viernes, 1 de abril de 2011

TEDIO (Cuento)

Rafael extrajo de una caja de madera finamente tallada dos ligerísimas y perfectas esferas de brillante aluminio y empezó a pasarlas entre los dedos de su mano derecha como siempre que necesitaba meditar, miró nuevamente el mensaje de texto en el smartphone y leyó esta vez con calma: “Rafael, esto me daña, no podemos seguir así, tenemos que hablar.”

Se recostó sobre el espaldar de su sillón gerencial y cruzó una pierna sobre la otra como hacía siempre que quería pensar con claridad, apoyó el codo en el brazo del mueble y siguió jugando con las esferas sin mirarlas. Miró por la ventana el horizonte, el cielo nublado, los árboles lejanos… Trató de recordar hace cuánto tiempo conocía a Estela y descubrió que ya habían pasado más de diez años. En todo este tiempo habían sido buenos amantes, una relación vinculada por el sexo más que por otra cosa. Se encontraban, se amaban físicamente a veces con una pasión telúrica que los dejaba a ambos exhaustos, se contaban fragmentos de sus vidas, a veces también deslizaban alguna confidencia casual y luego al despedirse cada uno continuaba con su vida hasta el próximo encuentro.

Sin embargo en los últimos años las cosas habían cambiado, Estela se quejaba con él de sus problemas, de la incompetencia de sus compañeros de trabajo, de su familia, del tránsito, del clima. Rafael se había percatado de ello pero recién ahora tomaba verdadera conciencia de un factor importante: el tiempo transcurrido. Cuando la conoció, Estela era una chica que bordeaba los veinte, aún estudiante, segura de sí misma pero en franco proceso de aprendizaje de la vida. Ahora en cambio era una mujer con casi treinta años encima, profesional, tenía otras expectativas, había madurado sin duda, tal vez tenía otros proyectos; no obstante a los ojos de Rafael y hasta este momento había sido siempre la veinteañera que él hizo mujer por primera vez.

Ella nunca exigió nada en todo este tiempo, por lo menos no de manera expresa. Un par de veces había recibido comentarios que lo habían hecho sonreír, la primera vez una amiga suya que tenía dotes de pitonisa y hechicera le había dicho, luego de conocer a Estela, con el dramatismo propio de quien ve el futuro: “Esa mujer te quiere, pero no por un rato, te quiere para ella.” Rafael se echó a reír, aunque se preocupó horas después: “La brujita rara vez se equivoca” pensó. Luego olvidó el asunto y lo recordó evasivamente algunas veces. Más adelante, hacía dos o tres años un amigo común, Paulo, le había dicho que Estela le había confesado que estaba enamorada perdidamente de un hombre, pero que sabía que era un amor imposible, que ese hombre nunca la vería como una compañera para toda la vida a pesar que ella estaba siempre a su disposición cuando él quería, que se sentía utilizada, a veces como un simple objeto, que había hecho de todo para demostrarle lealtad, aprecio, ternura, sumisión, amor, sin embargo él no reaccionaba. Paulo, que era un tipo inteligente ató cabos y concluyó de inmediato que no podría tratarse de nadie más que de Rafael y se lo contó. Nuevamente no le dio importancia, se desentendió, rieron un rato del asunto, Rafael negó todo vínculo y a pesar de ello Paulo insistió en su hipótesis; Rafael no encontró mejor manera de cerrar el tema con un “Déjala hombre, no le hagas caso, está loca.”

Frente al perturbador mensaje, Rafael no dejaba de pensar en esos detalles, trataba de unir el rompecabezas y prepararse para lo inevitable. Para él los temas del amor ya no eran cosas sentimentales, eran problemas lógico-aritméticos con variables e hipótesis de trabajo, lo poseía la irrefrenable necesidad de analizar, descubrir y desmenuzar las motivaciones de las personas para aprender de sus razonamientos acerca de los sentimientos y esas tonterías. Una vez resuelto el acertijo continuaba con sus actividades, pero si no, el problema lo perseguía a veces durante días, distrayendo sus pensamientos.

Ahora y a sus más de cuarenta, ya conocía perfectamente el trámite de estos eventos, con todas las empresas y prósperos negocios que tenía a su cargo y su ritmo de vida, no podía darse el lujo de tener una mujer o una familia. Pensó que tal vez Estela se había hecho la absurda idea de que podía conquistarlo, amarlo, doblegarlo y domesticarlo, hacer de él un marido aburrido, un patético trofeo de caza para exhibir su cabeza colgada de una placa de madera en parrilladas dominicales, paseos al club o fiestas de gala, donde se presentaría como “su mujer” y a él como “su marido.” Era hora de terminar con todo, lamentablemente Estela había confundido las cosas, como le había sucedido a tantas otras mujeres que habían pasado por su vida, de todas formas le seguía sorprendiendo que a ella le haya tomado tanto tiempo llegar a este punto. Las otras nunca habían superado el año en el mejor de los casos, algunas no habían llegado al mes.

Estuvo a punto de llamar a su secretaria y pedirle que le programe un viaje para el día siguiente, Estela estaba trabajando en otra ciudad y tendría que ir a hablar con ella. Sin embargo se detuvo. No era necesario. Recordó todas las discusiones de los últimos dos años, las idas y venidas de la relación, sus quejas, sus malos humores, cosas que su memoria se había esforzado por eliminar. Se dio cuenta que después de todo, los primeros años definitivamente fueron los mejores, ahora todo había devenido en un triste, gris y enorme tedio, y tal vez por ello sentía tanta desazón cuando se comunicaban, tal vez por ello los últimos encuentros eran tan mecánicos. Tomó su smartphone y escribió con la frialdad que siempre lo caracterizó en momentos como este: “No puedo viajar por ahora, espero que me disculpes. Espero también que quedemos como amigos. Ya no puedo seguir viéndote. Suerte en todo.”

Esperó unos minutos con la vista fija en el aparato que había depositado en el escritorio. No tardó mucho en sonar el pitido y aparecer el mensaje, lo levantó y leyó: “Me has leído el pensamiento Rafael, lamento mucho que no hayas tenido el valor de venir. Pero igual. Suerte en todo. Adiós.”

Rafael respiró, se sintió aliviado al igual que otras veces que había pasado por lo mismo. Con cuidado y calma borró los números de Estela del smartphone, eliminó sus mensajes, sus correos y en la mente sus recuerdos. Era mejor así, finalmente no era culpa de Estela, si no se había dado cuenta hasta ahora, no se daría cuenta nunca, o tal vez por eso precisamente había terminado todo. Estela nunca podría conquistar su corazón ni ninguna otra, porque su corazón estaba roto, despedazado, reemplazado por una máquina terrorífica, una mezcla de piezas, cables, tornillos, ruedas y mecanismos de relojería que le impedían amar y ser amado; un amasijo que había programado a conciencia para resistir los golpes, para contener los pensamientos, para razonarlo todo y sobre todo, para evitar el amor.

sábado, 26 de marzo de 2011

CONSEJOS PARA QUIEN ASPIRE A SER EL MEJOR AMIGO DEL PERRO

Hace un par de semanas leí el blog de la amiga de una amiga, la que recientemente se animó a escribir un Blog y su primera nota fue acerca de las mascotas. La nota es muy linda y tierna y hace un símil interesante acerca de las personas y las mascotas. Es cierto que los animales (las mascotas en particular) tienen instintos que casi siempre son más transparentes y honestos que nuestra retorcida forma de comunicarnos a medias con nuestros propios congéneres. Sin embargo hubo una muy inteligente y creativa afirmación en el post que llamó enormemente mi atención: Que la única diferencia entre los perros de raza y los que no lo son, es algo así como que los primeros tienen ropa más cara.

Me temo que en mi condición de amante de los perros y ex socio del Kennel Club del Perú, me veo en la obligación de hacer una precisión al respecto, y no para Mari cuya nota es linda y la recomiendo, si no para todos aquellos que están el proceso de adoptar un cachorro y están sopesando la decisión; o que ya lo hicieron y necesitan ciertas guías para seguir adelante con el proceso.

Las razas, en este caso de los perros, tienen una razón de ser, razón que va mucho más allá de la apariencia del can. La existencia de razas especiales y con características determinadas se debe a su predictibilidad. En un inicio, hace miles de años los perros se criaban de tal manera que ciertas razas sean utilitarias, así el antiguo y ancestral Mastín Napolitano era un perro de guerra, capaz de atacar a un fornido soldado en combate con sus entre noventa y ciento diez kilos de peso; también servía para la caza de leones para el circo romano, ya que con su piel gruesa y arrugada y su increíble tolerancia al dolor, podía resistir las mordeduras y zarpazos del león. Si decide tener uno en casa, tome en cuenta que difícilmente podrá corregirlo con un tirón de la correa o un collar de ahorque, para el Mastín esas son molestias que a lo mucho podrían exasperarlo, pero nunca causarle dolor correctivo.

El Labrador (que tiene recién unos quinientos años) fue diseñado para ser un excelente nadador usando su gruesa cola como timón, y su doble capa de pelos que le permite no padecer de hipotermia cuando se mete al agua casi congelada de los lagos para recuperar los patos cazados por el amo. Sus dientes redondeados o romos evitan que dañe la pieza de caza cuando es recogida. El Labrador es un perro de trabajo perfecto y sumamente inteligente, si usted decide tener uno asegúrese de tener espacio para que descargue su enorme energía o tener tiempo para sacarlo por lo menos dos veces al día, en paseos de una hora de duración cada uno.

De igual manera perros de pelo duro (como los Schnauzers por ejemplo) tienen esta característica que evita que las plantas con púas o espinas los dañen cuando cruzan los prados acompañando a su amos en cacería, los Terriers pequeños fueron diseñados para meterse en las madrigueras de los hurones u otros animales similares, en algunas zonas se aprovechaba esta característica para cazar ratas y conejos que dañaban los sembríos. Así como estos hay muchos ejemplos, luego se puede entender que las características físicas y comportamiento de estos canes, está definida por su código genético, de tal manera que la única forma de garantizar que este código y conducta se transmita a la siguiente generación es mediante la unión con otro ejemplar de la misma raza y que los vástagos tengan para empezar las mismas características exteriores de los padres, luego viene un complejo proceso para determinar el carácter. Un perro de buena línea (lo que llamamos pedigrí) cuya pureza en cuanto a los ancestros está garantizada, asegura también que la mascota tendrá un determinado carácter que se ajusta a nuestro espacio, tiempo y necesidades.

Hoy en día gente snob, se compra perros de raza solo por la apariencia y su fama ("perros de reyes" los llaman a algunos) sin conocer sus características físicas y necesidades y mucho menos su conducta o personalidad.

Las ventajas de tener un perro de raza son:

Es predecible, se puede comprar un cachorro sabiendo cómo será su carácter en el futuro. Por ejemplo si se tienen niños pequeños en casa y no hay problemas de seguridad, usted puede comprar un Labrador o un Golden Retriever, con la certeza de que nunca atacará a los niños y siendo uno de las cinco razas más inteligentes aprenderá cualquier truco rápidamente, pero hay que tener espacio como ya se dijo y se debe tener tiempo también para cepillar el grueso pelaje. Es inhumano meter a un Labrador a un departamento y además no sacarlo a pasear. No se olvide que el Labrador no se inmutará si un ladrón entra a casa, probablemente además le haga caravanas al pillo. Si se es flojo y se requiere un perro pero usted no tiene la menor intención de sacarlo a pasear, sería recomendable un Bulldog Inglés, él te agradecerá que no lo saques, en día de paseo y a la media cuadra de camino estará agitado, con la lengua afuera y ya querrá regresar a casa; curiosamente es un buen guardián afable y cariñoso con la familia. Ojo tiene serios problemas con la reproducción, normalmente se hace mediante inseminación y la hembra pare solo un cachorro, máximo dos. Si usted no es muy cariñoso con los perros pero igual quiere uno, pero no desea que le esté pidiendo apapachos, procure un Chow Chow que son generalmente apáticos. Si no quiere gastar en cerco eléctrico y alarmas (o quiere combinarlas con un perro de guarda) consígase un Rottwailer o un Doberman, tome las previsiones con los niños en casa y los visitantes. Y así hay un perro para cada persona y cada familia (lástima que casi nadie piense en ello cuando hace la selección, como buenos estúpidos los escogemos casi siempre sólo por su apariencia).

Las ventajas de un perro mestizo son:

Es más fuerte, al no tener una genética manipulada, resiste mejor las enfermedades e infecciones, es menos susceptible de tener enfermedades hereditarias que son recurrentes en los perros llamados de raza.

Las desventajas:

Los de raza son enfermizos en algunos casos, dado que han sido apartados de su entorno natural y mimados excesivamente, han perdido inmunidad al medio ambiente; es el caso del Yorkshire Terrier, que en muchos casos muere por un simple resfrío producido por una leve corriente de aire o un poco de lluvia. Algunas razas requieren de asistencia artificial para reproducirse.

En los mestizos la principal desventaja es que son impredecibles, como le puede tocar el perro más lindo del mundo, también puede ser uno medio loco que muerde las cosas y desconoce al dueño. En todos los casos los dos primeros meses de vida del cachorro casi siempre determinan su personalidad a lo largo de su existencia. Tampoco se puede predecir el tamaño del todo, a veces alguien adopta un perrito de la calle y resulta que a los seis meses es un problema de cuarenta kilos, y la persona de buen corazón vive en un departamento.

Un punto importante: Tener una mascota cuesta, sin importar si es de raza o no, exige un presupuesto si se desea darle comodidad. Si usted sólo quiere que le cuiden la casa, cómprese una cámara e instale un cerco eléctrico. Las mascotas necesitan cariño y cuidado, si no está dispuesto a darlos, mejor no asumir la responsabilidad de tener una.

Bueno, como se puede apreciar las razas tienen una razón de ser. Siempre insisto en algo: (por experiencia propia) si se adopta un perro de la calle y no ha sufrido traumas severos, se tendrá un compañero fiel de por vida, de alguna manera el perro sabe que ha sido salvado y quién lo ha salvado y por tanto es capaz de dar su vida por quien lo rescató. A mí me ha pasado.

Si usted conoce a alguien que se va a comprar un cachorro, primero sugiérale que adopte, pero si no cambia de opinión, que primero se informe acerca de las características del perro (en internet hay miles de páginas al respecto) lo que le permitirá criarlo bien, y evitar sobre todo que sufra. Evitemos en lo posible tener perros de raza sólo por su apariencia.

viernes, 25 de marzo de 2011

CAVERMAN

Una muy querida amiga lleva varias semanas preguntándome por qué algunos de mis amigos me dicen Caverman. Pues aquí va:

Puede que haya sido el año 94 ó 95 o tal vez antes, no recuerdo bien. Lo cierto es que trabajaba en el Instituto de Informática de la Universidad, en el departamento de Capacitación. Era instructor de informática como otros estudiantes de la universidad que desarrollábamos esta tarea bajo el elegante nombre de “ayudantes de cátedra”. En apariencia era una vil explotación, pero no. Nos pagaban casi propinas, pero no recuerdo otro periodo en mi vida en el que haya aprendido tantas cosas. La política del Ingeniero Tamayo (¿recuerdan el sobreviviente de la película “Abisa a los compañeros? Sí, ese mismo) que había regresado de la vieja URSS y dirigía el Instituto y luego del Profesor Cayo, era darnos libertad. Libertad para aprender. Pocos recursos y mucha libertad. No hay nada mejor. Todos entrábamos sabiendo un poco de algo y salíamos con muy poco dinero, y una bolsa enorme llena de conocimientos. Yo entré sabiendo un poco de programación estructurada, Clipper, Fox Pro y una reliquia llamada D.O.S. Al cabo de unos meses ya podía instalar cualquier programa en cualquier computador, y no sólo eso, podía instalar cualquier programa en dieciséis computadores casi al mismo tiempo a pesar de que los instaladores venían en diskettes de tres y media pulgadas y poco más de un mega de capacidad cada uno y no existía red. Inventamos redes parchando cables paralelos de impresoras para conectar una computadora con otra. En aquel entonces los discos compactos eran todavía ciencia ficción en el Perú. También podíamos armar y desarmar una computadora en cuestión de minutos, cambiar memorias, mover slots, reparar fuentes de poder, intercambiar buses de datos y hasta limpiar microprocesadores. Casi todos mis colegas de trabajo eran de las áreas de ingeniería, yo era el único de letras, a pesar de ello todos aprendíamos igual. Era un universo paralelo, todos sin excepción leían (una constante interesante a tomar en cuenta), todos sin excepción tenían la mística de no rendirse ante la dificultad. Nunca nadie nos entrenó en ello pero el esfuerzo en equipo era la esencia de nuestro trabajo. Si algo no funcionaba, se preguntaba a otro, luego de media hora se podía ver a ocho o nueve personas pensando alrededor de un computador, haciendo pruebas y aportando ideas hasta que el problema quedaba resuelto, y si no se resolvía ese día, alguien lo resolvía a los pocos días y compartía la respuesta con todos. Éramos pobres, teníamos computadoras antiguas, usábamos programas piratas y éramos felices.

En aquel entonces, teníamos unos seis metros cuadrados en el área de administración a los que llamábamos “casilleros” precisamente porque usábamos un anaquel de casilleros como separador de ambientes. Cada uno tenía un casillero de treinta por treinta centímetros donde guardábamos plumones, mota, diskettes y algunos libros. Allí dejábamos nuestras mochilas mientras dictábamos clase. Cerca estaba el reloj tarjetero marcador de asistencia, nos descontaban el magro sueldo si llegábamos cinco minutos tarde, era una verdadera distracción vernos a todos llegando a toda velocidad y subiendo las escaleras al segundo piso del pabellón de Ingeniería Electrónica donde funcionaba el instituto, llegando sin piernas y con la lengua afuera y además ubicar la tarjeta, el espacio y presionar la palanca para el marcado correspondiente.

En este lugar, al lado de los casilleros, la administración había colocado dos computadoras, una 286 y una 386, para hacer pruebas, una tenía DOS y la otra Windows 3.11, la que tenía Windows servía para hacer pruebas de Corel Draw o Page Maker. Si quienes ahora leen no tienen la más mínima idea de qué eran esas cosas, pues entonces pertenecen a la generación X en adelante, lo siento. En aquél momento era tecnología de punta.

Había días en que efectivamente las máquinas servían para pruebas, pero la mayoría de las veces las utilizábamos para hacer trabajos de la universidad y hasta para jugar. En ese entonces apareció un juego para DOS (no sé cómo, alguien lo trajo en diskette) llamado “Prehistorik 2”, este juego, en la línea de Mario Bross, tenía a un cavernícola como protagonista. Este premunido de un mazo iba avanzando niveles, matando lobos y comiendo postres para ganar puntos. El caso es que en esa temporada yo dictaba un curso a las siete a nueve de la mañana y por distribución de horas el otro lo dictaba de once a una de la tarde. Tenía dos horas libres por lo menos tres días a la semana, los otros dos tenía cursos en la facultad de derecho donde yo estudiaba. En esas dos horas de no hacer nada, tres veces por semana, empecé a jugar el bendito juego, al principio aprendiendo. Ojo, nada de joystik, todo absolutamente con teclado. Luego de un tiempo era un especialista y si bien nunca terminé los nueve niveles, estuve muy cerca muchas veces. Junto a Hugo Boss, Aldo (Aldus Page Maker), Martín (El Oskuro) y el Crucetas (compañero Cruz no me acuerdo tu nombre) jugamos horas y horas. Fue precisamente Hugo quien un día empezó a llamarme “cavernícola” en lugar de Miguel, y como buen alumno del Prescott, angloparlante, un día me dijo “Caverman” sin más ni más, y desde ese día casi todos los instructores dieron por llamarme así.

Una nota aquí: Como habrán notado, Caverman no significa cavernícola. Hasta ahora no sé bien porqué Hugo lo castellanizó de esa manera, dicho sea de paso, suena bien. Lo correcto hubiese sido “caveman” o el hombre de la cueva o de la caverna. Caverman en realidad significa sepulturero (el hombre que cava). Esto lo descubrí años después chateando con un gringo. Pero en fin así quedó y todos asumimos que Caverman significaba cavernícola.

Tiempo después me fui a vivir y trabajar a Iquitos, cuando volví hubo un enorme salto tecnológico en el instituto. Nos cedieron el claustro de lo que alguna vez fue el convento de los padres agustinos en el centro de la ciudad. El rector de la universidad autorizó una remodelación total y puesta en valor del edificio, nos mudamos allí (sin dejar el viejo local de Ingeniería Electrónica) y allí se instalaron 198 computadores en red con internet. La red de internet más grande de Sudamérica en esa época, aunque no por mucho tiempo. Así como cosas nuevas también tuvimos mil problemas, Windows 95 era una cosa desconocida, la red no se basaba en una plataforma estable como Novell, se optó por la red Windows que casi nadie conocía y era un desbarajuste, lo mouses no funcionaban, los monitores se desconfiguraban. Aparecían los virus de nueva generación. Ese año, resolviendo problemas, aprendimos más que en todos los años anteriores. Aprendimos a editar el registro de Windows, a propósito nunca olvido a Alex Ramos, bombero, caballero galán, siempre servicial y además un autodidacta innato. Él era probablemente la persona que más dominaba los secretos de Windows 95 en toda Arequipa en ese entonces. En esa época creé mi primera cuenta de correo y era: caverman@hotmail.com

También aprendimos a chatear, la primera vez con un sistema de chat basado en páginas web, pero muy rápido descubrimos el Microsoft Comic Chat, con personajes, uno de ellos (qué casualidad) un cavernícola, al que rápidamente adopté y mi nickname era obviamente, Caverman. Al principio pensábamos que el chat nos permitía conversar en la red local. Nos tomó un poco de tiempo darnos cuenta que se podía conversar con cualquier persona en el mundo. Bueno, cualquier persona en el mundo era un decir. Había muy pocas personas en el mundo conectadas permanentemente a internet en este entonces, normalmente sólo administradores de redes o investigadores de universidades extranjeros. Las salas o “chat rooms” tenían a lo mucho cinco miembros, gente normalmente brillante, educada, profesionales o estudiantes de primera línea. Como todo en la vida, al poco tiempo se masificó y envileció, el Comic Chat despareció, fue reemplazado por el Mirc (IRC es la sigla del sistema en el que se basa el chat) y empezaron a aparecer escolares pajeros, pirañas y barristas de equipos de futbol. Aparecieron también otros “Caverman” en la red y finalmente decidí abandonar ese nickname y también poco a poco dejé el Mirc.

De esa época vienen nicks memorables, Claudio Barman, Elier Resortes, Hugo Boss, Strike, el Oskuro (¿Dónde andas?), Slayer_X, ¡el Amigo1! (algún día contaré su historia), Latisha, Sajino, Piojo, Jklm y decenas más. Mis amigos más cercanos todavía se acuerdan de mi nickname y me ha sucedido que paseando por la calle alguien me ha saludado, nos hemos abrazado y me han dicho: “¡¿Cómo estás Caverman?! Yo ni me inmuto y contesto como si realmente me llamara Caverman y no Miguel.

Epílogo

El Instituto se jodió el día que vino un tal Ingeniero Cueva como director con la anuencia del nuevo rector de la Universidad. Trajo a una horda de comechados y lamebotas. Empezó a tratarnos mal, nos puso en planilla como trabajadores de la Universidad pero nos prohibió acercarnos a las máquinas, explorar y aprender. Nos fuimos casi todos, sólo se quedaron los que tenían familias que mantener o ya eran muy viejos para abrirse camino en la vida. Cuando me fui dominaba el Excel de tal manera que podía hacer en él mis propias rutinas de Visual Basic. Aprendí por mi cuenta Corel Draw, Visual Basic y Visual Fox. Dicté esos cursos y además diseñé el primer curso de Excel Avanzado que se dictó en Arequipa. Luego al irme, tome la decisión de no volver a enseñar informática ni programar computadoras para terceros. Todo lo que aprendí me sirvió sólo para mí o para mis siguientes trabajos como un plus, pero evitaba decir que fui programador. Pero lo que más me sirvió en la vida es que con esa gente tan valiosa aprendí que lo más importante no es cuánto sabe una persona, si no su capacidad de aprender.

domingo, 20 de marzo de 2011

ARBEIT MACHT FREI (Cuento)

Mijail sintió el frío atravesando sus botas. El polvo del camino pesaba en su espalda y el uniforme de campaña estaba manchado de sangre y fango. Al frente, a unos cercanos mil metros, se podía ver irguiéndose una imponente estructura en medio de la nada, las tejas rojas y la columna central ya eran perfectamente visibles a través de la bruma. Un capitán dio la orden de alto y se formaron. Se les advirtió que habían recibido información que el ejército alemán había abandonado la zona pero que estuviesen alerta a cualquier ataque, podría haber todavía tropas dispersas. Mijail reanudó la marcha y encendió un cigarro. Estos últimos días habían recibido cigarros y agua, pero poca comida, estaba hambriento, acarició por sobre la tela del morral la lata de lentejas que le habían entregado en la mañana, solo quería llegar al lugar, ocuparlo y descansar. A menos de quinientos metros del edificio retiró el seguro de su arma y metió la cabeza entre los hombros tensionando las piernas, miraba a un lado y al otro al igual que sus compañeros. Sintió un olor fétido, el olor de la muerte, pero distinto al que había experimentado en los campos de batalla, este era maligno, demoniaco.

Los días previos a la llegada a Auschwitz Mijail había visto en el camino las ciudades polacas arrasadas, los alemanes derrotados finalmente se retiraban raudos pero dejando una estela de devastación a su paso, incendiando cuarteles, establos y casas, los soldados rasos huían en medio del pillaje. Ahora llegaban a un konzentrationslager y por lo que habían comentado los oficiales la noche anterior alrededor del fuego, era uno de los mayores en toda Europa. Al entrar al enorme complejo el olor mortal se hizo más fuerte. En la entrada principal el camarada Nicolai que marchaba a su lado le tocó el brazo para llamar su atención y señaló la reja superior con un movimiento del fusil, Mijail levantó la vista y leyó las enormes letras metálicas: Arbeit macht frei, “¿Qué mierda significa eso?” pensó y como si Nicolai le hubiese leído la mente dijo en ruso y entre dientes: “El trabajo libera.”

Una vez en el interior del campo Mijail se detuvo a la instrucción de otro capitán, se quedaron parados, mirando, esperando la orden de romper filas. Al parecer los alemanes ya habían abandonado el recinto. Ahora sólo quería recostarse en cualquier lado y descansar. De pronto al igual que sus compañeros se puso lívido al comprender lo que iba pasando alrededor, de distintos lugares empezaban a aparecer sombras con aspecto casi humano, como fantasmas, cubiertos con pedazos de telas que alguna vez fueron ropas o mantas y que alguna vez tuvieron color. Se acercaban con miedo al principio, luego con cierta confianza pero siempre lento, con las manos estiradas perdiéndose en la enormidad de las mangas de lo que tal vez fueron abrigos o sacos, los dedos largos y finos con la piel pegada a los huesos. Los ojos profundos, rodeados de un halo oscuro, la piel de los rostros gris verdosa, mezcla de mugre y enfermedad. Nicolai extrajo de su morral una lata de comida y la extendió a uno de los primeros que se acercó, el hombre miró con una expresión de mortal agradecimiento y retrocedió sin dar la espalda, sin dejar de agradecer con los ojos tristes. Mecánicamente Mijail hizo lo mismo, recordó vagamente que no había comido en dos días más que la mitad de ración y esperaba darse un banquete hoy, pero igual extendió el alimento a otro hombre que se acercó. Sintió la saliva pasando por dificultad en su garganta y se le humedecieron los ojos cuando el sujeto estalló en llanto y empezó decir cosas en alemán mientras agradecía con gestos y se lanzaba a sus pies y le besaba las botas. Mijail se arrodilló y contuvo al hombre, le dijo suavemente en ruso que no, este lloraba murmurando palabras ininteligibles y en su rostro las lágrimas surcaban la suciedad dejando visibles marcas negras. Mijail trató de levantarlo del piso y sus brazos no encontraron resistencia, el hombre pesaba menos de cincuenta kilos. Miró alrededor y vio como los oficiales trataban de ordenar el caos, pidiendo a los prisioneros en un alemán rudimentario que se formen, que se ordenen. Mijail llevó al hombre con cuidado a una de las filas, mientras lo depositaba con cuidado sobre el piso, un sargento llegó corriendo y les avisó que adentro habían encontrado a más personas. Los alemanes habían evacuado pocos días antes y se habían llevado a la mayor parte de los prisioneros, dejando a los más débiles.

Mijail se incorporó y avanzó junto a otros, olvidando el dolor y el cansancio caminaron a paso ligero hasta las barracas del interior, caminaba pensando que a pesar de esta larga guerra nunca había visto personas en el estado de los hombres que había dejado atrás, entristeció y presionó en su pecho la cruz de hierro que su madre le había dado cuando partió de casa. Entró junto con un teniente y siete soldados más a una de las cuadras. Avanzaron despacio en la oscuridad, gritando en alemán “alto”, apuntando al vacio, abriendo los ojos, hasta que descubrieron debajo de los trastes, escondidos en cualquier vericueto pequeños espectros asustados, la barraca estaba llena de niños, todos ellos desnutridos, débiles y famélicos. Mijail contuvo las lágrimas, tomó a uno y lo sacó a la luz en sus brazos. Los demás hicieron lo mismo y de pronto estaban rodeados de una treintena de infantes que los miraban con una extraña mezcla de incertidumbre, desazón y desesperanza. Mijail al igual que sus compañeros les hizo señas de esperar, Ivo, un soldado que hablaba alemán se sentó con ellos y empezó a calmarlos y explicarles que todo iba a estar bien. Mijail y los demás continuaron, otras cuadrillas ya estaban sacando a más gente de las otras barracas, mujeres y hombres cadavéricos, niños hambrientos, ancianos que caían de rodillas y agradecían y oraban a sus dioses. Cuando pensó que había visto lo peor el teniente los condujo detrás de una de las últimas edificaciones y se encontraron con otros soldados que miraban el espectáculo con consternación, algunos de los más rudos habían caído de rodillas, lloraban y maldecían. Mijail no podía contar los cuerpos, cientos, tal vez miles de cuerpos, desnudos algunos y otros con algunos jirones de tela a guisa de ropa, las costillas visibles, las extremidades con los músculos consumidos, los cráneos con las mandíbulas abiertas y las cuencas de los ojos vacías. Mijail apoyó la culata de su arma en el piso de tierra manchado de sangre y agachó la cabeza, abrió su camisa, apretó dentro de su puño la cruz de hierro y oró mientras las lágrimas desbordaban sus ojos y su respiración se hacía difícil y entrecortada, esforzándose por poder introducir aire en sus pulmones, sin poder comprender siquiera por qué tenía ese horrendo espectáculo frente a sus ojos.

Esa noche Mijail no pudo evitar dejar escapar dos lágrimas más cuando escribía en su diario que en un frio veintisiete de enero de mil novecientos cuarenta y cinco, junto a sus camaradas del Ejército Rojo, liberaron cerca de siete mil prisioneros de los campos de concentración alemanes de Auschwitz en Polonia, producto de una guerra estúpida como estúpidas eran todas la guerras.

jueves, 17 de marzo de 2011

ECO Y EL CEMENTERIO DE PRAGA: CUANDO LOS ESCRITORES DE BEST SELLERS AGACHAN LA CABEZA

Conocí a Eco mediante una casualidad, en el año noventa y dos aproximadamente, en un sicalíptico tabuco de la calle San Francisco, ahíto de libros usados y también de los otros: los piratas. Fue allí donde emergió ante mí un título que me llamó la atención “Cómo se hace una tesis. Técnicas y procedimientos de investigación, estudio y escritura.” A pesar de estar recién en segundo año de universidad, tenía claro que me graduaría mediante una tesis, así que sin fijarme mucho en el autor, lo compré. El texto era sencillamente maravilloso, aprendí conceptos que me sirvieron para cada actividad de la vida académica y también profesional, como la “humildad científica” y el “orgullo científico”. Sólo la lectura del índice nos da una muestra de lo elaborado y serio del trabajo: “Por qué hay que hacer una tesis y en qué consiste.” “¿Qué es la cientificidad?” “Fuentes de primera y segunda mano.” “Cómo usar una biblioteca.” “Cuándo y cómo se cita: diez reglas.” Y así como estos apartados el texto completo es una herramienta de fina orfebrería para quien pretenda hacer una tesis cuando menos aceptable desde el punto de vista del más mínimo rigor científico.

Más adelante en un seminario, un notable jurista limeño de incomprensible afinidad con la dictadura de aquella época, nos recomendó la lectura de un conspicuo intelectual vinculado con las ideas de la postmodernidad: Foucault y “La arqueología del saber”. Unos meses después buscando en la biblioteca, hallé una referencia de Foucault con Umberto Eco. En mi ignorancia pensé que era un texto dedicado al estudio del referido filósofo francés Michel Foucault, cuál sería mi sorpresa al encontrarme con una novela de temas esotéricos, ritos iniciáticos y misterios templarios: “El péndulo de Foucault” que obviamente no tiene nada que ver con el pensador galo. A quien Dan Brown le parezca fantástico, quizás debería leer esta obra. Las tramas de Brown quedan convertidas en fábulas para niños al lado de la sólida construcción de Umberto Eco, y su crítica mordaz a lo esotérico e iniciático es mucho más aguda y fina en todo sentido.

Esta novela, “El péndulo de Foucault” (1988), me llevó a su vez a la lectura de otra, más antigua, cuyo título es “El nombre de la rosa” (1980), que como ya comenté en otro post obtuve mediante un sabio canje de revistas en uno de esos truculentos arsenales de libros corsarios. Curiosamente tuve abandonada en mi biblioteca la novela durante aproximadamente diez años sin leerla. Es posible que al tratarse de un libro notablemente voluminoso, de letra menuda y reglones poco espaciados mi subconsciente esperaba la oportunidad apropiada para emprender la tarea. En algún momento del dos mil seis, encaré la lectura y fue otro periodo en mi vida inolvidable, a pesar de una serie de problemas personales que tuve que afrontar por esos días, la avidez con la que consumí sus páginas me nutrió intelectualmente y me ayudó a sobrellevar el momento, todo ello sumado al inefable placer de recorrer la belleza de sus textos.

“El nombre de la rosa” junto con “El péndulo de Foucault” y las más reciente: “El cementerio de Praga” son novelas de un género llamado “novela culta”, se caracterizan por el evidente y notable trabajo de investigación detrás de las obras, habiendo leído “Cómo se hace una tesis” estoy seguro de que Eco se desplazó (física o intelectualmente) a cada uno de los lugares donde se desarrollan las historias y a cada una de las épocas para confirmar nombres de lugares, bares, lupanares, calles, personas, costumbres y comidas. Adicionalmente y a diferencia de las modernas novelillas de lenguaje fácil y ligero, escritas por escribidores buhoneros para públicos populosos; las novelas de Eco están escritas en un lenguaje elaborado, con un vocabulario abundante y complejo. Una excelente oportunidad para disfrutar de las infinitas variables que ofrecen las lenguas romance.

En “El nombre de la rosa” el lector puede casi sentir el aroma de los libros manuscritos y de la tinta en la abadía benedictina donde se desarrollan los hechos, siguiendo a cada paso al paradigmático Guillermo de Baskerville, quien cual medieval Sherlock Holmes, investiga las misteriosas muertes de los monjes que realizaban trabajos en la biblioteca. No es casualidad que el apellido de Guillermo nos refiera a la novela: “El sabueso de Baskerville” de Conan Doyle.

En “El cementerio de Praga” se hace referencia a un documento que fuera el origen y excusa para el holocausto de los años cuarenta del siglo pasado, llamado “Los Protocolos de los sabios de Sión” supuestamente elaborado en mérito a una reunión de apócrifos líderes judíos en el antiguo y abandonado cementerio de Praga. Eco narra de manera fascinante una serie de hechos históricos reales mezclados con la vida de un personaje imaginario – hilo conductor en toda la novela – que revelan los mecanismos de cómo, entre mentiras y engaños, se construye el indicado documento, involucrando además a masones y jesuitas, arrastrando años después a toda Europa a dos guerras fratricidas, cuyas consecuencias todos conocemos.

El personaje principal, el capitán Simone Simonini, además de ser un experto falsificador, misógino empedernido, antisemita y declarado anticlerical, es también un extraordinario gourmet y sibarita: Entre capítulo y capítulo nos regala maravillosas y exquisitas recetas de cocina. Durante el recorrido fantástico, aparece un segundo personaje: Dalla Piccola, un cura, que al final resulta siendo un alter ego de Simonini, quien al parecer sufre de síndrome de doble personalidad, todo ello genialmente presentado, haciéndonos transitar permanentemente entre la certeza, la duda y la sospecha. Eco brillantemente presenta el texto visualmente comprensible de una manera sutil, los capítulos narrados por Simonini en primera persona se encuentran en letra Times New Roman, los narrados por Dalla Piccola en Arial y los capítulos que se atribuyen a un omnipresente “narrador” con letra Times New Roman en negrita.

Las quinientas ochenta y siete páginas contienen también reproducciones de grabados de la época, que ayudan a introducirnos en el mundo fantástico que Eco ha creado para nosotros. Qué decir acerca de sus construcciones, del manejo del idioma, la pulcra traducción del italiano por parte de Helena Lozano Miralles, un placer indescriptible para quienes todavía disfrutamos de la buena lectura.

“El cementerio de Praga” una novela imperdible, bien escrita, pulcramente presentada y sobre todo, no pensada para el frívolo guión de cine ni para convertirse en el “bestseller” del mes, si no como parece ser una constante en la obra de Eco, para perdurar imperecedera en el tiempo.

viernes, 11 de marzo de 2011

LA TRAICION (Cuento)

Marcelo caminó despacio entre las columnas del lugar, un espacio enorme, un patio que parecía abandonado, con enormes bolsas viejas por doquier y material de construcción disperso. No podía ver a su compañero, giró sobre sí mismo y trató de buscarlo con la vista. Le pareció ver algo moviéndose debajo de una de las bolsas apoyadas en una columna cercana, se fijó y le pareció ver algo como una serpiente, una cobra oscura. “¿Una cobra?” se dijo, y se le erizaron los pelos de la nuca, en ese preciso momento sintió una ligera presión en la pierna y con horror vio como una serpiente se había enroscado en su tobillo, inmovilizado le tomó unos segundos reaccionar y gritar, pero nadie lo escuchó. Respiró y a pesar del miedo y el sudor que empezaba a brotarle por los poros trató de mantener la calma. Levantó las dos manos lentamente evitando cualquier movimiento brusco, no quería asustar a la serpiente, recordó que semanas antes, había oído en un programa de la televisión que su hija estaba viendo mientras él preparaba un informe, mencionar que las serpientes venenosas usualmente tenían la cabeza triangular, trató de mirar con cuidado, estaba tan nervioso que no podía fijarse bien en la cabeza. El desagradable ser se desplazaba lentamente por su pierna, ejerciendo presión… se preguntó qué pasaría si sacudía la pierna para que el animal se cayera, miró con cuidado y se dio cuenta que era imposible, el cuerpo del reptil ya le daba por lo menos dos vueltas a su pantorrilla, aprovechó y pudo ver sus ojos pequeños, brillantes, no tenía el color escandaloso de las especies letales y eso lo alivió un poco, era de un gris verdoso. Pero la cabeza, la cabeza era entre ovalada y triangular, se arrepintió no haber visto ese programa en la televisión junto a su hija, como ella se lo había pedido. Volvió a levantar la vista para ver si alguien se acercaba, “¿las serpientes oyen? se preguntó, estaba dispuesto a gritar de nuevo pidiendo ayuda, cuando percibió el rápido desplazamiento de la culebra hasta su muslo, entonces bajó lentamente la mano derecha, sabía que si lo mordía y era venenosa, no llegaría a tiempo a la salida del lugar para pedir ayuda, pero corrió el riesgo, acercó lentamente la mano por detrás de la cabeza de la serpiente, pero dudó, no se atrevió a cogerla, esta volteó y rápidamente enroscó parte de su largo cuerpo en su antebrazo, Marcelo sintió aflojar su esfínter, el miedo lo invadía, tenía la mano izquierda levantada, las piernas semi dobladas y el brazo derecho pegado a su muslo, lo ridículo de su posición lo hizo sonreír mientras aprovechaba un descuido de su enemiga y la tomaba precisamente del cuello, la apretó sin mirarla ya, fuertemente y con desesperación para evitar que pudiera atacarlo, esperando recibir una dentellada en los dedos o en la mano. Pasaron unos segundos y no sintió nada, se atrevió a mirar y vio la pequeña cabeza dislocada y con las mandíbulas abiertas, con algo de asco se la desenredó de la pierna y la lanzó al piso, “era larga la condenada” pensó. Caminó un poco, buscó los baños, caminó y los halló, pero desde afuera parecían nauseabundos, pensó que fácilmente podía haber más serpientes allí. Desistió, pero al voltear para irse, vio en el suelo mojado algunos billetes, dólares, uno sobre otro, mojados también, los recogió rápidamente, aunque le pareció percatarse que algunos eran más parecidos a los del monopolio que a los billetes reales, luego cogió la serpiente y corrió hacia los ambientes donde se llevaba a cabo la construcción, llegó en mucho menos tiempo del que esperaba y se aproximó a su compañero que estaba sobre una escalera reparando algo:
- Mira esto, ¿es venenosa? – le preguntó mientras le mostraba la serpiente muerta.
- No - le contestó tranquilamente – parece una boa joven.
Marcelo recordó la presión que ejercía la serpiente en su pierna y concordó, era un constrictor, ahora no se sentía bien, se había metido el susto de su vida y además había matado a una especie protegida. De pronto apareció su perro y se llevó a la serpiente, a la que le pareció ver sacudirse un poco, pero eso era normal, había visto serpientes moverse luego de muertas, son reacciones musculares post mortem, espasmos. El perro salió por una puerta extrañamente luminosa llevándose a la boa en su boca.

* * *

Marcelo despertó y vio la luz de la ventana, “mierda, me quedé dormido” pensó, miró su celular y efectivamente estaba apagado, se fue directo a la ducha a darse un baño rápido, mientras se jabonaba le vino a la mente su sueño: “Una serpiente, dinero mojado y mi perro, huevadas.” Terminó de ducharse, se cambió y se fue volando al trabajo sin despedirse de su esposa que seguía durmiendo. Una vez en la oficina se puso a trabajar pero el sueño le daba vueltas, alguna vez una enamorada suya le había dicho “Maldito, no te atrevas a engañarme”, él le preguntó porqué le venía con tan disparatado comentario y la muchacha le había respondido: “Es que anoche me soñé con una serpiente.”

A las nueve de la mañana, se tomó unos minutos, estiró su espalda y se recostó un poco sobre la silla, miró el teléfono sobre la mesa y sonrió. “Qué mierda” pensó y tecleó el número:
- ¿Aló? ¿Aló?
- ¡Aló mamita! Soy yo, Marcelo
- Hola hijito, ¿Cómo estás? ¿Te estás abrigando? Está haciendo frio.
- Si mamá – contestó Marcelo condescendiente – ¿Cómo estás tú más bien?
- Bien hijito, bien.
- Mami, un favor – dijo Marcelo entre amable y cariñoso - ¿Qué significa soñarse con serpientes?
- ¡Ay! ¿Te has soñado tú? ¡Malo malo! ¿Venenosa? ¿Te ha mordido?
- No, mamá, en el sueño se me enrosca pero la mato al final.
- ¡Ah! – Exclamó aliviada la mujer, ¡bueno bueno! Eso es bueno. Si la matas es que tus enemigos te van a querer hacer daño, pero al final los vences. Tienes que tener cuidado.
- Gracias ma, y… ¿Con dinero mojado?
- ¿También eso? ¡Ay hijo! Dinero, dinero. Con dinero problemas vas a tener. Ten cuidado mijito ¿ya?
- Claro mamita, no te preocupes, ahora tengo que trabajar, gracias. Cuídate tú también.
- Dios te bendiga.
- Gracias, chao ma.
- Chao chao...
Marcelo colgó. “Traición, enemigos, ¡huevadas!”

Continuó trabajando, la idea le seguía rondando la cabeza, normalmente se levantaba de la cama sin recordar lo que había soñado o con un vago recuerdo de lo soñado, impreciso, pero esta vez el sueño era tan vívido. Trató de recordar qué cosas había visto en la televisión la semana pasada, si había hablado de serpientes o algo similar con alguien. Estaba convencido que los sueños estaban compuestos de pedazos de experiencias pasadas. Nunca había creído en sueños premonitorios como lo hacía su madre. “Bueno, mamá cree en la Cruz de Caravaca, en San Benito de Palermo, en el poder de los huairuros, en San Cipriano y en la Pacha Mama, y claro también en el significado de los sueños” pensó divertido. Trató de olvidar el tema y se concentró en sus labores.

A la hora del almuerzo salió como siempre rumbo al restaurant de la tía Bertha, inicialmente un huequito hecho en la cochera de una casa colonial donde iban a almorzar él y sus compañeros de trabajo, ahora el restaurant ocupaba toda la casa, la señora tenía una sazón de primera. Prácticamente todos los trabajadores de las empresas y oficinas a tres cuadras a la redonda almorzaban allí. Levantó la vista y unos tres metros adelante estaba Arturo, caminando despreocupado también rumbo al restaurant, iba a acelerar el paso cuando sintió un brazo alrededor de su cuello y una voz aguardentosa ordenándole que se ponga tranquilo, al mismo tiempo otra persona rebuscaba sus bolsillos, gritó débilmente y forcejeó inútilmente, lo estaban cogoteando. De pronto sintió la presión en su cuello aflojarse y la figura de Arturo sobre él, logró colaborar lanzando un par de codazos mientras caía al piso y se incorporó rápidamente, uno de los pillos aun estaba en el piso con el celular de Marcelo en la mano, Arturo le propinó un puntapié en la espalda y Marcelo le arrebató el celular antes de que pudiera escapar a gatas, el otro ya corría raudamente por la calle y volteaba por una esquina. Arturo ayudó a Marcelo a limpiarse el terno y a acomodarse la corbata.
- ¿Estás bien? – le preguntó.
- Sí, sí. - dijo Marcelo todavía acomodándose, agitado.
- ¿Te ha robado algo?
- Creo que no.
Revisó sus bolsillos y su billetera estaba todavía ahí, un bolsillo del pantalón estaba roto, pero las llaves del auto, de la casa, todo estaba completo, y finalmente había recuperado también su celular.
- Está todo – dijo todavía saliendo del shock – Oye, gracias Arturo, la verdad me salvaste hermano.
- Me debes un almuerzo – sonrió Arturo.
Fueron a almorzar, Marcelo estaba callado al principio, luego fue recuperando confianza, relajándose, “¡Qué susto, mierda!” Luego cuando esperaban el postre le dijo a Arturo:
- Esta huevada me la soñé anoche aunque no me creas.
- ¿Un deja vu?
- No, no tanto así – precisó Marcelo – soñé con una serpiente que se me enroscaba y a la que luego lograba matar, también con dinero mojado, llamé a mi viejita y me dijo que la serpiente es un enemigo, los choros, ¿ves? Como yo maté a la serpiente, es triunfo sobre los enemigos, eso explica porque no dejamos que me roben y problemas con el dinero, porque querían llevarse la plata pero al final el triunfo no se los permitió. ¿Todo encaja no?
- Será…
- ¡Claro! Eso era pues Arturín, ese sueño me estaba dando vueltas en la cabeza todo el día. Asunto resuelto.

Marcelo se sintió realmente aliviado, pagó los dos almuerzos y se fueron conversando alegremente al trabajo. Más tarde llamó a su madre para contarle lo del robo, suavizando los hechos para que no se asuste y confirmarle que su interpretación de los sueños estaba resuelta. Su madre le contestó con un “¡Ay, menos mal hijito!” y quedaron para almorzar el fin de semana. Preparó los informes pendientes y al fin del día pensó que todo lo pasado merecía una gratificación. Tomó su celular y llamó:
- ¿Cholita?
- ¡Hola! Ya días sin saber del señor – contestó una voz femenina.
- No te enojes chola linda, mucho trabajo ya sabes.
- ¿No será tu esposa que no te deja salir? – preguntó sarcástica la mujer.
- ¡Ja ja! A ella la tengo controlada, más bien tú me tienes loquito. ¿Te veo más tarde? ¿Qué te parece una reunión de trabajo en el lugar de siempre?
- ¿A qué hora?
- ¿A las ocho está bien? Me doy una ducha en casa y salgo para allá.
- ¿Tu mujer de dará permiso? ¡Ja ja ja!
- ¡Ja ja ja! ¿Te bañas ya? Y te perfumas allá abajo cholita…
- ¡Cerdo! Te veo a las ocho.
- A las ocho
Colgó. Cerró su oficina y se dirigió a la cochera.

Al llegar a casa notó las luces apagadas, entró y Titán no salió a recibirlo batiendo la cola como siempre, “¿Habrían salido a pasear a Titán?” miró el reloj. Eran las seis y quince. Se dirigió despacio al dormitorio, y miró, se quedó pasmado: “¡Mierda, habían asaltado la casa!” los closets estaban abiertos de par en par y visiblemente vacios, encendió la luz para ver mejor, el joyero de su mujer no estaba, las maletas sobre el closet tampoco, “¡Carajo!” se dijo, sacó el celular para llamar a la policía y vio entonces una nota pegada en el espejo del tocador: “Lo siento Marcelo, me voy de la casa, no aguanto más tus infidelidades, me cansé, no hagas escándalos, me llevo a mi hija y a Titán, estaré en la casa de mamá un tiempo. Me estoy llevando todas mis cosas. La próxima semana te haré llegar los papeles del divorcio.” Marcelo iba a empezar a marcar el número de su esposa en el celular cuando pudo ver unos centímetros debajo de la nota y apoyadas en el espejo unas fotos en blanco y negro, de él y la chola en situaciones claramente comprometedoras. Apagó el celular y se dejó caer sentado a los pies de la cama. “¡Mierda!”

domingo, 6 de marzo de 2011

BIODIVERSIDAD: ¿DE DONDE SALEN LAS CRIATURAS DE CIENCIA FICCION?

No es necesario mirar al espacio exterior para tener fuentes de inspiración para imaginar espeluznantes criaturas, basta venir a Madre de Dios, en particular Iñapari y observar lo que la lluvia, el rio, el viento o el calor traen a casa, sin necesidad de internarse en lo profundo de la selva. Aquí les presento una breve colección de seres que tuve la fortuna de fotografiar con regular éxito. No sé el nombre de la mayoría de ellos y en algunos casos no obtuve la calidad deseada. Espero sepan disculpar.

Esta es una mariposa con el ala rota, una vez que se posa en la pared coloca sus alas de forma perpendicular a la superficie, intuyo que como mecanismo de defensa.

Esta es una variedad de saltamontes enorme, logré colocar un billete de veinte soles para que se pueda apreciar su tamaño.

Este es un saltamontes totalmente verde, pequeñito, tendría unos dos centímetros de largo.

Este es de otra variedad, color distinto y más pequeño todavía.

Saltamontes gris.

Este sí es fantástico, observen los colores de las patas. Tal vez sea una mutación creada por los alemanes (digo por los colores…)

Esta es una variedad de tarántula, aquí la conocen con el nombre de caranguijera, ésta en particular se metió a mi casa. El horcón que se puede ver es uno de las principales de la casa que alquilaba en aquél entonces, y que por lo general tienen quince centímetros de ancho, así que pueden calcular el tamaño de la araña. Estas arañas son más peligrosas por los pelos que las recubren que por su picadura. Los pelos son venenosos.

Este bicho presumo es una variedad de escarabajo, nunca más volví a ver uno parecido. Me imagino que aparecen por épocas, esta foto la tomé en agosto del año pasado.

Murciélago confundido un lunes en la mañana en la oficina.

¿¡Ah!? Que tal el camuflaje de este bicho volador, sobre una planta ni lo notas. ¡El camuflaje de hoja a medio marchitar es perfecto!

Este extraño insecto me parece de película de terror. El cuello parece un hueso de pescado o incluso de mamífero. Las arrugas de las alas, las nervaduras. ¡Su cabeza también es fuera de serie!

Otro insecto indescifrable, peludo, con esas antenas que simulan cuernos. Es pequeño, mide un centímetro de largo o tal vez sólo un poco más. ¡Muy interesante!

Este bicho lamentablemente falleció. Pero es alucinante, yo pensé cuando lo encontré que era algún juguete plástico. La foto no le hace mérito a pesar de mis intentos, pero es color verde metálico, como los carritos de juguete y sus alas azules con verde. Obsérvese el detalle de los ojos.

Mariposa de terciopelo, es enorme. Debe tener unos quince a dieciocho centímetros de ancho.

Mariposa amarilla. Debe ser pariente de la Mariposa Monarca, que es anaranjada.

Esta mariposa no tiene camuflaje, más bien aprovecha la forma de ojo en sus alas para ahuyentar a sus depredadores. En esta ocasión más bien se equivocó y confundió el árbol de navidad con uno real.

Bicho multicolor.

Este me parece que es un cardenal. ¿O será arzobispo?

Este monito lo descubrí un día en el árbol frente a mi casa. Se puede ver tratando de comer bayas. Luego de la foto escapó hacia el rio. En esos mismo árboles vi una pareja de tucanes preciosos el año pasado, pero no logré desenfundar la cámara a tiempo.

No sé qué ave es esta, parece un faisán de lejos, pero estoy casi seguro que no lo es. Los colores son llamativos y casi no vuela, pero tiene la virtud de caminar sobre las ramas altas de la maleza.

Este es el Onu, es bastante común por aquí, color negro, andan en grupos de seis o siete y avanzan en formación sobre la vegetación buscando insectos, los de la retaguardia avanzan al frente luego que los anteriores aseguraron la zona y así sucesivamente.

Tortuga perdida. La devolvimos al rio.

Otra mariposa con formas de ojos en las alas.

Una araña pequeña, pero rara. Aun nadie me dice que cosa tiene en su espalda. Presumo que es un camuflaje, aunque también podrían ser sus huevos. Sé de algunas que los llevan a cuestas.

Bueno, espero que les hayan gustado estas imágenes. Espero sus comentarios y si pueden colaborar con los nombres exactos de los especímenes estaré muy agradecido.