar..." si el funcionario público roba "todo el mundo lo hace" o si se hace un reproche a deficiencias educativas: "el que tiene plata escribe (o habla) como quiere.", Peor aún cuando el asunto tiene que ver con nuestra propia salud y expectativa de vida, así el fumador que realmente no quiere dejar de fumar, a pesar de que sabe que el cigarro lo mata, suele decir: "De algo se tiene que morir la gente."
Esta caja es ciertamente mágica, aparece de la nada y está
llena de cosas que nunca se agotan: Justificaciones, una para cada ocasión.
Así, cuando alguien decide empezar un reto,
inconscientemente busca su pequeña caja de justificaciones y encuentra una que
dice “Pero eso no es para mí.” O una de las más recurrentes “¿Y si no funciona?”
o “¿Y si es una pérdida de tiempo?”
También hay justificaciones cotidianas y son las más usadas.
Usted se corta el cabello de una manera digamos vanguardista, ello porque le apeteció
precisamente tener un corte vanguardista y ha decidido que se vería mejor así y
que esas formas en su cabellera están más acorde con su personalidad. Entonces alguien le pregunta “¿Por qué
te has cortado el cabello así?” con perversa entonación de exclamación horrorizada de la cual se puede comprender que
a dicha persona no le gusta como ha quedado,
entonces en ese acto toma usted su caja de justificaciones
y busca rápidamente una que se ajuste: “Ah…, este… sí, ya me había aburrido del cabello largo, y
así me peino más rápido en las mañanas…”
Hay una diferencia notable entre una razón y una
justificación. La razón suele ser la causa real y concreta del hecho, sirve
para el análisis y la comprensión del fenómeno. La justificación tiene como
finalidad establecer un anclaje con la necesidad de aceptación social, en unos
casos, y para evitar realizar una actividad, en otros; ocultando así defectos de formación como la falta de orden, flojera o simplemente desinterés.
Un ejemplo clásico es cualquier actividad que implique
disciplina. Piense en cualquier ejemplo, ya sea que deba levantarse más
temprano, dedicar más tiempo al estudio, o alguna actividad física exigente.
Siempre se encontrará una justificación adecuada en la cajita: Desde que “hace
frio y me puedo resfriar, mejor en verano...”, que “tengo mucho trabajo”, que “eso es para gente
ociosa”, hasta el “yo tengo que mantener a esta
familia”, etc., etc., Todas ellas no son razones, son simplemente justificaciones.
Cuando uno halla la razón de algo, puede hallar la solución.
El proceso es así de sencillo. La justificación, inevitablemente y siempre, bloquea
la solución.
¿No le ha sucedido que alguien le pide hacer algo? un favor
cualquiera, usted lo hace y en ese momento digamos que se le cae algo y lo
rompe… ¿Qué hace? ¿Acaso no es cierto
que su primer pensamiento es echarle la culpa a la persona que le pidió el
favor? “Si no me hubiese pedido esto… tal cosa no se hubiese caído” ¡Incluso
algunas veces se lo enrostramos a esa persona! “Por hacerte ese favor, rompí
tal cosa…” tratando de que la otra persona se sienta mal, que por cierto es una
de las consecuencias más pérfidas de la justificación.
Esta conducta ha sido reforzada por años de imposición de
paradigmas en nuestra infancia. Pongo un ejemplo y si es usted mamá no niegue
que le ha pasado: Le dice a su niño o niña que vaya a dar de comer al perro o
botar la basura, o algo así. Resulta que el niño va a hacer la tarea
encomendada, se cae y se lastima, digamos que se hace un corte. ¿Cómo reacciona
la mamá? Acaso no dice: “¡En qué bendita (o maldita) hora te mandé a hacer tal
cosa!” o peor, mientras el niño llora le decimos “No llores, es mi culpa por
haberte enviado, debí haber ido yo…”
El niño que todavía se encuentra formando juicios y
paradigmas aprende a justificar piensa “¡Claro! ¡Me resbalé, pero es culpa de mi mamá
por enviarme!” en lugar de "Debo tener mayor cuidado y estar más atento para próximas ocasiones." Así se refuerza la idea de que el otro siempre tiene la culpa, en
otras palabras, le acaba de regalar a su hijo una caja nuevecita llena de
justificaciones que le durarán toda la vida.
Y así crecemos construyendo justificaciones en lugar de
buscar razones y soluciones. Se internaliza tanto en la mente que ya no nos
damos cuenta que hacemos uso de nuestras justificaciones ni que llevamos la
caja de ellas a cuesta.
Como siempre digo, y lo repito ahora, las más peligrosas son
las justificaciones totalmente inconscientes. Lo son porque son difíciles de
detectar, pasan desapercibidas y no son otra cosa que aquellas acciones
mediante las cuales nos boicoteamos nosotros mismos. Por ejemplo, tomamos la
decisión de levantarnos mañana temprano, sabemos que por tanto hemos de
acostarnos temprano también, pero pese a ello buscamos alguna película en la
televisión y nos quedamos pegados con ella. Al día siguiente no nos levantamos,
¿justificación? Es que nos hemos quedado viendo una película hasta tarde. Decidimos
(o acordamos) pasar más tiempo con nuestra familia, pero precisamente por esos
días, se nos ocurre, por alguna razón, ponernos al día en todo el trabajo
pendiente en la oficina; en consecuencia llegamos más tarde aún de lo habitual
a casa, y si nos reclaman… pues “tengo que ponerme al día, tengo trabajo
atrasado.”
Otro tipo de justificaciones, pero más pueriles y burdas, son las que tienen que ver con los estereotipos y las sembramos también en el subconsciente de los chicos desde muy temprano, de tal manera que si un sujeto tiene una conducta moralmente reprochable se dice "Así son los hombres..." o si una mujer llega tarde o no está lista a la hora: "Las mujeres siempre se hacen esperar..." si el funcionario público roba "todo el mundo lo hace" o si se hace un reproche a deficiencias educativas: "el que tiene plata escribe (o habla) como quiere.", Peor aún cuando el asunto tiene que ver con nuestra propia salud y expectativa de vida, así el fumador que realmente no quiere dejar de fumar, a pesar de que sabe que el cigarro lo mata, suele decir: "De algo se tiene que morir la gente."
La justificación viene normalmente con el sentimiento de
culpa, no queremos asumirla y la desplazamos hacia alguien más. Muchas veces
sentimos culpa por nuestros fracasos y culpamos a quien, en el mismo rubro, ha
tenido éxito. “Claro, para él fue fácil, siempre tuvo de todo…”
Cuando uno recibe reproches es cuando más útil resulta ser
la caja de justificaciones. Todos cuando hemos sido adolescentes hemos sido, de
alguna u otra manera, exigidos en nuestras calificaciones por nuestros padres o
profesores. Siempre hay una justificación, desde la muerte del gato o de la abuelita
o porque se perdió el cuaderno o hubo corte de luz precisamente en nuestro
distrito. También son usuales las justificaciones del "incomprendido" que normalmente aparecen en la adolescencia y en la mayoría de casos desaparecen con la edad, por ejemplo la expresión "Es mi vida, yo puedo hacer lo que quiera." o "Qué les importa a los demás lo que hago" o "Yo no vivo de la opinión de la gente." Bueno, la mala noticia es que si aceptamos vivir en sociedad, la opinión de la gente sí importa. Difícilmente el entorno nos enseña a asumir nuestra responsabilidad
(hallando para ello la verdadera razón de la falla), cuesta trabajo decir con
honestidad “soy flojo” por ejemplo, pero admitirlo es la única manera de empezar
a resolver el problema. Si no se resuelve, el problema se seguirá reproduciendo
en nuestros ámbitos laborales y
familiares a lo largo de nuestra vida.
Estamos tan acostumbrados al juego de las justificaciones que llega el punto en que dejamos de ser conscientes siquiera del sentimiento de culpa o frustración que normalmente apareja. He visto personas totalmente ineficientes en sus labores afirmar con absoluta certeza que las llamadas de atención que reciben, así como los memorándums correspondientes son porque "tal o cual jefe se le ha agarrado", término que se usa en mi país para decir que el jefe tiene un encono gratuito y no justificado con la persona. Uno se pregunta si esa persona en realidad no se da cuenta de esas cosas, sobre todo si es una persona adulta y aparentemente responsable.
Estamos tan acostumbrados al juego de las justificaciones que llega el punto en que dejamos de ser conscientes siquiera del sentimiento de culpa o frustración que normalmente apareja. He visto personas totalmente ineficientes en sus labores afirmar con absoluta certeza que las llamadas de atención que reciben, así como los memorándums correspondientes son porque "tal o cual jefe se le ha agarrado", término que se usa en mi país para decir que el jefe tiene un encono gratuito y no justificado con la persona. Uno se pregunta si esa persona en realidad no se da cuenta de esas cosas, sobre todo si es una persona adulta y aparentemente responsable.
He usado el ejemplo de la cajita porque de unos meses a esta
parte (poco más de un año), he podido implementar un ejercicio mental que me ha permitido deshacerme de varias justificaciones a partir de tomar conciencia
de la existencia y uso de la caja. Cada vez que me sucede algo, y como consecuencia de ello estoy a punto de confeccionar una excusa, me imagino buscando en mi
bolsillo la caja y seleccionando una justificación, entonces me sacudo y trato
de buscar una razón en lugar de una justificación. De hecho la semana pasada tenía el encargo de regresar rápido a casa porque la estudiante que cuida a mi hija los martes se iba a retirar temprano; decidí entonces en el gimnasio entrenar más rápido que de costumbre y terminé lesionando de mala manera un músculo de mi pierna izquierda. Inmediatamente después de sentir el agudo dolor, mi primer pensamiento fue que me había lesionado por culpa de..., si no hubiese tenido que ir más temprano para... En qué bendita hora acepté.... ¡Y paré! Me dije "¡No! Me lesioné yo porque no calenté, yo tomé la decisión de no calentar apropiadamente por mi afán de llegar más temprano." Asumí mi responsabilidad y no me enojé con nadie y nadie se enojó conmigo. Logré que nadie se sienta mal innecesariamente por una cuestión cuya responsabilidad era solo mía. Es interesante ver como las justificaciones vienen tan rápido a la mente, y es bueno saber que uno puede aprender a controlar ese reflejo. Poco a poco trato de ser más
consciente de que soy dueño de mis decisiones y de las consecuencias de ellas,
sin justificaciones. Quién sabe y esta
estrategia pueda ayudar a alguien más. Busquemos razones, no justificaciones.
domingo, 3 de marzo de 2013
LAS BENDITAS MALETAS CON RUEDAS PARA LA ESCUELA
¿Por qué los colegios piden ahora maletas? ¿Cómo es que
hemos llegado al punto de hacer que nuestros hijos lleven una maleta a la
escuela? ¿Es realmente necesario?
Cuando era pequeño iba al colegio con un maletín pequeñito de
cuero – tipo ejecutivo – y una lonchera
de cuero también. Ambos hechos por mi papá y repujados por el mismo. En ese
tiempo no me daba cuenta, pero hace algunos años me di cuenta que era un lujo
que no todos los niños puede tener: Un maletín y lonchera de cuero repujado a
mano y personalizado.
Me parece que en tercer grado empecé a usar un maletín de
imitación de cuero de cocodrilo – usado por supuesto – con hebilla y una división
en el medio tipo fuelle, pero más o menos del mismo tamaño que el anterior.
Luego en quinto grado un cartapacio negro de material sintético imitación de
cuero, de esos con seguro a presión con llavecita, sin división (por tanto de
menor espesor) y no tenía asa, así que lo sostenía de la base y lo llevaba bajo
el brazo.
Luego entre sexto de primaria y primero de secundaria con la
moda de los maletines tipo James Bond, de alguna manera conseguí uno
destartalado, con marco de madera revestido de marroquín y con seguros
parecidos a los de las loncheras de plástico, andaba tan mal que cuando
caminaba con él, al mismo tiempo que lo sostenía de la asa, usaba el índice
para asegurar la tapa y no se me desparramen los cuadernos por el piso.
A partir de segundo de secundaria recuerdo haber empezado a
usar un morral del ejército, mi hermano Tony en un viaje que hizo trajo uno del
ejército coreano o vietnamita y me lo regaló. Ese morral lo usé hasta quinto de
secundaria intercalándolo con el destartalado James Bond y el todavía existente
cartapacio negro.
Nunca necesité mochilas ni maletas, es más, no recuerdo que
en mi escuela alguien llevara mochila, casi todos usábamos maletines, yo era el
más revolucionario con el morral, pero como la directora del Colegio tenía
espíritu militar no veía del todo mal a mi indumentaria.
En ese entonces llevábamos pocos cuadernos y muchas ideas.
Escribíamos mucho, conversábamos más, jugábamos fulbito con chapitas de gaseosa,
los cuadernos eran del tamaño de una cuartilla, uno cuadriculado para
matemáticas y otro rayado para lenguaje, en la secundaria aumentaban pero con
el horario uno sabía qué llevar; al igual que los libros. Nunca nos torturaron
obligándonos llevar kilos y kilos de materiales.
Un niño no debe ser un viajero permanente, debería poder
correr, saltar, jugar. ¿Por qué tantos materiales? Veo a los chicos ir cargados
de pesadas maletas a la escuela, arrastrándolas con esfuerzo con las dichosas
rueditas, en realidad sufriéndolas, además con el calor y los incómodos
uniformes. Me pregunto: ¿De verdad usan todos esos libros en un día? ¿De verdad
usan todos esos cuadernos en una jornada? A mí me parece que es un engaña muchachos
en el que todos los padres caen. A mí no me cuentan cuentos. Nadie puede usar
tanto material en un día. Es un truco para que parezca que cada centavo pagado
de pensión vale la pena. Nos hacen creer que nuestros chicos reciben una instrucción
de primera y no es cierto, basta conversar con los profesores – no todos, pero
lamentablemente sí la mayoría – para darse cuenta que no saben cosas básicas,
que escriben con horrendas faltas de ortografía, que se saben de paporreta las
modernas técnicas educativas pero no saben hilar cuatro ideas complejas en un
oficio o en un comunicado.
Prueba de mi teoría es el nivel educativo de los chicos que
andan hoy entre los quince a veinte años. Su manera de escribir, de hablar, de
conducirse, sus niveles de violencia verbal e intolerancia, su incapacidad para
plantear respuestas inteligentes ante situaciones con algún grado (leve por
cierto) de complejidad, es preocupante. Esa generación estudió con mochilas
enormes y maletas con ruedas, con enormes listas de materiales escolares y con
libros de editoriales prestigiosas. ¿Sirvió? A todas luces no.
Este año yo caí redondito. Se las ingenian bien para hacer
parecer que ciertos materiales son necesarios. En realidad prefiero comprar el próximo
año una buena mochila Porta o Samsonite en lugar de una maleta de ruedas con
una Barbie de plástico en el frente, pero esta vez no me dio tiempo para
explicarle a mi hija. Entiendo que a
veces es difícil luchar contra las ilusiones de los chicos y el imperativo
social (todas la chicas usan mochilas o maletas de Barbie o de las princesas); ¿Pero
acaso no es ese nuestro rol como padres? ¿Debemos dejar que nuestros hijos
sigan al rebaño? ¿No debemos acaso cumplir con el deber de hacer que sean seres
pensantes, que razones sus decisiones? Me doy cuenta que he cometido una falta
de consecuencia enorme. Nos la pasamos despotricando en las redes sociales
contra el consumismo y luego a la primera oportunidad caemos en el juego. Yo he
caído en el juego. Mea culpa.
El próximo año compraré una mochila sólida, contundente y
cómoda, mi hija no lo entienda muy bien tal vez, pero me lo agradecerá y
valorará en el futuro, así como yo agradezco y valoro la lonchera y maletín de
cuero que me hizo con sus propias manos mi papá.
jueves, 28 de febrero de 2013
LO QUE DEJARON LAS VACACIONES
Ya se me acaban las vacaciones y fue un mes especial.
Al margen de los viajes y experiencias (estuve en cinco
distintos países, incluyendo Arequipa donde regularicé mi calidad migratoria obteniendo mi correspondiente pasaporte), este fue un mes de crecimiento.
Como siempre y cada vez que me encuentro con mi gran amigo
Claudio, reevalué metas, proyectos e ideas. Es sumamente nutritivo para el alma
conversar a nivel de introspección y darnos cuenta de lo que estamos haciendo
bien y de los errores que todavía mantenemos por causa de los paradigmas
equivocados y que no hay forma de dejar sin la ayuda de alguien que los señale
desde afuera.
Me he acercado más a mi hija y eso me satisface mucho, somos
cada vez más unidos, ella confía mucho en mí y eso me hace muy feliz, sin
olvidar que es también una gran responsabilidad.
Me siento más unido a mi familia y eso es indudablemente bueno.
Me hice chequeos médicos, comprobé que estoy bien, hay
algunos desperfectos por reparar, pero son lesiones que se producen por hacer.
Es mejor tener lesiones por hacer, que por no hacer. En mi caso me vida
deportiva me ha causado esta lesión, es de fácil reparación y repito: Son
preferibles las lesiones que tienen como causa el hacer cosas que aquellas que
se producen como consecuencia del sedentarismo y el abandono.
Me olvidé por completo del trabajo, salvo dos o tres
llamadas impertinentes que se resolvieron rápidamente.
Regreso al trabajo con nuevos bríos y nuevas metas. Este año
será un año de éxitos y conquistas.
Tuve que deshacerme de muchos contactos en la red social y
cada vez estoy más convencido de que fue una buena decisión. Somos lo que
comemos, somos lo que consumimos. No quiero abrir el Facebook para ver las
noticias de mis amigos queridos y encontrarme con imágenes desagradables,
comentarios de personas que se han hundido en su propia miseria o peor, que
están boicoteando ellas mismas su felicidad y logros con decretos de tristeza y
decepción.
Este año debe ser de éxitos, de alegría, sin olvidar a las
personas que la pasan mal, pero siendo proactivo respecto a las formas como
ayudarlos. No se ayuda a nadie con compartir enlaces o haciendo click en “me
gusta”, se ayuda siendo un buenos ciudadanos, limpios, ordenados, tratando de
ser un buenos ejemplos para nuestros hijos y claro, apoyando discretamente a
quien no tiene posibilidades.
Este es un año de proyectos personales, y me gustaría
también que sea un año de proyectos colectivos. Quien quiera dar ideas para
hacer cosas que nos hagan crecer como grupo con intereses comunes. ¡Bienvenidos!
¡Éxitos a todos!
miércoles, 20 de febrero de 2013
ANALFABETOS FUNCIONALES
Un
analfabeto es una persona que no sabe leer y por tanto tampoco escribir. No
comprende el significado de los signos que componen el abecedario, no es capaz
de reconocerlos e identificarlos con los sonidos que seguramente sí puede
emitir al expresarse.
Si un
analfabeto se sienta en una mesa y colocamos frente a él la palabra “oso” en un papel, no podrá conectar por ejemplo el símbolo de línea ondulada “s” con el
sonido seseante que le corresponde, pero incluso si pudiera lograr esa
identificación no podría ligar entre sí las tres letras para emitir el sonido “oso”
y luego asignarle un significado, es decir la imagen mental de un oso pardo,
negro, de anteojos o cualquier otro.
En cambio
un analfabeto funcional sí sabe leer y escribir, puede asignarle sonidos a los
símbolos del abecedario y componer palabras. Puede incluso asignarle un
significado a cada palabra y ligar estas con una imagen mental.
El
analfabetismo funcional puede tener diversos grados. De alguna manera todos
pasamos por momentos de analfabetismo funcional, el problema es la gravedad e
intensidad de este analfabetismo y hasta qué punto nos limita en la vida diaria
y la interacción con la sociedad a niveles eficientes.
Un caso de analfabetismo funcional complejo es el siguiente: Todos sabemos
construir un cubo a partir de un plano. Se dibujan seis cuadrados en un papel,
más o menos en forma de cruz, se recortan y se construye el cubo. Eso en arquitectura
se llama geometría descriptiva, el arquitecto se entrena durante años para
poder ver dibujos planos y construir mentalmente el sólido que se produciría a
partir de ese determinado dibujo. Es decir, el arquitecto es capaz de interpretar
el plano y asignarle mentalmente la imagen de un sólido. Nosotros, los que no
somos arquitectos somos analfabetos funcionales en geometría descriptiva,
nuestra capacidad se agota en un cubo, un cono, una pirámide y allí se termina normalmente.
Un músico es
capaz de leer los símbolos dibujados en un pentagrama e imaginar los sonidos que
se producirían a partir de ellos. Los que no somos músicos estamos
incapacitados para esta labor, no hemos entrenado para leer pentagramas y nuestro cerebro
no se ajusta para imaginar sonidos complejos a partir de la lectura de claves, negras, blancas, corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas, luego somos analfabetos
funcionales en música.
Lo mismo
pasa respecto al programador de ordenadores, al ingeniero, al contador, al
dentista, el médico, etc.
Pero ese
nivel de analfabetismo funcional está socialmente aceptado porque tiene que ver
con la especialización, si he invocado estos ejemplos es sencillamente para que
se entienda mi punto de vista, punto que paso a describir:
La gravedad
del analfabetismo funcional genérico es que impide algo tan sencillo como la
comprensión de lectura. El analfabeto funcional comprende las palabras y
significados, por ejemplo si la frase es “El oso come miel” el analfabeto
funcional puede imaginar un oso y la miel y eventualmente visualizar al oso
comiéndola.
El problema
va en procesos lingüísticos más complejos. En una composición con multiplicidad
de ideas, con problemas lógicos más elaborados, el analfabeto funcional se
rinde, por tanto se frustra y termina cerrándose, lo que genera como
consecuencia un círculo vicioso, pues abandona la lectura. Este abandono no
hace otra cosa que recrudecer su estado de analfabeto funcional.
El
analfabeto funcional al frustrarse se justifica, al no poder leer bien, tampoco
escribe bien ni siquiera oraciones sencillas. Su ortografía es pobre, y si uno
osa corregirlos, muchas veces salen con frases tan estúpidas como “El que tiene plata
escribe como quiere”; pues no, no es cierto. Estadísticamente los analfabetos
funcionales están ligados a altos índices de pobreza y criminalidad.
Seguramente
se preguntarán el porqué escribo acerca de los analfabetos funcionales. Pues
bien, es porque estoy sumamente preocupado. Gran parte de las personas que
conozco directa o indirectamente, no leen, y cuando lo intentan no son capaces de comprender conceptos
complejos. Lo que revela que el promedio anda muy mal. Me pregunto si esto no
tiene que ver con la automatización de los medios. Obsérvese el facebook por
ejemplo: Si se analiza, hace tan solo tres años, la mayoría de posts eran básicamente texto, las personas se veían obligadas a leer y usar su imaginación. Ahora son
solo imágenes con algún texto pobre. Las personas no leen textos largos, si
usted postea un texto de más de cinco líneas, reduce automáticamente el número
de lectores. Me parece que pronto la gente empezará a comunicarse como Tarzán.
Geometría descriptiva,
programación de computadoras, planes contables, física, etc., solo se aprenden mediante estudios especializados. Comprender lo que se lee solo se aprende
leyendo, no hay otra forma. Resulta curioso que en el mercado existan manuales
de comprensión de lectura para postulantes a universidades y otros. ¿Es posible
“enseñar” a comprender lecturas con un manual? Evidentemente los compradores de
estos textos han sido vilmente engañados, eso no es posible. Solo se aprende a
leer leyendo.
Marco Aurelio
Denegri afirma, y yo le creo, que cuando se entabla un diálogo entre dos
personas, la conversación se mantiene en el nivel más bajo, nunca en el más
alto. El interlocutor mejor preparado se verá obligado a descender al nivel del
otro para poder mantener el diálogo. Es
por ello que las conversaciones en el facebook son usualmente tan pobres.
A eso se
suma que así como somos lo que comemos, somos también lo que leemos, lo que
vemos. Consumir tanto amarillismo, tantos comentarios muchas veces soeces y
pobres, nos arrastra al embrutecimiento. Solución: Dejar de consumir esa
información. Es por ello que en los últimos días decidí reducir sustancialmente
mi número de contactos. No estoy dispuesto a convertirme en cómplice de mi
propia estupidización.
Yo sinceramente no le veo la solución al
problema, el Estado no está dispuesto a invertir en educación, solo nos queda
educar a nuestro entorno, a nuestros hijos, a nuestros familiares, tratar de no
reducir el nivel de las conversaciones y más bien aumentarlo. No olvide, mire a
su alrededor, vea a sus cinco amigos más cercanos, con los que comparte más.
Obsérvelos bien y sabrá quién es usted. Es innegable que somos el promedio de
las cinco personas más cercanas a nosotros. Piénselo.
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