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martes, 19 de febrero de 2013

HOSTAL (Cuento)


Esteban se sentó en la fría cama del pequeño hostal, el lugar era sencillo pero no desagradable. Una cama de dos plazas, con algunas tristes marcas de quemadura de cigarro de distraídos amantes en el edredón, una austera mesa, dos sillas, una cómoda de cuatro cajones, una mesa de noche y un pequeño televisor. Se desató los pasadores, buscó el control del televisor y lo encendió. Pasó rápidamente por los canales y nada le llamó la atención, lo apagó nuevamente. Se incorporó y caminó hacia la silla donde había dejado su mochila, extrajo su computador portátil, lo colocó sobre la mesa y lo encendió, luego extrajo una botella de agua de dos litros, la abrió y tomó un largo trago directamente de la botella.

Una vez que se sentó frente al ordenador,  colocó los dedos sobre el teclado e inició la escritura. Escribió el título que ya había pensado con anterioridad y en el primer párrafo se describió él mismo sentado en la fría cama de un pequeño hostal, describió la habitación y la manera cómo se puso a buscar canales de televisión, sin que ninguno llame su atención. Luego describió con detalle el momento en que se acercó a su mochila y extrajo su ordenador, su botella de agua de la que bebió un largo trago y de cómo empezó a escribir su novela soñada.

La trama de la novela era sencilla, se trataba de un tipo que cuenta como otro llega a un hostal, sencillo por cierto pero no desagradable. Se sienta en la fría cama, se distrae con la televisión, luego la apaga, se incorpora y busca su mochila donde llevaba su ordenador, y empieza a escribir una novela, con la que sueña todo escritor, todo ello luego de describir la habitación donde inicia su aventura y tomar un largo trago de agua de una botella de dos litros que había llevado consigo.

Decidió que el personaje de su novela, el escritor, se llamaría Esteban también. Este Esteban había decidido escribir la novela de su vida, la novela soñada y para ello se recluiría en un hostal, uno pequeño pero no desagradable, a ese hostal llevaría su computador portátil y se dedicaría escribir acompañado de una botella de agua para no deshidratarse. Empezaría la novela describiéndose a sí mismo, la habitación y cómo se ponía a escribir.

Una vez que Esteban terminó de darle forma al primer párrafo, tuvo la clara sensación de que alguien lo observaba, miró hacia atrás y no había nadie, se le ocurrió que pasaba como en la casa de los espejos, sentirse observado por él mismo a través de infinitos espejos que multiplicaban al infinito su imagen sin poder distinguir cual era la verdadera.

Regresó las manos al computador, las colocó cerca del teclado y no pudo escribir, sus dedos quedaron tiesos, dolorosamente inmóviles, sintió de pronto una sed sofocante que lo abrasó, estiró la mano para tomar la botella de agua y no la alcanzó, la sed se hacía intensa y la botella misteriosamente había desaparecido, trató de gritar y su garganta no emitía sonido alguno, el aire ya no ingresaba a su pulmones, se ahogaba en su propia desesperación, exhaló un gemido lastimero, tenue… De pronto adquirió consciencia, apretó los dientes y exhaló. Estaba allí, sobre la cama, agitado, saliendo de una pesadilla, su frente empapada de sudor. La botella de agua estaba sobre la mesa, se acercó. Tomó un trago largo y presionó una tecla del ordenador. En la pantalla apareció el primer párrafo de la novela que estaba escribiendo y a pesar de sus esfuerzos no recordó en qué momento durmió, se sabía despierto y leyó el párrafo del tal Esteban que estaba por escribir la novela de sus sueños, luego de haber visto un rato la televisión en un hotel sencillo pero no desagradable, luego de un largo trago de agua. Cuando terminó se miró y no recordaba haber llegado con esa ropa y observó que los pasadores de sus zapatillas seguían atados, estiró la mano hacia su mochila y no pudo alcanzarla, nuevamente la garganta se le cerró, era un nuevo sueño, estaba soñando dentro de un sueño pero que no era un sueño, era parte de la novela, el segundo párrafo, en el que Esteban es atrapado en un sueño, pero ya no sabía qué sueño ni qué Esteban, se había perdido entre uno de los infinitos espejos que eran sus sueños y sus personajes, trató de despertar con la incertidumbre de que no sabía si despertaría en otro sueño, si sería otro Esteban, uno de los que lo espiaba desde atrás cuando escribía la novela, la novela de sus sueños, de los sueños donde se había quedado atrapado para siempre, sin saber nunca más cómo volver a la realidad.

viernes, 30 de diciembre de 2011

CÓMO HACER UN PLAN DE SUEÑOS, METAS, DECLARACIONES Y DECRETOS PARA EL 2012: EL INGREDIENTE SECRETO

Todos hemos leído teorías como la ley de atracción, la de causa y efecto, la fuerza de la palabra y otras más. No es el objetivo del blog hacer un resumen de esas teorías porque además estoy seguro que los correspondientes autores explican mejor que yo en sus textos cómo es que funciona cada una de estas.

En mi experiencia personal, empecé a entender estas teorías de mejor manera hace algunos pocos años. En realidad supe de ellas desde los veintiuno, pero por una cuestión de prejuicios racionalistas nunca me di la oportunidad de probarlas a plenitud.

Estoy ahora convencido de que entre los veintiuno y los treinta y cinco de alguna manera las apliqué de manera inconsciente y por tanto, si bien logré muchos objetivos, los resultados no fueron tan poderosos.

En los últimos años recién empecé a aplicar la teoría conscientemente y puedo garantizar que los resultados son mucho mejores.

Lo que les voy a contar como ideas sueltas es conocimiento empírico, pero estoy seguro de que funcionará para quien pueda aplicarlo a su propia situación, finalmente la metafísica tiene por ahora como condición su empirismo. Si no, se llamaría “física.”

En una época, cuando era universitario, debido a una fuerte decepción amorosa empecé a cultivar la imagen mental de una escena de éxito. Me imaginaba entrando a una empresa bancaria grande, correctamente vestido, con un maletín de cuero crudo y sentarme como abogado en una amplia oficina alfombrada. En este caso el motor era un sentimiento complicado, es decir la decepción y la necesidad de demostrar a quien se fue, de “lo que se perdió”. Algunos años después esta escena se materializó, contra todas las probabilidades, porque un cargo así era inusual para alguien proveniente de una universidad nacional como yo. Quienes me conocieron y visitaron en mi trabajo entre los años 2000 y 2005, pueden dar fe de esa materialización.

Si bien el proceso en ese caso fue inconsciente, el motor fue poderoso.

Cuando entrenaba en el gimnasio, yo era un muchacho bastante delgado, como se puede comprobar fácilmente de mis fotos de los años ochenta, todavía se nota en mi estructura ósea, mis muñecas y tobillos son delgados. Sin embargo tuve la suerte de tener un instructor que me dio consejos valiosos. El que más recuerdo era el siguiente. En la noche antes de dormir, debía cerrar los ojos y visualizarme en el entrenamiento del día siguiente. Tenía que visualizarme haciendo la rutina completa, hasta la última serie y como punto final tenía que visualizar los resultados en la zona muscular trabajada. También dio resultados que todos pueden comprobar en mis fotos de los noventas y algunas un poco más recientes.

Así como estas tuve varias experiencias, como mi ingreso a la universidad, el haber ingresado al taller de teatro universitario a pesar de que me rechazaron las dos primeras veces. El haber ingresado a trabajar al instituto de informática de mi universidad para pagar mis estudios, el mismo hecho de poder pagar mis estudios. Todos estos hechos requirieron una buena dosis de visualización.

En el 2007 empecé con los planes de sueños. Pero esta vez ya con una base teórica más sólida. En estos años mis metas y deseos se han ido cumpliendo uno a uno sin excepción, solo limitados precisamente por mis propios deseos. Aprendí que si uno formula algo como esto: “quiero tener ingresos superiores a los dos mil soles” lo que se produce es que obtienes ingresos de dos mil un soles. El límite lo producimos nosotros mismos. Con el tiempo he aprendido a pedir mejor.

Tengo ejemplos que son de no creer. Como por ejemplo el caso de mi perro, el gran Dubi, lo coloqué en un plan de sueños y un día se apareció en la puerta de mi oficina, en medio de la selva peruana donde usualmente no hay perros viringos.

Lo mismo pasó con la casa y el carro. Fui discreto con los pedidos y pedí una casa y un carro de determinadas características y exactamente eso fue lo que obtuve. El sistema no funciona con “criterios mínimos”, he aprendido que el sistema es literal. ¿Increíble no? Pero es así.

También solicité al universo una serie de reconocimientos de naturaleza académica y profesional y en los últimos años han ido llegando de manera natural. Importante: No llegan solos, implican una buena parte de acción por parte de quien los pide. La actitud estática no contribuye en nada al cumplimiento de los sueños. Como decía un sabio: “No sé cuándo me va a llegar la inspiración, pero cuando llegue, prefiero que me encuentre trabajando.”

Ahora, después de este breve resumen, viene el ingrediente "secreto":

Algo que aprendí en todos estos años es que hay un ingrediente “secreto” común a todos los casos y que no todos los libros que he leído sobre el tema mencionan. Y si lo mencionan, es bastante difícil de explicar, por ello trataré de hacer mi mejor esfuerzo para explicarme y ojala pueda lograrlo.

El problema de este ingrediente es que necesita una buena dosis de imaginación, y no todos han cultivado la imaginación. No se olviden que – como señalé en otras notas – que la imaginación se cultiva en la niñez mediante la lectura.

Veamos: Primero piense en su meta. Pero no en el concepto, si no en la imagen. Pongamos un ejemplo pequeñito: Desea tener una lap top. Imagine la lap top. Imagínela con todas sus características, colores, formas, funcionalidades, etc., sea lo más preciso posible, es mucho mejor si selecciona el modelo de una revista, lo recorta y lo pone en su billetera o lo cuelga con un alfiler en un panel en la pared. Mientras más precisa sea la imagen mejor será el proceso. Ahora visualícese usted con la lap top el primer día, visualice también el espacio donde está usted; no importa si en su imagen mental se la regalaron, la compró o se la donaron, eso no es relevante, no necesita pensar en el proceso, pero si desea puede imaginarse ahorrando durante algunos meses para comprarla; pero le advierto que eso es exactamente lo que sucederá.

Ahora viene la parte importante (y este es el ingrediente “secreto"): La sensación de gozo. Puede tener otro nombre pero yo la llamo así y eso es lo que le da poder a la imagen visualizada.

La sensación de gozo tiene que ser intensa. Tan real como podría ser si efectivamente en ese momento usted acabara de entrar a casa con su lap top nueva oliendo a plástico recién desembalado.

O si la sensación de gozo en su imagen es sentado en un aeropuerto con la lap top nueva o dictando clases, o frente a una reunión de colegas, úsela. Lo que importa es que la sensación fluya intensamente desde su estómago y columna vertebral y se expanda en todo su cuerpo. Irrádiela.

El problema que he detectado en muchas personas con las que he tratado este asunto, es que la sensación se disuelve rápidamente por culpa de los paradigmas errados. El sujeto visualiza, obtiene la sensación de gozo y luego de algunos segundos y a veces minutos, empieza a racionalizar: “¿Y si no logro ahorrar?” “¡Pero si el sueldo no me alcanza para vivir, menos para una laptop!” “¡Primero tendría que conseguir un trabajo!” “Pero están caras…” “¿Y si no funciona?” “A ti te habrá funcionado, pero yo tengo mis propios problemas.” Etcétera.

Esos pensamientos anularán el poder de la visualización. No deje que eso suceda, mantenga la sensación de gozo todo el tiempo que pueda, use su lenguaje corporal, oblíguese a sonreír mientras visualiza. Hágalo cómodamente sentado, o de pie, bien erguido. Si la sensación de gozo decae, use este truco: inmediatamente póngase a hacer otra cosa y olvídese por un rato de la lap top. Es preferible no pensar en ello un rato antes de que los paradigmas negativos destrocen la sensación de gozo.

Buena parte del proceso para lograr la sensación de gozo es la preparación previa. Le pongo otro ejemplo:

Tiene usted un examen importante en la universidad. Luego visualiza que saca la mejor nota del aula. Se visualiza a usted mismo viendo su flamante veinte en el registro de notas y obtiene la sensación de gozo. Pero resulta que el examen consiste en la lectura de cinco voluminosos tomos y la fecha programada para rendirlo es mañana.

Como fácilmente comprenderá, prácticamente no habrá manera de sostener la sensación de gozo por mucho tiempo, porque la realidad lo enfrentará con el hecho de que será materialmente imposible que usted lea los cinco volúmenes en veinticuatro horas. Si usted se hubiese preparado anticipadamente, sería mucho más sencillo mantener la sensación de gozo.

Sin embargo el poder de la mente es tan amplio que podría pasar esto:
- Podría leer solo un capítulo y resultar que al día siguiente el examen verse precisamente de ese capítulo.
- Podría ser que se postergue el examen, dándole la oportunidad de prepararse apropiadamente.
- Podrían pasar veinte cosas más, que ni a mí ni a usted se nos ocurren en este momento.
Todo depende de la capacidad mental y si puede mantener la sensación de gozo. Casi como convertir agua en vino. Las posibilidades que he expuesto no son tan descabelladas. A mí me ha pasado un par de veces. Mientras más experiencia se tiene, mejores posibilidades hay de mantener la sensación de gozo a largo plazo y pese a las adversidades existentes. Es un asunto de práctica.

Como se puede ver, todo está en el ingrediente de la sensación real, sincera y pura de gozo. Tiene que sentir que el objetivo ya está cumplido. Imagínese llamando a su familia contándole lo sucedido, compartiendo esa alegría. Imagínese disfrutando del resultado, deje que la sensación fluya desde la boca del estómago, a través de su espina dorsal y lo inunde. Tiene que sentirse pleno, invencible. No deje que las ideas racionales disminuyan esa sensación, aléjelas.

Un detalle más, la sensación de gozo se logra y mantiene mejor si usted está en armonía. Los pensamientos de culpa, miedo, envidia, odio, rencor o mezquindad inhiben la sensación de gozo. Abandone esos sentimientos. Trabaje en ello y verá que las cosas mejorarán rápidamente. Espero de corazón que el compartir estos conceptos permita que las personas que lean este post, puedan cumplir todos sus objetivos el próximo año.

viernes, 30 de septiembre de 2011

PARA QUE PUEDAN SOÑAR (Cuento)

El estruendo de la granada y la puerta de madera volando en mil pedazos fueron lo último que Jacobo percibió antes de perder el sentido. Cuando despertó estaba en un sucio calabozo maloliente de orina y excremento. Se incorporó lentamente, el dolor agudo en la base de la nuca lo detuvo por algunos segundos. Sintió como si tuviera tierra en la boca. Su camisa estaba dura, acartonada, se puso de pie y caminó con dificultad hasta la esquina de la habitación donde había un poco de luz y descubrió que tenía la camisa manchada de sangre seca. Se revisó con cuidado el pecho, el cuello, los brazos. No tenía heridas profundas, solo rasguños y escoriaciones. Su barba estaba sucia y polvorienta pero no tenía rastros de alguna hemorragia. No era su sangre. Trató de recordar y no lo logró. Aun estaba todo confuso. La explosión, algunos gritos y la puerta de madera convertida en astillas de todos los tamaños. Se apoyó en la pared y se le humedecieron los ojos, pensó en Doris, su mujer y Silvia su hija. A lo lejos escuchó el sonido característico de botas acercándose, luego voces, el cerrojo de la puerta, los goznes crujiendo lastimeros. Entraron tres soldados muy jóvenes, mestizos, pelo hirsuto y narices gruesas, el primero lo apuntó con el fusil automático sin hablar, Jacobo levantó ligeramente las manos y se quedó quieto. Los otros dos colocaron dos bancos de madera en el centro de la habitación. Cerca de la puerta había una sombra. Se adelantó dos pasos, era un militar mestizo también, pero por el porte, los gestos y la forma de hablar parecía ser un oficial. Tenía uniforme caqui de campaña, sin galones ni marcas. Solo las botas negras, el quepí y un cinturón de cuero del que colgaba una cartuchera que debía contener una pistola enorme. El oficial se acercó y se sentó en uno de los bancos. Hizo una seña apuntando al otro para que Jacobo se sentara. Jacobo se acercó y se sentó despacio, los que habían llegado trayendo los bancos salieron y el que estaba armado se quedó cerca de la puerta con el dedo en el gatillo del fusil pero apuntando al piso, inquieto, nervioso.

– Jacobo Salas Bregovic – dijo el oficial al tiempo que leía una hoja de papel que había sacado del bolsillo –tiene una hija pequeña, actualmente estudiante de filosofía y humanidades. Estudiante también de derecho. ¿Estudioso no? Hágame un favor. Dígame todo lo que necesito saber.
– No sé qué cosa es lo que desea saber señor – afirmó con calma Jacobo.
– No sea pendejo, Salas – contestó también calmado el oficial – quiero que me diga dónde están sus camaradas del partido y qué es lo que están planeando.
– Soy militante del partido hace años señor, mi actividad política es pública en la universidad. He sido dirigente universitario prácticamente desde que ingresé. Nunca he ocultado mis actividades y no sé a qué planes se refiere.
– Mire Salas – replicó el militar – yo quiero ayudarlo. Usted me cae bien. No estamos detrás de usted, este es un lio de peces gordos. Pero usted está bien embarrado en toda esta mierda. Ha cometido errores graves. Eso de salir a los diarios a denunciar cosas del interior de la universidad Salas… mala idea. ¡Mírese! La barba, el cabello largo. La camisa de guerrillero ¿Quién se cree? ¿El Che Guevara? ¿Usted cree que me cuesta mucho esfuerzo meterle un par de tiros y olvidarme del asunto? Para la prensa un guerrillero muerto más. Nadie va a llorar su muerte Salas, hágase un favor y dígame lo que le estoy pidiendo.
– Estoy ilegalmente detenido señor.
– ¿Y qué quiere Salas? ¿Le presto un teléfono para que llame a su abogado? ¿Quiere también que le preste a mi mujer y a mi empleada? ¡Esta es zona de emergencia Salas! ¡Entienda carajo! No tengo que rendirle cuentas a nadie. Tengo a cuatro camaradas suyos en los otros calabozos. Si usted no habla, alguno de ellos lo va a hacer. ¿Se da cuenta de la situación?
– Sí señor. Me doy cuenta de que estoy ilegalmente detenido. Que está usted violando mis derechos. Pero yo no tengo la información que usted necesita. Yo no tengo contacto alguno con ninguna facción armada o fuerza revolucionaria, soy solo un militante más del partido.
– Un militante que dirige las escuelas populares en el interior de la universidad.
– Un militante que educa al pueblo. Un pueblo ignorante no se desarrolla. Un pueblo ignorante se somete.
– Usted les enseña a ser subversivos Salas. Usted alienta sus protestas y esa basura que llaman reivindicación social.
– Solo los incentivo a pensar por sí mismos señor. A cuestionar el sistema.
– ¿Y para qué sirve eso dígame?
– Para que el pueblo deje de ser una masa de corderos dóciles. Para que tengamos individuos que piensen, que crean, que tengan fe en un mañana diferente, para que puedan soñar... Para que las personas tengan el valor de buscar su destino. ¡Para que sean libres señor!
– ¡Huevadas Salas! – exclamó el oficial exasperado, poniéndose de pie – necesitamos ingenieros que construyan carreteras, médicos que curen a los enfermos. En este país no necesitamos más filósofos.
– Ni militares – dijo Salas mirando al piso.

El oficial se contuvo, se sentó de nuevo y abrió el bolsillo de su camisa de campaña. De él extrajo una cajetilla de cigarros y le ofreció en silencio un cigarro a Jacobo; luego sacó del bolsillo lateral de su pantalón un encendedor plateado con el escudo del ejército en relieve. Encendió ambos cigarros.
– Mire Salas. Esto no es cómodo para ninguno de nosotros. De aquí a unas horas tengo que ponerlo a disposición del Juez. De lo que usted me diga depende el informe que yo haga. Incluso puedo enviarlo de nuevo a su cuarto si colabora y aquí no ha pasado nada. Anoche lo intervenimos a usted y sus camaradas en un caserío alejado de la ciudad ¿Qué estaban haciendo allí?
– Íbamos a hacer una jornada de alfabetización.
– ¡Puta madre Salas! ¡No me siga jodiendo! Eso no se lo cree nadie. Estaban a dos kilómetros de una base del ejército. Le pregunto una vez más ¿Qué hacían allí? ¿Qué planes tenían?
– Alfabetizar. Teníamos planeado empezar temprano, todo el fin de semana. Por eso íbamos a pasar la noche en esa casita. La que ustedes destruyeron.
– Oiga – dijo el oficial acercándose en gesto confidente – ¡ya! yo le acepto a usted que es un blanquito buena gente que quiere enseñar a leer a los campesinitos y gratis. ¿Pero por qué su camarada Saldívar tenía un revolver en su mochila? Explíqueme eso.
– Eso no lo sé señor. Tendrían que preguntarle a él.

De pronto tocaron la puerta con fuerza. El oficial salió, Jacobo escuchó algunas voces inteligibles que se apagaron a medida que el ruido de las botas se desvanecía. Media hora después regresaron cuatro hombres vestidos con uniforme militar totalmente negro, con pasamontañas, al parecer comandados por un hombre de baja estatura con bigotes, vestido de civil; estaba también el oficial que interrogó a Salas y otro oficial de mayor edad y, aparentemente, mayor rango. El de mayor edad hablo:
– Salas, estos hombres son del servicio de inteligencia y van a ponerlo a disposición del Juez, Por favor acompáñelos y colabore.
Uno de los tipos se acercó y lo esposó. Luego le colocaron una capucha de tela negra en la cabeza y se lo llevaron a empellones.
– ¿Qué le sacaste Obando? – dijo el mayor de los dos oficiales cuando se quedaron solos.
– El tipo no sabe nada comandante. Ha sido una metida de pata. Es un teórico, un filósofo idealista. Se le nota y usted sabe que tengo experiencia. Yo ya había decidido mandarlo a su casa.
– Bueno el asunto ya no está en nuestras manos. Son órdenes de arriba. Habla con los soldados, nadie ha visto nada.
Obando se cuadró y el comandante salió del cuarto. Luego se sentó en uno de los bancos y encendió un cigarrillo. Se sentía cansado y se preguntó hasta cuándo seguiría destacado en este infierno. Recordó a su esposa Mariela y su hija recién nacida: Silvia. Como la hija de Salas, “casualidades” pensó mientras le daba una larga pitada a su cigarro.

* * *

Siete años después, luego de volver de la playa con su hija Silvia, Obando se preparó un té helado, prendió el televisor y se sentó a ver las noticias. Sintió como un latigazo en la columna cuando la narradora leyendo el teleprompter dijo que habían sido descubiertos los restos de cinco personas en una fosa común, uno de ellos probablemente correspondería al estudiante de filosofía y humanidades Jacobo Salas Bregovic, desaparecido hacía aproximadamente siete años.

viernes, 29 de julio de 2011

LA SONRISA (Cuento)

De pronto entró a mi oficina. Estaba vestida de traje, pero no lucía como imaginé que estaría. ¿Cuántos años habían pasado? ¿Diez? ¿Quince? Sonrió con esa sonrisa que era solo suya, una sonrisa cortés mezclada con irradiante simpatía. Me saludó con formalidad y le señalé la silla para que tome asiento. Me preguntó por un trámite. Le indiqué rápidamente el mecanismo mientras pensaba si realmente no me había reconocido. Cuando terminé de explicarle puse en práctica mi mejor expresión de cordialidad y le pregunté: ¿Pero cómo estás? Ella sin dejar de sonreír me miró brevemente, luego miró al suelo e hizo con la mano derecha un gesto de negación con todos los dedos extendidos. Se levantó sin decir una palabra y me sentí atontado. Cambié de expresión y me puse de pie, le indiqué la salida de manera formal y la despedí tratándola de usted.

Me senté en mi sillón y me quedé absorto pensando en su sonrisa. ¿Cuántos años tiene ahora? Hice cálculos, ya debería pasar los cincuenta. Pero su rostro era el mismo de aquél entonces. Había algo extraño. Miré alrededor. Todo estaba bien aparentemente. Era mi oficina, era yo, todo en su sitio, los treinta y cinco grados sofocantes, la humedad al noventa por ciento y hasta la extraña sensación en mi estómago y mi espina dorsal producto de haberla visto después de tantos años. Pero su rostro… sí, era el mismo. Abrí la carpeta en el computador, allí estaba la sonrisa, era la misma, exacta, plasmada en una foto que de casualidad y con nostalgia había estado viendo estos días. No había duda, estaba soñando. Me senté en el sillón, miré por la ventana y esperé pacientemente a despertarme.

viernes, 11 de marzo de 2011

LA TRAICION (Cuento)

Marcelo caminó despacio entre las columnas del lugar, un espacio enorme, un patio que parecía abandonado, con enormes bolsas viejas por doquier y material de construcción disperso. No podía ver a su compañero, giró sobre sí mismo y trató de buscarlo con la vista. Le pareció ver algo moviéndose debajo de una de las bolsas apoyadas en una columna cercana, se fijó y le pareció ver algo como una serpiente, una cobra oscura. “¿Una cobra?” se dijo, y se le erizaron los pelos de la nuca, en ese preciso momento sintió una ligera presión en la pierna y con horror vio como una serpiente se había enroscado en su tobillo, inmovilizado le tomó unos segundos reaccionar y gritar, pero nadie lo escuchó. Respiró y a pesar del miedo y el sudor que empezaba a brotarle por los poros trató de mantener la calma. Levantó las dos manos lentamente evitando cualquier movimiento brusco, no quería asustar a la serpiente, recordó que semanas antes, había oído en un programa de la televisión que su hija estaba viendo mientras él preparaba un informe, mencionar que las serpientes venenosas usualmente tenían la cabeza triangular, trató de mirar con cuidado, estaba tan nervioso que no podía fijarse bien en la cabeza. El desagradable ser se desplazaba lentamente por su pierna, ejerciendo presión… se preguntó qué pasaría si sacudía la pierna para que el animal se cayera, miró con cuidado y se dio cuenta que era imposible, el cuerpo del reptil ya le daba por lo menos dos vueltas a su pantorrilla, aprovechó y pudo ver sus ojos pequeños, brillantes, no tenía el color escandaloso de las especies letales y eso lo alivió un poco, era de un gris verdoso. Pero la cabeza, la cabeza era entre ovalada y triangular, se arrepintió no haber visto ese programa en la televisión junto a su hija, como ella se lo había pedido. Volvió a levantar la vista para ver si alguien se acercaba, “¿las serpientes oyen? se preguntó, estaba dispuesto a gritar de nuevo pidiendo ayuda, cuando percibió el rápido desplazamiento de la culebra hasta su muslo, entonces bajó lentamente la mano derecha, sabía que si lo mordía y era venenosa, no llegaría a tiempo a la salida del lugar para pedir ayuda, pero corrió el riesgo, acercó lentamente la mano por detrás de la cabeza de la serpiente, pero dudó, no se atrevió a cogerla, esta volteó y rápidamente enroscó parte de su largo cuerpo en su antebrazo, Marcelo sintió aflojar su esfínter, el miedo lo invadía, tenía la mano izquierda levantada, las piernas semi dobladas y el brazo derecho pegado a su muslo, lo ridículo de su posición lo hizo sonreír mientras aprovechaba un descuido de su enemiga y la tomaba precisamente del cuello, la apretó sin mirarla ya, fuertemente y con desesperación para evitar que pudiera atacarlo, esperando recibir una dentellada en los dedos o en la mano. Pasaron unos segundos y no sintió nada, se atrevió a mirar y vio la pequeña cabeza dislocada y con las mandíbulas abiertas, con algo de asco se la desenredó de la pierna y la lanzó al piso, “era larga la condenada” pensó. Caminó un poco, buscó los baños, caminó y los halló, pero desde afuera parecían nauseabundos, pensó que fácilmente podía haber más serpientes allí. Desistió, pero al voltear para irse, vio en el suelo mojado algunos billetes, dólares, uno sobre otro, mojados también, los recogió rápidamente, aunque le pareció percatarse que algunos eran más parecidos a los del monopolio que a los billetes reales, luego cogió la serpiente y corrió hacia los ambientes donde se llevaba a cabo la construcción, llegó en mucho menos tiempo del que esperaba y se aproximó a su compañero que estaba sobre una escalera reparando algo:
- Mira esto, ¿es venenosa? – le preguntó mientras le mostraba la serpiente muerta.
- No - le contestó tranquilamente – parece una boa joven.
Marcelo recordó la presión que ejercía la serpiente en su pierna y concordó, era un constrictor, ahora no se sentía bien, se había metido el susto de su vida y además había matado a una especie protegida. De pronto apareció su perro y se llevó a la serpiente, a la que le pareció ver sacudirse un poco, pero eso era normal, había visto serpientes moverse luego de muertas, son reacciones musculares post mortem, espasmos. El perro salió por una puerta extrañamente luminosa llevándose a la boa en su boca.

* * *

Marcelo despertó y vio la luz de la ventana, “mierda, me quedé dormido” pensó, miró su celular y efectivamente estaba apagado, se fue directo a la ducha a darse un baño rápido, mientras se jabonaba le vino a la mente su sueño: “Una serpiente, dinero mojado y mi perro, huevadas.” Terminó de ducharse, se cambió y se fue volando al trabajo sin despedirse de su esposa que seguía durmiendo. Una vez en la oficina se puso a trabajar pero el sueño le daba vueltas, alguna vez una enamorada suya le había dicho “Maldito, no te atrevas a engañarme”, él le preguntó porqué le venía con tan disparatado comentario y la muchacha le había respondido: “Es que anoche me soñé con una serpiente.”

A las nueve de la mañana, se tomó unos minutos, estiró su espalda y se recostó un poco sobre la silla, miró el teléfono sobre la mesa y sonrió. “Qué mierda” pensó y tecleó el número:
- ¿Aló? ¿Aló?
- ¡Aló mamita! Soy yo, Marcelo
- Hola hijito, ¿Cómo estás? ¿Te estás abrigando? Está haciendo frio.
- Si mamá – contestó Marcelo condescendiente – ¿Cómo estás tú más bien?
- Bien hijito, bien.
- Mami, un favor – dijo Marcelo entre amable y cariñoso - ¿Qué significa soñarse con serpientes?
- ¡Ay! ¿Te has soñado tú? ¡Malo malo! ¿Venenosa? ¿Te ha mordido?
- No, mamá, en el sueño se me enrosca pero la mato al final.
- ¡Ah! – Exclamó aliviada la mujer, ¡bueno bueno! Eso es bueno. Si la matas es que tus enemigos te van a querer hacer daño, pero al final los vences. Tienes que tener cuidado.
- Gracias ma, y… ¿Con dinero mojado?
- ¿También eso? ¡Ay hijo! Dinero, dinero. Con dinero problemas vas a tener. Ten cuidado mijito ¿ya?
- Claro mamita, no te preocupes, ahora tengo que trabajar, gracias. Cuídate tú también.
- Dios te bendiga.
- Gracias, chao ma.
- Chao chao...
Marcelo colgó. “Traición, enemigos, ¡huevadas!”

Continuó trabajando, la idea le seguía rondando la cabeza, normalmente se levantaba de la cama sin recordar lo que había soñado o con un vago recuerdo de lo soñado, impreciso, pero esta vez el sueño era tan vívido. Trató de recordar qué cosas había visto en la televisión la semana pasada, si había hablado de serpientes o algo similar con alguien. Estaba convencido que los sueños estaban compuestos de pedazos de experiencias pasadas. Nunca había creído en sueños premonitorios como lo hacía su madre. “Bueno, mamá cree en la Cruz de Caravaca, en San Benito de Palermo, en el poder de los huairuros, en San Cipriano y en la Pacha Mama, y claro también en el significado de los sueños” pensó divertido. Trató de olvidar el tema y se concentró en sus labores.

A la hora del almuerzo salió como siempre rumbo al restaurant de la tía Bertha, inicialmente un huequito hecho en la cochera de una casa colonial donde iban a almorzar él y sus compañeros de trabajo, ahora el restaurant ocupaba toda la casa, la señora tenía una sazón de primera. Prácticamente todos los trabajadores de las empresas y oficinas a tres cuadras a la redonda almorzaban allí. Levantó la vista y unos tres metros adelante estaba Arturo, caminando despreocupado también rumbo al restaurant, iba a acelerar el paso cuando sintió un brazo alrededor de su cuello y una voz aguardentosa ordenándole que se ponga tranquilo, al mismo tiempo otra persona rebuscaba sus bolsillos, gritó débilmente y forcejeó inútilmente, lo estaban cogoteando. De pronto sintió la presión en su cuello aflojarse y la figura de Arturo sobre él, logró colaborar lanzando un par de codazos mientras caía al piso y se incorporó rápidamente, uno de los pillos aun estaba en el piso con el celular de Marcelo en la mano, Arturo le propinó un puntapié en la espalda y Marcelo le arrebató el celular antes de que pudiera escapar a gatas, el otro ya corría raudamente por la calle y volteaba por una esquina. Arturo ayudó a Marcelo a limpiarse el terno y a acomodarse la corbata.
- ¿Estás bien? – le preguntó.
- Sí, sí. - dijo Marcelo todavía acomodándose, agitado.
- ¿Te ha robado algo?
- Creo que no.
Revisó sus bolsillos y su billetera estaba todavía ahí, un bolsillo del pantalón estaba roto, pero las llaves del auto, de la casa, todo estaba completo, y finalmente había recuperado también su celular.
- Está todo – dijo todavía saliendo del shock – Oye, gracias Arturo, la verdad me salvaste hermano.
- Me debes un almuerzo – sonrió Arturo.
Fueron a almorzar, Marcelo estaba callado al principio, luego fue recuperando confianza, relajándose, “¡Qué susto, mierda!” Luego cuando esperaban el postre le dijo a Arturo:
- Esta huevada me la soñé anoche aunque no me creas.
- ¿Un deja vu?
- No, no tanto así – precisó Marcelo – soñé con una serpiente que se me enroscaba y a la que luego lograba matar, también con dinero mojado, llamé a mi viejita y me dijo que la serpiente es un enemigo, los choros, ¿ves? Como yo maté a la serpiente, es triunfo sobre los enemigos, eso explica porque no dejamos que me roben y problemas con el dinero, porque querían llevarse la plata pero al final el triunfo no se los permitió. ¿Todo encaja no?
- Será…
- ¡Claro! Eso era pues Arturín, ese sueño me estaba dando vueltas en la cabeza todo el día. Asunto resuelto.

Marcelo se sintió realmente aliviado, pagó los dos almuerzos y se fueron conversando alegremente al trabajo. Más tarde llamó a su madre para contarle lo del robo, suavizando los hechos para que no se asuste y confirmarle que su interpretación de los sueños estaba resuelta. Su madre le contestó con un “¡Ay, menos mal hijito!” y quedaron para almorzar el fin de semana. Preparó los informes pendientes y al fin del día pensó que todo lo pasado merecía una gratificación. Tomó su celular y llamó:
- ¿Cholita?
- ¡Hola! Ya días sin saber del señor – contestó una voz femenina.
- No te enojes chola linda, mucho trabajo ya sabes.
- ¿No será tu esposa que no te deja salir? – preguntó sarcástica la mujer.
- ¡Ja ja! A ella la tengo controlada, más bien tú me tienes loquito. ¿Te veo más tarde? ¿Qué te parece una reunión de trabajo en el lugar de siempre?
- ¿A qué hora?
- ¿A las ocho está bien? Me doy una ducha en casa y salgo para allá.
- ¿Tu mujer de dará permiso? ¡Ja ja ja!
- ¡Ja ja ja! ¿Te bañas ya? Y te perfumas allá abajo cholita…
- ¡Cerdo! Te veo a las ocho.
- A las ocho
Colgó. Cerró su oficina y se dirigió a la cochera.

Al llegar a casa notó las luces apagadas, entró y Titán no salió a recibirlo batiendo la cola como siempre, “¿Habrían salido a pasear a Titán?” miró el reloj. Eran las seis y quince. Se dirigió despacio al dormitorio, y miró, se quedó pasmado: “¡Mierda, habían asaltado la casa!” los closets estaban abiertos de par en par y visiblemente vacios, encendió la luz para ver mejor, el joyero de su mujer no estaba, las maletas sobre el closet tampoco, “¡Carajo!” se dijo, sacó el celular para llamar a la policía y vio entonces una nota pegada en el espejo del tocador: “Lo siento Marcelo, me voy de la casa, no aguanto más tus infidelidades, me cansé, no hagas escándalos, me llevo a mi hija y a Titán, estaré en la casa de mamá un tiempo. Me estoy llevando todas mis cosas. La próxima semana te haré llegar los papeles del divorcio.” Marcelo iba a empezar a marcar el número de su esposa en el celular cuando pudo ver unos centímetros debajo de la nota y apoyadas en el espejo unas fotos en blanco y negro, de él y la chola en situaciones claramente comprometedoras. Apagó el celular y se dejó caer sentado a los pies de la cama. “¡Mierda!”

lunes, 21 de febrero de 2011

SECRETOS Y ATRACCIÓN

Hace algunos años, un muy querido y leal amigo me regaló un disco compacto titulado El Secreto, hoy en día es raro que alguien no lo haya visto y por tanto casi todos sabrán de qué se trata lo de la Ley de la Atracción.

Cuando vi el material lo asumí y asimilé. Eran una serie de ideas que yo ya había percibido pero que nunca antes había visto sistematizadas de una manera tan clara. Todo tuvo más sentido a partir de entonces.

Cuando estaba en la secundaria mentalizaba cosas, desde libros que quería tener y que de alguna manera siempre conseguía hasta notas en los exámenes o conocer a alguna chica. Pero ahora recuerdo algunos momentos que podrían inscribirse en entre los clásicos de la Ley de la Atracción de Miguel Vásquez.

Cuando estaba en la universidad soñaba permanentemente con trabajar en un banco, me imaginaba no en una ventanilla, si no en una oficina enorme, alfombrada, de terno impecable, resolviendo problemas complicados que nadie más podría resolver. Cuando yo imaginaba y visualizaba esto con todas mis fuerzas, cualquiera hubiese dicho (y de hecho algunos me lo dijeron) que era un triste sueño de un muchacho estudiante de universidad nacional, con un jean usado y dos camisas por todo patrimonio, con mi chompa ploma de lana con figuras de llamitas y morral del ejército cruzado en el pecho fungiendo de maletín. Barbado y cabelludo más parecía un seguidor del Che Guevara que un funcionario de banco. Adicionalmente, para trabajar en un Banco, salvo que sea de asesor legal, tendría que estudiar economía, administración o contabilidad.

Al paso de los años, el sueño se materializó, una cosa llevó a la otra y fui gerente regional de recuperaciones por seis años de un prestigioso banco nacional y el único en mi tiempo proveniente de una universidad nacional. No será necesario decir que efectivamente mi oficina era enorme, alfombrada y con todas las gollerías correspondientes al cargo.

Hasta allí podría tratarse de una casualidad. Bueno, como muchos de los que me conocen saben, siempre me han gustado las mascotas. Cuando me divorcié dejé con mucha pena mis perros grandes a algunos amigos y la más pequeña junto con mis gatas a mi ex esposa. Sin embargo, ya antes de ello había escrito en mi plan de sueños: “Quiero un perro peruano sin pelo.” Ese plan de sueños anda en mi billetera bien doblado desde al año dos mil cinco si mal no recuerdo. Dejé el banco, litigué un año, trabaje en una mina el dos mil siete, el dos mil ocho concursé para mi actual empleo y vine a la selva. En todo ese tiempo no se me ocurrió comprar un perro, porque en tantos viajes no podría hacerme responsable de su cuidado. Una vez que me establecí en Iñapari, se me ocurrió que ahora si podría, pero ¿de dónde sacar un perro peruano sin pelo en plena amazonia? Sin renunciar al sueño deje que las fuerzas del universo lo decidan.

Aproximadamente en setiembre del dos mil nueve, saliendo de mi oficina veo pasar por la plaza de Iñapari un perro peruano sin pelo de muy buena estampa. Me reí y me acordé de mi plan de sueños. Averigüé de quién era y me informaron que un cocinero pollero de Cusco, había venido a Iñapari a poner un restaurant pollería y que el perro era suyo (lo había traído desde Cusco). Para no hacer larga la historia, el perro tomó la costumbre (sin que nadie lo obligue ni sugiera) de descansar en el día cerca a la puerta de mi oficina, que en ese entonces daba a un pasillo exterior. Nos hicimos amigos y yo le limpiaba las lagañas que su dueño no se daba tiempo de asear, me daba pena verlo abandonado en la calle, todo sucio, mal oliente y con heridas de peleas con perros callejeros. En diciembre el pollero decidió irse y me contó que no sabía qué hacer con el perro. Le dije que me lo deje y así es como Dubi vive en mi casa hace más de un año, le curé sus heridas y las lagañas crónicas, corté las uñas y ahora me mira desde su cama acolchada ubicada justamente frente al escritorio desde donde escribo esta nota. Es un acompañante leal. Si decido escribir hasta las tres de la mañana, él se queda aquí conmigo sin protestar. Cuando termino, sale de la casa sin que le diga nada, se mete en su casita que encargué especialmente a un carpintero de la ciudad. Tiene allí otro colchón, mosquitero y cortina de red en la puerta de acceso para que no se metan los mosquitos, yo creo que es feliz.

Hace poco colgué en facebook la misma foto que acompaña esta nota. Cuando la colgué se me vino a la mente otra cosa: Cuando vivía en Iquitos el año noventa y siete o noventa y ocho, una noche paseando por la ciudad, me fijé en una ventana que daba a la calle, desde donde se podía ver a un tipo, con una camisa blanca, una lámpara sobre el escritorio y una máquina de escribir. Más tarde averiguando, supe que era un escritor que se había autoexiliado a la selva para escribir en paz en ese ambiente paradisiaco. Yo me dije: Algún día tengo que estar así, escribiendo en un lugar igualito en algún punto de la selva.

Cuando vi la foto, me reí de nuevo. No había tomado real conciencia de la ropa que vestía ni de cómo se veía la habitación hasta que vi la foto. Sueño cumplido trece años después.

También soñaba con conocer el Brasil y vivir un tiempo allí. Igual, y sin querer sueño cumplido. Así como esos tengo varios ejemplos similares, de cosas grandes, de cosas pequeñas. Creo firmemente que si uno se concentra y confía en la existencia de la Ley de la Atracción o el nombre que quieran ponerle, la cosa funciona. La casa que tengo ahora se parece también a una de las de mis sueños (todavía tengo varios proyectos más en el papelito doblado en mi billetera)

De todas maneras, como consejo, hay que saber cómo pedir o qué pedir. Cuando mi primer matrimonio empezó a ir mal, pedí de todo corazón poder hacer feliz a la que en ese momento era mi esposa para salvar la relación. Terminé separándome al poco tiempo y divorciándome un par de años después. Alguien podría pensar que falló la Ley de la Atracción. Yo creo que funcionó, a pesar de todo el enorme cariño que le tuve y que todavía le tengo y siendo la persona más maravillosa, inteligente y buena que he conocido en mi vida, yo no hubiese podido hacerla feliz. Ahora ambos estamos mucho mejor, separados, rehaciendo cada uno su vida y siendo todavía amigos. Sé que ella es feliz y por tanto es otro sueño cumplido.

El dos mil siete era fanático acérrimo del doctor Gregory House y quería ser como él, compré todas la temporadas de la serie en CD. Entre febrero y marzo del dos mil ocho sufrí una lesión en la pierna izquierda que me hizo usar bastón durante dos meses. Hay que ser más preciso con los pedidos al universo. Ahora sólo quiero el carácter e inteligencia del Dr. House. Nada más.

Otro sueño cumplido es mi actual trabajo, el lugar donde vivo, el paisaje que tengo frente a mí mientras escribo y un montón de cosas más que me hacen razonablemente feliz. Y sucede algo interesante, a medida que pasan los años, las cosas que visualizo se materializan cada vez más rápido. Pareciera como que uno aprende a canalizar la energía o aprende a tener paciencia. No lo sé. No niego que ahora tengo más recursos como para materializar más rápido esos sueños, pero lo uno es consecuencia de lo otro creo. Lo cierto es que no se deben abandonar los sueños, pero tampoco se puede ir uno a recostar a una cama a esperar que los sueños se cumplan solos. Los sueños que se cumplen son aquellos por los que se lucha. Pero hay que tener cuidado con lo que se sueña.